Los líderes del G8 reunidos en Toronto fracasan rotundamente, tal y como me esperaba

28 Junio, 2010 | General

Llegué a la Cumbre del G8 tras dar un buen rodeo y pasar por Dandora, un barrio de chabolas mugriento a las afueras de Nairobi. Allí, las niñas de apenas cinco años viven entre montones de restos putrefactos y humanos. Las menores se buscan la vida recogiendo basuras, que los jabalíes intentan arrebatarlas, y vendiendo su cuerpo para poder así acceder a los deshechos más valiosos.

Estaba en Dandora para ser testigo del buen trabajo de las organizaciones de ayuda humanitaria, justo antes de desplazarme a la Cumbre en Toronto y asistir como Embajador Global de Oxfam. La ONG británica Comic Relief rescata a los menores de esta barriada, y les ofrece una educación en un ambiente seguro y casi ensoñador.

Durante la Cumbre del G8, he estado haciendo una campaña de concienciación en la televisión y la radio, presionando lo poco que puedo a los jefes de Estado y de Gobierno para que cumplan con las promesas de ayuda que hicieron en Gleneagles (Escocia) en 2005. Los líderes del G8 han proporcionado 20.000 millones de dólares menos de los que prometieran para este año. Rescatar a una menor de Dandora solo cuesta 220 dólares, así que no hay más que imaginarse en el impacto que los 20.000 millones podrían tener en África y otras partes del mundo.

Durante la Cumbre, el G8 se ha comprometido a invertir 7.300 millones de dólares para mejorar la atención sanitaria de las madres y los menores. A primera vista parece una noticia estupenda pues 1.000 mujeres y niñas, una cifra desconcertante, fallecen todos los días innecesariamente debido a las complicaciones durante el parto. Con más o menos 10.000 millones de dólares se solucionaría el problema.

Desgraciadamente, no es una noticia tan alentadora como parece a primera vista, porque el dinero va a tardar cinco años en llegar. El G8 solo ha prometido 5.000 millones de dólares y el resto lo proporcionarán varios países y la Fundación Bill y Melinda Gates. Parece mentira que los 1.500 millones de dólares que los Gates van a desembolsar a lo largo de cinco años vayan a ser casi un tercio de todo lo que están preparados a ofrecer el conjunto de los países más ricos del mundo.

Pero es que la cosa se pone peor. Las promesas de dinero fresco demuestran lo peligrosa que es la contabilidad creativa. Como los fondos de ayuda del G8 no van a incrementarse, el dinero tendrá que salir de otras fuentes, de los presupuestos para la alimentación, el agua saludable, la atención sanitaria o la educación. Me gustaría que alguien me explicara cómo es que se garantiza la salud de una madre mientras se sacrifica la escolaridad de su hijo.


Después de la Cumbre del G8, todas las miradas están puestas en el G20, que tiene la oportunidad de enmendar las promesas rotas del G8. Los jefes de Estado y de Gobierno tendrán la oportunidad de debatir una idea sencilla pero muy acertada, esto es, el impuesto Robin Hood imponible a las instituciones financieras y los fondos de alto riesgo, que podría generar 400.000 millones de dólares al año para causas benéficas. Oxfam está haciendo una campaña para que la mitad de este dinero se destine a ayudar a los pobres más castigados por la depresión económica, el hambre y el cambio climático.

Una de las mayores causas de la crisis financiera ha sido la especulación, pero aún así los bancos, a los que se ha rescatado por la friolera de 17 mil millones de dólares, se han puesto a repartir las bonificaciones de siempre. La banca es la industria que genera más beneficios en el mundo, pero a la que menos se le exigen impuestos. Si los Estados no quieren cumplir lo prometido, seguro que pueden pedir a los directivos de banca que se deshagan del cambio que les sobra para ayudar a las niñas de Dandora y a otros tantos millones que también necesitan que les echemos una mano para dar el primer paso, y puedan así mejorar sus vidas.

Dudo que haya por ahí ningún banquero que, después de venir conmigo al vertedero de Dandora y ver cómo las niñas de apenas cinco años compiten con los jabalíes para hacerse con la comida podrida, sea capaz de aceptar su bonificación sin remordimientos en vez de mostrarse a favor de la tasa Robin Hood.

Por eso desde aquí invito a los directivos de banca a que vengan a ver lo que yo he visto y a que decidan por sí mismos.

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