Día 7: Trabajar más no sirve

Rokeya Kabir

Blog mensaje por Rokeya Kabir

Fundadora y directora ejecutiva del Bangladesh Nari Progati Sangha (BNPS)
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Esforzarse para producir más y más alimentos es el punto de partida erróneo para conseguir la seguridad alimentaria. Al contrario, debemos concentrarnos en reducir desigualdades: incrementar el poder de los agricultores a pequeña escala, valorizar sus conocimientos y acabar con las barreras que impiden la igualdad para las mujeres campesinas.

Por Rokeya Kabir, director ejecutivo del Bangladesh Nari Progati Sangha (BNPS)

Parece que cada año tenemos que reaprender la dura lección de que producir más alimentos no garantiza acabar con el hambre. Esta última década, Bangladesh ha aumentado de forma gradual su producción de arroz, ahorrando a la economía nacional una cantidad significativa de recursos que habían sido usados para el pago de arroz importado. Gracias al gran esfuerzo de nuestros agricultores, nuestros líderes pueden ahora proclamar con arrogancia que “¡producimos lo suficiente para alimentar a la nación!”, o que “¡el país no tiene déficit alimentario! 

Desafortunadamente, esta realidad macroeconómica no ha reportado beneficios para los propios agricultores. Por ejemplo, en las tierras bajas de la región nororiental del país, cerca del 40 por ciento de los hogares aún no pueden permitirse dos comidas al día a pesar de que la región es conocida por ser un centro de producción de arroz. (La pesca es el otro medio de vida en esa zona, pero la corrupción y la influencia política en el régimen de arrendamiento impiden el acceso de los pescadores artesanales a muchas masas de agua).

“Parece que cada año tenemos que reaprender la dura lección de que producir más alimentos no garantiza acabar con el hambre.”

El problema radica en el desequilibrio existente entre los precios de los alimentos y los ingresos de las personas que viven en la pobreza. Gracias al uso de nuevas variedades de semillas, fertilizantes químicos y pesticidas subsidiados por el Estado se consiguieron cosechas excepcionales, pero estas innovaciones también conllevaron un aumento de los costos de producción superior incluso a lo que los agricultores obtienen por la venta de sus cosechas. Debido a que los pequeños productores necesitan préstamos para poder cultivar, este desequilibrio entre los beneficios y las pérdidas los mantiene atrapados en el círculo vicioso de la deuda. 

Es tiempo de que nos replanteemos qué tipo de tecnología debemos utilizar en la agricultura y otros servicios derivados para fortalecer la capacidad de los campesinos de ganarse la vida, alimentar a sus familias y mantener unos precios de los alimentos accesibles para todos los niveles de ingreso. Empecemos por valorar el conocimiento tradicional, la experiencia y las innovaciones de los agricultores, utilizando una estrategia liderada por ellos mismos que permita mejorar su base de recursos naturales.

La inversión en investigación centrada en los agricultores a fin de recuperar y mejorar las variedades nativas de arroz debería ser el primer paso. Estas variedades de arroz nativas, que hicieron de la región nororiental de Bangladesh un centro de producción de arroz mucho antes de la introducción de semillas extranjeras, han desaparecido casi por completo. El objetivo de esta inversión sería liberar a nuestros agricultores de su dependencia de semillas de compañías multinacionales y sus agentes locales, incluyendo a las grandes ONGs corporativas.

“Es tiempo de que nos replanteemos qué tipo de tecnología debemos utilizar en la agricultura para fortalecer la capacidad de los campesinos. “

Una vez que las semillas estén bajo el control de los agricultores y sus derechos sobre ellas estén garantizados, podrán entonces regenerar y expandir su biodiversidad tal y como han hecho durante generaciones. El control sobre las semillas es el salvavidas de las comunidades agrícolas, y el fortalecimiento de su sistema de semillas es fundamental para generar conocimiento e innovaciones.

El cultivo de variedades nativas de arroz y otros productos reduciría los costos y tendría un efecto positivo en las vidas y los medios de vida de los agricultores. Reduciría la utilización de fertilizantes y pesticidas químicos en beneficio de alternativas orgánicas y respetuosas con el medio ambiente. Los métodos de producción actuales tienen un alto costo para los ecosistemas al dañar la calidad de los suelos e incidir en la extinción de especies de flora y fauna. También promovería la diversidad: de especies y variedades de cultivos, de ecosistemas y hábitats, de conocimientos y prácticas, y hasta de relaciones.

Los agricultores perdieron el control sobre las semillas al mismo tiempo que perdieron el control sobre otros aspectos agrícolas esenciales, como los fertilizantes y los pesticidas. En la década de 1980, el Programa de Ajuste Estructural, liderado por el Banco Mundial y organizaciones bilaterales (principalmente USAID) transfirió al sector privado los servicios públicos que la organización estatal Bangladesh Agricultural Development Corporation (BADC) prestaba a los agricultores. Esta medida se tomó con el objetivo de mejorar la competitividad, pero en la realidad el nuevo sistema de mercado sirvió para que los comerciantes privados, que disfrutaban de apoyo político, manipulasen los niveles de existencias.

“En la realidad el nuevo sistema de mercado sirvió para que los comerciantes privados manipulasen los niveles de existencias.”

La historia es similar con el agua subterránea para irrigación. Los agricultores dependen de propietarios locales de agua que poseen profundos pozos entubados en cada localidad, que fueron privatizados dentro del marco del Ajuste Estructural. El control que ejercen sobre el mercado es un factor clave en los elevados costos de producción, mientras que los pozos contaminan el agua potable con arsénico.

Los subsidios agrícolas estatales no han compensado el absoluto poder que ejercen los comerciantes privados. De hecho, diversos estudios muestran que el 60 por ciento de los beneficiarios de estos subsidios no son pobres, sino ricos terratenientes y comerciantes no agrícolas. Lo mismo ocurre con los préstamos bancarios: la mayor parte, que debería destinarse a los agricultores pobres y sin tierra, se otorga a los grandes terratenientes.

Estos intermediarios, propietarios de molinos arroceros y comerciantes, controlan también las ventas en el mercado, ofreciendo precios bajos a los agricultores en la época de la cosecha. Los gobiernos y las ONG deberían facilitar a las cooperativas de agricultores la venta directa de sus productos a los consumidores. Esto aseguraría unos precios justos tanto para los productores como para los consumidores.

Un sistema agrícola más justo también eliminaría las barreras específicas a las que se enfrentan las mujeres agricultoras. Las mujeres rurales, si bien constituyen una gran parte de la fuerza laboral agrícola, siguen siendo prácticamente invisibles a sus familias, el Estado y la sociedad. Su contribución, no remunerada, no se tiene en cuenta en absoluto a la hora de calcular el PIB nacional. 

“Nuestros agricultores han trabajado mucho para incrementar la producción, pero el sistema está en su contra.”

Cerca de la mitad de los agricultores en el país son actualmente mujeres, ya que muchos hombres han emigrado a las ciudades o al extranjero en busca de trabajo. No obstante, para tener acceso a financiación gubernamental para suministros agrícolas, los agricultores necesitan ser titulares de una tarjeta de ayuda para los insumos agrícolas (AIAC) para demostrar que son propietarios de sus tierras, y muchas mujeres no disponen de esta tarjeta ya que las tierras están a nombre de sus esposos. Sin estas tarjetas, las mujeres agricultoras tienen que trabajar mucho más para poder alimentar a sus familias.

Es una grave violación de los derechos de los millones de mujeres que trabajan sin descanso para incrementar la producción alimentaria del país. No es de extrañar que una de las reivindicaciones fundamentales del movimiento de mujeres bangladeshís sea la reforma de la ley de sucesiones para que las mujeres tengan derecho a heredar la tierra. Este paso es fundamental para lograr una agricultura sostenible y la seguridad alimentaria!

Nuestros agricultores han trabajado mucho para incrementar la producción, pero el sistema está en su contra. Trabajar más no sirve de nada. Necesitamos cambiar el sistema. El punto de partida más lógico es valorar el conocimiento, la experiencia y las innovaciones de los agricultores.

Lee el ensayo: Trabajar más no sirve