Cómo la agroindustria está fallando a los pequeños agricultores en América Latina

Stephanie Burgos

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Oxfam America, Asesora política senior
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Mientras las negociaciones internacionales sobre qué constituye una inversión agrícola responsable se pondrán en marcha en Roma el próximo mes bajo el auspicio del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) de la ONU, una de cada ocho personas todavía sufre de hambre. Hoy la inseguridad alimentaria no es simplemente un problema de suministro, sino de acceso. Así que las condiciones de la inversión son lo que más importa, sobre todo teniendo en cuenta que los propios agricultores - muchos de ellos pequeños productores - son los mayores inversores.

Mientras los negociadores de 193 países miembros consideran el borrador del texto sobre principios para promover  inversiones en la agricultura que contribuyan a la seguridad alimentaria, deben entender cuáles condiciones  pueden apoyar mejor a los pequeños agricultores y cuáles condiciones pueden, al contrario, socavar sus medios de vida.

Pequeños agricultores, grandes empresas 

El reciente aumento en la demanda de cultivos básicos (palma de aceite, soya y maíz) comercializados a nivel mundial ha desencadenado nuevas inversiones en tierra para monocultivos a gran escala. ¿Cómo estas grandes inversiones en tierra afectan a los pequeños agricultores? En un nuevo informe, La pequeña agricultura en peligro, Oxfam analiza tres casos en América Latina - en Paraguay, Guatemala y Colombia - para ver cómo se adquirió la tierra y cómo las empresas estaban desarrollando sus inversiones en agricultura, así como el impacto en los pequeños productores y las comunidades. 

Lo que más destaca en los tres casos es que el modelo de producción particular y el contexto local específico son los que determinan principalmente si los impactos son positivos o negativos para las poblaciones locales.

Las empresas afirman ser socialmente responsables

A pesar de que las tres empresas agrícolas involucradas (Desarrollo Agrícola del Paraguay - DAP, Palmas del Ixcan y Cargill), han declarado públicamente su compromiso de contribuir al crecimiento económico y al desarrollo comunitario en las áreas donde operan, el informe de Oxfam indica que el monocultivo industrial está desplazando a las pequeñas comunidades agrícolas, tanto directa como indirectamente, reduciendo su acceso a la tierra. Esto está dando lugar a una mayor concentración de tierra, ya que las fincas ganaderas se transforman en plantaciones mecanizadas y los pequeños productores venden sus tierras por falta de otras opciones. El resultado final es que las comunidades tienen mayor inseguridad alimentaria, ya que los productos agrícolas compiten con la producción familiar y el uso intensivo de agroquímicos daña los cultivos.

Los casos en Paraguay y Guatemala muestran que los empleos generados por el monocultivo industrial tienden a ser informales y mal pagados, y son en su mayoría de temporada, con un menor número de nuevos trabajos para las mujeres que para los hombres. Donde los pequeños agricultores estaban involucrados con empresas como productores independientes, en su mayor parte tampoco les fue mejor. La alta carga de riesgo que tenían que asumir, en particular por las condiciones climáticas y de mercado, significó que una mala cosecha o evento adverso los atrapó en un ciclo de endeudamiento del que no podían escapar. El apoyo de capital inicial que recibieron los agricultores no les permitió superar los retos a los que se enfrentaban.

Los costos de la soya y de la palma de aceite

En general, los casos mostraron que la producción industrial intensiva ha tenido efectos adversos en los pequeños agricultores, principalmente debido a que el modelo de producción de monocultivo industrial de soya y palma de aceite provocó costos sociales y ambientales que les afectaron de manera desproporcionada. Esto se evidencia incluso cuando se consideran las acciones filantrópicas realizadas por las tres empresas agrícolas, que tuvieron algunos efectos positivos pero que no fortalecieron a los pequeños agricultores.

En Guatemala y Paraguay, las inversiones socavaron las vidas y el sustento de las comunidades cercanas a las plantaciones. Estos impactos, sin embargo, no fueron simplemente consecuencia del modelo. Influye el contexto específico: las realidades locales en materia de tenencia de la tierra, las políticas del gobierno y las instituciones, así como los desequilibrios de poder, influenciado por la historia y la cultura.

El contexto importa

En Colombia, Cargill ignoró el contexto entero de su inversión en tierra, y no tomó en cuenta las políticas nacionales sobre la distribución y adquisición de tierra ni comprendió las consecuencias de una mayor concentración de tierra en el país. 

El contexto político, legal e institucional determina qué tan ampliamente se comparten los beneficios y los costos. Entonces, ¿qué ocurre en un contexto de acceso desigual a la tierra, de regulaciones ambientales y laborales inadecuadas, y de falta de apoyo público para mejorar los medios de vida de pequeños agricultores? Es simple: los beneficios del monocultivo industrial tienden a concentrarse en manos de los pocos que controlan la inversión, mientras que los costos son asumidos más ampliamente, sobre todo en las comunidades locales.

Derechos comunitarios socavados 

En suma, los casos proporcionan evidencia de que la expansión de monocultivos ha intensificado la concentración de tierra, la riqueza y el poder, desplazando a las comunidades locales, y socavando sus derechos y medios de vida tradicionales. Incluso las empresas comprometidas públicamente con la responsabilidad corporativa no lograron compensar los daños sociales y ambientales asociados con su modelo de producción. Los esfuerzos para incluir a los pequeños productores en las cadenas de suministro llevaron al endeudamiento porque no se tomaron en cuenta los desequilibrios de riesgo, capital y mercado.

Una inversión responsable debe dar lugar a un resultado neto positivo para las comunidades de pequeños productores. Esto requiere de alianzas que fortalezcan a los pequeños agricultores y que compartan beneficios y riesgos de manera justa y transparente. También requiere adhesión a principios fuertes que deberían ser inherentes al modelo de negocios de una empresa, incluyendo el respeto a las leyes y regulaciones nacionales, así como a las normas internacionales. Sobre todo requiere un papel activo de los gobiernos para garantizar que los beneficios de la inversión se acumulen para los pequeños productores, así la agricultura podrá ayudar a reducir la pobreza y la desigualdad mientras contribuye al desarrollo sostenible. 

Con suerte, los negociadores del CSA prestarán atención a estas y otras conclusiones de las experiencias analizadas. La seguridad alimentaria mundial y los medios de subsistencia de los pequeños agricultores del mundo dependen de ello.

Más información

Informe: La pequeña agricultura en peligro. Expansión de los monocultivos, tierra, alimentos y medios de vida en América Latina