Desta Yirsa, una campesina de Etiopía. Foto: Oxfam
Desta Yirsa, una campesina de Etiopía. Foto: Oxfam

Día 1: Cambiar los sistemas de valores, de aldea en aldea

19 Noviembre, 2012 | Alimentación y justicia de género: el debate

Si para las mujeres agricultoras obtener ingresos implica sufrir una explotación sistemática, perder el poder de decisión sobre qué cultivar o cómo, y tener que presenciar la degradación del entorno natural, entonces el precio a pagar por una mayor independencia económica es realmente alto.

Por Nidhi Tandon, activista y directora de Networked Intelligence for Development

Si hay un factor principal que fomenta el desequilibrio sistémico de poder entre hombres y mujeres en el sistema alimentario, es sin duda la enorme influencia que ejerce el mercado en la sociedad.

El poder social y la capacidad de generar ingresos son las dos caras de una misma moneda; se alimentan mutuamente. La influencia económica tiene un efecto directo en la capacidad de ejercer poder, o sea, lograr una voz propia, respeto e independencia, y del mismo modo poder negociar un trato favorable ante la ley. Si bien este argumento puede parecer simplista, o incluso obvio, es una realidad que afecta de manera especial a las mujeres. El dominio que ejerce la sociedad de mercado globalizada socava los derechos que las mujeres tanto han luchado por conseguir.

"El dominio que ejerce la sociedad de mercado globalizada
socava los derechos que las mujeres tanto han luchado por conseguir.
"

Uno de los enfoques planteados para fortalecer el poder de las mujeres (que Oxfam apoya) es lograr que tengan una posición más “estratégica” en la cadena de valor de la producción mundial. Este enfoque se basa en la suposición de que si las mujeres tuviesen la oportunidad de ganar lo mismo que los hombres, podrían igualarlos en poder e influencia. Sin embargo, para lograr este objetivo se está propagando un sistema alimentario defectuoso en su concepto, que desplaza a otros sistemas alimentarios. Generalmente, las mujeres cumplen de manera sólida con su papel esencial de conseguir alimentos y agua a diario. Sin embargo, cuando forman parte de las cadenas de suministro globales, las mujeres, al igual que los hombres, se convierten en cómplices de un sistema económico que mantiene a las familias en un permanente estado de pobreza. 

De acuerdo con las conversaciones que mantuve con mujeres de comunidades rurales, es evidente que desearían que su trabajo fuese dignificado, valorado, reconocido y que recibiese más apoyo. No se trata de “arreglar un sistema alimentario que no funciona”, sino de cambiar el modelo y sus valores por completo. No podemos asumir que las mujeres quieran incrementar sus ingresos a cualquier precio; al fin y al cabo ¡esos valores no tienen por qué ser necesariamente los suyos! Hay otros valores mucho más importantes, como la salud, la alimentación, el consumo u otras opciones de cómo vivir la vida; es necesario dotar a esos valores de más relevancia que a la generación de ingresos.

Valores y los dos sistemas paralelos de producción de alimentos

Existen dos sistemas paralelos de producción de alimentos que se encuentran en extremos opuestos; uno valora el sustento y la nutrición, mientras que el otro valora el beneficio económico.

En el sistema alimentario centrado principalmente en la producción y mercados locales, las decisiones y hasta cierto punto el control sobre lo que se cultiva, distribuye, cocina y consume recaen en las mujeres. A pesar del deficiente apoyo que reciben por parte de los gobiernos y del sector privado, las mujeres proporcionan un sustento y alimentación constantes. La preservación de semillas continúa siendo una actividad de gran importancia para las mujeres de las zonas rurales, ya que garantiza el acceso de las familias a una amplia variedad de alimentos que no están disponibles en el mercado. Las decisiones que toman las mujeres en cuanto al uso de la tierra están estrechamente ligadas al mantenimiento del empleo y a la conservación de métodos de cultivo que fortalezcan la biodiversidad agrícola, en una relación simbiótica con el agua, los bosques y los biomas de la naturaleza.

En el sistema alimentario paralelo situado en el extremo opuesto, las mujeres no son más que mano de obra barata para grandes empresas. Los trabajadores de las plantaciones, que históricamente han sido hombres aunque cada vez haya más mujeres, trabajan en condiciones inseguras y viven en la pobreza. La vida familiar y comunitaria se ve severamente perturbada por los desplazamientos y desalojos violentos causados por las plantaciones. 

Obtener ingresos no garantiza la autosuficiencia

Hay un argumento recurrente entre las personas que defienden la igualdad entre hombres y mujeres que dice lo siguiente: “es necesario que las mujeres rurales que viven en la pobreza tengan las mismas oportunidades laborales que los hombres para así ganar dinero y poder tener acceso a medicinas, educación, alimentos y ropa, así como para lograr independencia económica”. No obstante, este argumento presenta algunos problemas:

  • Por un lado, incorporar a una campesina al sistema comercial del mercado internacional implica, en cualquier caso, que será explotada; tal y como son las cosas, esto no derivará en una mayor independencia económica;
  • Por otro lado, dejar de cultivar las mejores tierras para consumo local y utilizarlas para la exportación pone a la población local en una situación de dependencia de un mercado orientado a la generación de beneficios económicos sobre el que no tienen ningún tipo de control. Esta dependencia conlleva vulnerabilidad;
  • Por último, el modelo económico internacional no es aplicable a la agricultura a pequeña escala. Hay pruebas sólidas que demuestran que el objetivo de la liberalización del mercado es beneficiar a las personas ricas, sin pensar siquiera en las que viven en la pobreza.  

"Incorporar a una campesina al sistema comercial
del mercado internacional implica, en cualquier caso, que será explotada."

Si obtener ingresos implica sufrir una explotación sistemática, perder el poder de decisión sobre qué cultivar o cómo, y tener que presenciar la degradación de nuestro entorno natural, entonces el precio a pagar por una mayor independencia económica es realmente alto.

Adoptar una nueva visión – cambiar los valores

A menos que se ponga freno al excesivo énfasis que se otorga a los valores que fomentan la economía mundial de mercado, la meta de igualdad y equidad de las mujeres estará condenada al fracaso. Para reequilibrar el papel de las mujeres y los hombres en un sistema alimentario justo, es necesario dotar de la misma importancia, o incluso más, a otros valores: la percepción que la sociedad tiene del “poder” debe asociarse al conocimiento sobre “cómo actuar” y no sobre “cómo comerciar”. Si los conocimientos tradicionales, la ciencia y el sentido común se combinan para cultivar alimentos, y se redefinen los papeles que desempeñan tanto los hombres como las mujeres a la hora de construir comunidades con una actitud sabia hacia los alimentos, el mutuo respeto entre hombres y mujeres resulta más que necesario. Cuando los agricultores y agricultoras de mercados locales invierten tiempo y trabajo (así como su interés y energía) en diversas actividades, los beneficios socio-económicos, ecológicos y comunitarios son mucho mayores que los de cualquier operación comercial.

"La percepción que la sociedad tiene del “poder”
debe asociarse al conocimiento sobre “cómo actuar” y no sobre “cómo comerciar”."

Sólo los hombres y las mujeres, no el dinero, pueden cambiar estos valores. El trabajo inter-generacional prioriza las relaciones culturales y medioambientales entre las personas y las tierras que habitan, y genera así un movimiento que restituye estos valores de aldea en aldea, de comunidad en comunidad. Estas relaciones son de un valor incalculable, y la marea de cambio necesaria para conservar o modificar la percepción de los valores ha de darse a diferentes niveles, desde el sistema educativo hasta las políticas comerciales y de inversión.

Si estamos dispuestos únicamente a defender los principios de equidad de género, y por extensión a aceptar o incluso decidir que el destino de las mujeres pobres sea el mismo que el de los hombres pobres, entonces es errada en su concepto nuestra manera de interpretar los derechos humanos y el desarrollo. El problema es de mayor dimensión, sistémico y estructural, y no puede reducirse a los derechos individuales.

Los valores que integran el actual sistema alimentario se basan en destinar los alimentos a generar beneficio económico, y no a alimentar las personas que los producen. En vez de lanzar a las mujeres a un sistema inicuo, se debe comenzar con una conversación a nivel nacional sobre el impacto social de la globalización, así como con un análisis de los elementos necesarios para proteger y fomentar lo realmente importante en un mundo que cambia rápidamente, en el que los ganadores todo se lo llevan y los perdedores por todo tienen que luchar.

"Los valores que integran el actual sistema
alimentario se basan en destinar los alimentos a generar beneficio económico, y no a alimentar las personas que los producen.
"

Lee el ensayo: Cambiar los sistemas de valores, de aldea en aldea

Lauren Ravon, moderadora, hace la pregunta: Quisiera saber que opinan ustedes del artículo de Tandon. Están de acuerdo con Tandon que integrar a las mujeres en las cadenas de valor agrícolas de la producción mundial es fundamentalmente una explotación y no favorece su autonomía económica?

Comentarios

Creo que Nidhi nos obliga a

Creo que Nidhi nos obliga a una reflexión interesante y estoy de acuerdo en que las condiciones de desventaja en las que las mujeres se incorporan generalmente a las cadenas de valor en la agricultura suponen un desafío importante que limita sus posibilidades éxito.  Es verdad que la incorporación a la cadena de valor puede no ser la respuesta en muchos casos, pero me resisto a aceptar que siempre conlleve una explotación sistemática.

Me parece que Nidhi hace un planteamiento bastante esencialista sobre el papel de las mujeres y tampoco explicita que entre las mujeres hay diferencias.  Muchas de las contrapartes que Oxfam apoya nos explican que entre las mujeres rurales afiliadas a sus organizaciones  hay pequeñas, medianas y grandes productoras, hay mujeres con diferentes niveles de conocimiento y capacidades, con diferentes expectativas y aspiraciones.  Y, si bien no podemos asumir que las mujeres quieran incrementar sus ingresos a cualquier precio, tampoco podemos asumir que obtener ingresos no esté entre sus objetivos pues son esenciales hoy en día para cubrir muchas otras necesidades como la salud o la educación.

La estrategia por la que están apostando las mujeres rurales, al menos en Centroamérica que es la región que mas conozco, es organizarse para construir su propia agenda económica y política, sus demandas y acuerdos para actuar como colectivo.

Debate: Diez expertas, diez ensayos, un tema: Un sistema aliment

Con respecto a lo planteado por Nidhi, si bien es cierto que el mercado se constituye en una importante barrera que dificulta la concreción de muchos de los derechos de las mujeres, como por ejemplo el acceso y control  a la propiedad de tierras, a crédito para la compra de las mismas.

Es evidente, en este sentido, que las mujeres necesitan un acceso a los recursos de producción de manera equitativa que vaya más allá de solo enunciaciones y que logre una real sensibilización de su contribución y sobre sus derechos.

Hay elementos en los que coincido, como el  rol importante de la mujer en la gestión de semillas, recursos naturales y la alimentación familiar. No obstante la lectura muestra una visión un tanto romántica de la mujer dentro de la producción de alimentos, que a momentos la representa como un sujeto pasivo que asimila la incorporación a un  sistema comercial del mercado sin ninguna posibilidad de autonomía sin el desarrollo de estrategias que  contrarresten y que vayan en beneficio de la alimentación familiar también.

Asimismo coincido con Beatriz respecto a que en la lectura se cae en una generalización respecto a las mujeres siendo que el accionar de cada una de ellas responderá a un determinado contexto. Es evidente que la mujer aun continua siendo la principal administradora de los alimentos dentro del hogar y en la agricultura familiar. Pero es una afirmación muy arriesgada dar por sentado que se convierte en cómplice de un sistema económico que empuja la pobreza, invisibilizando las iniciativas que pueden encontrarse en su participación en el mercado que no necesariamente las condena.

¿Dicotomía entre lo económico y el goce de derechos?

El ensayo de Nidhi refleja una realidad que en muchos países y sectores económicos, se traduce en un enorme número de mujeres que participan en cadenas de valor en condiciones de desventaja y en el peor de los casos de explotación; sin embargo, este panorama no nos puede llamar a descartar los esfuerzos de empoderamiento económico de las mujeres como una estrategia válida para avanzar en el conocimiento de sus derechos de manera integral y la exigencia por su pleno goce, no sólo en el plano económico. Sabemos por mucho, que la mejora en las condiciones económicas o de ingresos de una mujer no implica de manera automática el respeto a todos sus derechos, pero es innegable que una mujer con recursos económicos estará en mejores condiciones para participar, decidir y ser respetada, que aquellas que dependen de otras personas (y en el peor de los casos, de algún patriarca) para sobrevivir. 

Creo que el tema en discusión en este sentido es ¿de qué manera promovemos desde Oxfam la inserción de las mujeres en cadenas de valor?; si lo que estamos haciendo es fomentar que las mujeres entren en una actividad económica en condiciones de desventaja o de escaso poder, estaremos haciendo un flaco favor al reconocimiento y respeto de sus derechos; si por el contrario, lo que promovemos es que mujeres a título personal o grupos de mujeres, de manera asociativa, desarollen sus capacidades productivas y su liderazgo económico para ser parte de cualquier cadena de valor en condiciones de poder (de negociación, de liderazgo, etc), la cosa es diferente y podemos decir que Oxfam habrá contribuido a empoderar a las mujeres y cambiar las condiciones de poder en esa actividad económica. Nicaragua tiene experiencias esperanzadoras en ese sentido, que nos animan a no descartar el enfoque de empoderamiento y liderazgo económico de las mujeres aún en actividades económicas rurales, dominadas tradicionalmente por los hombres. El poder económico de las mujeres no basta, por sí mismo, para alcanzar la equidad de género, pero es una llave que si se utiliza de manera adecuada, puede abrir puertas para avanzar en ese sentido. 

Si, estamos de acuerdo con

Si, estamos de acuerdo con que convertir a las mujeres rurales en asalariadas en empresas agricolas no resuelve sus problemas de autonomía (ni económica ni de otros tipos), por ejemplo, en cuanto al control y acceso a los recursos, simbolicos, politicos, etc. Pero para hablar de alternativas en la busqueda de justicia de genero y en la autonomia, hay que enfatizar el debate en la necesidad del reconocimiento del trabajo de cuidados y en su redistribucion (en la familia, en el estado, en el mercado), algo que actualmente no sucede y que es un gran impedimiento para las autonomias de las mujeres rurales.

 

El problema son las

El problema son las condiciones en las que participan las mujeres!  

La posición de Nidhi provoca a la reflexión  y creo que  hay puntos  de los  que ella plantea,  que son ciertos, por ejemplo  No se trata de “arreglar un sistema alimentario que no funciona”, sino de cambiar el modelo y sus valores por completo.  Si se trata de avanzar  hacia un sistema alimentario que realmente  funciona, partiendo de mi  experiencia  no se trata únicamente de enfocarse en  una sola  dirección o  dimensión  o en solo aspecto. La realidad ha demostrado que  los enfoques integrales,  la diversificación de actividades tienen más capacidad  para dar respuestas  a las opciones de  vida.  Las  mujeres  no solo están la producción agrícola de alimentos, muchas procesan  y transforman materias  primas de manera artesanal para  generar  ingresos que les  permita  resolver otras  necesidades  vitales.  Por ejemplo, las mujeres que procesan el amaranto o el maíz  para  el consumo y para la venta

Creo que el problema no es la  generación de ingresos,  ni la participación en cadenas de valor,  sino las condiciones en las que participan las mujeres, condiciones  que para la mayoría  de las mujeres  rurales son desfavorables.  La condiciones desfavorables,  no solo  se dan en los diferentes eslabones de las cadenas de valor  cuya lógica  es para el  mercado  sino también  en producción de alimentos  enfocada  al  consumo.

Cuando  me  refiero  a las  condiciones desfavorables   no  solo  me estoy refiriendo al limitado  acceso  y control sobre recursos ( tierra, crédito, tecnología,  conocimiento, capacidad de hacer  y decidir) sino a otros  factores  como; el  no reconocimiento de ellas  como  sujetas de derechos  y actoras económicas, la carga de trabajo reproductivo,  la  falta de libertad que muchas tienen para movilizarse y tomar decisiones  y  valores que la sociedad continua  reproduciendo y  afianzando  por diferentes  medios  que limitan el  ejercicio  de  unos,  en este caso  las  mujeres  y privilegia a  otros.

Las organizaciones de mujeres  rurales construyen propuestas  integrales que  abordan diferentes  dimensiones  y avanzan  en  el fortalecimiento de sus alianzas  para  hacer  escuchar sus voces  en los  diferentes  ámbitos   y no solo  de cara  a los  gobiernos,  sino frente  a la  empresa privada, organizaciones “aliadas” comunidad  y pareja.

 

 

Intengrar a las mujeres en la cadena del valor ...

Nidhi ha escrito un excelente artículo, muy ágil, pero al mismo tiempo, denso. Tiene muchos niveles. Voy a comentar sólo algunos de esos niveles. Uno, como creo que ya lo dijo Beatriz,  que es necesario que las mujeres desarrollen su autonomía económica en sus comunidades, en los espacios que comparten más cercanamente con los hombres, a través del acceso más igualitario a los recursos sociales, educativos, tecnológicos, etc.  Pero por otra parte, hay un enorme trabajo que hacer a nivel global para cambiar el sistema basado en el libre mercado y este ya es de responsabilidad de todos. Y sobre este punto comparto con Nidhi sobre la necesidad de cambiar los valores de aldea en aldea y que en ese proceso, además, se asegura la alimentación de las personas. Al mismo tiempo hay que pelear en la plataformas mundiales.

 A propósito les comento que en Bolivia se acaba de aprobar una Ley 609/2012-2013 que apoya la agricultura familiar en las organizaciones indígenas, campesinas y originarias. Me parece interesante pero hay que hacer vigilancia social para ver que se cumpla y que se cumpla con una orientación de justicia social y de género.

  

Interpelar el modelo vigente, una tarea de todas y todos

El análisis que plantea Nidhi es bastante interpelador sobre cual el verdadero rol de nuestras apuestas en procura de apoyar procesos de capacitación,  fortalecimiento económico y de participación e incidencia política conjunta, para que hombres y mujeres analicen, debatan y decidan sobre la ejecución de actividades con responsabilidad compartida.

El análisis sobre comportamientos y actividades que refuerzan las estructuras de subordinación existentes entre géneros, con los sistemas de valores que tenemos, sin duda que reproducen mecanismos de doble marginación hacia  las mujeres.

Se hace necesario seguir trabajando en procura de implementar modelos alternativos de desarrollo que permitan ver al  mundo rural con capacidades y opciones  destinadas a resistir en mejores condiciones el embate de la liberalización, acumulación y  por ej. la extranjerización de tierras, que viene siendo la tendencia regional dominante. Al mismo tiempo, los desafíos que deben enfrentar los actores rurales y en especial las mujeres,  presentan la misma dimensión que sus oportunidades, cual es constituirse en el sector que lidera las políticas de desarrollo rural y responde a las necesidades de la población nacional en aspectos cruciales como el abastecimiento de alimentos, conservación de la biodiversidad y reducción de pobreza.

Coincido con Nidhi, que solo los hombres y mujeres son capaces de cambiar este estado de cosas,  es necesario recordar de manera permanente,  que la sustitución de un modelo de desarrollo no significa solamente un cambio de operadores, por ejemplo locales por extranjeros, campesinos por empresarios, significa, principalmente, una transformación de sentido y de la orientación y la función social y política de la propiedad, la producción y el consumo

Por lo tanto, la promoción de los derechos de las mujeres y el empoderamiento de las mujeres rurales es fundamental para lograr cambios estructurales y precisamente una línea de acción es incidir como estrategia en el cambio de las relaciones de poder en procura de fortalecer el liderazgo de la mujer rural y el apoyo a su capacidad para articular sus propias agendas e incidir en la formulación de políticas que le permitan afianzar su verdadero rol productivo en todos sus ámbitos.

Reflexión mas allá de la igualdad y el lugar que se ocupa

Cuestionar el ejercicio de una igualdad no significa que se tradezca en generar las mismas condiciones que tienen los hombres. Tal es es así, como la situación en donde hombres y mujeres acceden a las y los mismo alimentos, y que esta situación se considerara como el fin último del desequilibrio nutricional y que por lo tanto areglaría las condicones del reconocimento social del trabajo del cudiado y domestico de las mujeres, así como, la mismas necesidades biologicas en los diferentes lugares, culturas y etapas de ciclo vital de las mujeres. Por lo tanto, cuando se plantea que si ganan lo mismo tambien se convierten en complices de un sistema que las mantiene pobre, pensaría que habria que situar la discusión desde que se entiende por igualdad y que se entiende del lugar que ocupan las mujeres y los hombres en la sociedad en relación a las problemas especificos de las muerjes en relación con la alimentación y con su condición de ser mujer.  Esto quiere decir, en la incapacidad de cuestionar los privilegios de los varones en un sistema que exsacervan las condiciones de éste como el neoliberal. Creo que la autora no logra apuntar especificamente a las causas sino que deja de lado la discusión sobre la igualdad de oportunidades y la equidad progresiva frente al derecho a la alimentación de las mujeres.  Por otro lado, me parece fundamental la identificación de conceptos tales como el reconocimiento social y economico del trabajo de las mujeres que se eviendencia en el ansayo sin embargo, en la práctica lo que se evidencia es que en el sistema alimentario centrado principalmente en la producción y mercados locales no necesariamente las mujeres tienen mejores condiciones de equidad ya que en ellas se pueden sobrecargar el trabajo  a pesar que se reconoce la labor de su rol y papel que es fundamental por ejemplo en la reproducción de las costubres, de la cultura, de la lengua y de conocimiento medicinal por medio de las relaciones que se tejen a aprtir del proceso alimentario... sin embargo nuevamente queda flojo el análisis a no revaluar las condiciones  de carga desproporcionada de responsabilidad y de trabajo y no pone la discución de la relación en un ejercicio de equidad frente a hombres y mujeres en un sistema patriarcal que reproduce las condiciones mismas de los sistemas capitalistas o donde como dice la autora: - las mujeres no son más que mano de obra barata para grandes empresa- tanto allí como en el otro lugar se pueden tejer las mismas condiciones desiguales frente al derecho a la alimentacion de las mujeres en relación con la distribución justa en el reconocimiento y trabajo que se realiza y eso tiene que ver y se encaja con lo que abre la discusión sobre los valores cuando expone que los ingresos no garantizan la autosuficiencia. No obstante creo que allí podriamos explorar mas allá de las mismas condiciones injustas que se reproducen por el sistema de mercado imperante que pasa por hombres y mujeres de todas las edades y si bien logra identificar algunas consecuencias de ello que por su puestos son claves, y resalta las consecuencias que tienen las mujeres se debe señalar los efectos especificos y desproporcionado que tienen estas problemáticas sobre ella.  La discusión sobre los valores logra recoger muchas de las observaciones acá descritas en relación con la forma de interpretación de los derechos humanos, donde ubican la discusión que se expone al comeinzo de la reflexión sobre la igualdad y de allí como la recoge la autora me parece que logra tener mayor potencia, pero que necesariamente es importante dar mas enfasis.

 

local vs global y la explotación de las mujeres

No creo que exista una correlación entre lo local y mundial y la explotación de las mujeres. Por otra parte, no tiene que ver la explotación en las grandes fincas-lo cual es cierto- con que los pequeños agricultores vendan en el mercado nacional o internacional, lo cual es deseable. Esos "otros valores" que menciona Nidhi - la salud, la alimentación, consumo y estilo de vida otra elección-necesitan dinero para pagar por ellos. Las iniciativas económicas de las mujeres que he conocido en muchos países que se sientan orgullosas y con más poder, porque dicen que tienen más voz si tienen dinero.

La discusión sobre qué tipo de sistema alimentario es mejor para el empoderamiento de la mujer es compleja, y no tengo las cifras para sostener mi posición: sólo mi experiencia, tal como Nidhi hace. Necesitamos evidencias para sostener una u otra postura. Gracias por este debate, que puede aportar algo de luz sobre ella.

 

Lo global sí incide en lo local: todo está interconectado.

Felicito que este ciclo de debates haya comenzado con un documento interpelador y cuestionador, justo poniendo en el centro el tema de género (no sólo lo que supone a las mujeres, sino las relaciones entre mujeres y hombres en este sistema glo-cal de producción). Opino que no se trata de que las mujeres (y/o los hombres) se vuelvan cómplices de un sistema de producción: se vuelven, en todo caso, víctimas y/o esclavos del mismo. Y creo que así lo muestra Nidhi. 

Por otro lado, lamento que este blog no esté también traducido al portugués, pues viviendo en Brasil puedo dar cuenta que en este país (potencia emergente y cuya agroindustria es abusivamente tóxica) existe un gran trabajo de muchísimas organizaciones sociales, organizaciones feministas y/o de mujeres, así como de organizaciones sindicales que están haciendo un trabajo fuerte, sostenido, y valiente en pro de la agricultura familiar, en pro de revisar los roles y patrones de género, y una lucha fuerte por resistir y denunciar a la gran agroempresa. 

Intentar mirar desde varias perspectivas

Estoy de acuerdo con la autora del artículo, ya que en ocasiones miramos las problemáticas desde una sola perspectiva y generalizamos soluciones. Creemos que la respuesta a las necesidades de las mujeres se puede dar teniendo en cuenta solo algunos aspectos como lo comercial netamente, es necesario mirar a la mujer y a sus familias desde una perspectiva mas holística.

No siempre la cuestión es solo recibir más ingresos, esta también el tiempo que puede dedicar a sus hijos, a su autocuidado a su familia. Muchas veces pensamos que la calidad de vida de las mujeres mejora solo por tener mas dinero pero esto puede implicar menos tiempo para su salud, o para sus hijos, para la recreación incluso. 

En algunos casos se ha observado que incluir a la mujer a la dinámica comercial y de competencia, ha doblado su trabajo y ha disminuido su calidad de vida.

Es importante entonces, que al dar soluciones para mejorar las  condiciones de vida de las mujeres, se piense de manera integral.

Sostenibilidad de la vida humana y lógicas de acumulación

Que las mujeres son las que alimentan al mundo, es una ya fuerte reivindicación del feliz encuentro entre los movimientos campesinos altermundialistas y los movimientos de mujeres rurales e indígenas. En este sentido, y aunque el sistema económico mundial se empeñe en dismular la importancia del trabajo de las mujeres y siga priorizando la lógica del mercado, el beneficio y el crecimiento ilimitado, la estratégica contribución de las mujeres rurales a la sostenibilidad de la vida humana, ha sido puesta de relieve y se concreta en muy diversos lugares del planeta en demandas y logros de acceso y control de recursos y beneficios para su gestión colectiva y puesta al servicio de la vida humana, y no unicamente de la lógica del capital y del beneficio. Otras lógicas que construyen un nuevo desarrollo, que como nos decía Gina Vargas en AWID (Estambul , 2012), sea un desarrollo que no siga sustentando en la creciente acumulación por desposesión de tierras, de territorios, de cuerpos, de derechos, tanto de los seres humanos, como de la naturaleza; un desarrollo que propone alternativas en el sur y en el norte,y que construye nuevas categorías para comprender la complejidad de la vida de las mujeres, y que trabaja para elaborar otros marcos conceptuales, otros ordenamientos sociales y políticos, otros acercamientos subjetivos y emocionales y otras formas de ampliar definitivamente la democracia. Otros mundos y otras formas de construir el poder económico “glocal” de las mujeres y los pueblos sí son posibles, y así nos lo dicen en muchos de nuestros programas y proyectos las mujeres organizadas campesinas, artesanas, indígenas,  nativas y asalariadas de la Via Campesina-CLOC. Es cuestión de escucharlas.

Permalink: http://oxf.am/3pr