Resurgir de entre los escombros en Filipinas

Joel M Bassuk

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Oxfam International, Coordinador web
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Por Cherian Matthews, Director Regional de Oxfam en Asia

Acabo de volver de visitar las zonas devastadas por el tifón en Daanbantayan y la isla de Bantayan, en la provincia de Cebú (Filipinas). Cuando llegué, las imágenes de la destrucción sufrida no paraban de repetirse en mi cabeza, con los rostros desamparados de mujeres, niños, niñas y familias que la televisión no paraba de mostrar. Pero he vuelto lleno de inspiración y conmovido por la resiliencia demostrada por las comunidades afectadas, las agencias gubernamentales y los voluntarios y voluntarias. En las zonas que he visitado, las personas se están recuperando rápidamente de la tragedia causada por el tifón Haiyan.

Nada más llegar al aeropuerto de Cebú, me dirigí junto a mis compañeros a Daanbantayan donde Oxfam iba a distribuir ayuda. A medida que atravesábamos el país, me daba cuenta de la magnitud del desastre: árboles arrancados de raíz, casas destruidas, postes eléctricos caídos, iglesias sin tejado... Parecía que los vientos huracanados lo habían barrido todo. Y, sin embargo, los miembros del departamento del Gobierno encargado del suministro de electricidad parecían decididos a trabajar sin descanso para reparar los daños.

Grupos de personas despejaban las carreteras, cortaban las ramas rotas de los árboles y quemaban los escombros acumulados. Las personas reconstruían sus casas, algunos agricultores volvían a labrar sus campos y los pequeños mercados y algunos negocios bullían de actividad. Hombres, mujeres, niños y niñas volvían a sus casas desde los centros de distribución con artículos de ayuda en sus manos. Sus rostros reflejaban la determinación de luchar y reconstruir sus vidas lo más pronto posible.

Rostros de esperanza

Los rostros "desamparados" que había visto en la televisión fueron remplazados rápidamente por estas imágenes de "esperanza y dignidad". Es cierto que les llevará meses a las comunidades damnificadas recuperarse completamente de este desastre. Pero es un comienzo prometedor.

Cuando llegué al centro de distribución en PayPay (Barangay), situado en las instalaciones de una escuela municipal, vi como las mujeres y los hombres esperaban pacientemente en fila para recibir los kits con material de ayuda. Funcionarios locales y voluntarios ayudaban al personal de Oxfam a distribuirlos. Allí conocí a un joven veinteañero llamado Ian que gritaba dando instrucciones de forma enérgica y desenfadada. "Mi familia también se ha visto afectada por este desastre. Pero quiero ayudar a mi comunidad desde aquí. Presto apoyo al equipo de Oxfam en esta zona y, cuando puedo sacar algo de tiempo, vuelvo donde mi familia para ayudarles", me dijo con orgullo y entusiasmo.

El director de la escuela me contó que ésta había sido el refugio de muchas familias desde el tifón. Ahora, la mayoría ha vuelto a sus hogares aunque algunas aún no han podido hacerlo. "Estoy decidido a reabrir la escuela la próxima semana. En cierto modo, ayudará a los niños y a las niñas a superar esta tragedia. Al menos contribuirá a que haya un sentimiento de normalidad", afirmaba el director. Él y sus compañeros y compañeras se aseguran, junto a los funcionarios locales, de que las operaciones de ayuda se realicen sin alteraciones.

Para llegar a la isla de Bantayan, es necesario viajar en ferry durante más de una hora. Mientras esperábamos al ferry en el muelle, una mujer de más de sesenta años nos guió hasta su puesto donde vendía té. "Cuando llegó el tifón me refugié en este puesto. Mi casa ha quedado completamente destruida por eso ahora vivo en esta pequeña tienda", nos contaba mientras nos enseñaba un refugio provisional que había montado en su puesto de té. "Los primeros dos días no había ni agua ni electricidad. Tenía hambre y sed. Ahora que el ferry ha comenzado a funcionar de nuevo, el negocio ha mejorado", Me sentí conmovido por su amabilidad y sus muestras de esperanza a pesar de haber pedido su casa y sus pertenencias y encontrarse desplazada.

En la isla de Bantayan, conocí al señor Jose B. Esgana, alcalde del municipio de Santa Fe. Nos llevó hasta su oficina y nos explicó cuál había sido la magnitud de la destrucción en el área municipal. "Llegué al cargo en julio de 2013 y, desde entonces, estudiaba las diversas necesidades de desarrollo de la zona. Pero este desastre me ha sobrepasado. Necesito mucho apoyo de mi comunidad", pedía. Su mujer y su hija también estaban en la oficina. Le prestan apoyo para coordinar las distintas iniciativas de ayuda.

Recuperar medios de vida

"A medida que nos adentramos en la fase de recuperación, necesitamos más ayuda en forma de dinero en metálico y no en forma de bienes. Esto ayudará a la comunidad a recuperar por sí misma sus medios de vida y sus casas. También contribuirá a mejorar la economía local", añadió. El alcalde ha ofrecido a Oxfam un lugar en el que montar un centro de coordinación. Desde Oxfam estamos estudiando distintos programas de recuperación a largo plazo para poner en marcha en la isla con el objetivo de dar apoyo a las comunidades afectadas.

Tras esta visita me trasladé a Madridejos, otro municipio en el que Oxfam ha comenzado a distribuir kits de higiene. De camino, de nuevo me di cuenta de la magnitud de la devastación. Me llamó la atención ver toda una fila de granjas de aves. Me contaron que la isla de Bantayan, y en especial el municipio de Madridejos, es famosa por la producción de carne de ave. El tifón destruyó las jaulas de las gallinas, por eso las comunidades han comenzado a arreglar la parte superior de las jaulas.

En el centro de distribución, me uní a los miembros del personal de Oxfam y del voluntariado para prestarles apoyo en el reparto. Los miembros de la comunidad se acercaban y aceptaban los cupones de ayuda con una sonrisa. Mientras estuve allí, experimenté diversas emociones. Una mujer agarró mi mano y no paró de darme las gracias. Me dejó sin palabras. Yo pensaba que Oxfam era solo uno de los distintos canales disponibles para movilizar y distribuir la ayuda de generosos donantes. Esta mujer tenía derecho a recibir ayuda. Sin saber qué decir, le sonreí y dije "salamat po", que significa "gracias" en tagalo.

Aquella tarde me senté junto a los voluntarios y al equipo de Oxfam responsable de coordinar las operaciones de ayuda en los tres municipios principales de la isla de Bantayan. Analizamos el trabajo realizado y planificamos el del día siguiente. Cada una de las personas compartió los éxitos y los desafíos encontrados. Estaban agotadas pero, al mismo tiempo, podía ver una chispa en sus ojos al fijar objetivos para el día siguiente: el número de familias o personas a los que proporcionarían ayuda. Cuando acabe de escribir este post, Oxfam habrá proporcionado ayuda a 25.000 personas en las zonas afectadas por el tifón Haiyan.

Al día siguiente, dejé la isla de Bantayan. Sentado en el ferry, observé la isla que dejaba atrás y pude ver claramente a las personas de Bantayan poniéndose en pie, una vez más.

Publicado originalmente por Oxfam en Filipinas

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