Sudán del Sur: un hilo de esperanza entre tanta violencia

Aimee Brown

Blog mensaje por Aimee Brown

Oxfam Great Britain, Asesora regional de medios y comunicaciones
Comparte esta página: 

"No podríamos volver a nuestras casas ni aunque llegara la paz. No es seguro". 

Estas palabras me las dijo una abuela que conocí en un campo de desplazados internos en Sudán del Sur y evidencian las incongruencias tan grandes que existen en esta joven nación. También son una muestra de los retos que es necesario superar para devolver a este país a la situación en la que se encontraba antes del pasado 15 de diciembre y – siendo aún más optimistas– a la senda del desarrollo.

Se estima que la violencia de las últimas siete semanas ha dejado más de 10.000 víctimas mortales y ha obligado a casi un millón de personas a abandonar sus hogares. A falta de un mes para la llegada de la estación de lluvias, el 2014 se presenta terriblemente inhóspito para Sudán del Sur, a menos que se le proporcione la ayuda que precisa y de forma urgente. De lo contrario, se prevé que las cosechas se pierdan y muera más ganado, lo que reduciría aún más las importantes fuentes de alimento de sus 12 millones de habitantes. Naciones Unidas ha advertido que 3,2 millones de personas están en riesgo de padecer inseguridad alimentaria para el próximo mes de junio. 

Grandes retos por delante

Pero, a pesar de este panoramatan desalentador, aún es posible encontrar motivos para la esperanza. La violencia étnica que hace que varios miles de personas tengan que vivir en campos y asentamientos provisionales no es generalizada. Curiosamente, casi todas las personas a las que he conocido desde que llegué a Sudán del Sur me han contado historias de personas de la etnia dinka que protegen a sus amigos nuer en sus propias casas, o de familias nuer que acogen a personas dinka que han huido de los enfrentamientos. 

Incluso si se trataran de excepciones y no de la tónica general, estos casos son una muestra de que es posible superar la reciente y a la vez larga historia de violencia, dolor y pérdida y encontrar un camino común hacia la paz en este país, el más joven del mundo. 

Conseguir leña es cada vez más complicado en el campo de desplazados de Mingkamen, Sudán del Sur.  Foto: Aimee Brown/Oxfam

Es necesario un cambio de mentalidad

Este es el mensaje de la sociedad civil, tanto dentro como fuera de Sudán del Sur. Una sociedad civil que quiere ser incluida en los debates políticos que tienen lugar en Addis Abeba entre el presidente Kiir y los representantes de Reik Machar y usar las redes comunitarias entre los pueblos y las ciudades en Sudán del Sur para animar a las personas a hablar de reconciliación en lugar de represalias. 

Tan sólo con un cambio de mentalidad como este se logrará un cambio real.

Por ahora, las familias que he conocido hacen cuanto pueden con lo poco que han recibido gracias a la ayuda humanitaria. La inmensa mayoría ha abandonado sus hogares con tan lo puesto y carecen de medios para ganarse la vida, y mucho menos para comprar alimentos u otros artículos básicos. 

Gratitud y compromiso

Me conmueve el sentimiento de gratitud que expresan hacia Oxfam por haberles proporcionado agua, letrinas y otros servicios. Muchas de estas personas han sufrido la pérdida de seres queridos y el trauma del conflicto. Sin embargo, quieren dar las gracias por el apoyo recibido en los últimos dos meses. 

También estoy impresionada por el compromiso del personal de Oxfam y de otras personas que colaboran con la organización. Durante mi visita también conocí a una mujer –otra abuelita– que huyó de su hogar con sus seis hijos y nietos y ahora trabaja como encargada de las letrinas. Antes de que estallara el conflicto, trabajaba para el servicio de mensajería del condado. Ahora se enorgullece discretamente de mantener las letrinas tan limpias como el día en el que se construyeron. 

"Oxfam construyó estas letrinas pero me ocupo de ellas como si fueran mías. Si están limpias y los niños y niñas saben cómo lavarse las manos, no caen enfermos. Por eso es tan importante mantenerlas en buenas condiciones", dice.

Las necesidades son enormes. De hecho, son tan grandes que a veces resulta difícil sentir que nuestro trabajo tienen impacto alguno. Pero testimonios como este nos hacen ver que el apoyo que proporcionamos marca una diferencia en las vidas de quienes lo reciben.

Más información

Blog: La lección de Deng Bol, refugiado sursudanés en Uganda

Crisis en Sudán del Sur - El trabajo de Oxfam