Refugiados sirios: sobreviviendo gracias a la bondad de extraños

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Eso era la bondad de extraños. Cuando Aziz huyó del conflicto de Siria hacia el Líbano, oyó algo acerca de un granjero que permitió a refugiados sirios acampar en su tierra. “¿Cuánto es el alquiler por estar en su tierra?” pregunto a Aziz. "Nada”, me dice, “el agricultor no cobra nada”.

La tienda, hecha por el mismo Aziz con carteles de lona recuperados de viejas vallas publicitarias, está iluminada por una luz eléctrica. “¿Y cómo consigues la electricidad?” le pido. “Del agricultor, él deja que utilicemos su suministro eléctrico de forma gratuita”

"Haré lo que sea"

Aziz no puede encontrar trabajo, excepto alguna cosa ocasional de un día en el pueblo vecino. “¿Qué tipo de trabajo haces?”. “Nada", me dice, haré lo que sea. Cavaré la tierra con las manos desnudas si esto me ayuda a cuidar de mis hijas.”

Aziz quiere volver desesperadamente: “si solo fuera por mí, habría tratado de quedarme y trabajar allí.” Pero por la seguridad de sus hijas, no puede. Y por eso se queda, dependiendo de la generosidad de un agricultor que no puede rechazar a alguien que llega en situación de necesidad.

Sin recursos ante el frío

Aziz es uno de los afortunados. En otro campamento, conocí a Hadoud. Desde su llegada al Líbano, huyendo de Siria, él ha vivido en un edificio que, originalmente, fue construido como un gallinero. Toda su familia –desde su hija de un año hasta su madre de 70- vive en una habitación. Tienen que pagar un alquiler de 100 dólares al mes a los propietarios, una cantidad que no pueden permitirse. Han utilizado todos sus ahorros y ahora me dicen que “compran la comida mediante deuda." Hace frío en el valle de Bekaa, pero esta familia no puede permitirse un calentador y sólo tienen mantas para abrigarse.

“Los niños van a la escuela”, le pregunto. “No”, me dice Hadoud, “Los sacamos. Los maestros los golpeaban y les hacían vaciar la papelera en lugar de dar clase. Los maestros nunca hicieron esto a los niños de este país. Solo a los niños sirios…”- en este punto, el cooperante que me traduce, que es del Líbano, hace una pausa. Sus ojos están húmedos; recupera la compostura, traga y continua- “Ellos escogían solo los niños sirios para salir de clase para vaciar la papelera. No podíamos mantenerlos en esa escuela”.

Un desafío para la comunidad internacional

Hay más de un millón de refugiados sirios en el Líbano. La ayuda internacional carece crónicamente de fondos en toda la región. Hay una clara necesidad de hacer más para ayudar al Líbano a hacer frente a la situación. Los desafíos son desafíos para la comunidad internacional, en conjunto. Podríamos preguntarnos cómo alguien puede echar a los niños de Hadoud de las clases, pero es que somos todos nosotros, colectivamente, los que lo hemos hecho.

“La madre de Hadoud quiere darte su café”, dice mi traductor, “pero yo le dije que no, que tienes que irte. Ellos no pueden permitirse acogerte como quisieran. No quiero avergonzarles”.

Pero entonces, llega el café. “Lo han hecho igualmente. Insisten en darnos la bienvenida.” Nos sentamos y bebemos café y la conversación gira hacia “casa”. “Nosotros iremos a casa, inshallah,” dice Hadoud, “iremos a casa pronto. Y entonces debéis visitarnos allí, en Siria, en Siria.”

Una responsabilidad colectiva

Pero por ahora, ellos deben quedarse. Y cada día llegan más refugiados. Cómo gestionar estos movimientos de gente en una situación volátil es complejo, muy complejo. Y la comunidad internacional no puede esperar que los países vecinos de Siria lo afronten sin apoyo, deben gestionarlo juntos. Es la crisis humanitaria de nuestro tiempo, una responsabilidad colectiva, y requiere una respuesta colectiva.

Pero, mientras la comunidad internacional analiza cómo incrementar la respuesta humanitaria, lo que parece menos complejo son los principios de la familia que no tiene nada y ofrece café, del granjero que arrienda su tierra de forma gratuita, del traductor que no puede obligarse a decir lo que se ha dicho.

Es la bondad de los extraños.

Más información

Haz un donativo para la respuesta de Oxfam para la Crisis de Siria

Blog (solo en inglés): Syria peace talks: After 1,000 days of conflict, a glimmer of hope?