Cuatro pasos que las empresas alimentarias pueden dar para ayudar a detener el cambio climático

Al Kinley

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Oxfam Great Britain, Responsable de campañas digitales
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Alimentar a las personas no tiene que ser sinónimo de alimentar el cambio climático

Ninguna empresa es demasiado grande como para no escuchar a sus consumidores. Cuando un número suficiente de personas exigimos cambios, las compañías nos escuchan. El año pasado, más de 400.000 de nosotros exigimos a las empresas que tenían que hacer más por la igualdad de las mujeres en sus cadenas de suministro. Ellas escucharon.  Pocas semanas después hablamos sobre el  acaparamiento de tierras en sus cadenas de suministro. Y volvieron a escucharnos. Ahora necesitamos juntar nuestras voces una vez más para instar a las marcas que amamos a que reaccionen y hagan frente a una de las mayores amenazas  en la lucha contra el hambre - ¡el cambio climático!

Hacia el 2050, el número de niñas y niños menores de 5 años que padecen desnutrición podría incrementarse en 25 millones más, como consecuencia del cambio climático. Y 50 millones de personas más entrarían a formar parte de las tristes estadísticas del hambre mundial.

Irónicamente, detrás de esto no están solamente las industrias del petróleo o del carbón. Las grandes empresas de alimentación y bebidas tienen gran parte de responsabilidad. La forma en que cultivan los alimentos que comemos está dejando a las personas hambrientas y sin hogar. En realidad, una cuarta parte de todas las emisiones globales están llegando desde el sistema de producción de alimentos. Productos que consumimos a diario como los cereales, yogures y helados tienen una huella climática fuerte.

“Un cuarto de todas las emisiones globales provienen del sistema alimentario”

Las compañías de alimentos como Kellogg’s y General Mills - creadores de nuestras marcas favoritas - son algunas de las empresas acusadas de malas prácticas como la deforestación imprudente, el uso excesivo de fertilizantes contaminantes, la quema de bosques y otras prácticas agrícolas nocivas que tienen lugar en sus cadenas de suministro. Para muchos agricultores y agricultoras de todo el mundo, el resultado puede ser tan desastroso como dejar de ser capaces de cultivar alimentos suficientes para alimentar a sus familias o de tener una vida digna.

En todo el mundo, familias como las de Eric Pyne, en Liberia, ya están luchando para conseguir cultivar lo suficiente para alimentarse y ganarse la vida. Pero los fenómenos meteorológicos extremos, como las sequías y las inundaciones, están golpeando sus cosechas año tras año. Esta es la misma realidad a la que se enfrenta Richard Oswald, de Missouri (Estados Unidos), un productor de maíz y soja cuyos cultivos se utilizan en los productos vendidos por las grandes empresas de alimentación. Sus cultivos fueron destruidos por las inundaciones históricas que afectaron a Missouri en 2011. "No había nada que cosechar ", dijo Oswald. "Gastamos todo el dinero que teníamos en semillas, fertilizantes, herbicidas y no tenemos nada a cambio".

Tormentas cada vez más frecuentes y más extremas, inundaciones, sequías y patrones climáticos cambiantes están afectando a los suministros de alimentos, aumentando sus precios y causando más hambre y pobreza. Eso no tiene por qué ser así. Las empresas pueden reducir sus emisiones y animar a otros a hacer lo mismo.

Kellogg’s y General Mills destacan como las peores de la “10 Grandes" en cuanto a la lucha contra el cambio climático. Afirman estar reduciendo sus emisiones, pero todavía no tienen un plan para llevarlo a cabo ni exigen a sus proveedores que hagan lo mismo. Ha llegado el momento de que les exijamos que contribuyan a detener el cambio climático que ya está provocando hambre.

Juntas, las 10 grandes compañías de alimentos y bebidas,  generan la sorprendente cifra de  264 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero cada año. Si fueran un país, serían el 25º más contaminante del planeta, arrojando a la atmósfera más emisiones que Finlandia, Suecia, Dinamarca y Noruega juntos.

“Si las grandes compañías de alimentación y bebida fueran un solo país, serían el 25º más contaminante del mundo.”

La agricultura emite más gases de efecto invernadero que todos nuestros coches, camiones, trenes y aviones combinados. Pensamos que Kellogg's y General Mills pueden ayudar a detener el cambio climático que está causando hambre a partir de unos sencillos pasos:

1.   Medir sus emisionesTodas las 10 grandes compañías de alimentación y bebidas hablan de cambio climático. Pero no se puede arreglar lo que no se puede medir. Queremos que las empresas pasen a medir y divulgar sus emisiones. 

2.   Establecer objetivos de reducción de emisionesÉste es sencillo. Una vez sepan lo mucho que están contaminando, entonces pueden establecer objetivos y hacer planes claros sobre cómo van a reducir esas emisiones.

3.   Fomentar la acción también de sus proveedoresLas empresas podrían estar haciendo mucho más. No se trata sólo de abordar sus propias emisiones, sino de usar su influencia y exigir a sus proveedores que hagan lo mismo.

4.   Actuar como un equipo y empujar a que otros también lo hagan Las 10 grandes tienen un poder significativo; cuando ellas actúan, pueden tener un peso y realmente lograr cambios. Aparte de la reducción de sus propias emisiones pueden y deben pedir a los gobiernos y a otras empresas que hagan lo mismo.

Si estas 10 grandes empresas no usan su poder con responsabilidad para llevar a cabo estos 4 sencillos pasos, todos vamos a sufrir las consecuencias.

Kellogg’s y General Mills, en particular, se han quedado de brazos cruzados. Estas empresas deben liderar la lucha para ayudar a detener el cambio climático que ya está causando hambre en todo el mundo. Es hora de que actúen. Los productos que nos gustan no tienen que alimentar el cambio climático.

Actúa ahora y pide a Kellogg’s y General Mills que se pongan las pilas y luchen contra el cambio climático.

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Descárgate el informe:  De brazos cruzados. Por qué las empresas de alimentación y bebidas deben hacer más para luchar contra el cambio climático