Ruanda: agua potable para cientos de refugiados y refugiadas de la RDC

Laura Eldon

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Ruanda es conocida como el país de las mil colinas, pero al llegar a Kigeme no estaba preparada para lo que significaba un campo de refugiados que aloja a más de 14.000 personas. Decir que el campo es sorprendente es quedarme corta: miles de tiendas se encuentran ordenadas en filas enclavadas en dos colinas, una de las cuales es tan empinada, que sólo se pueden instalar tiendas en tres cuartas partes de sus laderas

Cientos de tiendas ordenadas en filas en dos colinas del campo Kigeme. Foto: Laura Eldon/Oxfam

El campo es el hogar de la población refugiada congoleña que ha huido del recrudecimiento del conflicto en la República Democrática del Congo en la región de Kivu del Norte. Oxfam administra allí instalaciones de suministro de agua y saneamiento, lo que incluye sesiones de educación en higiene para ayudar a prevenir la propagación de enfermedades. En un espacio tan difícil, se trata de un reto logístico mayor.

Gran espíritu emprendedor

Caminar por el campo es una experiencia alentadora. A pesar de haber huido de un conflicto terrible, la vida continúa. Hay muchos niños jugando con pelotas caseras construidas a partir de bolsas de plástico, mientras que otros empujan coches de juguete hechos con tapas de botellas, o participan en  juegos en los que se lanzan piedras hacia distintas dianas. El espíritu emprendedor es alto: hay puestos improvisados que venden carbón vegetal y otros artículos esenciales. Y en quizá mi lugar favorito, existe hasta una 'casa de huéspedes' en la que se vende té.

En un área tan densamente poblada, el riesgo de que se produzcan enfermedades es elevado. Sin embargo, desde la apertura del campo aún no se ha registrado ningún brote de enfermedad.

"El campamento Kigeme se ha mantenido muy limpio desde el principio", explicó Florencia Uwineza, responsable del equipo de Promoción de Salud Pública de Oxfam, al preguntarle sobre la gestión de las instalaciones. "Nuestro equipo se encontraba en el campo cuando se empezó a transferir a las primeras personas desde el campamento temporal próximo a la frontera. Les dimos la bienvenida a la entrada y les proporcionamos instrucciones clave sobre higiene para que constataran la importancia de mantener la limpieza en los baños y de lavarse las manos desde el primer momento".

Manteniendo el campo limpio

El club de la higiene: estos juegos  ayudan a que los menores aprendan a lavarse las manos. Foto: Laura Eldon/Oxfam

Este trabajo se ha complementado con la capacitación de 40 líderes comunitarios de diferentes áreas del campamento sobre salud pública. También ellos ayudan a llevar a cabo una serie de clubes de higiene dirigidos a hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas, los que a través de juegos y actuaciones transmiten mensajes importantes.

Nuestro equipo también ha establecido una serie de puntos de agua, suministrados a su vez por grandes tanques de agua ubicados en la parte superior de cada colina. El agua se canaliza al campamento desde las tuberías de la ciudad de Nyamagabe, ubicada a cinco kilómetros, hasta un tanque central de Oxfam. Desde aquí, una bomba de gasoil bombea agua hasta la cima de cada colina desde donde se distribuye a los puntos de agua, distribuidos por el terreno escarpado para que nadie tenga que llevar el agua demasiado lejos en estas encumbradas colinas. En cada punto de agua se indican las horas de apertura y mensajes de higiene específicos sobre cómo mantener los recipientes limpios.

Improbabilidad de volver en un futuro próximo

Jeanette atendiendo un punto de agua de Oxfam. Foto: Laura Eldon/Oxfam

Encontramos a Jeanette al visitar un punto de agua en uno de los lados más empinadas de los cerros de Kigeme. Entrenada por Oxfam en materia de higiene, Jeanette actúa como una "asistente de punto de agua", gestionando la entrega de agua en los horarios establecidos. "Creo que la parte más importante de mi trabajo es asegurarme de que la gente no juegue alrededor del punto de agua y mantener el área limpia. Antes, la gente solía venir con bidones sucios, pero ahora me aseguro de que los limpien antes de usarlos. Creo que es el mayor logro de mi trabajo.”

Esta es una pequeña tarea en comparación con algunas de las emergencias más grandes donde Oxfam trabaja, pero también se trata de un país que no está acostumbrado a recibir programas humanitarios. Mientras el conflicto y la inestabilidad continúen en la RDC, es muy improbable que estos refugiados vuelvan a sus casas en un futuro próximo. Al tiempo que nuestro equipo se prepara para traspasar su labor a un socio local con el fin de mantener los sistemas que hemos instalado, nos sentimos orgullosos del trabajo realizado.

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