Día 6: Cultivemos un mundo con mayor seguridad alimentaria

Harold Poelma

Blog mensaje por Harold Poelma

Director ejecutivo de la rama de Cargill, aceites vegetales refinados en Europa
Comparte esta página: 

Una agricultura fuerte y sostenible y que garantice alimentos suficientes, seguros y asequibles para todos, se basa en cuatro pilares: la ventaja comparativa, el comercio abierto, mercados que funcionen para productores y consumidores, y un continente africano que contribuya positivamente a la producción alimentaria.

Por Harold Poelma, director general de Cargill Refined Oils Europe

En la actualidad, existen alrededor de 870 millones de personas desnutridas en el mundo. Se estima que la población mundial habrá aumentado en dos mil millones hacia mediados de siglo. El pensamiento generalizado es que alimentar a esta nueva población, más urbana y rica, requerirá incrementar la producción alimentaria en aproximadamente un 70 por ciento. 

Un incremento tal de la producción no está fuera de nuestro alcance. Los agricultores son personas inteligentes y decididas; desde 1975 han conseguido doblar su producción de cereales, arroz y semillas oleaginosas. La mayor parte de este incremento procede de un aumento del rendimiento gracias a la combinación de mejoras genéticas, nuevas tecnologías, una ingeniería agronómica más desarrollada y la intensificación de la producción, consiguiendo así una mayor producción en la misma extensión de tierra.

Es una razón para el optimismo. Cargill cree firmemente que podemos alimentar al mundo. Nuestro análisis no se basa tan sólo en una visión teórica, sino también en la experiencia práctica que hemos adquirido trabajando con agricultores en nuestras operaciones en todo el mundo. Se puede demostrar que con la tecnología actual, a día de hoy los agricultores podrían aprovechar el poder de la fotosíntesis para producir el equivalente en calorías que requeriría un mundo poblado por 9.000 millones de personas.

“Con la tecnología actual, hoy los agricultores podrían producir el equivalente en calorías que requeriría un mundo poblado por 9.000 millones de personas.”

A pesar de estos datos, la inseguridad alimentaria persiste. Hay una distribución desigual del aporte calórico que producen los agricultores de todo el mundo. El incremento de los precios de los alimentos, que se debe fundamentalmente a las leyes de la oferta y la demanda (aunque este año se ha visto agravado por la escasez generada por las sequías en las principales zonas de producción de cereales), pone en peligro los recientes logros en la lucha contra el hambre.

¿Cómo deberá ser la agricultura a mediados de siglo para superar los obstáculos a los que se enfrenta la seguridad alimentaria mundial? En Cargill creemos que el modelo que cumplirá con los objetivos de resistencia, sostenibilidad y provisión de alimentos seguros y asequibles para todo el mundo, se cimentará sobre cuatro pilares fundamentales: ventaja comparativa, comercio abierto, mercados que funcionen tanto para productores como para consumidores y un continente africano que contribuya de manera positiva a la producción de alimentos. 

La reivindicación del principio de ventaja comparativa es el primer paso para producir alimentos suficientes para alimentar a toda la población mundial. Para que la agricultura a mediados de este siglo pueda producir la mayor parte de los alimentos de la manera más económica y medioambientalmente sostenible, todos los agricultores deben elegir los cultivos más adecuados a las condiciones existentes en su zona de cultivo. Esto nos lleva a reconocer un simple hecho: la disponibilidad de suelos fértiles,  precipitaciones abundantes y gran cantidad de luz solar difiere en todo el planeta. Al contrario, la naturaleza ha dotado a ciertas regiones geográficas con los recursos naturales necesarios para producir alimentos de sobra, como es el caso del trigo en las llanuras de Norteamérica, el arroz en los arrozales del Sudeste Asiático o la soja en Brasil.

“La reivindicación del principio de ventaja comparativa es el primer paso para producir alimentos suficientes para alimentar a toda la población mundial.”

La alternativa (es decir, la búsqueda de autosuficiencia alimentaria a nivel regional o nacional) compromete el incremento necesario de la producción para alimentar a una población mundial en aumento, utiliza de manera ineficiente recursos naturales escasos y puede causar graves daños al medio ambiente. Además de seguir mejorando la productividad, es muy importante que llevemos mejores prácticas y tecnologías a aquellas regiones del mundo, como África, que actualmente no están aprovechando todo su potencial agrícola . 

Para que el sistema agrícola sea sostenible y resistente a mediados de siglo, será necesario un sistema de comercio abierto y fiable que permita llevar los excedentes a las regiones donde exista un déficit alimentario. Hoy, aproximadamente sólo el quince por ciento de la totalidad de los alimentos producidos en el mundo cruza las fronteras internacionales. Este porcentaje aumentará. Se está produciendo una desviación del crecimiento de la población mundial hacia regiones que no cuentan con los recursos naturales necesarios para la producción de alimentos. El cultivo en zonas con suelo y clima  adecuados para ello y el desarrollo de un comercio abierto proporcionarán los alimentos necesarios, minimizando al mismo tiempo el impacto medioambiental al desarrollar técnicas que requieran menos recursos e insumos.

Consideremos los flujos alimentarios de los últimos cincuenta años. El incremento de la producción de alimentos en América del Norte y del Sur y, posteriormente, en Europa del Este, es lo que ha permitido alimentar a la creciente población de Asia, Oriente Próximo y África. Será necesario otro productor de alimentos de la talla de Brasil para alimentar a nueve mil millones de personas en el año 2050, además de un comercio abierto para permitir un flujo constante de excedentes a las regiones donde exista déficit de alimentos. Un comercio abierto y fiable constituye también un medio principal para ayudar a compensar por las pérdidas de cosechas que sean inevitables e impredecibles. El suministro mundial de alimentos varía año tras año en menor medida que el suministro local . 

“El tercer pilar lo constituirían unos mercados eficaces, transparentes y bien regulados.”

El tercer pilar lo constituirían unos mercados eficaces, transparentes y bien regulados. La combinación de un comercio abierto y unos mercados eficaces da como resultado unos precios que indican a los agricultores qué y cuánto producir. El ingrediente fundamental para lograr una agricultura sostenible probablemente no sea ningún insumo para los cultivos, sino unos precios que recompensen adecuadamente el esfuerzo de los agricultores y suponga una motivación económica suficiente para ellos para seguir cultivando.

Por el contrario, interferir en el poder que tienen los precios para cambiar conductas puede tener consecuencias inesperadas. Cuando los gobiernos imponen controles de los precios de los productos básicos con la intención de proteger a la población urbana desfavorecida, involuntariamente están indicándoles a los agricultores que produzcan menos. Existen otros métodos para proteger a los consumidores frente al incremento de los precios de los alimentos, como son los pagos directos procedentes de los gobiernos, que perjudicarían menos a los intereses agrícolas. Aunque somos conscientes de la carga que supone el incremento de los precios de los alimentos para las personas que viven en la pobreza en todo el mundo, también debemos reconocer el poder estimulante que tienen los precios para motivar a los productores del mundo a cultivar más.

El cuarto pilar que sentaría las bases de un mundo con una mayor seguridad alimentaria sería un continente africano capaz de explotar su potencial agrícola. África representa aproximadamente el sesenta por ciento de las tierras de cultivo potencialmente disponibles en el mundo. Dispone de tierras adecuadas para la agricultura, con suelo fértil, regímenes de precipitaciones adecuados y abundante sol. A pesar de ello, África sigue siendo un importador neto de alimentos y ha experimentado muy pocas mejoras en su productividad agrícola durante los últimos cuarenta años.

Esto no tiene por qué ser así. Para afrontar los retos es necesario que se produzcan cambios en las políticas, mejoras en las infraestructuras y la institución de derechos de propiedad. Es especialmente importante que haya claridad en los derechos de propiedad. Los agricultores en África y de todo el mundo, han de disponer de derechos claros sobre la tierra que cultivan antes de esperar que vuelvan a invertir en sus operaciones y mejoren su productividad. Asimismo, es fundamental que se resuelvan las cuestiones de derechos de propiedad para atraer las inversiones del sector privado a la agricultura africana.

Permitir que los pequeños agricultores alcancen su potencial es crucial para que la agricultura y la producción mundial de alimentos sigan desarrollándose. Es necesario que estos agricultores a pequeña escala tengan acceso a mejores insumos para el cultivo, desde semillas y fertilizantes a tractores y otras tecnologías, así como a la formación necesaria para su correcto uso. Dicha ayuda práctica incrementará su productividad, lo que permitirá cubrir las crecientes necesidades alimentarias a nivel mundial y también les proporcionará los medios para mejorar sus propias condiciones de vida. El ejemplo más evidente lo podemos encontrar hoy en África .

“Está a nuestro alcance lograr un sistema agrícola sostenible y resistente que produzca suficientes alimentos para todo el mundo y con precios asequibles para todos.”

Existe un impulso sin precedentes para tratar de resolver los asuntos relativos a las políticas, infraestructuras, insumos de los cultivos y derechos de propiedad en África. Con el apoyo y la participación de la Nueva Alianza para la Seguridad Alimentaria y Nutricional del G8 y Grow África, tanto el sector privado, como las organizaciones no gubernamentales y los gobiernos africanos están trabajando para desarrollar mercados sostenibles para el cultivo de alimentos en el continente.

En mayo de 2012, Cargill fue una de las 30 empresas multinacionales que anunciaron su apoyo a estas iniciativas, que creemos fomentarán el debate político y los compromisos para acelerar la inversión y un cambio profundo en la agricultura africana. La intención colectiva es trabajar con los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales para desarrollar asociaciones públicas y privadas y lograr así un cambio positivo.

Está a nuestro alcance lograr un sistema agrícola sostenible y resistente que produzca suficientes alimentos para todo el mundo y con precios asequibles para todos. Esto no significa que podamos ser autocomplacientes. Creemos firmemente que sigue siendo fundamental que las organizaciones, tanto públicas como privadas, continúen trabajando conjuntamente para proporcionar la estructura, el apoyo y la inversión necesarios para que el desarrollo agrícola pueda afrontar el reto de alimentar a una población mundial que está camino de alcanzar los 9.000 millones de personas.

Lee el ensayo: Cultivemos un mundo con mayor seguridad alimentaria