Anadey recoge unos huevos en su gallinero.
Anadey recoge unos huevos en su gallinero. Foto: Ivan M. García / Oxfam

México: Heroínas de la comida

22 Febrero, 2012 | CRECE

“Vinieron las lluvias y con éstas las inundaciones, y no nos quedó nada. Lo perdimos todo: la casa, nuestras cosas y también las cosechas. Todo el fríjol y el maíz se lo llevó el agua… o lo pudrió. En aquellos días sólo podíamos comer una vez al día y era lo que mi esposo podía traer del monte: unos calabacines, chayote… Poco más”, relata Candelaria Gutiérrez, una de las afectadas por el frente frío que en 2007 sacudió los estados mexicanos de Tabasco y Chiapas. “Y para colmo, tampoco había empleo”, lamenta la mujer, una de las lideresas de la localidad tabasqueña de Ejido Arroyo Seco, un lugar vulnerable, junto a un río que crece hasta desbordarse en la época de lluvias y donde los deslaves son frecuentes.

Por ello, es también una de las comunidades de los dos estados donde Oxfam activó su respuesta de acción humanitaria atendiendo a las necesidades básicas de los afectados en un inicio, y poniendo después en marcha proyectos a largo plazo de agricultura para recuperar los medios de vida y de reducción de riesgo de desastre (RRD). Los programas, que benefician a 181 familias, desarrollan el sistema tradicional de producción en los traspatios —generalmente en manos de las mujeres— a través de: capacitación, acceso a herramientas y semillas, y de sistemas de RRD.

Dietas más saludables

“Nuestra dieta es ahora más saludable. Cultivamos mejores frutas y verduras. Más frescas, más jugosas. Y como también del programa hemos recibido gallinas, no nos toca comprar carne, sino que incluso podemos venderla junto a las verduras que nos sobran y ganamos algo de plata”, explica orgullosa Anadey Hernández, una mujer de 36 años que vive en la comunidad de La Sidra, apenas un pequeñísimo caserío encorsetado entre una abundante cascada y los picos de la sierra de Chiapas.

Anadey atiende sus gallinas mientras explica que gracias a ellas ahora también puede acompañar los fríjoles del desayuno con huevo. “Los niños ya no sufren por que no haya comida. Eso ya pasó”, apunta. “La salud ha mejorado en la comunidad. Antes se daban muchas diarreas entre los niños, mucha calentura también. Pues había veces que hasta comprábamos comida pasada porque no teníamos dinero”, dice mientras trata, no sin dificultad, de meter todas las aves en su gallinero. “Ahora tenemos más calidad de vida por la venta de las verduras que nos sobran y porque también tenemos más variedad que antes. Podemos complementar algunas comidas con ejote y las ensaladas con rábano”, concluye mientras encierra a la última gallina.

Lo que no dice hasta que no se le pregunta es que con parte de ese dinero su hijo puede asistir a la universidad. “Sí, es cierto, la vida se nos ha hecho más fácil”, apunta. “Los niños van a la escuela, a la universidad… ¡Y claro, mejor alimentados, porque no sé yo si sólo comiendo frijoles les iba a rendir tanto el estudio!”, exclama.

Avanzando en género

Dos niñas en el centro de Manzanillo Pinabeto.Dos niñas en el centro de Manzanillo Pinabeto. Foto: Ivan M. García / Oxfam

El programa contempla capacitación en mejores técnicas de agricultura. “Como por ejemplo, aprovechar los restos de comida para hacer abono y no quemarlos”, explica Esther Jiménez mientras trabaja su parcela en Manzanillo Pinabeto (Chiapas). Y también formación en RRD. “Ahora sabemos como hacer barreras para que la lluvia no afecte a la siembra y como sembrar en esas condiciones para tener buena cosecha”, asegura Anadey Gutiérrez.

Lamentablemente, aún quedan no pocos visos de machismo en estas comunidades y no siempre está bien visto que la mujer trabaje o acuda a los cursos de formación. De todos modos, estas mujeres, estas heroínas, lo tienen claro. Y de esa manera lo expone la joven y casi frágil por su delgadez Petrona Jiménez. “La mujer ya se ha realizado en el hogar, ahora tiene que realizarse en el trabajo, ser independiente. Si el hombre trabaja, yo también puedo hacerlo. Tengo mis ahorros para mis gastos. Y aunque cuando tengo que venir a trabajar a la cooperativa me levanto a las tres de la mañana para alcanzar a hacer las tareas de la casa —pues mi esposo sale para el campo a las cinco— no me importa. Trabajando nos sentimos mejor, nos hace salir adelante. Pues cuando una mujer quiere trabajar, no hay barrera que no pueda pasar”.

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