Maíz, Bolivia
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Día 6: El futuro de la agricultura es el futuro de la Madre Tierra

16 Diciembre, 2012 | El futuro de la agricultura

Nada es tan irónico como el hecho de que los pueblos indígenas, que dieron tantos alimentos al mundo, carecen de los medios para escapar de la pobreza y la malnutrición. Tener el control sobre qué, cómo y cuándo producen, y el poder sobre la distribución del producto, nos permitiría construir medios de vida sostenibles. Es lo que llamamos soberanía alimentaria.

Por Tarcila Rivera Zea, fundadora y directora ejecutiva, Chirapaq, Perú 

Hablar de control completo e igualitario sobre los recursos y los productos generados por su trabajo, por parte de las mujeres y hombres que trabajan la tierra, requiere de una serie de condiciones sin las cuales cualquier intento de poder pensar en ese escenario no es viable.

En primer lugar, tener control sobre los recursos económicos, sociales y políticos que hagan viable y sostenible económicamente la producción, para luego procesarla, distribuirla y convertirla en un medio de vida que les brinde todas las posibilidades para mantenerse, se traduce en contar con el poder de decisión sobre el destino de los mismos, y en estos momentos los pueblos indígenas no lo tienen. Pero antes de continuar es necesario hacer algunas precisiones sobre los actores.

Campesinos e indígenas
En nuestra sociedad, se ha establecido una fuerte distinción social entre campesinos e indígenas, en donde ser campesino es preferible a ser indígena, lo cual muchas veces se convierte en sinónimo de indio o cholo, conllevando una desvaloración social y cultural. En esta situación, “campesino” hace referencia a una situación ocupacional e “indígena” a una situación social. De tal manera que, si bien es cierto que gran parte de los campesinos son indígenas, en la práctica se establece una distinción entre ambos que se traduce en leyes, políticas, y percepciones sociales de diverso tipo.

“En nuestra sociedad ser campesino es preferible a ser indígena.”

Hablar de campesinos implica referirse a una categoría económica-productiva donde estos aspectos priman por sobre de cualquier vínculo holístico con la tierra. Esto implica que se puede ser campesino y practicar una agricultura basada en insumos industriales o emplear formas de explotación que afectan a la tierra. Por el contrario, hablar de indígenas implica referirse a una totalidad cultural dentro de la cual la agricultura forma una parte importante del quehacer y responde a varias interrelaciones sociales, espirituales, económicas, y políticas.

La agricultura indígena se basa en conocimientos y prácticas ancestrales donde la diversidad genética va acorde a los diferentes ámbitos geográficos y como respuesta a diferentes condiciones climático-ambientales y sociales. Sin embargo, es innegable que se vienen utilizando diferentes insumos industriales frente a la presión del mercado y a la imposibilidad de dar respuesta inmediata a las consecuencias de factores climáticos que van desde plagas hasta el desabastecimiento de agua. Ante esta situación, se vienen recuperando paulatinamente prácticas ancestrales de manejo de tierras, agua y clima, en lo que hemos denominado geografías indígenas. 

“La agricultura indígena se basa en conocimientos y prácticas ancestrales, donde la diversidad genética va acorde a los diferentes ámbitos geográficos.”

Desde la perspectiva de los pueblos indígenas, la agricultura debe ser la base para la gestión sostenible de la tierra, así como una fuente de la soberanía alimentaria y la diversidad de germoplasma, que ha demostrado ser útil para la lucha contra la desnutrición.

Construyendo el presente
En estos momentos las organizaciones indígenas nos encontramos desarrollando diferentes modelos agrícolas a partir de nuestra cultura, con la finalidad de convertirlos en propuestas de incidencia para construir modos de vida sostenibles. En este proceso, el control de los medios para hacer viable estas propuestas es de capital importancia.

Somos plenamente conscientes que cualquier solución parte del encuentro de nuestras culturas y tradiciones con las culturas globales, pero este diálogo debe establecerse en igualdad de condiciones y son estos escenarios los que estamos construyendo. Por esta razón, hablamos de “modelos agrícolas” y no de una transposición de nuestra cultura a toda la sociedad.

“Si los pueblos indígenas tuvieran control completo e igualitario de los medios para la producción agrícola y sobre el producto de la misma, sería completamente inédita dentro de nuestra historia.”

La situación que se presentaría si los pueblos indígenas tuvieran un control completo e igualitario de los medios para la producción agrícola y sobre el producto de la misma, sería completamente inédita dentro de nuestra historia como parte del sistema mundial. Significaría para nuestras sociedades:

A nivel ecológico:

1. Criar vida con respeto a los procesos naturales de renovación de la tierra.

2. Contar con una biodiversidad adecuada a las diferentes geografías y con producción anual sostenible.

3. Desarrollar la producción de las pequeñas propiedades agrícolas, interconectándolas en cadenas de producción que les permitiría abastecer los mercados locales y regionales.

4. Dotar a la población de una dieta rica, sana y diversa.

5. Desarrollar sistemas alimentarios diversificados.

6. Fortalecer la biodiversidad, dado que al desarrollar medios agroecológicos de control de plagas, se fortalecerían las cadenas biológicas originarias. 

A nivel social:

1. Resolvería los conflictos y brechas sociales que han caracterizado a nuestras sociedades.

2. Dignificaría el trabajo agrícola y resignificaría el papel y el rol de los pueblos indígenas.

3. Centraría el valor social del trabajo en la producción orgánica, sostenible y comprometida con la naturaleza.

4. Significaría una mejora sustancial en los ingresos y vida de los pueblos indígenas, que permitiría invertir más en educación y formación profesional que ayude a mejorar los sistemas económicos indígenas.

5. Se lograría la soberanía alimentaria, encontrando el sustento dentro de los espacios geográficos y articulándolos con otros complementarios como la pesca y ganadería originaria.

A nivel político:

1. El poder de decidir sobre los sistemas de producción y comercialización significarían cambios sustanciales en el régimen económico, en la tenencia de la tierra y en el ejercicio del derecho territorial como condición fundamental.

2. Significaría que los países pudieran avanzar en el cambio de sus paradigmas sociales y políticos.

3. Los pueblos indígenas y la agricultura serían centrales en el diseño, contenido, y desarrollo de proyectos nacionales, soberanos y pensados para el desarrollo interno. 

Así, nuestra visión de futuro nos sitúa en un escenario en el cual las brechas sociales entre pueblos indígenas y no indígenas no existen, de forma que los pueblos indígenas han mejorado sus condiciones de vida, produciendo de manera orgánica y contribuyendo con ello a la recuperación de los ecosistemas, siendo la biodiversidad germoplásmica una garantía para que las poblaciones obtengan una dieta rica en nutrientes y de acuerdo a sus áreas geográficas, estableciéndose mecanismos de producción y distribución de alimentos que nutran a toda la población. 

“La mejora en la calidad de vida de los pueblos indígenas también contribuiría a fortalecer la posición de la mujer indígena como cuidadora y criadora de vida.”

Las leyes y la misma constitución reflejarían este nuevo escenario mediante un sistema legal que garantizara la propiedad territorial e incentivara la soberanía alimentaria. La frontera agrícola podría ampliarse sobre la base de una producción diversificada, donde la ciencia y la tecnología contribuyeran a profundizar en el conocimiento indígena para aplicarlo en otros escenarios, respetando el espíritu y modelos de aplicación de los mismos. 

La mejora en la calidad de vida de los pueblos indígenas también contribuiría a fortalecer la posición de la mujer indígena como cuidadora y criadora de vida, colocándola en posiciones de dirección y representación de nuestros pueblos. 

Poder decidir soberanamente
Todo este proceso se puede resumir en el concepto de soberanía alimentaria, la cual implica, en primer lugar, el control sobre los sistemas de producción para poder decidir qué, cómo y cuándo producir, así como el entorno cultural de su realización. Y en segundo lugar, tener el control para distribuirlo y colocarlo en los diferentes mercados. En las últimas décadas se han venido implementando diferentes experiencias dirgidas a construir estos procesos, para lo cual se requiere de una agricultura diversificada, sostenible y con respeto a la madre tierra. 

Desde CHIRAPAQ, Centro de Culturas Indígenas del Perú, desarrollamos un programa de soberanía alimentaria en la región de Vilcas Huamán, Ayacucho, a partir de la década de los 90, es decir, en medio de la guerra que afectó a nuestro país y especialmente en esta zona. Dicho programa implicó:

1. Recuperar la diversidad de patatas, maíz, frijoles, y plantas medicinales.

2. Recuperar métodos y técnicas agrícolas, ampliando las zonas de cultivo y estableciendo puntos de abastecimiento de agua.

3. Recuperar métodos orgánicos de control de plagas y fertilizantes que han incrementado la producción agrícola y diversificado la dieta familiar.

4. Reintroducción de especies nativas de animales pequeños.

5. Mejorar la nutrición de las familias, con la consiguiente mejora del rendimiento escolar de niños y niñas.

6. Fortalecimiento de la organización comunitaria.

7. Visibilización y valoración del trabajo y aporte de las mujeres y niñas. 

La base primordial de esta iniciativa es la articulación de los ciclos agrícolas originarios, la gestión del agua, y las mejoras en el campo de las variedades cultivadas. Si bien es cierto que se han producido mejoras nutricionales y en la calidad de vida de las comunidades implicadas en la propuesta, en la actualidad su alcance es todavía limitado.

Entre la realidad y las posibilidades
Según los últimos estudios sobre inseguridad alimentaria, esta se focaliza en las regiones donde se encuentran los pueblos indígenas y las zonas urbanas marginales, conformadas principalmente por migrantes indígenas y sus descendientes. Nada más irónico que siendo los pueblos indígenas quienes hemos aportado diferentes alimentos al mundo, no tengamos los medios necesarios para hacer de estos conocimientos el camino para poder dejar de formar parte de las cifras crecientes de desnutrición y pobreza.

Los pueblos indígenas estamos construyendo los mecanismos para superar estos abismos sociales, pero el núcleo central -el del poder- requiere de cambios estructurales en nuestras sociedades: desde la concepción de quiénes la integran, forman parte y aportan a su construcción y desarrollo; hasta los modelos de desarrollo y sistemas económicos sobre las cuales se instauren y la hagan viable.

“Hablar del futuro de la agricultura, es hablar del futuro de la tierra y con ella de los pueblos indígenas y de la humanidad.”

No es mera retórica decir que se requiere de un "pachacuti" (un gran cambio) para transformar nuestra situación. El mundo, en general, requiere de un cambio de paradigmas, y la agricultura - como expresión visible del cariño de la madre tierra - nos muestra que en las circunstancias actuales esto es difícil. 

Hablar del futuro de la agricultura, es hablar del futuro de la tierra y con ella de los pueblos indígenas y de la humanidad.

Lee el ensayo: El futuro de la agricultura es el futuro de la Madre Tierra

Comentarios

Riesgos, aspiraciones, y la bondad de la agricultura

Fue muy apropiado comenzar esta exploración del futuro de la agricultura con la palabra: RIESGO. Un elemento de riesgo – más precisamente, la necesidad de gestión de riesgo –se escondía en cada uno de los ensayos, y ocupa un lugar preponderante en la vida de todos los agricultores, especialmente de los pequeños agricultores.

En mis reportajes, he visto cómo los pequeños agricultores, especialmente aquellos en África subsahariana, han sido obligados a asumir el cien por ciento del riesgo en la agricultura, que es una actividad inherentemente riesgosa. En estos ensayos hemos leído sobre los vínculos que el riesgo tiene con cambio climático, mercados, precios, política, suelo, juventud, sostenibilidad y energía.

La gestión de riesgo es esencial para que los pequeños productores puedan, con toda confianza, mejorar sus medios de vida y adoptar nuevas prácticas. Acceso a servicios financieros y seguros, mejores instalaciones de almacenamiento, mercados más eficientes, infraestructura confiable, semillas resistentes a las variaciones climáticas, e intercambio de información son todos los elementos esenciales para reducir el riesgo y dar incentivos a los agricultores para producir con excedentes y diversificar sus cultivos para mejorar su nutrición, sus ingresos y su resiliencia. Esta confianza e incentivos fomentan la voluntad de invertir en sus fincas, el compromiso con prácticas sostenibles, la procuración de la propiedad de la tierra, y el elevar sus voces.

Es la base de un cambio fundamental, pasando de la agricultura para sobrevivir a la agricultura para ganarse la vida. Se trata de una transición que tantos jóvenes en las zonas rurales están buscando, la hija de Susan Godwin entre ellos. En lugar de sólo ver imágenes de una lucha desesperada—ver a sus madres agachadas trabajando la tierra, la deprivación de la temporada de hambre – los jóvenes quieren ver que la agricultura les dará un futuro razonable, que la agricultura, como un ensayista lo dijo, puede ser una ocupación a la que uno aspira.

Leyendo estos ensayos, he estado recordando a las familias que conocí mientras escribía mi libro, The Last Hunger Season (La última temporada de hambre). Un joven, Gideon, me dijo cuando nos conocimos que quería ser abogado. Pero al fin del año, cuando vió que los esfuerzos de su madre para producir un excedente darían frutos, comenzó a pensar que estudiar agricultura y trabajar como asesor de fincas e innovador sería la mejor forma de ayudar a su comunidad. "Quiero asegurar que nadie sufra de hambre y pobreza", dijo. "Voy a hacerles conocer la bondad de la agricultura."

Soberanía alimentaria, negocios, y derechos a la tierra

Después de una primera semana llena de ensayos ricos en reflexión y de comentarios críticos respecto a los combustibles fósiles, la agricultura, y la tecnología e innovación, el debate continúa.

Hacemos notar que comentarios sobre los ensayos de la primera semana todavía son posibles y son bienvenidos.

 

Los autores del día de hoy dedican una porción considerable de su ensayo a la importancia de garantizar los derechos de propiedad y el acceso seguro a la tierra para los pequeños productores y las poblaciones indígenas. Niasse indica que incrementando el acceso a la tierra por parte de las mujeres, podría aumentar la productividad de un 20 a un 30 por ciento. Pero, ¿podrá esto ser suficiente para ayudar a la creación de mercados, infraestructura, y apoyo tecnológico para los pequeños productores? Poelma reconoce la necesidad de tener reglas de propiedad de la tierra claramente definidas, así como de mayor educación y técnicas de cultivo modernas. Pero, ¿entiende a fondo los pasos graduales que son necesarios para lograr esos objetivos, o el nicho que la diversificación agrícola tiene para apoyar la nutrición, el manejo de riesgos, y la salud del suelo en las comunidades agrícolas de menor tamaño? Rivera propone un futuro para los pueblos indígenas peruanos que se alinea con el concepto de soberanía alimentaria, basado en conocimientos ancestrales, y que da control a los pueblos indígenas para producir y comercializar sus productos. ¿Qué piensa usted?

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