Día 4: La eficiencia energética puede aumentar la seguridad alimentaria

José Graziano da Silva

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El director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)
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Se debe reivindicar activamente la agricultura que consume menos combustibles fósiles. Combustibles renovables, la reduccion de derroches y pérdidas, y la energía en base a productos agrícolas secundarios, son todas soluciones que permitirían incrementar el abastecimiento de alimentos y abordar el cambio climático al mismo tiempo.

Por José Graziano da Silva, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

Los mercados agrícolas y energéticos están estrechamente interrelacionados. El vínculo que les une que se ha ido fortaleciendo con el tiempo a medida que la producción agrícola ha aumentado a través de la mecanización, la fertilización y la mayor actividad comercial. En todo el mundo, la cadena agroalimentaria utiliza el 30 por ciento de la energía mundial disponible, con el 70 por ciento de dicho uso ocurre después de la fase de producción.

“En todo el mundo, la cadena agroalimentaria utiliza el 30 por ciento de la energía mundial disponible.”

En las explotaciones agrícolas, los combustibles fósiles contribuyen en gran medida a los insumos tanto de forma directa mediante el suministro de combustible a tractores y equipamiento agrícola y para el secado del grano, como de manera indirecta en calidad de fertilizantes inorgánicos, y para la generación de energía eléctrica utilizada para el funcionamiento de los sistemas de irrigación y otros equipos agrícolas. Ya fuera de las fincas, los combustibles fósiles se utilizan de modo intensivo para el transporte de productos agrícolas y para el procesamiento de alimentos. El transporte de productos básicos aumenta a la par del crecimiento de la  urbanización y el comercio internacional. 

Actualmente, la abundancia, la diversidad y la capacidad de resistencia del suministro mundial de alimentos dependen peligrosamente de los insumos energéticos a lo largo de toda la cadena de producción y llegando hasta la mesa del consumidor. En consecuencia, resultaría virtualmente imposible que el sector agrícola eliminase por completo el uso de los combustibles fósiles sin provocar reducciones drásticas de la disponibilidad y asequibilidad de los alimentos, y/o aumentos drásticos de las zonas cultivadas, con el  incremento consiguiente de las emisiones de gases de efecto invernadero.

No obstante, el aumento de los costos energéticos y las preocupaciones sobre los impactos medioambientales significan que el incremento de la eficiencia energética de la producción agrícola podría aportar beneficios a los productores y los consumidores tanto del sector agrícola como energético. A su vez, el crecimiento de la capacidad de la agricultura para proporcionar servicios energéticos, en particular el uso de los residuos de las cosechas y otros productos derivados de la producción de alimentos, podría igualmente beneficiar a ambos sectores. Los beneficios de utilizar cultivos alimentarios directamente en la producción de biocombustibles son menos evidentes y suponen una amenaza potencial para los consumidores de alimentos más vulnerables. 

La mayor parte del incremento del 60 por ciento de la producción alimentaria que se necesitará para alimentar a toda la población mundial en 2050 tendrá que provenir de la intensificación agrícola. El incremento de las necesidades energéticas para la producción de alimentos y la gran dependencia de la agricultura respecto de los combustibles fósiles son motivo de preocupación en lo que respecta a la sostenibilidad, la seguridad alimentaria y el cambio climático. Los precios de la energía están relacionados con el aumento de los precios de los alimentos y por ello las subidas de los precios del petróleo representan una preocupación directa para la seguridad alimentaria y la volatilidad de los precios de los alimentos.

“Las subidas de los precios del petróleo representan una preocupación directa para la seguridad alimentaria y la volatilidad de los precios de los alimentos.”

Se prevé que la demanda total de energía crezca en un 33 por ciento en el periodo 2008-2035 y que una proporción significativa de dicho aumento provenga de los países en desarrollo. Con las políticas actuales, se estima que los combustibles fósiles cubran el 81 por ciento del crecimiento de la demanda energética de las próximas décadas. Sin embargo, se calcula que los suministros disponibles de petróleo conlleven costos de extracción más altos, una mayor volatilidad del mercado e impactos medioambientales más acuciados. Los precios más elevados del petróleo provocan directa e indirectamente unos mayores costos de producción para los agricultores, que eventualmente son transferidos a los consumidores.

La producción de alimentos básicos y la cadena de suministro de alimentos, incluyendo los gases emitidos por los desechos de los alimentos en los vertederos, contribuyen en aproximadamente un 22 por ciento  a las emisiones anuales totales de gases de efecto invernadero. Un 15 por ciento adicional proviene de los cambios en el uso del suelo, en especial los cambios vinculados a la deforestación causada por la expansión de la superficie agrícola. 

“La producción actual de alimentos y las pautas de utilización de la energía se revelan insostenibles si pretendemos lograr las metas vinculadas al cambio climático.”

La energía resulta esencial para la seguridad alimentaria y el desarrollo, pero la producción actual de alimentos y las pautas de utilización de la energía se revelan insostenibles si pretendemos lograr las metas vinculadas al cambio climático. La transición hacia un uso más reducido y racional de los combustibles fósiles en la cadena de producción agrícola proporciona varias oportunidades para mejorar los ingresos de los productores y por consiguiente la seguridad alimentaria, al tiempo que se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y se mejoran los medios de vida rurales. 

Eficiencia EnergéticaAunque el uso de la energía por unidad de producción del sector agrícola se haya reducido de manera constante en las últimas décadas, las nuevas mejoras de la eficiencia pueden beneficiar a los productores, que tendrán costos más bajos, y a los consumidores, que verán esta mejora traducida en precios más bajos. La utilización de combustibles fósiles puede disminuir como resultado directo de los cambios en las prácticas de cultivo, que no solo disminuyen el consumo energético, sino también las emisiones de gases de efecto invernadero al capturar el carbono en el suelo. Asimismo, podrían reducir las pérdidas de cosechas derivadas de los episodios de sequía. 

Otros beneficios directos de la eficiencia energética serían la disminución de las pérdidas en las cosechas, el transporte y el procesamiento a lo largo de toda la cadena de suministro así como una utilización más racional de los alimentos mediante un menor desperdicio de estos por parte de los consumidores. Esto se traduce en un aumento de los suministros de alimentos disponibles y una reducción del terreno de cultivo necesario para satisfacer la demanda. 

Diversificación de la energía gracias a la energía renovableLa diversificación del consumo energético que practica el sector agrícola, mediante la producción de energía renovable originada en este mismo sector, también puede presentar un gran abanico de beneficios. La producción eficiente de energía renovable en las explotaciones y por parte del sector agrícola en general pueden reducir los costos así como los riesgos a shocks de precios del sector energético. 

La producción de biocombustibles líquidos, por ejemplo, tiene el potencial de mejorar los ingresos de los productores y los vendedores netos de productos básicos agrícolas. Sin embargo, estos suelen ser productores más grandes y ricos, mientras que los productores más vulnerables son a menudo los que asumen los riesgos en materia de precios. Hasta la fecha, la producción ha dependido en gran medida de la intervención normativa y es preciso prestar atención a la coordinación de objetivos vinculados a la energía y a la seguridad alimentaria. 

“Es preciso prestar atención a la coordinación de objetivos vinculados a la energía y a la seguridad alimentaria.”

Si bien es necesario actuar con cautela al utilizar productos alimentarios para la generación de energía, el uso de algunos productos agrícolas para este fin —tales como los residuos de las cosechas, los residuos forestales, el biogás, la biomasa maderera y los cultivos energéticos de un sistema de cultivos múltiples— amplía las opciones para que los productores puedan estabilizar sus ingresos agrícolas. La producción de energía renovable también puede ayudar a mitigar los efectos negativos de la volatilidad de los mercados de combustibles fósiles.  

El acceso a la energía y la seguridad alimentaria mediante la producción integrada de energía y alimentosTal y como se menciona anteriormente, el uso de derivados de la producción agrícola/alimentaria, por ejemplo residuos de las cosechas como la paja del trigo, la cáscara del arroz o el rastrojo del maíz, puede reforzar la seguridad alimentaria y los ingresos agrícolas mediante la mejora de los ingresos de la producción, la incorporación de una nueva fuente de ingresos, y el aumento de los rendimientos de los cultivos, al tiempo que puede llegar a reducir el consumo de combustibles fósiles del mercado energético. 

Es vital identificar tecnologías potenciales para la producción energética que además resulten económicamente viables a fin de garantizar la sostenibilidad del sistema. Las innovaciones que incrementan la eficiencia de la producción energética en las explotaciones pueden reducir los desembolsos de efectivo y las necesidades de mano de obra. Igualmente, pueden mejorar el acceso a la energía para las familias agrícolas y la comunidad rural en su conjunto, estrechando la brecha entre la demanda y el acceso a la energía en los países en desarrollo. 

Una cadena de producción agrícola menos dependiente de los combustibles fósiles generaría un extenso abanico de beneficios para el sector y contribuiría a la mitigación del cambio climático. A pesar de que no es factible abandonar por completo el uso de combustibles fósiles en las cadenas de valor y de producción agrícolas a escala mundial, deberían reivindicarse, donde sea posible, las prácticas siguientes: un uso más eficiente de la energía, reducción del consumo de combustibles fósiles y su desplazamiento parcial en beneficio de las energías renovables del sector agrícola, todo ello a través de procesos que mejoren, en lugar de poner en peligro, la seguridad alimentaria.

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