Filipinas: ¿No saben que ha llegado la Navidad?

Caroline Gluck

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Oxfam Great Britain, Oficial de Prensa
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En Filipinas, un país fuertemente católico, los primeros signos de la Navidad aparecen meses antes de las fechas señaladas: los villancicos suenan en todas las tiendas, los árboles ya están decorados, Papá Noel y sus renos de neón multicolor están colgados fuera de las tiendas y plazas. Es difícil escapar de este ambiente recargado.

Pero en la provincia del Valle de Compostela, en la isla de Mindanao (sur de Filipinas), no hay signos evidentes de que una de las festividades religiosas más populares del calendario del país esté a solo días de distancia.

En su lugar, el paisaje es de devastación total. Kilómetros de plantaciones de banana y coco arrasados, árboles caídos, casas y edificios públicos destruidos. Los daños causados por el tifón Bopha han sido inmensos. [A 14 de diciembre] El último recuento de muertos asciende a 906, y 932 personas aún figuran como desaparecidas. Las autoridades filipinas estiman que solo los daños agrícolas se sitúan en 235 millones de dólares.

Las familias han quedado totalmente traumatizadas, aún intentan hacerse la idea de que lo han perdido todo. Decenas de miles de personas siguen refugiadas en centros de evacuación temporal. Su mayor problema ahora es conseguir suficiente comida y agua, cómo reparar o construir de nuevo sus casas, y se enfrentan a un problema aún más preocupante: ¿cómo van a subsistir durante los próximos meses y años? ¿Qué van a hacer cuando la respuesta de humanitaria desaparezca? ¿Cómo van a ser capaces de reconstruir sus vidas, sin perspectivas inmediatas de conseguir trabajo?

Las zonas más devastadas nunca antes había vivido un tifón, a pesar del hecho de que Filipinas experimenta una media de 20 tifones al año. Fue una de las razones por las que las plantaciones de frutales se establecieron en esta parte del país, ya que se consideraba a salvo de los violentos vientos y tormentas que a menudo afectan otras partes de Filipinas. 

"Mis cultivos están destruidos. Las plantaciones de coco tardarán más de seis años a recuperarse. Ha manifestado Epifanio Apsay Senior, de 80 años, desde un centro de evacuación en New Bataan, en el Valle de Compostela. 

"Estamos muy preocupados por el futuro. El apoyo que estamos recibiendo ahora no durará mucho tiempo. Vamos a tardar años en recuperarnos, no tenemos nada. Necesitamos ayuda a largo plazo, sobre todo para encontrar trabajo."

Oxfam y sus cuatro socios humanitarios en las Filipinas, que trabajan bajo la organización paraguas conocida como el Consorcio de Respuesta Humanitaria (HRC, por sus siglas en inglés), están proporcionando ayuda humanitaria inmediata: garantizan agua limpia y segura para beber, han construido letrinas provisionales en los centros de evacuación , distribuyen kits de refugio, higiene y agua y promueven medidas  de higiene básicas con el objetivo de frenar la proliferación de enfermedades transmitidas por el agua.

Algunas familias que viven en centros de evacuación en algunas áreas en las que Oxfam y sus socios están trabajando también han recibido dinero en efectivo por valor de 1.500 pesos (30 dólares). Esta pequeña ayuda económica les permite comprar algunos alimentos y materiales de primera necesidad para los próximos días.  

"Con este dinero, voy a comprar algunas tablas para reparar el tejado, materiales de construcción, medicinas y ropa para los niños. Estoy muy contenta de recibir este dinero",  ha dicho Marites Oyo, de 38 años y madre de 5 niños. 

"Nuestra casa está totalmente destruida y aún estamos inundados.  Si miras a la izquierda no hay nada. La granja fue totalmente arrasada. Trabajábamos  de jornaleros, no tenemos tierra propia y ahora encontrar trabajo va a ser muy difícil. "

Encontramos a Marites en un estadio municipal rodeada de familias con pequeños fardos, todo lo que les queda después de las inundaciones. Nos comenta que no piensa en la Navidad. "Después del tifón, no me parece apropiado celebrar la Navidad. Vamos simplemente a rezar para que este tipo de desastres no vuelvan a ocurrir jamás. " 

Carmelito Gapo, de 45 años,  también está refugiado en este centro. Solía trabajar como jornalero en una plantación de bananas. "No tiene sentido la celebración. No tenemos trabajo y no habrá ningún trabajo en el futuro inmediato. Nuestro "regalo" de Navidad ha sido el tifón Pablo ", bromea con ironía.

Sin embargo, nos confiesa que aún es muy religioso "Sí, yo todavía voy a la iglesia a rezar. A pesar de todo, todavía estamos agradecidos de que estamos vivos."Mis hijos son muy comprensivos.  Se dan cuenta de que no será la Navidad de antes. Se lo he explicado. Antes me encargaba de darles todo lo que necesitaban y les hacía ilusión, pero este año no tendremos nada. Es la peor Navidad a la que nos enfrentamos". 

Corazón Pedrico, madre de dos niños, perdió su casa y una pequeña tienda  cuando el tifón pasó por su barrio. Nos admite que tiene otras cosas de qué preocuparse."No vamos a organizar nada, ¿qué hay que celebrar?"No sé cómo vamos a salir adelante ahora. Perdí la tienda, y me preocupa cómo cuidar a los niños. ¿Cómo van a ir a la escuela? No tienen ni los uniformes escolares. Lo hemos perdido todo ".

 

Mas información

Tifón Bopha en Filipinas - El trabajo de Oxfam