La fiebre del azúcar en Brasil destruye los medios de vida tradicionales

Caroline Gluck

Blog mensaje por Caroline Gluck

Oxfam Great Britain, Oficial de Prensa
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El jefe de la aldea, Ezequiel Joâo Kaiowá, me lleva hasta un claro del bosque situado en las tierras ancestrales de su tribu conocidas como Panambi-Lagoa Rica, en el estado de Mato Grosso do Sul, en el suroeste de Brasil. Significa "bosque espeso del sur" pero, sin embargo, hoy en día queda poco de ese espeso bosque; un desastre para las poblaciones indígenas de Brasil, cuya cultura y forma de vida tradicional ha dependido durante siglos de esas tierras.

El jefe Ezequiel señala al suelo: hay madera carbonizada, piezas metálicas y restos quemados esparcidos por todas partes. Aquí estaba su casa. Los cimientos de madera aún se mantienen en pie. Me muestras un trozo de madera: "Esto era de la televisión", dice.

Su familia tiene suerte de estar viva. Durante muchos años, el jefe Ezequiel y su comunidad han estado luchando por sus derechos legales sobre estas tierras ancestrales. Se trata de un proceso largo que les ha enfrentado a poderosos intereses políticos y empresariales.

La Constitución de Brasil reconoce y garantiza los derechos tradicionales de las comunidades indígenas sobre sus tierras. Sin embargo, en la práctica, estos derechos son ampliamente ignorados. "La Constitución está de nuestra parte", me dice otro líder indígena unos días más tarde. "Tenemos nuestros derechos. Pero no se respeta la Ley".

El rápido crecimiento de la industria azucarera es una parte importante del problema. El jefe Ezequiel cree que quemaron su casa porque él lideró las protestas contra la producción de caña de azúcar en las tierras de sus ancestros.

El azúcar es un negocio muy importante en Brasil. Sólo en Mato Grosso do Sul, entre el año 2007 y el año 2012, la superficie de tierra dedicada a la producción de caña de azúcar se ha más que triplicado. Muchos de los ingenios suministran azúcar a grandes empresas de alimentación y bebidas.

La fiebre del azúcar

Desgraciadamente, los problemas a los que se enfrentan el jefe Ezequiel y su comunidad no son un caso aislado. Oxfam ha publicado esta semana, en el marco de su campaña Tras la marca, un nuevo informe titulado La fiebre del azúcar en el que muestra como la producción de azúcar y de otros cultivos comerciales –como la soja o el aceite de palma– fomentan el fenómeno del acaparamiento de tierras en todo el mundo en desarrollo.

Oxfam hace un llamamiento a las grandes empresas productoras y consumidoras de azúcar –Coca Cola, PepsiCo y Associated British Food– para que emprendan acciones para garantizar que no se producen casos de acaparamiento de tierras en sus cadenas de suministro.

En el municipio de Ponta Porã, en Mato Grosso do Sul, casi 9.000 hectáreas de tierra han sido declaradas territorio indígena bajo el nombre de Jatayvary. Pero esto no ha impedido que los agricultores sigan ocupando la tierra y desbrozándola para cultivar caña de azúcar. Tampoco ha evitado que un ingenio de azúcar cercano, propiedad del gigante americano de la industria de la alimentación Bunge, compre caña de azúcar procedente de estas tierras.

Coca-Cola compra azúcar de Bunge en Brasil. Mientras el gigante del sector de las bebidas dice que no compra azúcar de este ingenio de azúcar en concreto, este caso evidencia que no está haciendo lo suficiente para asegurase de que las actividades de sus proveedores no provocan acaparamientos de tierras.

Durante la época de la cosecha, los camiones trabajan día y noche, produciendo contaminación y provocando accidentes de tráfico en los que, en algunos casos, se han visto implicados menores. Los pesticidas utilizados en las plantaciones de azúcar y esparcidos por el aire han causado problemas sanitarios como infecciones respiratorias o cutáneas y diarrea aguda. El desgaste psicológico que ha supuesto la pérdida de estas tierras ancestrales y la destrucción del bosque ha provocado suicidios entre algunos miembros de la comunidad.

"Todo ha sido desbrozado"

Edilza Duarte, miembro de la comunidad Guaraní-Kaiowá que ocupa una zona limítrofe con una de las plantaciones de azúcar, se preocupa por cómo afectará a su familia la pérdida de las tierras y teme por la salud y el futuro de sus dos hijos. "Han acabado con nuestra cultura", dice.

"Antes había bosque y podíamos cazar. Ahora todo ha sido desbrozado. No nos queda nada que comer. Y no hay nada que cazar o que pescar. Han echado veneno y lo han matado todo".

Cuando llegamos, el marido de Edilza, Silvino Vargas Savala, acaba de volver con un jabalí salvaje que ha apresado tras un día de caza. Las familias solían ser autosuficientes pero la pérdida de sus tierras y de las plantas y de los árboles nativos hace que subsistir sea casi imposible. Silvino ha tenido que mudarse a otra ciudad para encontrar trabajo y sólo vuelve a casa en su día libre para ver a la familia. Irónicamente, trabaja para otra empresa azucarera. Dice que las explotaciones que suministran azúcar a Bunge se niegan a contratar a personas de su tribu.

Su mujer nos cuenta lo difícil que le resulta criar a su familia sola y le entristece el impacto que la producción de caña de azúcar está teniendo en la comunidad.

"Han acabado con nuestra realidad y nos han diezmado", cuenta. "Son tan grandes que no podemos hacer nada contra ellas. [Pero] hay que hacer algo para que dejen de hacernos tanto daño".

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Conoce la campaña Tras la Marca

Lee el informe La fiebre del azúcar

Lee el blog Coca-cola, PepsiCo y ABF: aseguraros de que el azúcar que compráis no provoque acaparamientos de tierra.