Día 1: Apliquemos lo que ya sabemos

Kanayo F. Nwanze

Blog mensaje por Kanayo F. Nwanze

Presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)
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En muchos lugares inhóspitos del planeta, los pequeños agricultores son capaces de alimentar a sus familias y comunidades y lideran el crecimiento económico de sus países. Ya existen muchas de las soluciones a los retos que plantea la agricultura; sólo hace falta adaptarlas a las condiciones de cada lugar y un apoyo político fiable y a largo plazo.

Por Kanayo F. Nwanze, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)

El sur de la provincia de Gansu, en China, es una zona propensa a las sequías: sufre de escasez de agua y una severa erosión del suelo. No es un ambiente propicio para la producción alimentaria. Aun así, a pesar de estas duras condiciones, los agricultores están produciendo y vendiendo alimentos. Pueden alimentar a sus familias y sus ingresos están creciendo de manera sostenida.

En zonas degradadas de Burkina Faso, los pequeños agricultores están utilizando métodos sencillos para captar agua, como la creación de pozos y presas de roca permeable, para restaurar el suelo. Están cultivando en tierras que anteriormente eran improductivas. 

“Están cultivando en tierras que anteriormente eran improductivas.”

Asimismo, en el Altiplano Peruano, donde las fluctuaciones extremas de temperatura se han agravado debido al cambio climático, algunas comunidades indígenas están mejor alimentadas que nunca y su ganado está prosperando.

Si reflexionamos sobre cómo debería ser la agricultura dentro de una década, podemos encontrar ejemplos de lo que ya se está llevando a cabo en muchas comunidades de todo el mundo donde el FIDA opera.

La agricultura, por supuesto, alimenta a la gente. También es una herramienta extremadamente eficaz para reducir la pobreza. Numerosos estudios han demostrado que el crecimiento del PIB generado por la agricultura es más del doble de eficaz para la reducción de la pobreza que el crecimiento en otros sectores.

Con una población mundial esperada de 7.700 millones de personas en 2022, la demanda de alimentos no escaseará en los años venideros. Nuestro desafío consiste en asegurarnos que los pequeños y medianos agricultores logren el apoyo necesario para ayudar a satisfacer dicha demanda.

Hay unos 500 millones de explotaciones de pequeños agricultores en todo el mundo que abastecen a más de 2.000 millones de personas. Hoy en día, demasiados pequeños agricultores en países en desarrollo son pobres - están aislados de los mercados, los servicios y la financiación que les permitirían beneficiarse del incremento de los precios y la demanda. Muchos de ellos no cultivan alimentos suficientes para su propio consumo y el de sus familias, y menos aún el de sus comunidades.

“Demasiados agricultores están aislados de los mercados, los servicios y la financiación que les permitirían beneficiarse del incremento de los precios.”

¿Cómo podemos asegurar que los pequeños agricultores del mundo en desarrollo dispongan de los recursos necesarios para que puedan gestionar riesgos, enfrentarse a la volatilidad de los precios y ayudar a cubrir la futura demanda mundial de alimentos? No hay una solución sencilla.

Los pequeños productores necesitan que haya voluntad y medidas políticas que ayuden a crear un entorno en el que estén menos vulnerables. Necesitan inversiones de todo tipo, desde carreteras para llegar más eficientemente al mercado, hasta formación para afrontar mejor los riesgos. Necesitan que el sector público y el privado se asocien de manera creativa. Necesitan mayor transparencia en los mercados para mitigar los efectos de la volatilidad y un mayor acceso a la investigación agrícola que les permita adaptarse más eficazmente a los efectos del cambio climático.

“Los pequeños productores necesitan que haya voluntad y medidas políticas que ayuden a crear un entorno en el que estén menos vulnerables”

La experiencia nos demuestra repetidamente que cuando se proporcionan medios e incentivos a los pequeños agricultores para que incrementen su producción, estos son capaces de cubrir su propia demanda de alimentos y la de sus comunidades, liderar el crecimiento agrícola y económico de su país y contribuir a la seguridad alimentaria.

De hecho, las pequeñas explotaciones son a menudo más productivas por hectárea que las grandes, siempre que las condiciones agroecológicas y el acceso a la tecnología sean equivalentes. 

“Las pequeñas explotaciones son a menudo más productivas por hectárea.”

Si queremos que los pequeños agricultores contribuyan al suministro mundial de alimentos dentro de una década, necesitarán acceso a una financiación rural y agrícola especialmente adaptada a sus necesidades para que puedan invertir en sus explotaciones agrícolas. Así ocurre con los agricultores participantes en un proyecto en Bangladesh financiado por el FIDA, los cuales pueden obtener préstamos temporales para cubrir el costo de producción de sus cultivos. Los pagos se hacen entre cuatro y seis meses más tarde, en una sola cuota, reflejando así el flujo de caja de la agricultura.

También necesitarán acceso a las herramientas de gestión de riesgos, como en el caso de los agricultores de un proyecto piloto del FIDA y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en China, quienes protegían sus cultivos de arroz contra el riesgo de sequía con seguros basados en índices climáticos.

Dentro de diez años, vemos a los agricultores con acceso a carreteras pavimentadas, al igual que los de la isla de Tonga, en el Pacífico, quienes ahora pueden llevar sus productos al mercado en sólo una fracción del tiempo que antes tardaban.

“Los agricultores tendrá acceso a carreteras pavimentadas que pueden llevar sus productos al mercado en sólo una fracción del tiempo que antes tardaban.”

También los vemos con acceso a modernas instalaciones de almacenamiento, como los agricultores en Tanzania, que pueden almacenar su producción de manera segura y venderla después de la temporada de cosecha, cuando los precios son más altos.

Cuando miramos al futuro, vemos agricultores con acceso a las últimas tecnologías, como sucede con aquéllos en Senegal y otras partes de África que han perfeccionado unas semillas de arroz resistentes a la sequía y que además requieren menos deshierbe y maduran con más rapidez. Gracias a ello, estos agricultores han aumentado el rendimiento de su producción entre un 25 y un 250 por ciento. Son capaces de cultivar más, vender más y ganar más.

También les vemos dentro de diez años usando técnicas tradicionales perfeccionadas, como los pozos Tassa o zai para la siembra, que los agricultores de Burkina Faso y Níger excavan antes del comienzo de las lluvias. Estos pozos recolectan y almacenan el agua, contribuyen a la fertilidad del suelo y pueden ayudar a reabastecer los acuíferos agotados. 

En un mundo en el que los efectos del cambio climático ya se hacen notar en las vidas de muchos agricultores que viven en la pobreza, vemos a los pequeños productores poniendo de su parte para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y beneficiándose a sí mismos en el proceso, como es el caso de los agricultores en China y Eritrea, quienes utilizan el metano producido por los residuos humanos y animales para el abastecimiento energético de sus hogares.

Para incrementar sus ingresos, vemos a los agricultores trabajando con socios del sector privado para llevar sus productos a nuevos mercados, como sucede en Guatemala, y llevando esto a cabo de manera que se reduzcan los riesgos que corren al participar en transacciones comerciales con nuevos socios y en nuevos mercados.

Por todo el mundo vemos organizaciones de agricultores formándose y cobrando fuerza, de forma que los agricultores tengan mayor poder de negociación en los mercados y puedan influir sobre las políticas agrícolas nacionales, regionales y mundiales.

Y dentro de diez años vemos gobiernos nacionales continuando con sus compromisos a largo plazo en la agricultura, respaldados por una mayor inversión de su parte y de la comunidad internacional.

“Los gobiernos nacionales continuarán con sus compromisos a largo plazo en la agricultura.”

No hay una fórmula secreta para eliminar la pobreza y garantizar la seguridad alimentaria de la noche a la mañana. Pero sabemos que los productores a pequeña escala, incluyendo a las familias agricultoras, pastores y pescadores artesanales, son la clave para reducir la pobreza y el hambre.

Su prosperidad depende de que cuenten con el apoyo político y el entrenamiento adecuado; que estén conectados con los mercados y dispongan de acceso a los servicios financieros y tecnologías agrícolas; que cultiven de una manera que respete y responda al entorno natural, y que reciban el apoyo comprometido de los gobiernos centrales y locales.

En otras palabras, tenemos que tomar lo que ya sabemos que funciona y aplicar nuestro conocimiento, adaptando nuestros esfuerzos a las condiciones de cada región o incluso de cada pueblo en particular  y respondiendo a los deseos de la propia población local, de modo que dentro de diez años se haya logrado un cambio duradero, en un mundo donde la gente sufra menos hambre y en el que las personas tengan más oportunidades que en la actualidad.

Lee el ensayo: Apliquemos lo que ya sabemos