Casi cien mil han buscado refugio en bases de Naciones Unidas como esta en Bor. Foto: Kieran Doherty/Oxfam
1,5 millones de personas se han visto desplazadas por este conflicto, tanto fuera como dentro de su país. Casi cien mil han buscado refugio en bases de Naciones Unidas como esta en Bor. Foto: Kieran Doherty/Oxfam

Sudán del sur: "Si decís que nadie debería vivir así, ¿por qué estamos viviendo así?”

9 Julio, 2014 | Conflicto y Desastres

Hoy se celebra el tercer aniversario de la independencia de Sudán del Sur. Sin embargo, durante los últimos siete meses, el sentimiento de unidad presente en 2011 ha desparecido. Como consecuencia, más de 1,5 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y a vivir en terribles condiciones

"Corrí con mi familia al Malakal Teaching Hospital… Pero allí también empezaron a matar personas. Nos pedían dinero y nuestros teléfonos móviles. Si no tenías, te disparaban hasta matarte. Vi cómo asesinaban a una persona cuando íbamos para allí. Y vi cómo violaban a una mujer en el hospital... Aquella noche, muchas personas corrimos hasta la base de Naciones Unidas. Tuvimos que dejar atrás a mi marido porque no podía andar. Cuando la gente empezó a correr me dijo ‘Corre o morirás’”.

Sólo para refugiarse en la base de la Misión de las Naciones Unidas en el Sudán del Sur (UNMISS, por sus siglas en inglés) en Malakal, Rebecca*, una maestra de escuela de 37 años, tuvo que soportar más de lo que cualquier persona debiera soportar en toda su vida. Pero ahora, tras la alambrada de concertinas, vive otra pesadilla. Los desvencijados refugios construidos con lonas y cuerdas no proporcionan protección alguna ante las intensas lluvias que comenzaron hace seis semanas. Los refugios están abarrotados y las cerca de 19.000 personas que han buscado asilo aquí tienen escasa privacidad. Muchos viven con el barro hasta la rodilla. Las estructuras metálicas de las camas apenas asoman unos centímetros por encima del agua. Los hornillos se sujetan con alambres. Las escasas pertenencias están cubiertas por el omnipresente y pegajoso barro. Las letrinas han quedado reducidas a un pestilente lodazal de agua estancada. 

Las personas están enfadadas y tienen derecho a estarlo. "Decís que nadie debería vivir así. ¿Entonces por qué estamos viviendo así?", me preguntaba un hombre mientras me llevaba hasta su choza anegada por el agua. 

Enfermedades cutáneas y respiratorias

Las personas más afortunadas vadean a través de la suciedad con botas de plástico. Las menos afortunadas, deben remangarse los pantalones o la falda hasta las rodillas y caminar descalzas, hundiéndose en el fango. Las personas padecen enfermedades respiratorias y cutáneas. El brote de cólera que se produjo en Juba aún no ha llegado a Malakal, pero si lo hiciera, las consecuencias serían devastadoras

Naciones Unidas y las organizaciones humanitarias están llevando a las personas a terrenos más elevados y secos en la base, pero no hay espacio suficiente para todo el mundo. Naciones Unidas dice que tienen prioridad las personas en peores condiciones. Sin embargo, algunas como Ajak*, de 60 años y que no puede caminar a través del denso barro a causa de un disparo que recibió en la pierna, permanecen abandonadas en los miserables refugios, obligadas a depender de la ayuda de sus familiares o amigos. 

Un mes después de que Rebecca llegara a la base, decidió viajar de vuelta al hospital junto a un grupo de mujeres –por motivos de seguridad, según señalaba, ya que las probabilidades de que una mujer que viaja sola sufra ataques o sea violada o asesinada son muy altas– en busca de su marido. 

"Le encontramos. Estaba muerto en una cama. Es imposible saber si murió de un disparo o de sed o de hambre, o porque estaba enfermo", contaba. 

Pérdida de dignidad

La historia de Rebecca no es única. Casi todas las personas que se han refugiado aquí han perdido a algún ser querido, sufrido violencia o visto cómo destruían sus hogares. Estas personas también dicen haber perdido la dignidad, viéndose obligadas a vivir en estas condiciones y a depender de la ayuda. Pero Rebecca afirma que vivir aquí, entre tanta miseria, es mejor que vivir fuera, expuesta al peligro. 

"Si vas sola y te cogen, no puede pasar nada bueno. Este campo es mucho mejor en cuanto a seguridad se refiere. Hay protección. Solo durante la noche, en lugares oscuros, puedes sufrir algún ataque", dice.

Ajak y Rebecca son solo dos de las 1,5 millones de personas desplazadas por este conflicto, tanto fuera como dentro de su país. Casi cien mil han buscado refugio en bases de Naciones Unidas como la de Malakal, y 350.000 han atravesado la frontera en su huida hacia Uganda, Kenia, Etiopía o Sudán. Eso deja más de un millón de personas que, desde el pasado diciembre, se han visto obligadas a abandonar sus hogares por miedo y ahora se encuentran desplazadas en su propio país. Muchas no han podido plantar sus cultivos, lo que significa que las cosechas serán menores en los próximos meses. El sufrimiento durante los últimos seis meses ha sido extremo, pero, desgraciadamente, todo empeorará antes de mejorar. Se prevé que, para finales de este año, cuatro millones de personas padezcan hambre.

Antes de que los combates comenzaran el pasado diciembre, se estimaba que la tasa de crecimiento del PIB de Sudán del Sur sería la más alta del mundo en 2014. Para el mes de enero, los enfrentamientos en el seno de la guardia presidencial en Juba se habían extendido a los estados de Jonglei, Lagos y Alto Nilo. La producción de petróleo ha disminuido notablemente. Incluso si, ahora, los líderes de las facciones enfrentadas comenzasen a dar prioridad a los intereses de su pueblo por encima de sus aspiraciones personales, llevaría años reparar el daño causado durante los últimos seis meses

El 9 de julio se celebra el tercer aniversario de la independencia de Sudán del Sur. Pero teniendo en cuenta lo que los últimos seis meses han supuesto para esta joven nación, las personas como Rebecca y Ajak no tendrán mucho que celebrar ese día

* Los nombres se han modificado para proteger la identidad.

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