La desigualdad revierte los progresos realizados en la lucha contra la pobreza

Blog mensaje deWinnie Byanyima

Oxfam International, directora ejecutiva
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Mi único mensaje para los Gobiernos que esta semana se reunirán en la sesión especial de Naciones Unidas para hacer un balance de los progresos realizados en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y negociar un proyecto para el desarrollo global es que sólo enfrentándose sin tapujos a la desigualdad se podrá acabar con la pobreza.

Los ODM han sido una importante fuerza motor para el progreso en el ámbito del desarrollo durante los últimos 13 años. Han conseguido unir a Gobiernos, donantes y sociedad civil tras un propósito y unas metas comunes e inspirado grandes éxitos.

El primer objetivo, reducir la pobreza extrema a la mitad, se ha logrado. El hecho de que tantas personas hayan conseguido salir de la pobreza extrema en un periodo de tiempo tan corto es un logro que debemos celebrar. Pero no es ni mucho menos el único:

  • En el África subsahariana, un 41% menos de mujeres mueren durante el parto de las que lo hacían hace dos décadas.
  • La tasa de mortalidad de los menores de cinco años se ha reducido de forma drástica en Ruanda, Liberia, Madagascar, Malawi, Níger y Etiopía. Los esfuerzos realizados para combatir enfermedades están dando sus frutos salvando vidas.
  • A nivel global, se ha producido una disminución del 25% en el número de muertes provocadas por la malaria. En  África, el porcentaje asciende al 33%.

Estos son grandes éxitos que debemos aplaudir.

Son grandes logros resultado de los rápidos progresos realizados en muchos países en los que ha habido estabilidad y un crecimiento equitativo.

Sin embargo, en el mundo, más de 1.000 millones de personas aún viven con menos de 1,25 dólares al día y la mayor parte de los ODM están lejos de alcanzarse. Los progresos han sido escasos o inexistentes allí donde el conflicto se prolongaba o donde el crecimiento ha sido profundamente desigual.

La pobreza a nivel mundial está disminuyendo pero, en un país tras otro, la desigualdad aumenta. Miles de millones de personas están siendo dejadas de lado por el crecimiento económico. Existe un consenso cada vez más amplio que sostiene que los elevados niveles de desigualdad no son sólo moralmente inaceptables sino que también menoscaban la estabilidad social y el crecimiento en sí mismo.

Es necesario afrontar estos retos sin tapujos. La mayor omisión de los primeros ODM fue la elaboración de un plan para reducir la desigualdad. Sin esfuerzos específicamente dirigidos a reducir la brecha entre personas pobres y ricas, los próximos objetivos de desarrollo globales serán con certeza inalcanzables. Por este motivo, es necesario incluir en la próxima estrategia marco para el desarrollo global un objetivo orientado específicamente a hacer frente a la desigualdad.

Mientras, los Estados miembros de Naciones Unidas deben volver a trabajar en los ODM. Demasiados Gobiernos están recortando sus inversiones en desarrollo humano. Muchos se centran en los planes "post-2015" en lugar de acelerar las acciones para alcanzar los objetivos actuales. Mientras, la ayuda para los países más pobres decrece. El pasado año, la ayuda oficial al desarrollo disminuyó en 5.360 millones de dólares.

La comunidad internacional debe emprender medidas audaces para garantizar recursos suficientes para hacer de los ODM un éxito. Para empezar, los países ricos deben cumplir los compromisos adquiridos en materia de ayuda al desarrollo. También deben recaudar fondos adicionales combatiendo la evasión fiscal corporativa que cada año despoja a los países pobres de miles de millones e introduciendo mecanismos de financiación innovadores como la tasa a las transacciones financieras.

Acabar con la pobreza extrema es posible. Ahora es el momento de elaborar un nuevo acuerdo más justo para las personas pobres de todo el mundo.

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