Día 8: El futuro ya llegó

Kavita Prakash-Mani

Blog mensaje por Kavita Prakash-Mani

Responsable de la agenda de Seguridad Alimentaria en Syngenta
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El futuro ya llegó, sólo que no a la escala requerida. La propagación de innovaciones de los propios agricultores, en un enfoque “desde abajo hacia arriba”, en combinación con avances tecnológicos desarrollados por las empresas de insumos, volverán productiva y lucrativa a la agricultura campesina. Fundamentalmente, las nuevas tecnologías tienen que ser adecuadas, disponibles y asequibles.

Por Kavita Prakash-Mani, responsable de la agenda de Seguridad Alimentaria, Syngenta International

¿Cómo desarrollar la pequeña agricultura de manera adecuada, equitativa y que ayude a alimentar a los 8.000 millones de personas que tendrá el planeta dentro de 25 años –incluyendo a los 870 millones que pasan hambre hoy– sin sobrepasar los límites del planeta? Ya se están desarrollando y probando nuevos modelos, algunos liderados por donantes y ONG, otros por multinacionales de la alimentación o pequeños empresarios, y otros más mediante la colaboración entre múltiples actores. 

Hay ejemplos fructíferos de asociaciones público-privadas en Brasil y Vietnam, y cada vez más también en África. Un ejemplo es la asociación para el crecimiento de África (Grow Africa), plataforma creada en 2011 y que reúne a gobiernos de diversos países, entre otros Etiopía, Tanzania y Ghana, así como agencias donantes, empresas locales, multinacionales y organizaciones de la sociedad civil para invertir en la transformación de la agricultura al convertir a los pequeños agricultores en actores centrales del desarrollo.

“¿Será capaz la tecnología de lograr que los agricultores obtengan beneficios, o les sumirá en una espiral de deuda?”

No obstante, las iniciativas de este tipo no son suficientes. Es necesario hacer mucho más, y, lo que es más importante aún, hacerlo a gran escala. 

El debate tecnológicoSi bien los agricultores son los guardianes y gestores de sus propias tierras, además de ser expertos en las prácticas locales de cultivo, otros actores y la tecnología pueden también desempeñar un papel importante a la hora de hacer de la agricultura una tarea menos ardua, más productiva y más sostenible. Hoy en día aún no hay consenso sobre el impacto de la tecnología, y sobre qué intervenciones o técnicas son las más adecuadas. ¿Será capaz la tecnología de lograr que los agricultores obtengan beneficios, o les sumirá en una espiral de deuda? ¿Creará dependencia para los agricultores, o mejorará sus opciones? ¿Tendrá un impacto perjudicial en el medio ambiente, o ayudará a conservar los recursos y los ecosistemas?

De cara al futuro, se precisarán seguramente soluciones “híbridas” adaptadas a las distintas condiciones geográficas y climáticas y a los distintos cultivos. El debate pasará de la simple elección entre soluciones biológicas o tecnológicas a la combinación de estrategias aparentemente opuestas para lograr las soluciones más eficaces.

Por ejemplo, la aplicación de soluciones para la protección de cultivos permitirá el desarrollo de prácticas de conservación que protejan el suelo y el agua, y quizás redunde también en un menor uso de fertilizantes. La incidencia de plagas disminuirá gracias a la rotación de cultivos y una gestión integrada de plagas, incluyendo el uso de insectos beneficiosos y controles biológicos. Las semillas limpias certificadas, desarrolladas según las condiciones locales y capaces de soportar patrones meteorológicos erráticos, producirán rendimientos mucho mayores y utilizarán menos recursos ambientales.

Agricultores innovadoresLos agricultores son las personas que mejor conocen sus tierras: durante generaciones han ido aprendiendo cómo funcionan sus explotaciones, qué cultivos se dan bien, qué plantar y cuándo, y cómo gestionar el suelo y el agua. Con frecuencia son reacios al riesgo y les cuesta adoptar nuevas ideas, pero también pueden ser innovadores y crear soluciones nuevas, pertinentes a escala local y económicamente viables.

Es indudable que las innovaciones de los agricultores requerirán apoyo posterior. Según cálculos de la FAO, se necesita ya una inversión de 83.000 millones de dólares en investigación agrícola y servicios anexos para apoyar el desarrollo y la ampliación del conocimiento y las mejores prácticas locales. 

En el futuro se dará mayor importancia a aprender de los agricultores, y se invertirá más para permitirles desarrollar estrategias propias ante retos como la fertilidad del suelo, la productividad de las semillas, la lucha contra plagas y enfermedades y el cambio climático.

“Una mayor inversión pública en escuelas agrícolas locales dará lugar a un cuerpo local de científicos, agrónomos y trabajadores de extensión mejor formados.”

Una mayor inversión pública en escuelas agrícolas locales dará lugar a un cuerpo local de científicos, agrónomos y trabajadores de extensión mejor formados. Las universidades locales trabajarán con los agricultores para entender, catalogar y analizar las prácticas de los propios agricultores y su utilización de insumos, y a su vez invertirán en el desarrollo y la difusión de las mejores prácticas locales. 

El fortalecimiento de la capacidad local ayudará también a abordar la falta de inversión en cultivos huérfanos o descuidados. Se trata de productos importantes a escala local, como el sorgo, el tef y la yuca, que constituyen el alimento básico de muchas familias agricultoras de escasos recursos, pero que no han sido objeto de inversiones en investigación y desarrollo para mejorar su productividad. 

Las grandes multinacionales e instituciones de investigación podrían apoyar la innovación de abajo hacia arriba mediante inversión, formación y programas de intercambio de estudiantes. Los donantes podrían aportar ayudas para personal científico y agrónomo local. Es posible crear asociaciones como la iniciativa de maíz eficiente en agua para África (WEMA), en la cual el sector privado, organizaciones de ayuda al desarrollo, organizaciones de investigación públicas e institutos de investigación locales colaboran para lograr variedades de maíz resistentes a las sequías y adecuadas para África.

“En el futuro, la distancia física no será una limitación.”

En las próximas décadas, las innovaciones en código abierto y el intercambio de conocimientos serán mucho más habituales. Las organizaciones de todo tipo, ya sean multinacionales, instituciones de investigación u ONG, reconocerán los conocimientos locales y les darán una mayor difusión, tanto entre agricultores como entre regiones. Las soluciones innovadoras compartidas a través de cloud sourcing y redes sociales permitirán a agricultores de todo el mundo acceder y compartir libremente sus propias experiencias y aprendizaje. Porque sabemos que los agricultores aprenden más de otros agricultores. En el futuro, la distancia física no será una limitación.

Este tipo de innovación de base redundará en menores costes y en soluciones aplicables a escala local, pero adaptables al resto del mundo, las cuales además aportarán beneficios económicos para los agricultores responsables de la innovación. 

Tecnología adecuada, accesible y asequibleAunque la innovación de abajo a arriba que surge de los propios agricultores permitirá mejoras significativas en la productividad y la rentabilidad, los agricultores por sí solos no pueden desarrollar todas las soluciones que se precisan. Se requieren inversiones en tecnologías de vanguardia como semillas mejoradas, fertilizantes, protección de cultivos, mecanización, regadío y prácticas agrónomas aún mejores. Dada la escala de la inversión necesaria para el desarrollo este tipo de tecnologías, las empresas de insumos agrícolas seguirán desempeñando una función crucial.

Conseguir que estos insumos sean accesibles y asequibles para los pequeños agricultores es un reto que se abordará. Por un lado, en el futuro habrá más explotaciones rentables y más agricultores con los ingresos necesarios para adoptar estas soluciones, pero probablemente seguirán existiendo agricultores que no puedan optar a estas tecnologías, o que solo puedan hacerlo mediante préstamos a intereses muy altos. En una profesión plagada de desastres –por fenómenos naturales como las sequías o las inundaciones, y por plagas y enfermedades– el riesgo para los agricultores es muy alto.

El costo asociado al desarrollo podría subvencionarse a través de un incremento de la inversión pública en I+D agrícola. Un desarrollo tecnológico más rápido y barato sería posible con técnicas más novedosas, como la selección asistida por marcadores y la agricultura de precisión, una mayor colaboración entre entidades públicas y privadas, la generación de ideas mediante código abierto, y equipos y colaboración virtuales. Una colaboración más estrecha con los propios agricultores permitirá a las empresas abordar necesidades concretas y desarrollar respuestas más adecuadas.  

“Una colaboración más estrecha con los propios agricultores permitirá a las empresas abordar necesidades concretas y desarrollar respuestas más adecuadas.”

A su vez, una mayor inversión en infraestructuras, normativas claras y unos mercados abiertos facilitarían el acceso a estas tecnologías a las personas que más las necesitan, incluso en las zonas más aisladas, y a un coste asequible.

Asimismo, ya se están probando nuevas fórmulas en el mercado para que los agricultores puedan acceder a insumos y tecnologías sin incurrir en riesgos elevados, como la fijación de precios asequibles, la otorgación de préstamos en condiciones justas, seguros asequibles que les permitan reducir los riesgos económicos asociados a sus adquisiciones o la formalización de contratos de venta de productos con los agricultores. Estas soluciones financieras serán lo habitual en el futuro.

En muchos aspectos, el futuro ya está aquí. Solo que no en la medida que se precisa para tener un impacto significativo. Si bien es necesario invertir tanto en soluciones innovadoras de abajo a arriba como en tecnologías globales, hay que garantizar que esas soluciones sean accesibles, adecuadas y asequibles para los agricultores que más las necesiten. Es a la vez un reto y una oportunidad. Solo así se logrará el crecimiento económico de los 500 millones de pequeños agricultores que hay en el mundo y garantizar la seguridad alimentaria mundial. 

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