Día 4: La producción sostenible significa alimentos sanos y vida saludable

Sarojeni V. Rengam

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La directora ejecutiva de la Red de Acción sobre los Pesticidas en Asia y el Pacífico (PAN AP)
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Los desafíos que enfrenta la agricultura ecológica en base a la biodiversidad no son técnicos, sino políticos. Las pruebas realizadas en tres países demuestran que la agricultura sin combustibles fósiles funciona. Pero tales métodos se adoptarán ampliamente solamente cuando prevalezcamos sobe el poder político de las grandes empresas agrícolas.

Por Sarojeni V. Rengam, directora ejecutiva, Red de Acción sobre Pesticidas en Asia y el Pacífico 

Los sistemas de producción de alimentos que no utilizan o minimizan el empleo de combustibles fósiles existen, y son capaces de alimentar con éxito a sus comunidades. En todo el mundo hay pequeños agricultores, horticultores y otros pequeños productores de alimentos que han decidido reducir al mínimo la utilización de insumos insostenibles y dañinos que dependen de los combustibles fósiles, tales como los plaguicidas, los fertilizantes y la maquinaría pesada. Asimismo, con esta medida han conseguido reducir su huella de carbono.

La agricultura ecológica basada en la biodiversidad, aparte de conservar la propia diversidad, refuerza los principios ecológicos que resultan adecuados para los ecosistemas locales. El punto de partida es mantener la fertilidad del suelo y, como dijo el Profesor Norman Uphoff, de la Universidad Cornell, “nutramos el suelo y el suelo nutrirá a la planta.” La fertilidad del suelo puede conservarse mediante la utilización de fuentes alternativas para la fijación de nitrógeno en el suelo, la reducción de la erosión del suelo, la práctica de la conservación del suelo y el agua, el empleo de abonos animales y verdes, el recubrimiento del suelo con materia orgánica y el compostaje. 

Tales prácticas ecológicas incluyen la rotación de cultivos, que mitigan la aparición de malas hierbas, enfermedades, insectos y otros problemas relacionados con las plagas. Otro ejémplo es el de la gestión integrada contra las plagas de las escuelas de campo para agricultores mediante la comprensión de la ecología de los cultivos y los ciclos de vida de las plagas. Los agricultores pueden tomar decisiones con conocimiento de causa sobre la utilización de variedades resistentes en las tierras de cultivo, el momento de la siembra, el control de las plagas con métodos biológicos y el aumento del control mecánico y biológico de las malas hierbas. 

“El punto de partida de la agricultura ecológica basada en la biodiversidad es mantener la fertilidad del suelo.”

Muchas de estas prácticas emplean los recursos ecológicos locales de un modo equilibrado y después los regeneran. Se basan en el conocimiento local e indígena que los pequeños productores de alimentos de ambos sexos fueron desarrollando de generación en generación, mediante la experimentación y la innovación cuando surgían dificultades.

El uso de estos modelos de agricultura ecológica basada en la biodiversidad está muy extendido. Por ejemplo, en Tamil Nadu hay 20.000 productores de arroz que practican una agricultura sostenible de pocos insumos externos; en Camboya hay 56.000 productores de arroz que aplican el sistema de intensificación del arroz (SIA) sin productos químicos, y en Filipinas hay aproximadamente 35.000 productores de arroz que siguen el modelo ecológico basado en la biodiversidad y que utilizan la estrategia de MASIPAG

Conocí a un agricultor en Camboya que utiliza el sistema de intensificación del arroz; además de arroz, cultiva hierbas aromáticas y hortalizas, y cría gallinas y patos. La parcela donde, junto al resto de su familia, cultiva el arroz, tiene una superficie de una hectárea. Con dicho sistema, el arroz tiene más hijuelos por planta, panículas más grandes y granos más pesados, y además consume menos agua. Gracias a sistemas radiculares más fuertes, las plantas creadas a través del sistema de intensificación del arroz son más resistentes a los fenómenos meteorológicos extremos como las tormentas o las olas de calor. Los ingresos netos de este agricultor son más altos ahora, al no tener que utilizar pesticidas y fertilizantes comerciales. Su hija y su hijo, que se habían marchado a la ciudad para ganarse la vida, han vuelto para trabajar con él en la explotación. Ahora, las ganancias totales de la familia son muy superiores a cuando los hijos estaban trabajando en la ciudad como jornaleros. 

“Los patos y los peces mantienen las plagas del arroz bajo control y abonan los campos con sus residuos.”

En Filipinas, MASIPAG comenzó su andadura hace 27 años como una iniciativa de colaboración entre los agricultores y los científicos, con el fin de conservar las variedades tradicionales de arroz y mejorar las nuevas. Hoy en día, el programa mantiene una reserva in situ de un millar de variedades locales y otro millar de selecciones de arroz mejorado por MASIPAG. Aproximadamente 300 de estas selecciones provinieron de los propios agricultores. Entre ellas, hay variedades de mayor rendimiento, más nutritivas y más capaces de resistir los ataques de las plagas. 

Esta estrategia da prioridad al empoderamiento y la organización de los agricultores para que sean sus necesidades las que marquen la investigación y el desarrollo sobre el arroz, además de para generar un sentimiento de apropiación entre los propios agricultores. Los agricultores de MASIPAG experimentan constantemente con métodos participativos así como con la gestión ecológica de las explotaciones y el desarrollo de los mercados locales. El programa se ha ampliado también a la mejora y producción del maíz, los sistemas integrados y diversificados de las explotaciones agrícolas y el desarrollo del mercado orgánico local. 

Hace algún tiempo, en Tamil Nadu, conocí a Ganapathy, un agricultor que sigue un modelo de agricultura integrada y sostenible de pocos insumos externos. Cultiva arroz, frutas y hortalizas, cría vacas, gallinas y patos, así como peces en el arrozal. Los patos y los peces mantienen las plagas del arroz bajo control y abonan los campos con sus residuos. Los patos pueden acceder al arrozal con el fin de comerse las malas hierbas, lo que ha reducido la necesidad del trabajo manual. Asimismo, los patos también se alimentan de insectos y de sus huevos. Su pequeña explotación de una hectárea es plenamente sostenible y le proporciona unos buenos ingresos. Su único insumo exterior importante era una bomba de extracción de agua subterránea. Con una pequeña inversión en una bomba de agua solar o un sistema fotovoltaico de bombeo de agua, hasta esta bomba convencional podría convertirse en algo del pasado. 

“El reto principal a la hora de expandir el modelo de agricultura ecológica basada en la biodiversidad no es técnico, sino político.”

SIBAT, una organización de la sociedad civil de Filipinas, ha iluminado las vidas de varias aldeas al perfeccionar un microsistema hidroeléctrico que genera electricidad sin utilizar combustibles fósiles. Este sistema, gestionado por la comunidad, facilita luz y energía para el procesamiento de los alimentos y los cultivos, así como para las necesidades de los medios de vida de los hogares. 

Como muestran estos diversos ejemplos de agricultura ecológica basada en la biodiversidad, es posible producir alimentos y fibras sin ningún combustible fósil: desde la producción y el intercambio de semillas campesinas, pasando por la producción ecológica de alimentos sin utilizar pesticidas ni fertilizantes, hasta la fuente de energía alternativa que no procede de combustibles fósiles para generar electricidad y el procesamiento. 

El mayor reto que queda pendiente es el transporte de productos alimentarios a las ciudades, ya que la mayoría de nuestros medios de transporte todavía dependen de los combustibles fósiles. Con el fin de reducir esta dependencia, comunidades de todo el mundo están optando por la producción local de alimentos y los mercados locales. 

Alimentos y mercados localesResulta lógico consumir localmente los alimentos que se han producido localmente, ya que de esta manera los costes de transporte se reducen al mínimo, y podemos beneficiarnos de los nutrientes que suelen perderse cuando los alimentos se procesan y transportan a los supermercados urbanos. Un sistema que funciona es la agricultura respaldada por la comunidad (por ejemplo, el sistema Teikei de Japón), en el que los consumidores invierten en agricultores biológicos o ecológicos que siguen el modelo basado en la biodiversidad mediante una suscripción. A los agricultores biológicos se les garantiza un precio justo y a los consumidores que el producto que reciben está completamente desprovisto de aditivos desarrollados con combustibles fósiles. 

“El intercambio de información tiene que ser un proceso continuo, ya que la agricultura ecológica basada en la biodiversidad requiere gran cantidad de conocimientos.”

Conforme los consumidores van preocupándose más sobre su salud y disponen de más información, optan más alimentos de la agricultura ecológica basada en la biodiversidad. Sin embargo, el acceso a alimentos inocuos para los consumidores urbanos sigue siendo un desafío incluso con los proyectos de horticultura urbana que están emergiendo por todo el mundo. Es en este aspecto donde aún necesitamos voluntad política y apoyo financiero de los gobiernos a fin de acelerar el desarrollo de la producción de alimentos según la agricultura ecológica basada en la biodiversidad, así como de tecnologías más limpias que utilizan energías renovables. 

El reto principal a la hora de expandir el modelo de agricultura ecológica basada en la biodiversidad no es técnico, sino político. Tenemos que imponernos ante el poder político y económico que ostentan las agroindustrias, el cual fomenta la expansión de un modelo de agricultura empresarial e insostenible. Es necesario poner fin a los subsidios gubernamentales que estimulan tales sistemas de producción insostenible, tanto de manera directa como encubiertamente. 

En su lugar, tenemos que establecer políticas y programas que estimulen la adopción generalizada del modelo de agricultura ecológica basada en la biodiversidad con el fin de afrontar los retos futuros de producción y distribución de alimentos. Dichas políticas deberían promover la conservación de la biodiversidad, en particular la agrodiversidad, y fomentar los bancos locales de semillas. La investigación participativa y descentralizada que tiene como fundamento los sistemas de conocimiento de los agricultores y los pueblos indígenas debería institucionalizarse y recibir financiación. Asimismo, debería emularse la estrategia de MASIPAG de fomento de la colaboración entre agricultores y científicos. 

“Podemos acabar con la dependencia que el sistema alimentario tiene de los combustibles fósiles.”

El intercambio de información, conocimientos e innovación tiene que ser un proceso continuo, ya que la agricultura ecológica basada en la biodiversidad es un modelo que requiere gran cantidad de conocimientos. El intercambio mediante el aprendizaje entre agricultores y plataformas de información de fácil acceso son buenas iniciativas. 

La expansión de la agricultura ecológica basada en la biodiversidad también precisa de apoyo para que las organizaciones y movimientos de pequeños productores puedan participar plenamente. Es necesario garantizar sus derechos, en particular los de las mujeres productoras, para que puedan tener acceso a la tierra y los recursos productivos y puedan así realizar inversiones a largo plazo en la fertilidad del suelo, innovar prácticas agroecológicas, acceder a los mercados locales o desarrollar sistemas agrícolas respaldados por sus comunidades. Además, los gobiernos deberían reorientar el gasto público en agricultura hacia el fortalecimiento y la expansión de las prácticas agroecológicas mediante servicios de extensión e investigación. 

Creo firmemente que podemos acabar con la dependencia que el sistema alimentario tiene de los combustibles fósiles, pero el camino a seguir requerirá un profundo cambio de paradigma que necesita un fuerte compromiso político y social de carácter inmediato. 

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