Helena Christensen hablando con Josephine Kanini
La embajadora de Oxfam Helena Christensen hablando con Josephine Kanini en Mukuru, un barrio marginal en el sur de Nairobi. Josephine es beneficiaria de un proyecto apoyado por Oxfam que ayuda a las mujeres a empezar su propio negocio.

Lo que aprendí de las mujeres que conocí en Kenia

7 Marzo, 2012 | CRECE, Justicia de género

Acabo de regresar de mi tercer viaje con la organización humanitaria internacional Oxfam. En esta ocasión hemos visitado el Cuerno de África, donde he conocido a Elisabeth y Josephine.

Elisabeth vive en Lokore, Turkana (rrojo), Josephine en Mukuru, Nairobi (azul). Mapa grande

Elisabeth vive en una zona rural de Turkana, en el norte de Kenia, una de las muchas regiones del Cuerno de África afectadas por la terrible sequía que ha puesto en peligro las vidas de más de 13 millones de personas.

Josephine vive a casi 600 kilómetros al sur de Elisabeth, en Mukuru, una enorme y empobrecida barriada de la vibrante capital de Kenia, Nairobi. Mukuru es una de las barriadas pobres más grandes del país y, sin embargo, está a pocos kilómetros de los lujosos apartamentos y relucientes coches de Nairobi.

Las vidas de estas dos mujeres han cambiado drásticamente en los últimos años principalmente por dos motivos: un clima cada vez más impredecible y el alza de los precios de los alimentos. Poder alimentar o no a sus hijos dos veces al día no sólo depende de ellas.

Las mujeres pueden tener la llave

Como a menudo sucede en las zonas más pobres del planeta, muchas mujeres cargan con la responsabilidad de alimentar a sus familias y en ocasiones, en tiempos difíciles, ellas dejan de comer para que lo puedan hacer sus maridos, hijos e hijas.

En mis anteriores viajes con Oxfam visité Perú y Nepal, donde conocí y fotografié a mujeres que luchaban para hacer frente a los efectos del calentamiento global. En esta ocasión, quise ir a África para intentar comprender mejor cómo es posible que el cambio climático determine si una madre puede enviar a sus hijos a la escuela o poner comida sobre la mesa.

Lo que ahora veo es que si a las mujeres se les escucha y se les permite participar en las decisiones que afectan a sus comunidades, éstas pueden tener en sus manos la clave para poner fin al hambre en el mundo. En algunos de los países más pobres las mujeres producen hasta un 80% de los alimentos y, sin embargo, tienen menos posibilidades de poseer sus propias tierras y, a menudo, reciben escaso apoyo financiero y agrícola. El mundo debe invertir más en las mujeres agricultoras y pastoras.

Elisabeth camina 12 kilómetros cada día

Helena Christensen sitting among Elisabeth Akauimon Amodoi and her family

Helena Christensen con Elisabeth Akauimon Amodoi y su familia en Lokore, en la zona de Turkana afectada por la sequía, en Kenia

Pongamos como ejemplo a Elisabeth, de Turkana. Antes era pastora, una campesina nómada. Para alimentar a sus 11 hijos y nietos dependía de sus camellos y cabras, pero todos sus animales murieron durante la sequía.

Ahora su familia depende de los ingresos que obtiene de la venta de carbón y de la ayuda de emergencia. Elisabeth es pequeña y parece débil y, sin embargo, recorre cada día 12 kilómetros para recolectar el carbón que luego vende en una aldea cercana. No puede permitirse el billete de autobús. El precio del combustible se ha disparado. Siempre que los precios de los alimentos aumentan, se ve obligada a sacar a los más pequeños de la escuela. Durante este último año los precios del maíz y las alubias se han duplicado y ahora sólo puede mandar a la escuela a su hijo mayor.

“Me cuesta entender lo qué está pasando”, me decía Elisabeth. “Hace apenas diez años todo era verde. Teníamos leche y carne suficiente gracias a nuestras cabras y nuestros camellos. Ahora todo está seco. Debido a la falta de agua nuestra vida es cada vez más dura. Me preocupan mucho los más pequeños”.

Josephine: cuidando a trece hijos e hijas en un suburbio

Little boy in Mukuru

Un niño en Mukuru, en Nairobi, Kenia, uno de los barrios marginales más grandes del Cuerno de África. Foto: Helena Christensen/Oxfam

Temprano por la mañana, mientras Elisabeth aún duerme con sus seis nietos en su pequeña cabaña, Josephine se levanta puntual a las cinco en su chabola en Mukuru, al otro lado de Kenia, para recolectar carbón y repollos. Esta barriada pobre del sudeste de Nairobi alberga varios cientos de miles de personas. Es difícil saber exactamente cuántas personas viven allí. Las familias, la mayoría de ellas numerosas, se hacinan en pequeñas chabolas fabricadas con láminas de metal para sobrevivir. Cientos de niños y niñas corren descalzos por todas partes. Hace un calor insoportable.

Como Elisabeth, Josephine también era pastora. Se vio obligada a mudarse a la gran ciudad y abandonar su vida en su pueblo natal para poder alimentar a los 13 niños y niñas que tiene a su cargo, algunos de ellos huérfanos. Oxfam ayuda a Josephine y a otras mujeres como ella a emprender sus propios negocios y construir un futuro. Algunas de estas mujeres son, además, seropositivas y realmente necesitan apoyo. El elevado nivel de pobreza deja fuera de su alcance la asistencia sanitaria y la educación.

El cambio climático afecta la vida de las mujeres

Como madre, no puedo imaginarme un futuro tan inseguro para mi hijo. Estas mujeres se ven obligadas a luchar cada día solo para poder cubrir las necesidades más básicas de su familia. Asumen una gran responsabilidad ya que sus hijos e hijas, sus familias e incluso comunidades enteras dependen en gran medida de ellas.

En el mundo hay comida suficiente para todos y todas y, sin embargo, una de cada siete personas se acuesta hambrienta cada día, en su mayoría mujeres y niñas. Es en ocasiones como ésta, el Día Internacional de la Mujer, cuando me pregunto cómo es posible que esto suceda en 2012. ¿Qué podemos hacer para lograr un cambio drástico? La relación entre el cambio climático y la transformación de las vidas de estas mujeres es más que obvia. Los efectos devastadores del cambio climático se propagan, no como pequeñas ondas en el agua, sino como enormes olas que sacuden al mundo.

Afortunadamente, el futuro no está escrito en piedra. Un mundo alternativo es posible si cambiamos la forma en la que producimos y compartimos los alimentos. Quizás sea demasiado inocente pensar que esto es posible. Quizás muchas personas crean que no queda esperanza. Pero pienso que hay suficientes personas que se preocupan por el mundo, y que están dispuestas a lograr cambios radicales y reestructurar el actual sistema alimentario fallido para garantizar que todas las personas tengan qué comer. Somos muchos los que estamos preparados para formar parte de esto y pedimos a los líderes mundiales que den los pasos necesarios. Nosotros estamos listos para apoyarles si ellos emprenden acciones y lideran el camino.

Esté blog se publicó en The Irish Times y en otras webs.

Más información

Video: La embajadora de Oxfam Helena Christensen visita Turkana, en el norte de Kenia

Día Internacional de la Mujer 2012

Crisis alimentaria en el Cuerno de África

El trabajo de Helena Christensen como embajadora de Oxfam

Campaña CRECE de Oxfam

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