Sudán: ¿Qué va a pasar ahora con Abyei?

Noah Gottschalk

Blog mensaje por Noah Gottschalk

Oxfam America, Asesor político, respuesta humanitaria
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Mientras las organizaciones humanitarias y la ONU se desviven para poder satisfacer las necesidades inmediatas de las gentes desplazadas, Oxfam pide al Consejo de Seguridad de la ONU que garantice que la nueva misión  para mantener la paz en Sudán tiene como prioridad absoluta la protección de la población civil ante la violencia.

Existe mucha tensión en Sudán, donde un brote de violencia en la región fronteriza de Abyei ha desplazado a decenas de miles de personas y disparado el miedo al retorno de una guerra.

Con tan sólo seis semanas para que Sudán del Sur se convierta en el país más nuevo del planeta, el mundo ha estado concentrado mayormente en los increíbles logros del pacífico referendum que tuvo lugar el enero pasado para determinar el futuro de Sudán. El resultado de esa votación (que fue clave en la provisión del Tratado de Naivasha de 2005 que acabó con más de dos décadas de conflicto) se inclinó por mayoría absoluta hacia la secesión, y los sureños se habían estado preparando para lo que esperaban fuese un pacífico día de la independencia.

Sin embargo, con la violencia en Abyei (una región del tamaño de Connecticut que fue una de las zonas más afectadas durante la guerra y que ha sido durante mucho tiempo considerada punto neurálgico del conflicto) la situación en cuanto a seguridad está pendiente de un hilo. El conflicto en Abyei llega en un momento en el que Sudán del Sur se enfrenta a su año más violento desde el final de la guerra civil en 2005. Sin incluir estos recientes sucesos, más de 1.400 personas han muerto en Sudán del Sur en lo que va de año (superando ya el total de víctimas en todo el 2010) y al menos 117.000 han huido de sus casas debido a la violencia en aumento de los últimos meses.

Abyei ha sido el centro de conflicto durante varias ocasiones desde la firma del tratado. En mayo de 2008, más de 50.000 personas fueron desplazadas de Abyei, y una gran parte de la ciudad fue destruida por luchas y subsecuentes saqueos. Hace tan sólo dos meses, el pasado marzo, más de 150 personas resultaron muertas y al menos 25.000 huyeron aterrorizadas.

Una de las regiones más pobres del planeta

Sudán del Sur ya es una de las regiones más pobres y menos desarrolladas de todo el planeta. Menos de la mitad de la población tiene acceso a agua limpia y los índices de mortalidad materna son de los peores en el mundo. Apenas existen carreteras asfaltadas en la región, un área del tamaño de Texas, y durante las lluvias intensas, muchas áreas quedan incomunicadas durante meses, dificultando sobremanera el reparto de ayuda humanitaria. Alrededor del 97 por ciento de mujeres no pueden leer ni escribir (el analfabetismo total es de un 80 por ciento en los adultos) y uno de casa siete niños mueren antes de cumplir los cinco años. Desde la firma del tratado de paz, el Sur ha sufrido violencia, inundaciones y sequía, y aún así sus gentes han conseguido unos progresos sorprendentes gracias a la ayuda de EEUU y otros donantes internacionales. Oxfam ha trabajado en el sur durante 27 años, facilitando agua y salubridad, respondiendo a emergencias humanitarias y apoyando medios de vida.

No obstante, los avances en desarrollo pueden ser fácilmente destrozados por el conflicto, y por eso Oxfam hace un llamamiento al Consejo de Seguridad de la ONU, que en estos momentos está revisando el mandato de la operación de paz, la Misión de Naciones Unidas en Sudán (UNMIS),para garantizar que la nueva misión tiene como prioridad el proteger a la población civil ante la violencia. Esto supondría crear un mandato bajo el Capítulo VII del estatuto de la ONU.

La misión de la ONU debe fortalecerse

En el pasado, la misión de paz de la ONU ha luchado y a veces fallado a la hora de proteger a las gentes de Sudán del Sur ante la violencia, pero el Consejo de Seguridad tiene ahora la oportunidad de hacerlo bien. Oxfam exige que la nueva misión de paz, que debería comenzar su mandato tras la independencia, despliegue más tropas en las zonas más ''conflictivas'', y que garantice que estas tropas tengan la formación y equipamiento adecuados para poder parar los brotes de violencia y responder rápidamente ante cualquier incidente.

Las fuerzas de paz deberían poder llevar a cabo rondas más extensas y pasar más tiempo dialogando con las comunidades en riesgo. También se necesita que la población civil controle abusos relativos a los derechos humanos y áreas conflictivas en potencia.

Como respuesta al último brote de violencia, las organizaciones humanitarias y las Naciones Unidas están trabajando para poder garantizar las necesidades básicas de las gentes desplazadas, muchas de las cuales huyeron con poco o nada. Pero el comienzo de la estación de lluvias podría dificultar cada vez más el trabajo y esfuerzos de las agencias humanitarias que intentan ayudar a los desplazados.

Además de satisfacer las necesidades de los afectados por la violencia, la comunidad internacional debe aumentar sus esfuerzos para prevenir que la situación empeore. La UNMIS no tiene la capacidad para intervenir físicamente entre los dos bandos, pero sí que tiene un mandato que proteja a la población civil durante la inminente amenaza violenta.

Publicado originalmente por Oxfam América.

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