La agricultura a gran escala está provocando que numerosos campesinos indígenas sean expulsados de sus tierras. Foto: Pablo Tosco/Oxfam
La agricultura a gran escala está provocando que numerosos campesinos indígenas sean expulsados de sus tierras. Foto: Pablo Tosco/Oxfam

Precio, beneficio: la venganza es muy cara

2 Julio, 2013 | General

Bartomeu Meliá es un sabio mallorquín, jesuita de 81 años, que vive rodeado de libros. Sólo su biblioteca particular en la ciudad de Asunción, en Paraguay, donde llegó en 1954, dispone de más de 14.000 volúmenes dedicados exclusivamente al mundo guaraní, que es su especialidad.

Premio Bartolomé de las Casas, Meliá no es sólo un hombre de letras, ya que a su afición por los libros, las lenguas indígenas y la escritura, se suma un extenso trabajo de campo que pudo saborear su momento más feliz cuando, gracias al general Stroessner, que lo expulsó del país -"Este hombre que se preocupa por los indios solo hace que molestar ", decía el dictador-, tuvo la oportunidad de vivir con un grupo indígena recién contactado, los Enawuene Nawe (que hay que traducir como He Aquí Hombres Auténticos). “Estuve tres años. Vivía como ellos. Me pintaba cada día e iba complemente desnudo, sólo con las gafas puestas…”. Meliá contactó con este grupo acompañando a Vicente Cañas, también jesuita, que se quedó para morir en 1987, cuando los terratenientes lo hicieron asesinar porque les molestaba. 

El genocidio que empezó en 1537 con la conquista, dice Meliá, ha continuado durante los últimos 400 años y continúa ahora con la expulsión de los indígenas y campesinos de sus tierras para dedicar al cultivo a gran escala. La dependencia que hoy tiene el país a los terratenientes y los extranjeros es incluso mayor e igual de destructiva, afirma Meliá, que la que había antes de la independencia, en 1811.

Para darse cuenta de la catástrofe, argumenta, sólo hay que utilizar el sentido común: si cada día que pasa el uso de la tierra está en poder de menos personas, si incluso hay terratenientes, como el caso de un tal Favero, que sobrepasan el millón de hectáreas, ¿de dónde salen las tierras? ¿Qué está pasando con los centenares de miles de indígenas y campesinos que viven y que hoy están condenados a la miseria?

Este nuevo genocidio -Meliá habla de genocidio y de otros occidios, como son el ecocidio, el etnocidio- se está haciendo con un cinismo sin medida, ya que, como pasó con la conquista, también se hace en nombre del progreso, de la "civilización". Volviendo al sentido común, he aquí otro hecho sorprendente: el aumento de la riqueza que produce el país hasta situarlo entre los primeros países del mundo en crecimiento –un 14% anual- se hace sin que los ganaderos y sojeros paguen impuestos. "¡Se lo llevan todo!”, exclama Meliá.

“El sistema está diseñado para que la riqueza sirva cada vez para menos personas”. ¿Es precisamente este hecho el que tanto seduce a los inversionistas extranjeros y que hace que, esta semana, Rajoy y los dirigentes de la UE quieran recibir con alfombra roja al nuevo presidente elegido después de un golpe de estado parlamentario que depuso al antiguo obispo Lugo, un hombre que podía ser un peligro para la agroindustrial y el capital extranjero?

Meliá vuelve al mundo guaraní para explicar la dimensión de la tragedia, el cinismo y la crueldad de esta nueva colonización: para el guaraní, la tierra es la tekoha; teko quiere decir manera de ser, de estar, costumbre: la tierra, por tanto, no es sólo un sistema de producción, es el espacio de vida según nuestra manera de ser. Sin tierra no hay teko. El sistema económico guaraní se basa en el jopói, que quiere decir manos abiertas, reciprocidad; el trabajo crea las condiciones para la vida social y la fiesta. En guaraní precio es dice tepy, que quiere decir venganza. Cuando dice "Es muy caro", hepy eterei, dicen literalmente "La venganza es muy cara", es un sistema de reciprocidad negativa. 

Sin jopói, el crecimiento de la economía de mercado regida por el precio nos condena al tepy, la venganza destructora que significa el beneficio inmenso de un pequeño grupo en perjuicio del bien común. Terratenientes, narcotraficantes, depredadores, ecocidas, genocidas, evasores de capital: el peor modelo, la gran pasión civilizadora del siglo XXI.

Publicado orginalmente el 23/06/2013 en el diario ARA

Más información:

El trabajo de Oxfam en Paraguay

Los derechos de los índegenas y las minorías

Permalink: http://oxf.am/Usk