Níger: la crisis alimentaria del Sahel vista de cerca. 2ª parte

Kirsty Hughes

Blog mensaje por Kirsty Hughes

Oxfam Great Britain, Coordinadora de incidencia política
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Lee la primera parte: Kirsty Hughes relata sus impresiones de la capital, habla con un funcionario de la pequeña ciudad de Oullam y aprende sobre los efectos negativos que la lluvia tiene para pueblos como el de Tondi Kiwindi.

Cruzamos el desierto en coche hasta el pequeño pueblo de Ko Kaina. Aquí la situación es completamente desesperante. Sus habitantes hablan de la hambruna. Dudan de que puedan sobrevivir hasta el otoño.

Nos sentamos con cuatro mujeres que nos dicen que no tienen nada para comer. Dicen que este año es particularmente grave. El año pasado, los animales tenían suficiente para comer, por lo menos. En la actualidad, las vacas y las cabras están muertas y las pocas que quedan están moribundas. Tienen la tradición de compartir todo lo que tienen cuando los tiempos son difíciles, pero ahora nadie tiene nada para compartir. "Todo el mundo está muy mal, muy mal", dicen. "Tenemos el estómago vacío."

Su última fuente de alimento es un guisante duro y amargo llamado "Anza”. Lo comen cuando no les queda nada más. Las mujeres se van del pueblo a las 5 de la madrugada y caminan kilómetros y kilómetros para recogerlos. Me invitan a probarlos para que sepa cómo son de amargos y ácidos. Tengo el gusto desagradable en la boca durante una hora. Me explican que primero se deben poner a secar al sol y, a continuación, se ponen en remojo varias veces antes de poder comerlas.

También nos muestran su otro único alimento, un plato de hojas de algunos árboles pequeños que crecen en el desierto seco cerca de la aldea. Estas hojas se cuecen antes de comer. Una mujer se pone una pequeña cantidad en la boca y hace una mueca de dolor para demostrarnos lo enfermos y desnutridos que están con este régimen.

Un grupo de niños nos miran con los ojos abiertos, a lo lejos. Son curiosos, pero no se les ve muy fuertes, al contrario, están muy delgados, débiles y con un aire desesperado. Parece que tenían la esperanza de que les trajéramos algo, pero sólo ven que estamos hablando. Las mujeres entienden que hemos venido a escuchar y a hacer oír su historia al mundo exterior, pero, esto es demasiado difícil de entender para los niños desesperados.

Actualmente, nuestros socios locales están evaluando la situación en estos pueblos, así que esperamos que pronto empecemos a darles apoyo. De lo contrario, esta población seguirá con su dieta de hojas y guisantes amargos durante meses.

"Estamos tan debilitados y moribundos como nuestros animales"

Las mujeres explican que sus animales están muy débiles y moribundos desde hace meses. Los que quedan son demasiado pequeños para podérselos comer o están enfermos y ya no producen leche. También me explican que hace unos días mataron a un becerro moribundo para comérselo, pero cuatro niños que comieron de esa carne enfermaron y tuvieron que ser llevados a un pueblo más grande para ser tratados.  El médico cuesta dinero, así que pidieron pequeñas cantidades a diferentes vecinos y ahora deben más dinero.

Nos explican también que ellas y los hombres están tan débiles que, después de estar unos minutos en el campo, están tan cansados que no pueden continuar. Los más pobres, que no tienen nada, se ofrecen como mano de obra para ayudar en el campo y así poder comprar un poco de arroz – pero entonces, si dos miembros de una misma familia lo hacen, y dejan a un tercer miembro solo trabajando la pequeña parcela familiar, no pueden sacar rendimiento a su tierra y los problemas se agravan.

Cuando tienen dinero, dicen, compran lo equivalente a una comida y lo hacen durar una semana. Nos dijeron que en el pueblo más cercano se podía comprar con un dólar el arroz suficiente para alimentar a una familia de siete miembros durante un día. Es tan poco lo que estas personas necesitan para sobrevivir, pero no tienen ni eso."Estamos muy debilitados y moribundos como nuestros animales", dicen. "Si esto continúa, algunos de nosotros moriremos. Dios mantendrá vivos a los otros hasta que llegue la próxima cosecha”.

Nos despedimos de la gente del pueblo y tomamos el camino de vuelta a Niamey. En la capital hay comida, a sólo dos horas de donde vive la gente hambrienta. Podemos ayudar a este pueblo. Sin embargo, hay cientos de miles de personas que necesitan ayuda y que la necesitan de inmediato. Esto significa que organizaciones y gobiernos deben movilizarse cuanto antes, y no estamos hablando de sólo unos pocos, la ayuda debe ser a gran escala.

Este es el mensaje que nos aseguraremos de transmitir y repetir incansablemente en  Londres, Nueva York, París y en todas las otras capitales, donde los gobiernos, organismos de la ONU y las principales agencias de ayuda internacional pueden y deben actuar ya ante esta crisis desesperada.

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