#SemanaCrece: En busca del jardín de mi abuela

18 Octubre, 2012 | CRECE

(Título inspirado en la colección de ensayos de Alice Walker Buscando los jardines de nuestras madres, una lectura obligatoria).

Cuando mi abuela falleció, había una excavadora aparcada delante de su cabaña de palmeras. Ya había recibido el aviso de desalojo antes de caer terriblemente enferma. El terreno era sólo “prestado” y el propietario había decidido dividirlo. Viuda prematuramente, mi abuela Precy no pudo permitirse comprar su propio terreno, pues tenía que criar a cuatro niños con sus escasos ingresos como lavandera.

La historia de mi abuela me viene a la mente cada vez que hablo con mujeres campesinas que comparten el mismo sueño de poseer sus propias tierras agrícolas y hogares. Me gustaría pensar que la historia de mi abuela inspiró también a mi madre cuando decidió comprar un terreno con su pensión de jubilación de maestra de escuela pública; tal vez era una promesa a su madre, que nunca tuvo la oportunidad de plantar su propio jardín. 

Tras hablar con varias mujeres campesinas, me di cuenta de lo variadas que son las historias que hay detrás de este sueño de tener un terreno propio. Pero todas ellas tenían en común la gran esperanza depositada en el Programa Integral de Reforma Agraria Comprensiva (CARP), un programa estatal de justicia social que promete tierras a los agricultores; tierras para las personas sin tierra. Es aquí donde surgen las historias de las mujeres y las preguntas: ¿quiénes son los agricultores? ¿Quiénes son los que no tienen tierra?

La historia de Sally

A Sally, que había trabajado labrando la tierra desde que tenía 14 años, no se la consideró como agricultora beneficiaria de las tierras pertenecientes a la Hacienda de la Rama, en Negros. El Departamento de Reforma Agraria (DAR) lo justificó con su política de “una familia, un CLOA”. El Certificado de Concesión de Propiedad de la Tierra o CLOA (por sus siglas en inglés) se registraba a menudo sólo a nombre del marido. Sally era una superviviente de las frecuentes amenazas y golpes que su marido le infringía, lo que hacía todavía más necesario que pudiera poseer una tierra a su nombre. Junto a otras cinco mujeres campesinas, firmó una petición al DAR para que se la incluyera como beneficiaria individual, sin ningún éxito. Para agravar la situación, un grupo de matones armados a sueldo destruyeron su casa. Sally había sido identificada como líder del grupo de agricultores que habían presionado para que la Hacienda formase parte del CARP. 

La no inclusión de Sally en la lista de beneficiarios de la reforma agraria puede estar relacionada con el estatus de las mujeres como trabajadoras agrícolas. En comparación con los hombres, muchas de las trabajadoras agrícolas obtienen salarios más bajos y no tienen acceso a los beneficios de la seguridad social. Algunas incluso no están incluidas en ningún tipo de nómina, una de las bases para identificar a los agricultores beneficiarios.

La historia de Rebs

Rebs y su marido cultivaban una porción de tierra en préstamo de 12 hectáreas en Bunawan (Agusan Sur) cuando se puso en marcha el CARP en su provincia. Su rutina diaria era la siguiente: el marido salía de casa sobre las 7:00 de la mañana para llevar a cabo algunas funciones en el barangay, el ayuntamiento de la aldea, mientras Rebs se ocupaba de los cultivos de arroz, plátano, coco y otros árboles frutales. Como era su marido quien se ocupaba de los asuntos con el ayuntamiento, él se encargó de contactar con la oficina provincial del DAR en relación con los procesos de reforma agraria. En 1999, el certificado de concesión de propiedad de la tierra fue emitido, pero a nombre del marido de Rebs. Ella manifestó que prefería que los nombres de ambos figurasen en el certificado, como Sr. y Sra. Rebs se lamentaba de que cuando ella y su marido discutían, a menudo él repetía que era el único que podía tomar decisiones sobre la tierra.

Una de las preocupaciones clave entre las mujeres beneficiarias de la reforma agraria es la manera de otorgar los títulos de tenencia de la tierra. La práctica ha sido registrar el CLOA al nombre del marido e incluir una descripción de la relación existente con la mujer, por ejemplo: “casado con”. Bajo el Código de la Familia, esta modalidad de titulación puede interpretarse como régimen de propiedad común para la pareja. Sin embargo, desde la perspectiva de las mujeres campesinas, esto no hace más que describir la relación con sus maridos, pero NO con la tierra. Es importante poner los nombres de las mujeres campesinas al mismo nivel que los de los hombres, por ejemplo: “el matrimonio formado por María y Juan”, pues únicamente mediante esta fórmula se les considerará a ambos como agricultores.  

Conchita Masin

Conchita Masin, “Conching”, relató: "Nosotras, las mujeres, estuvimos a la vanguardia de la lucha por la tierra, pero cuando finalmente se otorgaron las tierras de labranza, se nos excluyó de los programas”. Conching se refería a los programas de crédito y otros servicios de apoyo que nunca habían estado disponibles para responder a las necesidades de las mujeres campesinas. Siendo beneficiaria de la reforma agraria en Governor Generoso (Davao Oriental), Conching relataba cómo las mujeres estuvieron literalmente al frente de las concentraciones, piquetes y ocupaciones de tierra. Se suele afirmar que cuando son las mujeres las que están en primera línea, es menos probable que los grupos armados privados o fuerzas del gobierno reaccionen con violencia contra los agricultores. Pero parece que esto  no es más que un mito. Conching estaba entre los que se enfrentaron a las balas que les daban la bienvenida cuando ocuparon la tierra que se les había concedido. Estaba contenta por no haber resultado herida, pero seguía triste al ver cómo el programa había fracasado a la hora de alcanzar su objetivo tras más de veinte años en marcha. 

Las opiniones de Conchita reforzaron aún más la noción sobre los derechos de propiedad de las mujeres. El sueño no termina con los títulos de propiedad sobre la tierra. No se trata tan sólo de la “propiedad” per se, sino de la consideración que se tiene sobre la contribución de las mujeres a la lucha por la tierra, el respeto por el papel de las mujeres en la producción de alimentos, la manera en la que el desarrollo real se lleva a cabo y la transcendencia de las relaciones de poder.

En colaboración con estas mujeres, nuestra coalición, la Coalición Nacional de Mujeres Rurales (PKKK) ha hecho llegar sus preocupaciones políticas a los organismos pertinentes. Tras aproximadamente una década ejerciendo presión, se emitió una Orden Administrativa integral (AO no.1 s. 2011) que establece directrices para la igualdad de género a la hora de aplicar la reforma agraria. Sin embargo, la gran preocupación es que la orden administrativa se ha emitido cuando quedan únicamente tres años para que termine la fase de adquisición y distribución de tierra (LAD).

Pero ésa es otra historia y también lo es cómo acabarán las cosas en 2014. Necesitaremos oír más historias como las de Conchita, Rebs y Sally…

Únete a la petición que hacemos al Banco Mundial para que actúe ante la compra masiva de tierras

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