La lucha contra el cambio climático se libra en Tabi, no en Cancún

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Gerardo Bastida, agricultor mexicano del pueblo de Tabi, no sabe cuando sembrar. Tanto él como sus antepasados mayas han usado durante siglos las mismas técnicas agrícolas, sujetas a que siempre llovía en el mismo momento del año y con la misma intensidad.

En los últimos años, sin embargo, todo ha cambiado. Las lluvias se han vuelto imprevisibles y se malgastan a menudo las semillas ya que se plantan y no llueve o llueve en exceso. Además, las altas temperaturas han reducido la cosecha entre un 50 y 60 por ciento en los últimos 15 años, según el departamento mexicano para el desarrollo rural, culminando en 2009 con la mayor sequía en 60 años.

En la localidad de Tabi viven 400 personas, en su mayoría agricultores. El pueblo se encuentra a apenas 250 kilómetros de los grandes complejos hoteleros para turistas de Cancún, dónde se celebra estos días la cumbre climática de Naciones Unidas que reune a los negociadores de la organización además de los principales jefes de Estado y de gobierno. Todos ellos se dan cita para lograr un acuerdo que mejore la situación para el planeta, para que mejore la situación también para Tabi.

En las dos décadas de negociaciones la ONU, se ha pasado de intentar únicamente reducir las emisiones de carbono a poner también el foco en la adaptación a un cambio climático cuyos efectos ya son evidentes. En Tabi, la adaptación es imprescindible para la supervivencia. "Han escogido hacer las cosas de diferente manera para confrontar el desafío que supone tener temperaturas mayores", destaca Antonio Hill, responsable de incidencia política de Oxfam. En efecto, la única forma de combatir la imprevisibilidad del tiempo es organizarse entre agricultores: siembran semillas más resistentes y siembran todo el año. Quienes tienen buenas cosechas de maíz, reparten entonces con los demás.

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