Día 9: ¿Quién nos alimentará?

Pat Mooney

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Cofundador y director ejecutivo del Grupo ETC
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Si queremos sobrevivir al cambio climático, debemos adoptar políticas que permitan a los agricultores diversificar las variedades vegetales y animales que consumimos. Solo los campesinos tienen la sabiduría y la paciencia para descubrir qué plantas y animales prosperarán en cada lugar. Y esto implica un cambio fundamental en los mecanismos de regulación.

Por Pat Mooney, cofundador y director ejecutivo, Grupo ETC

Existe la convicción pavloviana de que la tecnología agrícola puede cubrir nuestras futuras necesidades alimentarias, y la negación patológica de que la agricultura industrial haya desempeñado un papel en la actual crisis alimentaria. Hoy, debido al cambio climático, la inseguridad alimentaria a la que se enfrenta el Sur se ha convertido en un reto compartido globalmente. Es posible que incluso las naciones que cuentan con suelos ricos no tengan el clima, el agua y otros recursos necesarios para alimentarse en 2050. 

Normalmente, los responsables de la política se encuentran con dos opciones: una cadena alimentaria industrial de alta tecnología, considerada de manera general como súper-productiva y eficiente, o una romántica cadena alimentaria agroecológica. Tienen que elegir entre una dieta basada en productos locales (“la dieta de los 100 kilómetros”) comercializados de manera justa y ecológica o una dieta altamente calórica revienta-cinturones (“la dieta de los 100 kilogramos”) basada en el modelo de las corporaciones del agronegocio. Por supuesto, el “menú inteligente” se encontraría ilusamente entre ambos: las técnicas más avanzadas sumadas a un comercio justo y una alimentación sostenible.

“¿Es el tejido alimentario un mero romanticismo de los gourmets?”

Mi planteamiento es el siguiente: que nos encontramos en una continua crisis alimentaria; que la “comunidad” que se dedica al desarrollo está en el punto de partida equivocado; que no sabemos mucho y debemos adoptar las políticas y prácticas de las organizaciones campesinas que hoy proporcionan a la humanidad al menos el 70 por ciento de los alimentos que consumimos. 

¿Es la cadena alimentaria un mero romanticismo de los gourmets? Nosotros intentamos recabar los datos que demuestran la contribución de los campesinos proveedores (grupo en el que incluimos a los proveedores alimentarios rurales y urbanos que, por lo general, están fuera de la cadena alimentaria industrial). Pero los datos sobre el tamaño de las explotaciones agrícolas y las estimaciones sobre el número de campesinos, por ejemplo, eran de al menos diez años atrás y no eran en absoluto convincentes. Asimismo, las estimaciones sobre la producción agrícola no incluyen la caza, la recolección, la pesca ni la producción campesina en huertos urbanos. 

Al final, concluimos que al menos el 70 por ciento de los alimentos que el mundo realmente consume cada año, proviene de los campesinos rurales y urbanos. También podríamos concluir que solo los campesinos tienen acceso a la tecnología y a los recursos que el mundo necesitará para alimentarse en 2050.

“La estimación es que al menos el 70 por ciento de los alimentos que consumimos proviene de campesinos parece modesta.” 

Nuestra estimación del 70 por ciento se ve corroborada de forma involuntaria por la industria de los fertilizantes, que se preocupa porque entre el 40 y el 60 por ciento de los alimentos se producen sin utilizar sus productos químicos sintéticos. Se trata de producción campesina: agricultores que no quieren utilizar fertilizantes industriales o que no pueden comprarlos. No obstante, indudablemente algunos pequeños productores utilizan fertilizantes, por lo que es posible que un diez por ciento adicional de los alimentos que se consumen en el mundo provenga de campesinos que sí utilizan productos químicos. 

Aparte de esto, una parte significativa de la cadena alimentaria mundial (en torno a un 15 por ciento, siendo conservadores) proviene de la caza y la recolección, incluyendo la pesca artesanal tanto interior como costera. A su vez, hay que sumar la estimación de que entre el 15 y el 20 por ciento de los alimentos que consumimos se producen en huertos urbanos, por lo que la estimación de que al menos el 70 por ciento de los alimentos que consumimos proviene de campesinos rurales y urbanos parece modesta. 

Si abordamos la cuestión desde el otro extremo (la cadena alimentaria industrial), nuestro argumento se ve reforzado. Si bien se trata de una cantidad enorme, según recientes investigaciones de la FAO, al menos un tercio de los alimentos que se producen se desperdician durante el proceso de producción, transporte o procesamiento, o se echan a perder en el frigorífico. Asimismo, hay que calcular cuánta de la harina de pescado y de los cereales producidos se utilizan para alimentar al ganado o a los autos. 

Desperdiciamos alimentos antes de que lleguen a podrirse. Más aún, en los Estados de la OCDE (y cada vez más en los países del Sur) se “desperdicia” cerca de un cuarto de las calorías consumidas, que son consumidas de forma innecesaria y contribuyen a la obesidad.

La inevitable conclusión es que la cadena alimentaria industrial es extremadamente ineficaz. Tan solo alimenta parcialmente a los habitantes de los países industrializados, y no deja casi nada para el resto del mundo. La cadena alimentaria industrial sólo nos proporciona el 30 por ciento de lo que necesitamos consumir.

“La inevitable conclusión es que la cadena alimentaria industrial es extremadamente ineficaz.”

La tabla que aparece a continuación resume y actualiza nuestro informe ¿Quién nos alimentará?, de 2009, disponible en www.etcgroup.org. Las fuentes referenciales están disponibles en este informe y en su próxima continuación.

El principio más básico de políticas en situación de crisis es no estropear lo que ya funciona. El segundo principio es el ser guiado por las personas más afectadas, los campesinos. Ellos son quienes cultivan los alimentos y tienen acceso a la diversidad que el mundo necesita para sobrevivir a los retos que están por llegar. Esta es la razón por la que el Comité de la ONU/FAO sobre Seguridad Alimentaria Mundial es tan importante. Aparte de los gobiernos y las organizaciones multilaterales, las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos campesinos también están presentes en la mesa de negociaciones. Lo único que no pueden hacer los campesinos es votar a la hora de tomar decisiones.

“Los campesinos africanos esclavizados hicieron contrabando con casi 50 cultivos diferentes cuando fueron enviados en barco a las Américas.”

Los campesinos aportan recursos únicos a la mesa de negociaciones y necesitan apoyo para presentarlos. Durante el primer siglo de la era colonial –en la que no había trenes ni telegramas, y mucho menos blogs o Twitter–, los campesinos adaptaron el maíz maya a casi todas las regiones de cultivo de África, mientras que, por su parte, los campesinos asiáticos tuvieron el mismo éxito con las batatas. A su vez, los campesinos africanos esclavizados hicieron contrabando con casi 50 cultivos diferentes cuando fueron enviados en barco a las Américas.

El intercambio colombino de especies que tuvo lugar hace 500 años estaba precedido por el comercio de los árabes y, todavía con mayor anterioridad, la Ruta de la Seda y los senderos tradicionales que utilizaban los agricultores promovieron el intercambio de semillas, cultivos y ganado entre y a lo largo de Eurasia y África. Más recientemente, en 1849 el Gobierno de Estados Unidos empezó a enviar gratuitamente paquetes de semillas experimentales a las comunidades que se establecían al oeste del río Misisipi con el objetivo de poner en marcha la producción de cultivos. En 1897, se habían enviado más de 20 millones de paquetes de semillas exóticas experimentales cada año. Este exitoso experimento acabó su andadura a finales de la década de 1920, cuando las empresas de semillas se dieron cuenta de que la distribución llevada a cabo por el sector público estaba afectando a los beneficios del sector privado.

Necesitamos volver a desarrollar este tipo de intercambio de semillas para poder abordar el cambio climático. Durante las últimas seis décadas, los campesinos han contribuido con al menos dos millones de variedades de especies vegetales desarrolladas localmente a los bancos de genes más importantes del mundo, para su almacenamiento. Los campesinos son también responsables de la reproducción y protección de casi 8.000 variedades raras de 40 especies pecuarias. Los bancos de genes, de prioridad política, deben reproducir las variedades creadas por los campesinos y ponerlas gratuitamente a disposición de las organizaciones de campesinos que las soliciten.

“Los campesinos han contribuido con al menos dos millones de variedades de especies vegetales desarrolladas localmente a los bancos de genes más importantes del mundo.”

Si queremos sobrevivir al cambio climático, debemos adoptar políticas que permitan a los campesinos aumentar la diversidad de especies vegetales y animales que componen nuestros menús. Será necesario llevar las plantas y las especies pecuarias a los lugares que presenten las condiciones que permitan su desarrollo. Por supuesto, existen consideraciones fitosanitarias, por lo que se necesitará el apoyo de la FAO y posiblemente del Convenio sobre la Diversidad Biológica. 

Las únicas personas con el conocimiento y la paciencia necesarios para experimentar con los cultivos y el ganado son los campesinos. Ellos necesitarán un cambio fundamental en la maquinaria regulatoria, incluyendo los regímenes de propiedad intelectual, que les permitan intercambiar y desarrollar semillas y razas, entre ellos, en todo el mundo.

El resto de nosotros, debemos unirnos urgentemente a todos los niveles de la cadena alimentaria para ver cómo podemos colaborar. Con el avance de la tecnología de los teléfonos móviles en todos los continentes, nuestra capacidad colectiva para intercambiar información nos permite estar al par de las energías innovadoras de los campesinos.

Lee el ensayo: ¿Quién nos alimentará? 

La Tabla: Cadena vs Tejidos Alimentarios