Una mujer que sostiene un paraguas en las calles de Benin
Una mujer que sostiene un paraguas en las calles de Benin

Día 2: Apoyar a los agricultores a pequeña escala para enfrentar los riesgos del mercado y del clima

10 Diciembre, 2012 | El futuro de la agricultura

Debemos invertir en reducir los dos mayores riesgos que enfrentan los agricultores a pequeña escala: aquellos ligados al clima, derivados del cambio climático, y aquellos ligados al mercado, derivados de la globalización. La esperanza reside en cultivos tolerantes al estrés, en planes innovadores de seguros, y en los programas públicos de bienestar y las redes sociales de protección. 

Por Shenggen Fan, director general del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI)

Mientras que los pequeños agricultores de economías emergentes como China y Vietnam pueden tener la oportunidad de aumentar el tamaño de sus explotaciones agrícolas, los agricultores de la mayor parte del mundo en desarrollo seguirán explotando pequeñas parcelas. Dichos pequeños agricultores desempeñan un papel fundamental en la seguridad alimentaria mundial y en la reducción de la pobreza, particularmente en el África subsahariana y Asia meridional. 

Sin embargo, como todos los agricultores, están siendo afectados por dos amenazas globales: el cambio climático y el aumento de la volatilidad de los precios de los productos básicos agrícolas. Además de reducir el rendimiento de las cosechas, el cambio climático aumenta la magnitud y la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, lo que incrementa la vulnerabilidad de los pequeños productores. 

Prever en la fase de siembra qué cultivos se podrán vender de manera rentable tras la cosecha es mucho más difícil cuando los precios no son estables. Los agricultores no saben si el balance final de un cultivo, normalmente rentable pero que requiere muchos insumos, se volverá negativo cuando el precio de éstos aumente de manera repentina.

Controlar los riesgos del cambio climático

Los agricultores se ven forzados a adaptar sus prácticas agrícolas a un clima cambiante. Mientras que para algunos el cambio climático podría ser beneficioso, muchos otros se enfrentarán a grandes retos para mejorar o incluso mantener su nivel de productividad, algo que es necesario para alimentar a una población mundial en aumento. Y lo que es más importante, un clima menos predecible marcado por fenómenos meteorológicos extremos y cambios estacionales incrementa de manera considerable la dificultad de manejar los riesgos relacionados. 

El desarrollo (y posterior adopción por parte de los agricultores) de variedades de cultivos que sean resistentes al frío, al calor, a las inundaciones o a las sequías constituye una solución para reducir los riesgos relacionados con los fenómenos meteorológicos extremos. Tales variedades reducen las fluctuaciones en el rendimiento cuando inciden estos fenómenos. Asimismo, estas variedades de cultivo incrementan el rendimiento medio general y ofrecen beneficios concomitantes no sólo para los pequeños agricultores, sino también para todo el sector productivo y para los consumidores. Se espera que la investigación sobre variedades de maíz, mijo y sorgo resistentes a las sequías, genere beneficios por valor de millones de dólares cada año en algunos países del África subsahariana.

“Se espera que la investigación sobre variedades de maíz, mijo y sorgo resistentes a las sequías genere beneficios por valor de millones de dólares cada año.”

Otra solución es que los agricultores pasen de cultivos sensibles a las sequías a otros que sean tolerantes a la sequía, en cuyo caso se ha de garantizar el acceso de los agricultores al material necesario, ya sea a través de programas formales o mediante un sistema informal de semillas. 

En el caso de los cultivos tolerantes al estrés medioambiental, desarrollados a través de modernas técnicas de fitomejoramiento, los países beneficiarios necesitan disponer de marcos legislativos vigentes que garanticen un control eficaz de los beneficios y riesgos potenciales de estos cultivos modificados genéticamente. Tales marcos no deben entorpecer el desarrollo de tecnologías útiles mediante retrasos regulatorios, ni tampoco actuar como barrera para los cultivos desarrollados por el sector público o pequeñas empresas privadas al imponerles elevados costos regulatorios.

La aplicación de innovadores planes de seguros tiene también un gran potencial para ayudar a los pequeños agricultores a hacer frente a las inclemencias del clima. Hay datos prometedores del impacto positivo de un sistema de seguros basado en valores meteorológicos simples con pagos fijos que se activan cuando se producen predeterminados fenómenos meteorológicos, frente al modelo basado en pólizas de seguros únicas que compensan por el promedio de las pérdidas efectivas. 

El concepto de estos “títulos meteorológicos” es fácil de entender y los agricultores pueden combinarlos de manera flexible de acuerdo con su nivel de aversión al riesgo. Los pagos de estos planes deberían estabilizar los ingresos de los agricultores y ayudarles a obtener los requisitos financieros mínimos que necesitan cuando se vean afectados por un impacto (frente al que estén asegurados), lo que reduciría su vulnerabilidad a las condiciones climáticas extremas.

Controlar los riesgos de la volatilidad de los precios

En los últimos años, los mercados alimentarios mundiales se han caracterizado por el aumento de los precios y su mayor volatilidad. En muchos casos, esto no sólo ha deprimido el nivel de gasto en servicios y bienes básicos de las personas que viven en la pobreza, sino que también ha empobrecido sus dietas al obligarles optar por los alimentos más asequibles, de peor calidad  y menos ricos en nutrientes en un esfuerzo por hacer frente al aumento de los precios y mantener la ingesta total de calorías. Asimismo, los precios volátiles de los alimentos perjudican a los productores al aumentar la incertidumbre y dificultar la planificación de la producción.

En el pasado, los altos precios de los alimentos y su volatilidad eran el resultado, entre otras cosas, de los altos precios del petróleo, de políticas que fomentaban la producción de biocombustibles, del pequeño volumen de los mercados mundiales de los principales cereales y de la falta de información oportuna y tranquilizadora sobre el sistema alimentario mundial. Por lo tanto, es preciso actuar tanto a escala nacional como internacional para manejar los riesgos derivados de la volatilidad de los precios de los alimentos.

“Es preciso actuar tanto a escala nacional como internacional para manejar los riesgos derivados de la volatilidad de los precios de los alimentos.”

El año pasado, el G20 lanzó un “sistema de información del mercado agrícola” como respuesta a la necesidad de una mayor colaboración y mejor intercambio de información en los mercados mundiales de productos básicos agrícolas. De integrarse en los actuales sistemas de alerta temprana de manera satisfactoria, esta herramienta debería ayudar a reducir la volatilidad de los precios. 

A su vez, el Banco Mundial ha lanzado un nuevo producto de Gestión del riesgo en los precios agrícolas” para proteger a los agricultores, productores de alimentos y consumidores de los países en desarrollo frente a la volatilidad de los alimentos mejorando el acceso a los instrumentos de cobertura e invirtiendo hasta 4.000 millones de dólares en la protección de los precios. 

Sistemas de protección social para reducir la vulnerabilidad 

Las redes de seguridad social y otros planes de protección contribuyen a reducir las carencias que padecen las familias pobres cuando se exponen a impactos tales como los precios elevados de los alimentos. En muchos países, las redes de seguridad social protegen sólo a un pequeño porcentaje de aquellos que la necesitan - casi el 80 por ciento de las personas de los países más pobres del mundo carecen de protección social efectiva. 

“Casi el 80 por ciento de las personas de los países más pobres del mundo carecen de protección social efectiva.”

En la actualidad, los gobiernos nacionales y la comunidad internacional están aumentando las inversiones en agricultura, las iniciativas para fomentar la seguridad alimentaria y los sistemas de protección social. El Banco Mundial incrementó su volumen de préstamos destinados a redes de seguridad social de 1,2 mil millones de dólares entre 2006 y 2008 a 9.000 millones entre 2009 y 2011, a la vez que promociona las redes de seguridad social resistentes en países de bajos ingresos. 

A nivel de país, el Programa de Red de Seguridad Productiva en Etiopía (PSNP) es ampliamente reconocido por su gran potencial para ayudar a las personas en situación de pobreza, en particular a las familias agrícolas que se benefician del mismo y que reciben también apoyo agrícola. Otros esfuerzos enfocados a mejorar la educación, la nutrición o la salud para las personas en situación de pobreza, son los programas de transferencia de efectivo condicionales como la Bolsa Família, en Brasil, o el programa Oportunidades, en México. Estos programas han representado mejoras en los mecanismos de protección social durante los últimos años.

Pasar de las palabras a la acción 

Dado que en la actualidad los pequeños agricultores constituyen la mayor parte de la población en situación de pobreza y la mitad de la población mundial padeciendo hambre, es vital ayudarles a controlar los múltiples riesgos de distinta naturaleza a los que se enfrentan y reducir su vulnerabilidad a los impactos de su entorno natural y socioeconómico. El futuro de la agricultura requiere medidas para incrementar la productividad mundial; mejorar el acceso a tecnologías que fortalezcan la capacidad de recuperación frente a impactos meteorológicos; garantizar el acceso a planes de seguros basados en los fenómenos meteorológicos; introducir herramientas de gestión del riesgo en los precios de producción; fomentar sistemas de protección social que salvaguarden los activos productivos; desarrollar variedades nutritivas de cultivos básicos, y potenciar el capital humano. 

“Para lograr una mayor justicia alimentaria, es imprescindible apoyar de manera firme y continuada a la pequeña agricultura.”

Como respuesta a la crisis de los precios de los alimentos de los últimos años, se han tomado muchas medidas para abordar gran parte de estos asuntos, pero el mundo está aún muy lejos de alcanzar el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad el número de personas en situación de pobreza y que padecen hambre. Para lograr una mayor justicia alimentaria, es imprescindible apoyar de manera firme y continuada a la pequeña agricultura. 

Lee el ensayo: Apoyar a campesinos frente a riesgos del mercado y del clima 

Comentarios

¿Se necesita una revolución?

¿Se necesita una revolución?

El día uno inició con un debate animado sobre los ensayos de Murphy y Nwanze y con el reconocimiento de la oportunidad del debate en el contexto global actual. Nuestros colegas del foro en español enfatizaron la importancia de los conocimientos ancestrales para la reducción de riesgos, y reconocieron que una organización limitada y/o deficiente de los productores y aspectos culturales (en un sentido amplio) son factores de riesgo que requieren transformación y voluntad política para lograr un mejor futuro.

Hoy el debate continúa y estaremos reflexionando si las propuestas de Fan sobre la expansión de la protección social y de las medidas de gestión de riesgo, ¿nos acercarán a la visión de Ambler de un sistema agrícola más equitativo y sostenible?, o  si ¿debemos reformar y reestructurar también los patrones de consumo, producción, e innovación para que la agricultura prospere en el futuro?

La Agricultura del 2050

Coincido con Amber que para llegar a contar con un sistema alimentario justo, equitativo y sostenible se requiere más que una revolución tecnológica una revolución institucional con una apuesta decidida y firme hacia la agricultura de pequeña escala, donde las mujeres rurales, las y los jóvenes tengan oportunidades de desarrollo y un sistema de protección social que lejos de expulsarlos a las ciudades haga posible su incorporación al mundo rural como agentes transformadores de cambios. Se requiere reformar las instituciones locales, avanzar hacia una mayor descentralización de los recursos hacia los territorios, para facilitar a los y las productores/as el acceso a tecnológia, a conocimientos e innovación y fomentar su empoderamiento. Necesitamos Gobiernos fuertes que no dejen en manos de las fuerzas del mercado el destino de la agricultura sin regulación e intervención, transparentes y capaces de abrir espacios de participación a la sociedad civil, especialmente a los productores y productoras de la agricultura familiar. Finalmente, debe de haber mayor responsabilidad de los países desarrollados de reducir sus emisiones de GEI, esto debe de ser un compromiso impostergabl, para que efectivamente los pequeños productores en los países en desarrollo puedan gestionar los riesgos y adaptarse al cambio climático. El futuro de la agricultura requiere de un acuerdo global de reformas institucionales a todos los niveles.

COMENTARIO

Lo primero que hay que hacer es ser realista. 1- Responder cuánto necesita un agricultor para mandar a sus hijos a la universidad. 2- Cuántos hijos puede tener para ser posible la manutención familiar. 3- Cuánto es lo que debe producir por Ha. 4- Sobre los cultivos tolerantes al estrés hídrico, cuánto debe invertir para comprar las semillas que lo permitan. 5- ¿Será posible seguir pensando en agricultura sin semillas transgénicas? 6- ¿Cómo evitar que el precio lo decida el mercado? Hoy hay una caida absoluta en la caña de azúcar y en el café.  7- ¿Realmente puede ser competitiva la agricultura pequeña frente a la eficiencia de la grande? 8- ¿Podemos considerar que los rendimientos de cultivos orgánicos pueden competir con los mismos, pero no orgánicos? 9- ¿Es hora de decir la verdad que la agricultura necesita gran conocimiento, cultura e inversión? 10- Es hora de seleccionar de los más pequeños cuáles si tienen opción natural en actitd para el agro y quienes no?

La fábula de la tecnología que nos salvará del Cambio Climático

Fan propone que los pequeños campesinos se adapten al cambio climático gracias a semillas transgénicas más resistentes a los estresses y extremos climáticos. Son años que la industria y sus aliados nos venden este cuento del arroz resistente a la sequía y otras maravillas que salvarán a los pequeños productores (en particular de Africa, este continente siempre saca más lágrimas de compasión) del hambre y del cambio climático.

Primero, nunca llegaron a crear estas semillas transgénicas que demuestren mejores calidades que las nativas en contextos reales.

Segundo, el interés de las firmas que desarrollan estas costosas tecnologías es el lucro y el acaparamiento de la biodiversidad, como lo demostraron ampliamente hasta la fecha, es decir la disposesión de los campesinos de las semillas, la biodiversidad y la capacidad a resembrar sus semillas provenientes de sus cosechas.

Tercero, los transgénicos no demostraron su inocuidad para la salud humana; y por fin, un estudio independiente se realizó para demostrar que si ratas consumen transgenicos, desarrollan una cantidad increible y diversicada de enfermedades (los estudios controlados por la industria realizados hasta la fecha se limitaban a 3 meses; este estudio cubre toda la vida de las ratas: 2 años).

Cuarto, tampoco los transgénicos demostraron su inocuidad sobre el medio ambiente. Más bien, queda demostrado su difusión involuntaria e incontrolable a las otras plantas, incluso a varios miles de kilometros de los campos de cultivo (como los campos de áís de campesinos de Oaxaca, México, contaminados - quizás por granos de maís importados de EEUU).

Quinto, si ya existen alternativas demostradas y más ventajosas - la agroecología - ¡¿porqué seguir promoviendo la fábula de las tecnologías transgénicas salvadoras del mundo, cuando fomentan la desposesión sin aportar ventajas en cuanto a cambio climático ni a la malnutrición y el hambre?! El Relator Especial de la Naciones Unidades para el Derecho a la Alimentación, Olivier de Schutter, demostró en su informe de 2010, elaborado a partir de una exhaustiva revisión de la literatura científica más actual sobre agroecología, que las explotaciones agrícolas campesinas pueden duplicar la producción de alimentos en zonas críticas a través del uso de métodos ecológicos: http://www.srfood.org/index.php/es/component/content/article/1174-report-agroecology-and-the-right-to-food

 

“Hasta la fecha, los proyectos agroecológicos han mostrado un rendimiento medio de las cosechas del 80% en 57 países en desarrollo, lo que significa un aumento del 116% de media en todos los proyectos desarrollados en África” explica De Schutter. “Los proyectos más recientes llevados a cabo en 20 países africanos han demostrado que puede duplicarse el rendimiento de las cosechas en un período de 3 a 10 años.”

 

La agricultura convencional acelera el cambio climático, no es resiliente a los choques climáticos y exige insumos que resultan caros. Simplemente ya no resulta la mejor opción en el contexto actual” advierte el Sr. De Schutter. “Un amplio sector de la comunidad científica reconoce ahora los efectos positivos de la agroecología en la producción alimentaria, en la reducción de la pobreza y en la mitigación del cambio climático, y esto es precisamente lo que se necesita en un mundo como el nuestro donde los recursos son limitados. Incluso Malawi, un país que puso en marcha hace unos años una extensa campaña de subvenciones de fertilizantes químicos, se ha pasado también a la agroecología. Esta nueva iniciativa beneficia ahora a más de 1,3 millones de personas en la más extrema pobreza y el rendimiento de las cosechas de maíz ha aumentado ya de 1 t/ha a 2-3 t/ha.”

 

El informe también destaca que los proyectos en Indonesia, Vietnam y Bangladesh han registrado una reducción de hasta el 92 % en el uso de insecticidas sobre el arroz, lo que supone un ahorro considerable para los campesinos más pobres.

 

La agricultura orgánica es posible

De acuerdo a las notas de intervención, y conociendo la práctica agropecuaria, nos damos cuenta que la agricultura orgánica es posible, antes de preocuparse de cuánto es la manutención y otros.

Por otro lado, es de vuestro conocimiento que la ganadería tendría mayor impacto en la emisión de gas; pero, es importante reconocer y citar las especies de animales domésticos. Cuáles son las más contaminantes? Seguro los rumiantes avanzados emiten más gas que los propios camélidos.

Estas aseveraciones, ratifican lo manifestado por algunos de los amigos, primero se requiere una revolución institucional que técnica y económica. Hace mucha falta la conciencia social de las organizaciones de productores y sobre de entidades públicas y privadas en torno de la producción de alimentos sanos.

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