Día 2: Apoyar a los agricultores a pequeña escala para enfrentar los riesgos del mercado y del clima

Shenggen Fan

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El director general del Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI)
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Debemos invertir en reducir los dos mayores riesgos que enfrentan los agricultores a pequeña escala: aquellos ligados al clima, derivados del cambio climático, y aquellos ligados al mercado, derivados de la globalización. La esperanza reside en cultivos tolerantes al estrés, en planes innovadores de seguros, y en los programas públicos de bienestar y las redes sociales de protección. 

Por Shenggen Fan, director general del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI)

Mientras que los pequeños agricultores de economías emergentes como China y Vietnam pueden tener la oportunidad de aumentar el tamaño de sus explotaciones agrícolas, los agricultores de la mayor parte del mundo en desarrollo seguirán explotando pequeñas parcelas. Dichos pequeños agricultores desempeñan un papel fundamental en la seguridad alimentaria mundial y en la reducción de la pobreza, particularmente en el África subsahariana y Asia meridional. 

Sin embargo, como todos los agricultores, están siendo afectados por dos amenazas globales: el cambio climático y el aumento de la volatilidad de los precios de los productos básicos agrícolas. Además de reducir el rendimiento de las cosechas, el cambio climático aumenta la magnitud y la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, lo que incrementa la vulnerabilidad de los pequeños productores. 

Prever en la fase de siembra qué cultivos se podrán vender de manera rentable tras la cosecha es mucho más difícil cuando los precios no son estables. Los agricultores no saben si el balance final de un cultivo, normalmente rentable pero que requiere muchos insumos, se volverá negativo cuando el precio de éstos aumente de manera repentina.

Controlar los riesgos del cambio climático

Los agricultores se ven forzados a adaptar sus prácticas agrícolas a un clima cambiante. Mientras que para algunos el cambio climático podría ser beneficioso, muchos otros se enfrentarán a grandes retos para mejorar o incluso mantener su nivel de productividad, algo que es necesario para alimentar a una población mundial en aumento. Y lo que es más importante, un clima menos predecible marcado por fenómenos meteorológicos extremos y cambios estacionales incrementa de manera considerable la dificultad de manejar los riesgos relacionados. 

El desarrollo (y posterior adopción por parte de los agricultores) de variedades de cultivos que sean resistentes al frío, al calor, a las inundaciones o a las sequías constituye una solución para reducir los riesgos relacionados con los fenómenos meteorológicos extremos. Tales variedades reducen las fluctuaciones en el rendimiento cuando inciden estos fenómenos. Asimismo, estas variedades de cultivo incrementan el rendimiento medio general y ofrecen beneficios concomitantes no sólo para los pequeños agricultores, sino también para todo el sector productivo y para los consumidores. Se espera que la investigación sobre variedades de maíz, mijo y sorgo resistentes a las sequías, genere beneficios por valor de millones de dólares cada año en algunos países del África subsahariana.

“Se espera que la investigación sobre variedades de maíz, mijo y sorgo resistentes a las sequías genere beneficios por valor de millones de dólares cada año.”

Otra solución es que los agricultores pasen de cultivos sensibles a las sequías a otros que sean tolerantes a la sequía, en cuyo caso se ha de garantizar el acceso de los agricultores al material necesario, ya sea a través de programas formales o mediante un sistema informal de semillas. 

En el caso de los cultivos tolerantes al estrés medioambiental, desarrollados a través de modernas técnicas de fitomejoramiento, los países beneficiarios necesitan disponer de marcos legislativos vigentes que garanticen un control eficaz de los beneficios y riesgos potenciales de estos cultivos modificados genéticamente. Tales marcos no deben entorpecer el desarrollo de tecnologías útiles mediante retrasos regulatorios, ni tampoco actuar como barrera para los cultivos desarrollados por el sector público o pequeñas empresas privadas al imponerles elevados costos regulatorios.

La aplicación de innovadores planes de seguros tiene también un gran potencial para ayudar a los pequeños agricultores a hacer frente a las inclemencias del clima. Hay datos prometedores del impacto positivo de un sistema de seguros basado en valores meteorológicos simples con pagos fijos que se activan cuando se producen predeterminados fenómenos meteorológicos, frente al modelo basado en pólizas de seguros únicas que compensan por el promedio de las pérdidas efectivas. 

El concepto de estos “títulos meteorológicos” es fácil de entender y los agricultores pueden combinarlos de manera flexible de acuerdo con su nivel de aversión al riesgo. Los pagos de estos planes deberían estabilizar los ingresos de los agricultores y ayudarles a obtener los requisitos financieros mínimos que necesitan cuando se vean afectados por un impacto (frente al que estén asegurados), lo que reduciría su vulnerabilidad a las condiciones climáticas extremas.

Controlar los riesgos de la volatilidad de los precios

En los últimos años, los mercados alimentarios mundiales se han caracterizado por el aumento de los precios y su mayor volatilidad. En muchos casos, esto no sólo ha deprimido el nivel de gasto en servicios y bienes básicos de las personas que viven en la pobreza, sino que también ha empobrecido sus dietas al obligarles optar por los alimentos más asequibles, de peor calidad  y menos ricos en nutrientes en un esfuerzo por hacer frente al aumento de los precios y mantener la ingesta total de calorías. Asimismo, los precios volátiles de los alimentos perjudican a los productores al aumentar la incertidumbre y dificultar la planificación de la producción.

En el pasado, los altos precios de los alimentos y su volatilidad eran el resultado, entre otras cosas, de los altos precios del petróleo, de políticas que fomentaban la producción de biocombustibles, del pequeño volumen de los mercados mundiales de los principales cereales y de la falta de información oportuna y tranquilizadora sobre el sistema alimentario mundial. Por lo tanto, es preciso actuar tanto a escala nacional como internacional para manejar los riesgos derivados de la volatilidad de los precios de los alimentos.

“Es preciso actuar tanto a escala nacional como internacional para manejar los riesgos derivados de la volatilidad de los precios de los alimentos.”

El año pasado, el G20 lanzó un “sistema de información del mercado agrícola” como respuesta a la necesidad de una mayor colaboración y mejor intercambio de información en los mercados mundiales de productos básicos agrícolas. De integrarse en los actuales sistemas de alerta temprana de manera satisfactoria, esta herramienta debería ayudar a reducir la volatilidad de los precios. 

A su vez, el Banco Mundial ha lanzado un nuevo producto de Gestión del riesgo en los precios agrícolas” para proteger a los agricultores, productores de alimentos y consumidores de los países en desarrollo frente a la volatilidad de los alimentos mejorando el acceso a los instrumentos de cobertura e invirtiendo hasta 4.000 millones de dólares en la protección de los precios. 

Sistemas de protección social para reducir la vulnerabilidad 

Las redes de seguridad social y otros planes de protección contribuyen a reducir las carencias que padecen las familias pobres cuando se exponen a impactos tales como los precios elevados de los alimentos. En muchos países, las redes de seguridad social protegen sólo a un pequeño porcentaje de aquellos que la necesitan - casi el 80 por ciento de las personas de los países más pobres del mundo carecen de protección social efectiva. 

“Casi el 80 por ciento de las personas de los países más pobres del mundo carecen de protección social efectiva.”

En la actualidad, los gobiernos nacionales y la comunidad internacional están aumentando las inversiones en agricultura, las iniciativas para fomentar la seguridad alimentaria y los sistemas de protección social. El Banco Mundial incrementó su volumen de préstamos destinados a redes de seguridad social de 1,2 mil millones de dólares entre 2006 y 2008 a 9.000 millones entre 2009 y 2011, a la vez que promociona las redes de seguridad social resistentes en países de bajos ingresos. 

A nivel de país, el Programa de Red de Seguridad Productiva en Etiopía (PSNP) es ampliamente reconocido por su gran potencial para ayudar a las personas en situación de pobreza, en particular a las familias agrícolas que se benefician del mismo y que reciben también apoyo agrícola. Otros esfuerzos enfocados a mejorar la educación, la nutrición o la salud para las personas en situación de pobreza, son los programas de transferencia de efectivo condicionales como la Bolsa Família, en Brasil, o el programa Oportunidades, en México. Estos programas han representado mejoras en los mecanismos de protección social durante los últimos años.

Pasar de las palabras a la acción 

Dado que en la actualidad los pequeños agricultores constituyen la mayor parte de la población en situación de pobreza y la mitad de la población mundial padeciendo hambre, es vital ayudarles a controlar los múltiples riesgos de distinta naturaleza a los que se enfrentan y reducir su vulnerabilidad a los impactos de su entorno natural y socioeconómico. El futuro de la agricultura requiere medidas para incrementar la productividad mundial; mejorar el acceso a tecnologías que fortalezcan la capacidad de recuperación frente a impactos meteorológicos; garantizar el acceso a planes de seguros basados en los fenómenos meteorológicos; introducir herramientas de gestión del riesgo en los precios de producción; fomentar sistemas de protección social que salvaguarden los activos productivos; desarrollar variedades nutritivas de cultivos básicos, y potenciar el capital humano. 

“Para lograr una mayor justicia alimentaria, es imprescindible apoyar de manera firme y continuada a la pequeña agricultura.”

Como respuesta a la crisis de los precios de los alimentos de los últimos años, se han tomado muchas medidas para abordar gran parte de estos asuntos, pero el mundo está aún muy lejos de alcanzar el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad el número de personas en situación de pobreza y que padecen hambre. Para lograr una mayor justicia alimentaria, es imprescindible apoyar de manera firme y continuada a la pequeña agricultura. 

Lee el ensayo: Apoyar a campesinos frente a riesgos del mercado y del clima