Mujer llenando un bidón con agua, Tanzania
Mujer llenando un bidón con agua, Tanzania

Día 6: Cultivemos un mundo con mayor seguridad alimentaria

16 Diciembre, 2012 | El futuro de la agricultura

Una agricultura fuerte y sostenible y que garantice alimentos suficientes, seguros y asequibles para todos, se basa en cuatro pilares: la ventaja comparativa, el comercio abierto, mercados que funcionen para productores y consumidores, y un continente africano que contribuya positivamente a la producción alimentaria.

Por Harold Poelma, director general de Cargill Refined Oils Europe

En la actualidad, existen alrededor de 870 millones de personas desnutridas en el mundo. Se estima que la población mundial habrá aumentado en dos mil millones hacia mediados de siglo. El pensamiento generalizado es que alimentar a esta nueva población, más urbana y rica, requerirá incrementar la producción alimentaria en aproximadamente un 70 por ciento. 

Un incremento tal de la producción no está fuera de nuestro alcance. Los agricultores son personas inteligentes y decididas; desde 1975 han conseguido doblar su producción de cereales, arroz y semillas oleaginosas. La mayor parte de este incremento procede de un aumento del rendimiento gracias a la combinación de mejoras genéticas, nuevas tecnologías, una ingeniería agronómica más desarrollada y la intensificación de la producción, consiguiendo así una mayor producción en la misma extensión de tierra.

Es una razón para el optimismo. Cargill cree firmemente que podemos alimentar al mundo. Nuestro análisis no se basa tan sólo en una visión teórica, sino también en la experiencia práctica que hemos adquirido trabajando con agricultores en nuestras operaciones en todo el mundo. Se puede demostrar que con la tecnología actual, a día de hoy los agricultores podrían aprovechar el poder de la fotosíntesis para producir el equivalente en calorías que requeriría un mundo poblado por 9.000 millones de personas.

“Con la tecnología actual, hoy los agricultores podrían producir el equivalente en calorías que requeriría un mundo poblado por 9.000 millones de personas.”

A pesar de estos datos, la inseguridad alimentaria persiste. Hay una distribución desigual del aporte calórico que producen los agricultores de todo el mundo. El incremento de los precios de los alimentos, que se debe fundamentalmente a las leyes de la oferta y la demanda (aunque este año se ha visto agravado por la escasez generada por las sequías en las principales zonas de producción de cereales), pone en peligro los recientes logros en la lucha contra el hambre.

¿Cómo deberá ser la agricultura a mediados de siglo para superar los obstáculos a los que se enfrenta la seguridad alimentaria mundial? En Cargill creemos que el modelo que cumplirá con los objetivos de resistencia, sostenibilidad y provisión de alimentos seguros y asequibles para todo el mundo, se cimentará sobre cuatro pilares fundamentales: ventaja comparativa, comercio abierto, mercados que funcionen tanto para productores como para consumidores y un continente africano que contribuya de manera positiva a la producción de alimentos. 

La reivindicación del principio de ventaja comparativa es el primer paso para producir alimentos suficientes para alimentar a toda la población mundial. Para que la agricultura a mediados de este siglo pueda producir la mayor parte de los alimentos de la manera más económica y medioambientalmente sostenible, todos los agricultores deben elegir los cultivos más adecuados a las condiciones existentes en su zona de cultivo. Esto nos lleva a reconocer un simple hecho: la disponibilidad de suelos fértiles,  precipitaciones abundantes y gran cantidad de luz solar difiere en todo el planeta. Al contrario, la naturaleza ha dotado a ciertas regiones geográficas con los recursos naturales necesarios para producir alimentos de sobra, como es el caso del trigo en las llanuras de Norteamérica, el arroz en los arrozales del Sudeste Asiático o la soja en Brasil.

“La reivindicación del principio de ventaja comparativa es el primer paso para producir alimentos suficientes para alimentar a toda la población mundial.”

La alternativa (es decir, la búsqueda de autosuficiencia alimentaria a nivel regional o nacional) compromete el incremento necesario de la producción para alimentar a una población mundial en aumento, utiliza de manera ineficiente recursos naturales escasos y puede causar graves daños al medio ambiente. Además de seguir mejorando la productividad, es muy importante que llevemos mejores prácticas y tecnologías a aquellas regiones del mundo, como África, que actualmente no están aprovechando todo su potencial agrícola . 

Para que el sistema agrícola sea sostenible y resistente a mediados de siglo, será necesario un sistema de comercio abierto y fiable que permita llevar los excedentes a las regiones donde exista un déficit alimentario. Hoy, aproximadamente sólo el quince por ciento de la totalidad de los alimentos producidos en el mundo cruza las fronteras internacionales. Este porcentaje aumentará. Se está produciendo una desviación del crecimiento de la población mundial hacia regiones que no cuentan con los recursos naturales necesarios para la producción de alimentos. El cultivo en zonas con suelo y clima  adecuados para ello y el desarrollo de un comercio abierto proporcionarán los alimentos necesarios, minimizando al mismo tiempo el impacto medioambiental al desarrollar técnicas que requieran menos recursos e insumos.

Consideremos los flujos alimentarios de los últimos cincuenta años. El incremento de la producción de alimentos en América del Norte y del Sur y, posteriormente, en Europa del Este, es lo que ha permitido alimentar a la creciente población de Asia, Oriente Próximo y África. Será necesario otro productor de alimentos de la talla de Brasil para alimentar a nueve mil millones de personas en el año 2050, además de un comercio abierto para permitir un flujo constante de excedentes a las regiones donde exista déficit de alimentos. Un comercio abierto y fiable constituye también un medio principal para ayudar a compensar por las pérdidas de cosechas que sean inevitables e impredecibles. El suministro mundial de alimentos varía año tras año en menor medida que el suministro local . 

“El tercer pilar lo constituirían unos mercados eficaces, transparentes y bien regulados.”

El tercer pilar lo constituirían unos mercados eficaces, transparentes y bien regulados. La combinación de un comercio abierto y unos mercados eficaces da como resultado unos precios que indican a los agricultores qué y cuánto producir. El ingrediente fundamental para lograr una agricultura sostenible probablemente no sea ningún insumo para los cultivos, sino unos precios que recompensen adecuadamente el esfuerzo de los agricultores y suponga una motivación económica suficiente para ellos para seguir cultivando.

Por el contrario, interferir en el poder que tienen los precios para cambiar conductas puede tener consecuencias inesperadas. Cuando los gobiernos imponen controles de los precios de los productos básicos con la intención de proteger a la población urbana desfavorecida, involuntariamente están indicándoles a los agricultores que produzcan menos. Existen otros métodos para proteger a los consumidores frente al incremento de los precios de los alimentos, como son los pagos directos procedentes de los gobiernos, que perjudicarían menos a los intereses agrícolas. Aunque somos conscientes de la carga que supone el incremento de los precios de los alimentos para las personas que viven en la pobreza en todo el mundo, también debemos reconocer el poder estimulante que tienen los precios para motivar a los productores del mundo a cultivar más.

El cuarto pilar que sentaría las bases de un mundo con una mayor seguridad alimentaria sería un continente africano capaz de explotar su potencial agrícola. África representa aproximadamente el sesenta por ciento de las tierras de cultivo potencialmente disponibles en el mundo. Dispone de tierras adecuadas para la agricultura, con suelo fértil, regímenes de precipitaciones adecuados y abundante sol. A pesar de ello, África sigue siendo un importador neto de alimentos y ha experimentado muy pocas mejoras en su productividad agrícola durante los últimos cuarenta años.

Esto no tiene por qué ser así. Para afrontar los retos es necesario que se produzcan cambios en las políticas, mejoras en las infraestructuras y la institución de derechos de propiedad. Es especialmente importante que haya claridad en los derechos de propiedad. Los agricultores en África y de todo el mundo, han de disponer de derechos claros sobre la tierra que cultivan antes de esperar que vuelvan a invertir en sus operaciones y mejoren su productividad. Asimismo, es fundamental que se resuelvan las cuestiones de derechos de propiedad para atraer las inversiones del sector privado a la agricultura africana.

Permitir que los pequeños agricultores alcancen su potencial es crucial para que la agricultura y la producción mundial de alimentos sigan desarrollándose. Es necesario que estos agricultores a pequeña escala tengan acceso a mejores insumos para el cultivo, desde semillas y fertilizantes a tractores y otras tecnologías, así como a la formación necesaria para su correcto uso. Dicha ayuda práctica incrementará su productividad, lo que permitirá cubrir las crecientes necesidades alimentarias a nivel mundial y también les proporcionará los medios para mejorar sus propias condiciones de vida. El ejemplo más evidente lo podemos encontrar hoy en África .

“Está a nuestro alcance lograr un sistema agrícola sostenible y resistente que produzca suficientes alimentos para todo el mundo y con precios asequibles para todos.”

Existe un impulso sin precedentes para tratar de resolver los asuntos relativos a las políticas, infraestructuras, insumos de los cultivos y derechos de propiedad en África. Con el apoyo y la participación de la Nueva Alianza para la Seguridad Alimentaria y Nutricional del G8 y Grow África, tanto el sector privado, como las organizaciones no gubernamentales y los gobiernos africanos están trabajando para desarrollar mercados sostenibles para el cultivo de alimentos en el continente.

En mayo de 2012, Cargill fue una de las 30 empresas multinacionales que anunciaron su apoyo a estas iniciativas, que creemos fomentarán el debate político y los compromisos para acelerar la inversión y un cambio profundo en la agricultura africana. La intención colectiva es trabajar con los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales para desarrollar asociaciones públicas y privadas y lograr así un cambio positivo.

Está a nuestro alcance lograr un sistema agrícola sostenible y resistente que produzca suficientes alimentos para todo el mundo y con precios asequibles para todos. Esto no significa que podamos ser autocomplacientes. Creemos firmemente que sigue siendo fundamental que las organizaciones, tanto públicas como privadas, continúen trabajando conjuntamente para proporcionar la estructura, el apoyo y la inversión necesarios para que el desarrollo agrícola pueda afrontar el reto de alimentar a una población mundial que está camino de alcanzar los 9.000 millones de personas.

Lee el ensayo: Cultivemos un mundo con mayor seguridad alimentaria

Comentarios

Riesgos, aspiraciones, y la bondad de la agricultura

Fue muy apropiado comenzar esta exploración del futuro de la agricultura con la palabra: RIESGO. Un elemento de riesgo – más precisamente, la necesidad de gestión de riesgo –se escondía en cada uno de los ensayos, y ocupa un lugar preponderante en la vida de todos los agricultores, especialmente de los pequeños agricultores.

En mis reportajes, he visto cómo los pequeños agricultores, especialmente aquellos en África subsahariana, han sido obligados a asumir el cien por ciento del riesgo en la agricultura, que es una actividad inherentemente riesgosa. En estos ensayos hemos leído sobre los vínculos que el riesgo tiene con cambio climático, mercados, precios, política, suelo, juventud, sostenibilidad y energía.

La gestión de riesgo es esencial para que los pequeños productores puedan, con toda confianza, mejorar sus medios de vida y adoptar nuevas prácticas. Acceso a servicios financieros y seguros, mejores instalaciones de almacenamiento, mercados más eficientes, infraestructura confiable, semillas resistentes a las variaciones climáticas, e intercambio de información son todos los elementos esenciales para reducir el riesgo y dar incentivos a los agricultores para producir con excedentes y diversificar sus cultivos para mejorar su nutrición, sus ingresos y su resiliencia. Esta confianza e incentivos fomentan la voluntad de invertir en sus fincas, el compromiso con prácticas sostenibles, la procuración de la propiedad de la tierra, y el elevar sus voces.

Es la base de un cambio fundamental, pasando de la agricultura para sobrevivir a la agricultura para ganarse la vida. Se trata de una transición que tantos jóvenes en las zonas rurales están buscando, la hija de Susan Godwin entre ellos. En lugar de sólo ver imágenes de una lucha desesperada—ver a sus madres agachadas trabajando la tierra, la deprivación de la temporada de hambre – los jóvenes quieren ver que la agricultura les dará un futuro razonable, que la agricultura, como un ensayista lo dijo, puede ser una ocupación a la que uno aspira.

Leyendo estos ensayos, he estado recordando a las familias que conocí mientras escribía mi libro, The Last Hunger Season (La última temporada de hambre). Un joven, Gideon, me dijo cuando nos conocimos que quería ser abogado. Pero al fin del año, cuando vió que los esfuerzos de su madre para producir un excedente darían frutos, comenzó a pensar que estudiar agricultura y trabajar como asesor de fincas e innovador sería la mejor forma de ayudar a su comunidad. "Quiero asegurar que nadie sufra de hambre y pobreza", dijo. "Voy a hacerles conocer la bondad de la agricultura."

Soberanía alimentaria, negocios, y derechos a la tierra

Después de una primera semana llena de ensayos ricos en reflexión y de comentarios críticos respecto a los combustibles fósiles, la agricultura, y la tecnología e innovación, el debate continúa.  Hacemos notar que comentarios sobre los ensayos de la primera semana todavía son posibles y son bienvenidos.

 

Los autores del día de hoy dedican una porción considerable de su ensayo a la importancia de garantizar los derechos de propiedad y el acceso seguro a la tierra para los pequeños productores y las poblaciones indígenas. Niasse indica que incrementando el acceso a la tierra por parte de las mujeres, podría aumentar la productividad de un 20 a un 30 por ciento. Pero, ¿podrá esto ser suficiente para ayudar a la creación de mercados, infraestructura, y apoyo tecnológico para los pequeños productores? Poelma reconoce la necesidad de tener reglas de propiedad de la tierra claramente definidas, así como de mayor educación y técnicas de cultivo modernas. Pero, ¿entiende a fondo los pasos graduales que son necesarios para lograr esos objetivos, o el nicho que la diversificación agrícola tiene para apoyar la nutrición, el manejo de riesgos, y la salud del suelo en las comunidades agrícolas de menor tamaño? Rivera propone un futuro para los pueblos indígenas peruanos que se alinea con el concepto de soberanía alimentaria, basado en conocimientos ancestrales, y que da control a los pueblos indígenas para producir y comercializar sus productos. ¿Qué piensa usted?

Bienvenidos los buenos deseos de Cargill

Este debate cuenta con puntos de vista muy variados, nada menos que un miembro Cargill nos muestra su opinión, supongo que a título personal, sobre cómo debería enfrentarse el problema del hambre. Es una muy buena oportunidad porque podemos discutir por qué las grandes multinacionales no entienden el problema, o no quieren entenderlo. Es de agradecer que se presten a la discusión, en un foro que ellos saben que no les es favorable. Esto les honra.

Sostengo diferencias con todos sus argumentos:

1º, la ventaja comparativa. Es cierto que la ventaja comparativa existe. El problema de la pobreza, que es sobre todo rural, es qué hacer con aquellos que no tienen ventaja comparativa. Ahí están los pobres: alejados de los mercados, en tierras áridas, en pendiente o a 3000 m de altura. Estos no tienen ventaja comparativa. ¿Qué hacer? No serán competitivos. Sólo apoyarlos a fondo perdido si quieren permanecer en sus tierras, intentando que se acerquen lo máximo a su punto máximo de productividad.

2º, el libre comercio. Siempre se puede producir más barato en otro sitio. Pero los países tienen el derecho y la obligación de defender su propia agricultura contra los alimentos más baratos, porque la capacidad propia de producir alimentos es estratégica. El hambre ha sido un arma política desde siempre, y mantener capacidad productiva –aunque sea más caro- es una cuestión de soberanía. Como en todo, hay que ser capaz de mantener un punto medio y combinar las importaciones con la producción propia, no defiendo la autarquía.

3º Mercados transparentes: bienvenido Cargill a la transparencia. Significa que va a poner a disposición del AMIS las cifras sobre sus reservas? ¿Sabremos por fin el secreto mejor guardado después de la Coca Cola, cuánto grano tiene Cargill en sus silos y dónde está? Esto ayudaría mucho a prevenir la siguiente crisis alimentaria, porque sabríamos si los inventarios son suficientes o no. El AMIS guardaría el secreto (espero), y esperemos que sus colegas de ADM, Dreyfus y Bunge se unan a su deseo de transparencia.

4º Sobre el cuarto punto, los derechos de propiedad en África, nada que objetar, sólo desear que la inversión extranjera no signifique la expulsión de sus legítimos propietarios, como con frecuencia ocurre.

Gracias, Harold, por participar en este debate. 

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