Mujer barriendo su patio, Uganda
Mujer barriendo su patio, Uganda

Día 1: Apliquemos lo que ya sabemos

9 Diciembre, 2012 | El futuro de la agricultura

En muchos lugares inhóspitos del planeta, los pequeños agricultores son capaces de alimentar a sus familias y comunidades y lideran el crecimiento económico de sus países. Ya existen muchas de las soluciones a los retos que plantea la agricultura; sólo hace falta adaptarlas a las condiciones de cada lugar y un apoyo político fiable y a largo plazo.

Por Kanayo F. Nwanze, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)

El sur de la provincia de Gansu, en China, es una zona propensa a las sequías: sufre de escasez de agua y una severa erosión del suelo. No es un ambiente propicio para la producción alimentaria. Aun así, a pesar de estas duras condiciones, los agricultores están produciendo y vendiendo alimentos. Pueden alimentar a sus familias y sus ingresos están creciendo de manera sostenida.

En zonas degradadas de Burkina Faso, los pequeños agricultores están utilizando métodos sencillos para captar agua, como la creación de pozos y presas de roca permeable, para restaurar el suelo. Están cultivando en tierras que anteriormente eran improductivas. 

“Están cultivando en tierras que anteriormente eran improductivas.”

Asimismo, en el Altiplano Peruano, donde las fluctuaciones extremas de temperatura se han agravado debido al cambio climático, algunas comunidades indígenas están mejor alimentadas que nunca y su ganado está prosperando.

Si reflexionamos sobre cómo debería ser la agricultura dentro de una década, podemos encontrar ejemplos de lo que ya se está llevando a cabo en muchas comunidades de todo el mundo donde el FIDA opera.

La agricultura, por supuesto, alimenta a la gente. También es una herramienta extremadamente eficaz para reducir la pobreza. Numerosos estudios han demostrado que el crecimiento del PIB generado por la agricultura es más del doble de eficaz para la reducción de la pobreza que el crecimiento en otros sectores.

Con una población mundial esperada de 7.700 millones de personas en 2022, la demanda de alimentos no escaseará en los años venideros. Nuestro desafío consiste en asegurarnos que los pequeños y medianos agricultores logren el apoyo necesario para ayudar a satisfacer dicha demanda.

Hay unos 500 millones de explotaciones de pequeños agricultores en todo el mundo que abastecen a más de 2.000 millones de personas. Hoy en día, demasiados pequeños agricultores en países en desarrollo son pobres - están aislados de los mercados, los servicios y la financiación que les permitirían beneficiarse del incremento de los precios y la demanda. Muchos de ellos no cultivan alimentos suficientes para su propio consumo y el de sus familias, y menos aún el de sus comunidades.

“Demasiados agricultores están aislados de los mercados, los servicios y la financiación que les permitirían beneficiarse del incremento de los precios.”

¿Cómo podemos asegurar que los pequeños agricultores del mundo en desarrollo dispongan de los recursos necesarios para que puedan gestionar riesgos, enfrentarse a la volatilidad de los precios y ayudar a cubrir la futura demanda mundial de alimentos? No hay una solución sencilla.

Los pequeños productores necesitan que haya voluntad y medidas políticas que ayuden a crear un entorno en el que estén menos vulnerables. Necesitan inversiones de todo tipo, desde carreteras para llegar más eficientemente al mercado, hasta formación para afrontar mejor los riesgos. Necesitan que el sector público y el privado se asocien de manera creativa. Necesitan mayor transparencia en los mercados para mitigar los efectos de la volatilidad y un mayor acceso a la investigación agrícola que les permita adaptarse más eficazmente a los efectos del cambio climático.

“Los pequeños productores necesitan que haya voluntad y medidas políticas que ayuden a crear un entorno en el que estén menos vulnerables”

La experiencia nos demuestra repetidamente que cuando se proporcionan medios e incentivos a los pequeños agricultores para que incrementen su producción, estos son capaces de cubrir su propia demanda de alimentos y la de sus comunidades, liderar el crecimiento agrícola y económico de su país y contribuir a la seguridad alimentaria.

De hecho, las pequeñas explotaciones son a menudo más productivas por hectárea que las grandes, siempre que las condiciones agroecológicas y el acceso a la tecnología sean equivalentes. 

“Las pequeñas explotaciones son a menudo más productivas por hectárea.”

Si queremos que los pequeños agricultores contribuyan al suministro mundial de alimentos dentro de una década, necesitarán acceso a una financiación rural y agrícola especialmente adaptada a sus necesidades para que puedan invertir en sus explotaciones agrícolas. Así ocurre con los agricultores participantes en un proyecto en Bangladesh financiado por el FIDA, los cuales pueden obtener préstamos temporales para cubrir el costo de producción de sus cultivos. Los pagos se hacen entre cuatro y seis meses más tarde, en una sola cuota, reflejando así el flujo de caja de la agricultura.

También necesitarán acceso a las herramientas de gestión de riesgos, como en el caso de los agricultores de un proyecto piloto del FIDA y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en China, quienes protegían sus cultivos de arroz contra el riesgo de sequía con seguros basados en índices climáticos.

Dentro de diez años, vemos a los agricultores con acceso a carreteras pavimentadas, al igual que los de la isla de Tonga, en el Pacífico, quienes ahora pueden llevar sus productos al mercado en sólo una fracción del tiempo que antes tardaban.

“Los agricultores tendrá acceso a carreteras pavimentadas que pueden llevar sus productos al mercado en sólo una fracción del tiempo que antes tardaban.”

También los vemos con acceso a modernas instalaciones de almacenamiento, como los agricultores en Tanzania, que pueden almacenar su producción de manera segura y venderla después de la temporada de cosecha, cuando los precios son más altos.

Cuando miramos al futuro, vemos agricultores con acceso a las últimas tecnologías, como sucede con aquéllos en Senegal y otras partes de África que han perfeccionado unas semillas de arroz resistentes a la sequía y que además requieren menos deshierbe y maduran con más rapidez. Gracias a ello, estos agricultores han aumentado el rendimiento de su producción entre un 25 y un 250 por ciento. Son capaces de cultivar más, vender más y ganar más.

También les vemos dentro de diez años usando técnicas tradicionales perfeccionadas, como los pozos Tassa o zai para la siembra, que los agricultores de Burkina Faso y Níger excavan antes del comienzo de las lluvias. Estos pozos recolectan y almacenan el agua, contribuyen a la fertilidad del suelo y pueden ayudar a reabastecer los acuíferos agotados. 

En un mundo en el que los efectos del cambio climático ya se hacen notar en las vidas de muchos agricultores que viven en la pobreza, vemos a los pequeños productores poniendo de su parte para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y beneficiándose a sí mismos en el proceso, como es el caso de los agricultores en China y Eritrea, quienes utilizan el metano producido por los residuos humanos y animales para el abastecimiento energético de sus hogares.

Para incrementar sus ingresos, vemos a los agricultores trabajando con socios del sector privado para llevar sus productos a nuevos mercados, como sucede en Guatemala, y llevando esto a cabo de manera que se reduzcan los riesgos que corren al participar en transacciones comerciales con nuevos socios y en nuevos mercados.

Por todo el mundo vemos organizaciones de agricultores formándose y cobrando fuerza, de forma que los agricultores tengan mayor poder de negociación en los mercados y puedan influir sobre las políticas agrícolas nacionales, regionales y mundiales.

Y dentro de diez años vemos gobiernos nacionales continuando con sus compromisos a largo plazo en la agricultura, respaldados por una mayor inversión de su parte y de la comunidad internacional.

“Los gobiernos nacionales continuarán con sus compromisos a largo plazo en la agricultura.”

No hay una fórmula secreta para eliminar la pobreza y garantizar la seguridad alimentaria de la noche a la mañana. Pero sabemos que los productores a pequeña escala, incluyendo a las familias agricultoras, pastores y pescadores artesanales, son la clave para reducir la pobreza y el hambre.

Su prosperidad depende de que cuenten con el apoyo político y el entrenamiento adecuado; que estén conectados con los mercados y dispongan de acceso a los servicios financieros y tecnologías agrícolas; que cultiven de una manera que respete y responda al entorno natural, y que reciban el apoyo comprometido de los gobiernos centrales y locales.

En otras palabras, tenemos que tomar lo que ya sabemos que funciona y aplicar nuestro conocimiento, adaptando nuestros esfuerzos a las condiciones de cada región o incluso de cada pueblo en particular  y respondiendo a los deseos de la propia población local, de modo que dentro de diez años se haya logrado un cambio duradero, en un mundo donde la gente sufra menos hambre y en el que las personas tengan más oportunidades que en la actualidad.

Lee el ensayo: Apliquemos lo que ya sabemos

AdjuntoTamaño
ESP Kanayo Nwanze PDF.pdf105 KB

Comentarios

Riesgoso, o no?

 

Riesgoso, o no?

 

Tanto Nwanze como Murphy nos demuestran que ya hay varias herramientas disponibles para manejar los riesgos que los agricultores enfrentan. Sabemos bastante sobre lo que funciona y existen numerosos ejemplos de éxito. Por lo tanto, ¿necesitamos simplemente más y mejor inversión para construir a partir de estos aprendizajes, o requerimos reconsiderar de forma radical nuestro proceder si es que buscamos lograr éxitos sistémicos para enfrentar los riesgos cambiantes?  ¿Qué piensa usted?

 

Diálogo de saberes

Otro de los elementos que se debe considerar es el díalogo de saberes. Los conocimientos ancestrales principalmente sobre los bioindicadores, tiene enorme relevancia para garantizar la producción de alimentos en ecosistemas más vulnerables. Pero, también es importante la complementación de conocimientos y tecnologías modernas.

Qué necesitamos para concretar y aplicar el DIÁLOGO DE SABERES en cada contexto ecológico?

Me gustaría compartir tanto optimismo, pero…

Con todo lo que me gustaría compartir el optimismo entusiasta del Sr. Nwanze, si la historia y el presente sirven de algún referente, lo mas probable es que de acá a diez años la situación de los pequeños agricultores en el mundo no sea mejor sino igual o peor que ahora. Por cada ejemplo positivo que el Sr. Nwanze señala, a mi se me ocurren diez negativos. Por ejemplo, en mi país, Perú, el autor señala que en los altos Andes, "algunas comunidades indígenas están mejor alimentadas que nunca y su ganado está prosperando". Me encantaría saber donde quedan y cómo así han mejorado su nivel de vida. Las comunidades altoandinas que yo conozco no tienen tanta suerte: los oligopsonios de la leche de vaca y la fibra de alpaca siguen asfixiando sus mejores posibilidades de incrementar sus ingresos. No voy a ser tan cínico como para negar que hay cosas que han mejorado (para seguir con mi país, por ejemplo, ahí esta la fortísima revaloración de cultivos ancestrales en los circuitos comerciales nacionales, lo que redunda en beneficios no solo económicos sino también ecológicos para las comunidades apartadas). Pero si vemos el panorama en su conjunto, la verdad, encuentro difícil ser optimista. Si el Sr. Nwanze quiere contagiarme con su optimismo, creo que tendría que exponer con mayor detalle las mejoras en por lo menos algunos de los abundantes casos que menciona en su nota; pero mas aun tendría que explicar cómo estos casos de éxito puntuales –logrados en espacios reducidos y con abundantes recursos y apoyo externo— pueden masificarse (y si ya hay casos que mostrar en hayan dado ese salto, tanto mejor), y esto tomando en cuenta las tendencias que caracterizan al mundo de hoy: cambio climático, creciente población mundial y condiciones ambientales en permanente deterioro.

¿Es posible aplicar lo que ya sabemos?¿Qué nos limita a hacerlo?

El Sr. Nwanze, nos plantea un futuro de la agricultura bastante optimista y concuerdo con él en muchos aspectos señalados sobre como podría ser el futuro de la agricultura con los avances en la tecnología, cercania de los mercados y acceso a nuevos modelos de gestión del riesgo. Sin embargo, el Sr. Nwanze, no menciona ¿cuáles son los obstáculos actuales que nos impiden que "apliquemos lo que ya sabemos"?.  No menciona las relaciones de poder injustas, desiguales y poco transparentes en las que se sustenta el actual sistema alimentario mundial y el modelo de gestión predominante de la agricultura para la exportación. El problema no es solo de acceso a recursos (semillas e insumos, tecnología, infraestructura productiva, herramientas y gestión del conocimiento) es un problema de quién controla estos recursos en el sistema alimentario mundial y como se distribuyen los beneficios. No es un problema de producción de alimentos, sino un problema de cómo se distribuyen y como efectivamente logramos que la agricultura pueda convertirse en una herramienta eficaz para la reducción del hambre y la injusticia de la pobreza. Es un problema político.

La prosperidad no solo depende de que exista la voluntad política, los conocimientos técnicos disponibles, la cercanía al mercado y el acceso a servicios financieros y tecnológicos adecuados; son condiciones necesarias pero NO SUFICIENTES.  La prosperidad pasa por que exista mayor transparencia en las transacciones mundiales vinculadas al sistema alimentario, donde empresas transnacionales compiten con las comunidades rurales por el control de los recursos naturales (tierra, agua, minerales, etc.) y en la mayoría de los casos con la complicidad de los Gobiernos que argumentan su accionar como parte de una política de atracción de IED.

No puede haber prosperidad donde la agricultura de los países en desarrollo compitan injustamente con la agricultura subsidiada de los países desarrollados, generando distorsiones y especulaciones en los mercados internacionales que se traducen en una mayor volatilidad de los precios de los alimentos con un mayor impacto sobre las familias de bajos ingresos que destina hasta un 75% de sus ingresos en la compra de alimentos. Los efectos del cambio climático en la agricultura deben de gestionarse eficazmente, pero no es responsabilidad única de los pequeños productores que ya están haciendo esfuerzos en la implementación de tecnologías para la producción agroecológica, desarrollo de bancos de semillas, producción de abonos orgánicos, promoción de mercados locales y finanzas rurales altenativas.  Los países desarrollados que son responsables de la mayor generación de GEI deben de asumir  decididamente compromisos por reducir sus emisiones y apoyar a los países en desarrollo para adaptarse al cambio climático. En el 2011, la Región Centroamericana tuvo pérdidas de hasta $2,000 millones de dólares por la Depresión Tropical 12-E, pese a que las emisiones de GEI de la región no llegan ni siquiera al 0.5% de las emisiones globales, siendo reconocida como una región altamente vulnerable al cambio climático. Los países desarrollados deben de asumir sus compromisos de financiar la adaptación, tomando en cuenta que los pequeños productores rurales como bien dice el Sr.  Nwanze están haciendo su parte; pero no es ético, ni justo que la responsabilidad de cambiar la manera de producir los alimentos sea una labor asumida únicamente por los pequeños productores de la agricultura familiar y campesina.

Finalmente, pero no por eso menos importante, considero que para que exista un futuro en la agricultura debemos invertir en las mujeres rurales y los-as jóvenes, debemos de hacer posible su acceso y control sobre los recursos (tierra, agua, crédito, tecnología y conocimientos). Debemos de hacer visible el aporte no remunerado que hacen las mujeres rurales a través de sus labores productivas, reproductivas y comunitarias que hacen posible la alimentación de las familias y comunidades rurales, así como el suministro de alimentos en el mundo, pero que siguen siendo invisibilizadas. El futuro de la agricultura está en las mujeres rurales, que para el caso de El Salvador representan el 51% de la población rural, y a diferencia de sus similares hombres, el 40% se encuentra en un rango de edad de 10 a 29 años, lo que significa un potencial importante de nuevos saberes y creencias que de tener oportunidades en el futuro de mayor participación en la toma de decisiones y control de recursos productivos, transformaría el medio rural y por ende el futuro de la agricultura.

Finalmente, ¿Sí sabemos cuales las soluciones AHORA que nos impide implementarlas para que exista una agricultura más sostenible, equitativa y resiliente en el FUTURO?

Los saberes de nuestros abuelos

En principio deseo aclarar que nuestros saberes en las comunidades es resultado de un proceso de experimentacion continua que se vino evolucionando como toda cultura que se construye socialmente.

Estamos constatando que estos saberes _por lo menos en esta parte de los Andes Altos_poseen un alto potencial de asegurar la alimentación de los pueblos, ante los impactos de los cambios climaticos, ellos desde la sequia de los años ochenta vinieron desarrollando tecnologias de cosecha de agua de lluvia ante la escases del agua y una economia rigurosa del agua, es increible como se han adaptado a estos cambios.

Pero es importante conocer y testimoniar que las medidas de adaptacion implementadas no solamente son tecnologias, sino que se ha recreado los rituales en un ambito de espiritualidad basada en la fe y esperanza. por eso que los rituales estan intimamente relacionados con la fecundidad de la tierra, la reciprocidad con la naturaleza, la providencia de la lluvia y los ruegos a las deidades de las plagas y enfermedades para que no dañen a la agricultura.

        

Permalink: http://oxf.am/3QL