Día 3: ¿Por qué alimentarnos de petróleo cuando podemos comer de la luz solar?

Anna Lappé

Blog mensaje por Anna Lappé

La principal fundadora del Instituto Small Planet y el Fondo Small Planet
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Debemos tener un sentimiento de urgencia y esperanza en cuanto a la transición hacia una agricultura más ecológica. Sabemos cómo cultivar sin la costosa dependencia en los combustibles fósiles, y sabemos que estar fuera del control monopolista de las empresas nos hará libres. 

Por Anna Lappé, autora y fundadora del Small Planet Institute y el Small Planet Fund,

En el verano de 2012, un equipo de abogados litigantes de Estados Unidos presentó en nombre de los consumidores una demanda colectiva contra el gigante de la agroindustria, ConAgra, por falso etiquetado. La demanda alega que la empresa no informaba adecuadamente que el propulsor utilizado en Pam, el popular aceite de cocina en aerosol de ConAgra, contiene petróleo, butano y propano. 

¿Petróleo en Pam? Tal vez esto no debería sorprendernos. Los combustibles fósiles están omnipresentes en la cadena alimentaria industrial —desde este no-tan-sabroso artículo de apoyo en la cocina hasta los plaguicidas petroquímicos, el gas natural y el combustible que se utiliza para suministrar energía a las operaciones de producción de fertilizante sintético y las granjas industriales de ganado.

Considerando que dependemos en el combustible fósil para diversos aspectos de la agricultura contemporánea, ¿sería posible acabar con su consumo? Michael Mack, director general de Syngenta, uno de los fabricantes de productos químicos agrícolas más importantes del mundo, diría que no: “Si mañana todo el planeta cambiase de repente a la agricultura orgánica, se produciría un desastre ecológico.”  Los productores de fertilizante sintético sostienen el mismo argumento al afirmar que necesitamos sus productos a fin de garantizar un suministro alimentario abundante. 

Pero si la pregunta va dirigida a expertos que no se están jugando mil millones de dólares, entonces la respuesta es muy diferente. La Evaluación Internacional de Papel del Conocimiento Agrícola, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola está reconocida como la más importante y fiable evaluación fundada en la investigación de la agricultura mundial. Comisionado por el Banco Mundial, las Naciones Unidas y otras instituciones internacionales, el informe del 2008 fue completado tras cuatro años de investigación exhaustiva en la que participaron más de 400 expertos. 

“Alejarse de los combustibles fósiles precisa un replanteamiento del método predominante de producción agrícola en todos los países del Norte.”

Los autores instan a que se ponga en marcha una transición para conseguir "sustitutos biológicos a los productos agroquímicos" así como para que disminuya "la dependencia del sector agrícola de los combustibles fósiles". Proclaman los enormes beneficios de la agroecología, la agricultura en pequeña escala y la gestión sostenible de la ganadería, la silvicultura y la pesca, e igualmente subrayan que abandonar la dependencia de los combustibles fósiles es vital para la seguridad alimentaria mundial. 

Llevar a cabo este cambio y alejarse de los combustibles fósiles precisa un replanteamiento del método predominante de producción agrícola en todos los países del Norte. Esto se debe a que el actual sistema alimentario industrial, como se le suele denominar, depende de los combustibles fósiles para todos los aspectos clave de la producción. 

Todos los cultivos necesitan un suelo fértil para crecer, y los productores industriales lo consiguen mediante fertilizantes sintéticos. Aunque el nitrógeno, componente esencial de los fertilizantes representa una parte importante del aire que respiramos, se necesitan grandes cantidades de gas natural para sintetizarlo y utilizarlo en agricultura: 33,5 millones de unidades térmicas británicas (MMBtu) de gas natural por tonelada, para ser exactos. En China, la mayor parte de la producción de fertilizante nitrogenado se realiza con carbón contaminante.

La extracción de fósforo, otro ingrediente clave de los fertilizantes sintéticos, requiere todavía más energía ya que el material es cada vez más escaso y las excavaciones son cada vez más profundas. 

Asimismo, hay que contar con todo el combustible fósil necesario para suministrar energía a los sistemas de riego de los monocultivos, al igual que con la energía necesaria para calentar, enfriar y limpiar las granjas industriales de ganadería intensiva. Por último, la agricultura industrial también se nutre de un arsenal de productos petroquímicos para combatir las malezas, los hongos y las plagas.  

“La agricultura sostenible se basa en la biología; la agricultura industrial en la química.”

Los partidarios de este sistema lo describen como "eficiente" y "moderno", pero en realidad el conjunto del sistema debería describirse como "intensivo en insumos". Los productores industriales solo pueden lograr esta supuesta eficiencia mediante el costoso —tanto para su bolsillo como para el planeta— uso de combustibles fósiles. 

Por otra parte, las prácticas agrícolas sostenibles, entre ellas la agricultura orgánica certificada, la agrosilvicultura y los métodos biodinámicos, aprovechan los sistemas ecológicos para fertilizar el suelo y para gestionar el control de plagas, malezas, y otras amenazas potenciales para la producción. La agricultura sostenible se basa en la biología; la agricultura industrial en la química. 

Los agricultores sostenibles consiguen la fertilidad del suelo mediante el compostaje, la integración del ganado, o la siembra de cultivos que aportan nutrientes a la tierra. Los productores sostenibles utilizan una tecnología natural de empujar-jalar o alguna otra técnica creativa y segura con el fin de hacer frente a las malezas y las plagas, por ejemplo mediante la incorporación de plantas que atraigan a los insectos, alejándolos de los cultivos.

Varios estudios han elogiado la habilidad de estos métodos para proteger la biodiversidad y promover la conservación del suelo, la pureza del agua, y otros beneficios ecológicos. Además, los rendimientos de estas explotaciones sostenibles suelen ser iguales, si no superiores. 

Un estudio del Instituto Rodale que se extendió durante 30 años realizado en Pensilvania, que comparó las fincas orgánicas e industriales de maíz y soja descubrió que los métodos sostenibles conseguían en promedio los mismos rendimientos y hasta un 30 por ciento más en los años de sequía. 

“La productividad de la agricultura industrial proviene de un astuto truco de contabilidad.”

En uno de los estudios más extensos de este ámbito, los investigadores de la Universidad de Essex analizaron 286 proyectos agrícolas en 57 países, incluyendo 12.6 millones de agricultores que se encontraban en la fase de transición hacia la agricultura sostenible. En su estudio constataron un aumento del rendimiento del 79 por ciento en una gran variedad de cultivos. Si seleccionamos solo los proyectos que se realizaron en el África oriental, el aumento de los rendimientos al introducir métodos propios de la agricultura sostenible, la cifra se eleva al 116 por ciento.

A pesar de esta evidencia, los partidarios del modelo industrial insisten en que su sistema es la única opción viable, como Mack, de Syngenta, que declaró que la agricultura orgánica es "el equivalente en términos de producción a conducir un auto deportivo utilitario". Cuando expuso esta analogía, Mack parecía ignorar deliberadamente la ironía de su frase: la agricultura industrial es la "devoradora de combustibles", no la agricultura orgánica. Los estudios del Instituto Rodale han demostrado que los métodos orgánicos pueden utilizar hasta un 45 por ciento menos de energía que los métodos industriales. 

Asimismo, la productividad de la agricultura industrial que Mack pregona proviene de un astuto truco de contabilidad: los partidarios no contabilizan toda la energía de los combustibles fósiles que se utiliza en la producción, ni tienen en cuenta la emisión de gases de de efecto invernadero en la quema de combustibles fósiles. Y estas cifras no son pequeñas: solamente las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la producción ganadera suman más emisiones que el total mundial de las que provienen de los coches, camiones, aviones y otros medios de transporte que funcionan con combustibles fósiles.

Conforme nos damos cuenta de los verdaderos costos del consumo de combustibles fósiles —no solo los costos más elevados de los insumos para el agricultor sino los costos para el planeta en términos de calentamiento global— todos deberíamos sentir la necesidad de cambiar urgentemente hacia un modelo agrícola más ecológico, acompañado de un sentimiento de esperanza. Sabemos cómo practicar la agricultura sin depender tanto de los combustibles fósiles y también sabemos que nos liberará del control monopolista de las grandes empresas sobre los insumos industriales como los plaguicidas, los fertilizantes y las semillas creadas mediante la ingeniería genética.

También, sabemos que la agricultura sostenible empodera a las mujeres, mientras que los modelos que precisan de insumos adquiridos para tener éxito las sitúa en desventaja, entre otras razones porque la mayoría de las agricultoras no tienen acceso a créditos o, si lo consiguen, es a un precio muy elevado. Por ejemplo, tras la proliferación del entrenamiento en agricultura sostenible en la región Andra Pradesh, en la India, los niveles de deuda entre las mujeres disminuyeron notablemente a la par que la seguridad alimentaria aumentó.

Si es tal la urgencia, ¿por qué no estamos presenciando un cambio hacia la agroecología? En gran parte se debe a que el poder político de la industria de los combustibles fósiles y la influencia de los grupos de presión de los agronegocios nos han mantenido atrapados en nuestra dependencia de los combustibles fósiles. En Estados Unidos, los agronegocios gastaron más de 173,5 millones de dólares en ejercer presión sobre la propuesta de ley agraria de 2008 —la política federal de Estados Unidos que regula la agricultura en el país y tiene una gran influencia en la del resto del mundo—. La presión que ejercieron garantizó que los contribuyentes fueran los que siguieran asumiendo los verdaderos costos de la agricultura industrial, y no las grandes empresas contaminantes. 

“La presión que ejercieron garantizó que los contribuyentes fueran los que siguieran asumiendo los verdaderos costos de la agricultura industrial, y no las grandes empresas contaminantes.”

Entonces, ¿podremos algún día liberar a la producción agrícola de los combustibles fósiles? Sí, ya que la evidencia demuestra que no hay ningún argumento científico que respalde seguir dependiendo tanto de los combustibles fósiles: de hecho, alejarse de la dependencia de los combustibles fósiles dotará de mayor capacidad de resistencia y productividad a nuestro sistema alimentario. 

Podríamos hacerlo sin arriesgarnos un aumento en la inseguridad alimentaria. De hecho, los métodos naturales para mejorar la fertilidad del suelo y para la gestión de malezas e insectos, entre otros, consiguen que la agricultura sea más asequible económicamente. Cuando los agricultores dependen del conocimiento de los sistemas ecológicos, y no de insumos costosos, pueden almacenar y compartir semillas, y sus suelos son más saludables y resistentes, haciendo a sus campos más productivos de un modo natural. 

Por supuesto, quizás no consigamos abandonar completamente los combustibles fósiles en el futuro próximo, pero desde luego podríamos empezar a avanzar en esa dirección y observar una mejora espectacular de la sostenibilidad y la viabilidad a largo plazo de nuestro sistema alimentario. Además, dudo mucho que alguien vaya a echar de menos el petróleo en nuestro aceite de cocina Pam. 

Lee el ensayo: ¿Por qué alimentarnos de petróleo cuando podemos comer de luz solar?