Un hombre con su burro congado en Kosht epa valle, Afganistán
Un hombre con su burro congado en Kosht epa valle, Afganistán

Día 7: Los agricultores no vienen de Marte

17 Diciembre, 2012 | El futuro de la agricultura

Si los agricultores pobres tuvieron más libertad de innovar y un acceso adecuado a las inversiones públicas y privadas, probablemente nos desilusionarían porque saldrian totalmente de la agricultura. Pero aunque sólo uno o dos de cada cinco se quedaran, ellos mejorarían el mundo, literalmente.

Por Julio A. Berdegué, presidente del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (RIMISP), Santiago, Chile

Los agricultores que disponen de pocos recursos no son marcianos. Como tú y yo, las decisiones que toman se fundamentan en gran parte en su cultura, sus capacidades, y un conjunto de incentivos (positivos y negativos) a los que se enfrentan. La pregunta que me ha planteado Oxfam nos invita a reflexionar sobre un mundo en el que los agricultores han ampliado notablemente sus capacidades y los incentivos a los que se enfrentan se han redefinido de un modo beneficioso para ellos. 

Amartya Sen diría que esto es precisamente de lo que trata el desarrollo, conseguir "las libertades de las personas para conducir el tipo de vida que ellos valoran". 

¿Qué harían los agricultores de escasos recursos con esa libertad para innovar? Probablemente veríamos unos 500 millones de respuestas diferentes, una por cada pequeño productor en el mundo. Tenemos que reconocer que eso está bien, porque muy a menudo, los que vemos a los agricultores que viven en la pobreza desde la distancia solemos tener fuertes ideas preconcebidas sobre quiénes nos gustaría que fueran los agricultores de pocos recursos en un mundo mejor que hemos construido en nuestras mentes. 

“¿Qué harían los agricultores de escasos recursos con esa libertad para innovar? Veríamos 500 millones respuestas diferentes, una por cada pequeño productor en el mundo.”

Si estos agricultores tuvieran más libertad para innovar, muy seguramente muchos de ellos nos decepcionarían, llevando vidas que les son valoradas y que probablemente difieren en gran medida de lo a que nosotros, observadores externos, nos gustaría que valorasen.

Para empezar, muchos de ellos emigrarían a ciudades. Si realmente disfrutasen de una gran libertad, algunos incluso se marcharían a otros países. Sin embargo, si antes de que decidiesen trasladarse tuvieran un acceso adecuado a las inversiones del sector público y privado para apoyar sus innovaciones, en caso de que decidieran mudarse sería claramente porque valorarían esa opción, y no porque se vean expulsados de sus lugares natales debido a la pobreza, el hambre y la exclusión social. 

Otros se quedarían donde siempre han vivido, o en los alrededores, pero de manera gradual se irían dedicando a la agricultura solo a tiempo parcial, o eventualmente abandonarían la producción. Ellos, o sus hijos, se convertirían en comerciantes, propietarios de comercios, artesanos, cantantes profesionales...o médicos e ingenieros y, Dios no lo quiera, Másters en Administración de Empresas o políticos. Con esa diversidad, enriquecerían el tejido social, cultural y económico de sus pueblos, así como los de las localidades y pequeñas ciudades cercanas. Como resultado, habría sociedades rurales mejores y más ricas.

Por último, algunos seguirían siendo agricultores. Creo que representarían una minoría de los 500 millones con los que empezamos. Y eso, también está bien. Si fueran caaces de desarrollar exitosamente sus ideas gracias al acceso a inversiones públicas y privadas, incluso si solo 100 o 200 millones siguiesen dedicándose a la agricultura, literalmente cambiarían el mundo para bien.

“Agricultores valorarían aquellas innovaciones que pusieran más efectivo en sus bolsillos.”

Reflexionemos sobre ello: como agricultores, ¿qué querrían conseguir mediante sus innovaciones? Probablemente querrían producir más, y hacerlo de manera que les permitiese convertirse en la opción predilecta de los compradores de sus productos y, en última instancia, de los consumidores. En mi opinión, valorarían aquellas innovaciones que pusieran más efectivo en sus bolsillos, permitiéndoles adquirir los bienes y servicios que forman parte del estilo de vida que valoran y los cuales no pueden producir por sí mismos o intercambiar con las personas de su entorno. 

Asimismo, es probable que quisiesen trabajar menos, o mejor dicho, disminuir el considerable esfuerzo físico que hoy en día asociamos a la vida de los agricultores que disponen de pocos recursos; eso les permitiría disfrutar de vidas más plenas y humanas.  Finalmente, creo que también les gustaría ser mucho menos dependientes de los responsables políticos que actualmente utilizan el control que ejercen sobre varios recursos con el fin de condicionar las opciones de los agricultores como ciudadanos. 

Estoy bastante seguro de que casi todos los agricultores querrían obtener estos cuatro resultados de sus innovaciones porque, después de todo, los agricultores no son marcianos. 

“Sí”, deberás estar preguntando, “¿y qué sobre los recursos naturales?” No estoy tan seguro de que la mayoría de los agricultores que disponen de pocos recursos eligirían utilizar menos agua, o menos pesticidas, o adoptar tecnologías de conservación del suelo, en las condiciones de libertad casi sin limitaciones que implica la pregunta “Y si….” de Oxfam. 

“Si fuese necesario, ¿agricultores sacrificarían sus ingresos, su producción, o reducir el esfuerzo físico para evitar los efectos negativos en el medio ambiente?”  

Tengo la esperanza de que ésto fuera la elección de muchos, pero no estoy seguro. Verán, en diversas circunstancias, algunos de los cuatro resultados que creo que la mayoría de los agricultores querrían conseguir si tuvieran la oportunidad y que he enumerado en el párrafo anterior son contrarios a los principios de conservación de la naturaleza. Si fuese necesario, ¿[agricultores] sacrificarían sus ingresos, su producción, o poder reducir el esfuerzo físico que realizan para evitar los efectos negativos en el medio ambiente?  No estoy seguro de que todos lo harían.

Entonces, ¿cómo podría la sociedad fomentar la conservación de los recursos de tal manera que se ajuste a las posibles preferencias de los agricultores? Volvemos al inicio de este ensayo: creo que las decisiones de los pequeños agricultores se fundamentan en gran parte en su cultura, sus capacidades, y el conjunto de incentivos (positivos y negativos) a los que se enfrentan. Esos son los tres posibles puntos de partida de las políticas y los programas que pretendan incentivar y apoyar unos medios de vida que permitan conservar los recursos. 

No obstante, me gustaría insistir en que los pequeños agricultores se ganan la vida mediante el uso de recursos naturales, y para que los utilicen de la manera más beneficiosa para la naturaleza, deben ser capaces de entender el beneficio de tales medidas; la simple coerción no funciona a largo plazo, partiendo de que los pequeños agricultores ya sufren coerción suficiente desde diversos frentes, por lo que lo último que necesitan es recibir todavía más.

Un punto de partida fundamental es que la sociedad debería asegurar que los pequeños agricultores, como seres humanos que son, puedan ejercer de manera eficaz sus derechos más básicos, tales como el derecho a la alimentación y a llevar una vida sana, o los derechos de las mujeres de familias con pequeñas explotaciones agrícolas a tomar sus propias decisiones con conocimiento de causa y ponerlas en práctica. Esto solo puede tener como resultado una mejor relación entre las comunidades de pequeños agricultores y la naturaleza que les rodea, ya que la promoción de dichos derechos puede eliminar o disminuir muchos de los motivos por los que los pequeños agricultores utilizan los recursos naturales de manera insostenible.

“Los pequeños agricultores se merecen ser tratados como personas con derechos, pero también con deberes y obligaciones.”

En segundo lugar, la sociedad también puede mejorar la forma en que los pequeños agricultores utilizan los recursos naturales al poner a su disposición algunos bienes y servicios que muchos de nosotros damos por sentado pero de los que muchos agricultores carecen total o parcialmente: carreteras, mejor acceso a las ciudades, mercados más justos y transparentes, ejecución de las disposiciones legales y regulatorias en materia laboral (muchas familias de pequeños agricultores dependen en parte de trabajos asalariados, que en las zonas rurales suele realizarse en condiciones lamentables) y acceso al crédito, entre otras. Tales "bienes públicos" aumentan radicalmente el rango de opciones de que disponen los pequeños agricultores, y a menudo reducen el atractivo relativo de las actividades que deterioran el medio ambiente.

Un "bien público" que es frecuentemente olvidado lo constituyen los derechos políticos. Los pequeños agricultores necesitan ser capaces de ejercer estos derechos para que puedan tener voz y voto a la hora de controlar el acceso y uso de los recursos naturales que les pertenecen por ley o por costumbre. Si las comunidades rurales no tienen voz en la elaboración y ejecución de las normas que determinan quién y cómo se utilizan esos recursos, el resultado final por lo general será su uso incorrecto por parte de aquellas personas que quizás no ostenten el derecho, pero sí el poder. 

Asimismo, la acción colectiva mediante organizaciones comunitarias, económicas o en pro de los recursos naturales es una herramienta especialmente poderosa, ya que es capaz de posibilitar el uso de recursos que están fuera del alcance de los pequeños agricultores individualmente o de aquellos que están aislados.

El acceso a un abanico más amplio de formas de conocimiento y tecnologías que permiten la conservación de los recursos puede asimismo resultar bastante effectiva, siempre que dichas tecnologías también tengan sentido para los pequeños agricultores desde un punto de vista cultural y económico.

Sin embargo, no creo que los anteriores tipos de iniciativas sean suficientes, puesto que los pequeños agricultores tienen un incentivo para utilizar los recursos de un modo que maximice sus intereses privados a corto plazo. Como tú y yo, los pequeños agricultores aman los pájaros y los árboles y los hermosos y caudalosos ríos, pero como bien sabemos, cuando se trata de seres humanos este amor no es suficiente para evitar la caza del ave, la tala del árbol, o el desvío del río si podemos obtener un beneficio y salirnos con la nuestra. 

De este modo llegamos a mi mensaje final. Las disposiciones legales y reglamentarias bien implementadas que limitan ciertas innovaciones o el uso que puede hacerse de los recursos son necesarias. Los pequeños agricultores se merecen ser considerados y tratados como personas con los mismos derechos, pero también con deberes y obligaciones. En el mundo hipotético de los "Y si..." de Oxfam, los pequeños agricultores son ciudadanos, simple y llanamente. Eso es desarrollo.

Lee el ensayo: Los agricultores no vienen de Marte

Comentarios

Derechos, libertad, y acceso a recursos para todos

 

Ayer observamos que Harold Poelma, de Cargill, fue desafiado sobre su perspectiva respecto al libre comercio y los mercados transparentes. A Madiodio Niasse le fue cuestionada la forma de asegurar que la juventud permanezca en la agricultura, y a Tarcila Rivera, sobre la gratuidad de los conocimientos ancestrales.

 

Los dos ensayos de hoy departen del supuesto que un sistema alimentario más justo y sostenible sólo puede lograrse cuando los derechos de los agricultores a tierra, alimento, crédito, y semillas, son respetados de una forma justa y equitativa. Sin embargo, Berdegué y Kabir difieren en cómo visualizan la respuesta de los agricultores a las mayores libertades y acceso. Kabir supone que los agricultores que no enfrentan la dominación injusta de parte de los ricos y poderosos, podrán manejar la tierra de mejor forma a través de una agricultura más sostenible. Berdegué no está seguro. A la luz de contextos culturales diversos, ¿podrían tener mérito ambas perspectivas?

 

Qué ejercicio de realismo!

Gracias, Sr. Berdegué, por este ejercicio de realismo que pone las cosas en su sitio y rebate el romanticismo que nos hace tanto daño. En muchas ONG tenemos una visión distorsionada sobre la vida en el campo y lo que significa dedicarse a la agricultura. Es una vida dura, y a veces lo que proponemos aumenta la dureza, no la disminuye. Su ensayo ayuda a entender mucho mejor por qué intereses se mueven los agricultores y en qué podemos ser útiles. Nuestro reto es ofrecer modelos agrícolas que de verdad les convenzan de quedarse (a quienes quieran) porque ofrecen alternativas atractivas en comparación a otras opciones, o bien veremos sólo viejos agricultores a tiempo parcial en nuestros proyectos. 

Realismo...

Estimado Gabriel, 

Pues si, hay que tratar de que nuestras propuestas reflejen lo mejor posible la realidad de los agricultores y de los diferentes contextos en que ellos viven y trabajan. Pero también no hay que olvidar lo que dijo un pensador (creo que gue Gramsci): "pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad!". Solo así se cambia el mundo.

Saludos

Julio

 

 

Como cambiaría el análisis sí se reducen las brechas de género

Señor Berdegué que pasaría si lográramos dotar un abanico amplio de bienes públicos dirigidos a reducir las brechas de género y los desequilibrios territoriales que existen entre lo urbano y lo rural. Si lográramos no solo mejores carreteras y acceso a mercados, sino también dotar de infraestructura que mejore el acceso de las familias a servicio de agua por cañería, si mejoramos el acceso de las mujeres rurales a tierra de vocación productiva, si logramos equiparar el acceso de las mujeres rurales a educación, formación técnica y adopción de nuevas tecnologías; si invirtiéramos en bienes públicos que reduzcan la carga domestica,  reconociendo el trabajo productivo, reproductivo y comunitario que realizan las mujeres rurales y visibilizando su aporte en la agricultura y el medio rural como productoras. Si se tuviera plenas libertades para el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos, teniendo acceso a información y servicios de salud que garanticen este derecho. Si lográramos reducir esas brechas sería posible un mundo rural diferente. ¿cómo cambiarían la forma en la que gestionamos los recursos si hombres y mujeres logran ejercer sus mismos derechos sobre el control y acceso a las recursos productivos? Yo creo que sería diferente la forma sobre la cual tomamos decisiones  sobre el uso de los recursos productivos y sobre la revalorización de la tierra, de los recursos naturales, de los conocimientos tradicionales y las prácticas más sostenibles.

Un elemento que creo que también determina las decisiones que toman los agricultores, tiene que ver con el sentido de pertenencia, de identidad y de arraigo al territorio que explica porque agricultores hombres, mujeres y jóvenes deciden quedarse en las zonas rurales ó deciden retornar, y se convierten en agentes que dinamizan su entorno local y participan por lograr cambios y transformaciones en su localidad. Este es un aspecto que poco se aborda en los proyectos de desarrollo rural. ¿Cuál es su opinión?

 Felicidades por este ensayo ofrece un punto de vista interesante!

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