Día 1: Cambiar los sistemas de valores, de aldea en aldea

Nidhi Tandon

Blog mensaje por Nidhi Tandon

Activista y directora de Networked Intelligence for Development
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Si para las mujeres agricultoras obtener ingresos implica sufrir una explotación sistemática, perder el poder de decisión sobre qué cultivar o cómo, y tener que presenciar la degradación del entorno natural, entonces el precio a pagar por una mayor independencia económica es realmente alto.

Por Nidhi Tandon, activista y directora de Networked Intelligence for Development

Si hay un factor principal que fomenta el desequilibrio sistémico de poder entre hombres y mujeres en el sistema alimentario, es sin duda la enorme influencia que ejerce el mercado en la sociedad.

El poder social y la capacidad de generar ingresos son las dos caras de una misma moneda; se alimentan mutuamente. La influencia económica tiene un efecto directo en la capacidad de ejercer poder, o sea, lograr una voz propia, respeto e independencia, y del mismo modo poder negociar un trato favorable ante la ley. Si bien este argumento puede parecer simplista, o incluso obvio, es una realidad que afecta de manera especial a las mujeres. El dominio que ejerce la sociedad de mercado globalizada socava los derechos que las mujeres tanto han luchado por conseguir.

"El dominio que ejerce la sociedad de mercado globalizada socava los derechos que las mujeres tanto han luchado por conseguir."

Uno de los enfoques planteados para fortalecer el poder de las mujeres (que Oxfam apoya) es lograr que tengan una posición más “estratégica” en la cadena de valor de la producción mundial. Este enfoque se basa en la suposición de que si las mujeres tuviesen la oportunidad de ganar lo mismo que los hombres, podrían igualarlos en poder e influencia. Sin embargo, para lograr este objetivo se está propagando un sistema alimentario defectuoso en su concepto, que desplaza a otros sistemas alimentarios. Generalmente, las mujeres cumplen de manera sólida con su papel esencial de conseguir alimentos y agua a diario. Sin embargo, cuando forman parte de las cadenas de suministro globales, las mujeres, al igual que los hombres, se convierten en cómplices de un sistema económico que mantiene a las familias en un permanente estado de pobreza. 

De acuerdo con las conversaciones que mantuve con mujeres de comunidades rurales, es evidente que desearían que su trabajo fuese dignificado, valorado, reconocido y que recibiese más apoyo. No se trata de “arreglar un sistema alimentario que no funciona”, sino de cambiar el modelo y sus valores por completo. No podemos asumir que las mujeres quieran incrementar sus ingresos a cualquier precio; al fin y al cabo ¡esos valores no tienen por qué ser necesariamente los suyos! Hay otros valores mucho más importantes, como la salud, la alimentación, el consumo u otras opciones de cómo vivir la vida; es necesario dotar a esos valores de más relevancia que a la generación de ingresos.

Valores y los dos sistemas paralelos de producción de alimentos

Existen dos sistemas paralelos de producción de alimentos que se encuentran en extremos opuestos; uno valora el sustento y la nutrición, mientras que el otro valora el beneficio económico.

En el sistema alimentario centrado principalmente en la producción y mercados locales, las decisiones y hasta cierto punto el control sobre lo que se cultiva, distribuye, cocina y consume recaen en las mujeres. A pesar del deficiente apoyo que reciben por parte de los gobiernos y del sector privado, las mujeres proporcionan un sustento y alimentación constantes. La preservación de semillas continúa siendo una actividad de gran importancia para las mujeres de las zonas rurales, ya que garantiza el acceso de las familias a una amplia variedad de alimentos que no están disponibles en el mercado. Las decisiones que toman las mujeres en cuanto al uso de la tierra están estrechamente ligadas al mantenimiento del empleo y a la conservación de métodos de cultivo que fortalezcan la biodiversidad agrícola, en una relación simbiótica con el agua, los bosques y los biomas de la naturaleza.

En el sistema alimentario paralelo situado en el extremo opuesto, las mujeres no son más que mano de obra barata para grandes empresas. Los trabajadores de las plantaciones, que históricamente han sido hombres aunque cada vez haya más mujeres, trabajan en condiciones inseguras y viven en la pobreza. La vida familiar y comunitaria se ve severamente perturbada por los desplazamientos y desalojos violentos causados por las plantaciones. 

Obtener ingresos no garantiza la autosuficiencia

Hay un argumento recurrente entre las personas que defienden la igualdad entre hombres y mujeres que dice lo siguiente: “es necesario que las mujeres rurales que viven en la pobreza tengan las mismas oportunidades laborales que los hombres para así ganar dinero y poder tener acceso a medicinas, educación, alimentos y ropa, así como para lograr independencia económica”. No obstante, este argumento presenta algunos problemas:

  • Por un lado, incorporar a una campesina al sistema comercial del mercado internacional implica, en cualquier caso, que será explotada; tal y como son las cosas, esto no derivará en una mayor independencia económica;
  • Por otro lado, dejar de cultivar las mejores tierras para consumo local y utilizarlas para la exportación pone a la población local en una situación de dependencia de un mercado orientado a la generación de beneficios económicos sobre el que no tienen ningún tipo de control. Esta dependencia conlleva vulnerabilidad;
  • Por último, el modelo económico internacional no es aplicable a la agricultura a pequeña escala. Hay pruebas sólidas que demuestran que el objetivo de la liberalización del mercado es beneficiar a las personas ricas, sin pensar siquiera en las que viven en la pobreza.  

"Incorporar a una campesina al sistema comercial del mercado internacional implica, en cualquier caso, que será explotada."

Si obtener ingresos implica sufrir una explotación sistemática, perder el poder de decisión sobre qué cultivar o cómo, y tener que presenciar la degradación de nuestro entorno natural, entonces el precio a pagar por una mayor independencia económica es realmente alto.

Adoptar una nueva visión – cambiar los valores

A menos que se ponga freno al excesivo énfasis que se otorga a los valores que fomentan la economía mundial de mercado, la meta de igualdad y equidad de las mujeres estará condenada al fracaso. Para reequilibrar el papel de las mujeres y los hombres en un sistema alimentario justo, es necesario dotar de la misma importancia, o incluso más, a otros valores: la percepción que la sociedad tiene del “poder” debe asociarse al conocimiento sobre “cómo actuar” y no sobre “cómo comerciar”. Si los conocimientos tradicionales, la ciencia y el sentido común se combinan para cultivar alimentos, y se redefinen los papeles que desempeñan tanto los hombres como las mujeres a la hora de construir comunidades con una actitud sabia hacia los alimentos, el mutuo respeto entre hombres y mujeres resulta más que necesario. Cuando los agricultores y agricultoras de mercados locales invierten tiempo y trabajo (así como su interés y energía) en diversas actividades, los beneficios socio-económicos, ecológicos y comunitarios son mucho mayores que los de cualquier operación comercial.

"La percepción que la sociedad tiene del “poder” debe asociarse al conocimiento sobre “cómo actuar” y no sobre “cómo comerciar”."

Sólo los hombres y las mujeres, no el dinero, pueden cambiar estos valores. El trabajo inter-generacional prioriza las relaciones culturales y medioambientales entre las personas y las tierras que habitan, y genera así un movimiento que restituye estos valores de aldea en aldea, de comunidad en comunidad. Estas relaciones son de un valor incalculable, y la marea de cambio necesaria para conservar o modificar la percepción de los valores ha de darse a diferentes niveles, desde el sistema educativo hasta las políticas comerciales y de inversión.

Si estamos dispuestos únicamente a defender los principios de equidad de género, y por extensión a aceptar o incluso decidir que el destino de las mujeres pobres sea el mismo que el de los hombres pobres, entonces es errada en su concepto nuestra manera de interpretar los derechos humanos y el desarrollo. El problema es de mayor dimensión, sistémico y estructural, y no puede reducirse a los derechos individuales.

Los valores que integran el actual sistema alimentario se basan en destinar los alimentos a generar beneficio económico, y no a alimentar las personas que los producen. En vez de lanzar a las mujeres a un sistema inicuo, se debe comenzar con una conversación a nivel nacional sobre el impacto social de la globalización, así como con un análisis de los elementos necesarios para proteger y fomentar lo realmente importante en un mundo que cambia rápidamente, en el que los ganadores todo se lo llevan y los perdedores por todo tienen que luchar.

"Los valores que integran el actual sistema alimentario se basan en destinar los alimentos a generar beneficio económico, y no a alimentar las personas que los producen."

Lee el ensayo: Cambiar los sistemas de valores, de aldea en aldea

Lauren Ravon, moderadora, hace la pregunta: Quisiera saber que opinan ustedes del artículo de Tandon. Están de acuerdo con Tandon que integrar a las mujeres en las cadenas de valor agrícolas de la producción mundial es fundamentalmente una explotación y no favorece su autonomía económica?