Gobernar para las élites: desigualdad y amenaza para la democracia

Blog mensaje deWinnie Byanyima

Oxfam International, directora ejecutiva
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La economía global está emergiendo fuerte de la crisis financiera. Sin embargo, la mayor parte de las personas del mundo continúan exentas de la oportunidad de mejorar sus vidas y prosperar. Cada vez más, una pequeña élite acapara la mayor parte de los beneficios que brinda el crecimiento económico. Vivimos en un mundo en el que las 85 personas más ricas acumulan tanta riqueza como la mitad más pobre de la población del planeta.

En Estados Unidos, el aumento de los ingresos del 1% más privilegiado de la población ha alcanzado su nivel máximo desde la Gran Depresión. En la India, el número de multimillonarios se ha multiplicado por diez en la última década. En Europa, las personas en situación de pobreza siguen enfrentándose a los efectos de las políticas de austeridad mientras enriquecidos inversores se benefician de los planes de rescate públicos a los bancos. En la última década, África ha experimentado un crecimiento impresionante de sus recursos pero la mayor parte de su población continúa teniendo dificultades a diario para acceder a alimentos, agua potable y asistencia sanitaria.

Una gran preocupación a nivel internacional

El drama de la desigualdad ha escalado puestos en la agenda internacional. El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, la ha convertido en una cuestión prioritaria para su Administración en 2014. También el FMI afirma que en demasiados países sólo unas muy pocas personas disfrutan de los beneficios del crecimiento económico. El Foro Económico Mundial, que se celebra esta semana en Davos, ha advertido que la desigualdad es la principal amenaza para el progreso humano y que está afectando a la estabilidad social y hace peligrar la seguridad en el ámbito internacional.

Es bien sabido  que la concentración extrema de riqueza no sólo es moralmente cuestionable sino que, además, dificulta el crecimiento económico a largo plazo, impidiendo la reducción de la pobreza. Lo que también se debe reconocer ahora es que la desigualdad de ingresos extrema es también peligrosa, ya que amenaza con socavar la gobernanza democrática.

El poder político beneficia a los más ricos

En Oxfam trabajamos desde hace 70 años para combatir la pobreza y la injusticia en más de 90 países. Hemos sido testigos de primera mano de cómo las personas y los grupos más pudientes se reparten el poder político en detrimento del resto de la sociedad. Una concentración masiva de recursos supone una grave amenaza para los sistemas políticos y económicos inclusivos.

Tanto en los países ricos como en los pobres, sólo las personas más acaudaladas y sus hijos se benefician de los tipos impositivos más bajos, de la mejor educación, de la mejor atención sanitaria y de la posibilidad de ejercer influencia. Sin un esfuerzo coordinado para abordar la desigualdad, esta cascada de privilegios para unos y de desventajas para otros seguirá fluyendo durante generaciones y la igualdad de oportunidades será sólo un sueño.

Reducir la desigualdad extrema es factible

La desigualdad extrema no es inevitable. De hecho, se puede revertir rápidamente y existen evidentes casos de éxito. Durante las tres décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y Europa consiguieron reducir la desigualdad y crecer de forma próspera. La recientemente aprobada ley para la gestión de los ingresos provenientes del petróleo en Ghana es un buen ejemplo de cómo normas específicas pueden promover una prosperidad común. En la última década, en Latinoamérica se ha conseguido reducir la desigualdad de forma significativa a través de políticas fiscales progresivas, servicios públicos, protección social y empleos dignos. La clave de estos progresos reside en políticas que representan a una mayoría y no sólo a una pequeña minoría.

Los Gobiernos deben acabar con la opacidad financiera que permite ocultar billones en paraísos fiscales e invertir más en una educación y una asistencia sanitaria universales. Juntos, deben trabajar en pos de un objetivo común global: acabar con la desigualdad extrema en todos los países. Por su parte, la élite económica no debe utilizar su riqueza para obtener favores políticos que supongan un menoscabo de la voluntad política de sus conciudadanos. Deben ser obligados a hacer públicas sus inversiones y a garantizar que proporcionan empleos y salarios dignos a través de las empresas que poseen o controlan.

Juntos, por el bien de todo el mundo, tenemos que revertir esta peligrosa tendencia que amenaza con acabar con los progresos logrados en largas y duras batallas contra la pobreza y la injusticia.

*Winnie Byanyima es la directora ejecutiva de Oxfam Internacional y participa en el Foro Económico Mundial en Davos.

Más información

Descárgate el informe: Gobernar para las élites.Secuestro democrático y desigualdad económica.

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