Las hermanas Kisinyinye y Norkinmunyak Nairiamu trabajan su parcela en Tanzania. Foto: Oxfam
Las hermanas Kisinyinye y Norkinmunyak Nairiamu trabajan su parcela en Tanzania. Foto: Oxfam

Día 8: Las virtudes de la discriminación

28 Noviembre, 2012 | Alimentación y justicia de género: el debate

Cuando hay igualdad, todos los países se benefician de un comercio más abierto. Pero aquí estriba el problema: no hay igualdad. Para la mayoría de las mujeres, el contexto consiste en la desigualdad. Para proteger y promover los derechos de las mujeres, los negociadores de tratados comerciales deberían discriminar.

Por Sophia Murphy, consultora y asesora sénior para el Instituto de Política Agrícola y Comercial

Desde 1947, la no discriminación ha sido uno de los principios fundamentales en los que se basa el sistema de comercio multilateral. Esto implica que si dos países son miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y acuerdan establecer relaciones comerciales entre sí mediante una serie de condiciones, han de ofrecer esas mismas condiciones a todos los miembros de la OMC.

Hasta cierto punto, es un buen principio. Cuando hay igualdad, todos los países se benefician de un comercio más abierto, y cuanto más abre sus fronteras un país, más se enriquece su economía.

"No hay igualdad, ¿y quién lo sabe mejor que las mujeres?"

Pero aquí estriba el problema: no hay igualdad, ¿y quién lo sabe mejor que las mujeres? El mundo no es un lienzo en blanco que se crea de nuevo cada vez que se firma un acuerdo comercial. El contexto en el que entra en vigor un acuerdo comercial no sólo constituye un elemento importante, sino que es más o menos el cuento completo. Para la mayoría de las mujeres en casi todo el mundo, el contexto consiste en la desigualdad cultural, política y económica.

El comercio internacional y las inversiones en agricultura han creado nuevos sectores en los que la mano de obra de las mujeres predomina. Por ejemplo, el 80 por ciento de los trabajadores del sector de las flores cortadas en Uganda son mujeres, así como el 80 por ciento de los trabajadores en la producción y el envasado de fruta para exportación en Tailandia. Si bien surgen importantes cuestiones sobre la calidad de estos puestos de trabajo, no hay duda de que el comercio y la inversión internacionales han creado nuevas oportunidades para las mujeres. Muchas de ellas antes se encontraban atrapadas en una situación de dependencia económica característica de sus culturas tradicionales y ahora celebran la posibilidad de ganarse la vida de manera independiente.

Algunas mujeres agricultoras de Burkina Faso que conocí en 2006 bromearon sobre ello: "Si vienes a ver nuestros campos, tendremos que inventarnos alguna historia, ya que si los hombres ven a un europeo interesado, es posible que descubran por cuánto se venden nuestras flores, y entonces se apoderarían de nuestro negocio".

Sin embargo, las mujeres todavía están en desventaja respecto a los hombres frente a la globalización.

La liberalización del comercio mundial y la desregularización de las inversiones internacionales han favorecido a las personas con más poder económico (normalmente los hombres), a las que han recibido más educación (normalmente los hombres), y a aquellas que cuentan con un mayor control de los activos productivos (una vez más, los hombres).

Del mismo modo, la liberalización y desregulación han tendido a desfavorecer a los individuos que tienen un mayor número de personas dependientes a su cargo (normalmente las mujeres), a los con pocos o ningún activo productivo (más frecuentemente las mujeres), y a aquellos sin protección legal o política (una vez más, las mujeres).

Las nuevas oportunidades que han encontrado las mujeres gracias a la globalización suelen ser en sectores donde las barreras a la entrada son pocas, y por tanto también son pocos los beneficios.

"La presunción de que todos parten de las mismas
condiciones aumenta las desigualdades existentes.  "

Podría decirse que el modelo predominante de comercio e inversión mundial produce resultados discriminatorios debido a su propia incapacidad de discriminar. La presunción de que todos parten de las mismas condiciones aumenta las desigualdades existentes. 

La Revolución Verde que alteró la agricultura de Asia y América Latina en los años sesenta y setenta ilustra el problema. Las nuevas tecnologías introducidas por la Revolución Verde producían mejores resultados para los agricultores que tenían propiedades relativamente grandes, mayores reservas de capital y una mayor base educacional (muchos más hombres que mujeres). En su mayor parte, los científicos y trabajadores de extensión implicados en la Revolución Verde (de nuevo, en su mayoría hombres) estaban ciegos frente a la contribución que las mujeres hacían a la agricultura, reflejando el inherente sexismo de su educación y culturas.

Como resultado, la Revolución Verde marginalizó de manera general a las mujeres en el sector agrícola. Ignoró el conocimiento tradicional que tenían las mujeres en materia de semillas, cultivo y comercio, expuso a millones de mujeres que desempeñaban trabajos agrícolas a pesticidas y herbicidas que perjudicaban su salud y la de sus hijos, e iba en contra de sus intereses económicos al aumentar la importancia del dinero en efectivo en los hogares agrícolas a expensas de las transacciones no monetarias.

En la mayoría de las culturas, el dinero en efectivo es habitualmente feudo de los hombres. La necesidad de dinero en efectivo crea una necesidad de crédito y, por tanto, de garantía, por lo que la propiedad de los activos de producción, como la tierra, cobra importancia. De nuevo, es mucho más probable que sean los hombres quienes posean estos activos.

Los países y fundaciones donantes ha reconocido recientemente la desigualdad a la que se enfrentan las mujeres en materia de agricultura. La crisis de los precios de los alimentos de los años 2007 y 2008 parece haber centrado la atención de los donantes, que ahora prometen actuar donde antes no lo hicieron. Un aumento de la asistencia a las mujeres agricultoras podría mejorar mucho la capacidad de las mujeres para participar y beneficiarse del comercio e inversiones internacionales.

"Raramente los donantes mencionan los derechos de las
mujeres o  la importancia de la inversión en las mujeres por
el propio bien de las mujeres.
"

Sin embargo, gran parte de la motivación es abiertamente instrumental, y su justificación se basa en que invertir en las mujeres conducirá a unos niveles de crecimiento más rápidos y un mayor rendimiento de la producción agrícola total. Raramente los donantes mencionan los derechos de las mujeres o  la importancia de la inversión en las mujeres por el propio bien de las mujeres. Si los donantes sólo se preocupan por hacer crecer la productividad agrícola, no lograrán reducir la desigualdad de género, e incluso podrían aumentarla, tal y como ocurrió durante la Revolución Verde.

Los donantes deben formar parte de una amplia estrategia agrícola que aborde, de manera deliberada, las necesidades y los intereses de las mujeres a varios niveles. Para que las mujeres alcancen el éxito como productoras y comerciantes, los gobiernos deben liberarlas del tiempo que emplean en cuidados reproductivos, invirtiendo en el cuidado de niños y ancianos y en fuentes de energía no contaminante que sean asequibles y accesibles. Las mujeres necesitan tener control sobre su fecundidad. Los gobiernos deben invertir en caminos seguros y redes de comunicación decentes, no sólo para facilitar que las mercancías lleguen al mercado, sino para que las mujeres puedan desplazarse con seguridad. Es necesario que las niñas reciban educación, y toda la familia necesita tener acceso a un servicio de salud asequible y de calidad.

Asimismo, las mujeres requieren protección jurídica para que puedan beneficiarse de las nuevas oportunidades económicas. Es necesario que la ley garantice el derecho de las mujeres a la misma remuneración por el mismo trabajo. Deben ser capaces de defender sus reivindicaciones sobre los activos de producción, con el apoyo de leyes de sucesión y de matrimonio que sean igualitarias.

"Para participar en el plano económico, las mujeres
necesitan tener una voz política, tanto en sus comunidades
como en los gobiernos municipales, estatales y nacionales.
"

A su vez, para participar en el plano económico, las mujeres necesitan tener una voz política, tanto en sus comunidades como en los gobiernos municipales, estatales y nacionales.

Los gobiernos (y los donantes) necesitan aplicar una discriminación positiva. Los reglamentos sobre contratación pública deberían insistir en que las compañías que reciban financiación pública tengan políticas explícitas para promover los derechos de las mujeres. Esto podría incluir un compromiso fehaciente de trabajar con mujeres productoras y cooperativas de mujeres, de comprar un mínimo de insumos procedentes de mujeres, o trabajar con un número mínimo de mujeres procesadoras o comerciantes. Por su parte, los inversores extranjeros también deberían ser obligados a demostrar cómo sus inversiones proporcionarían oportunidades significativas a las mujeres.

Para que las mujeres puedan beneficiarse de las inversiones y el comercio, los gobiernos han de replantearse en primer lugar qué se entiende por beneficio. ¿Es suficiente un aumento del PIB o un incremento de los intercambios comerciales? La respuesta es no. Los gobiernos deben ir más allá y buscar beneficios tales como mejores salarios en los sectores peor remunerados, o más oportunidades de empleo para las mujeres.

Para aplicar esta discriminación positiva, los gobiernos necesitan más información. Los datos desglosados por género continúan siendo poco comunes. Nuevos índices, tales como el Índice de Equidad de Género presentado por Social Watch, pueden iluminar la realidad de las mujeres: el valor económico del papel reproductivo de las mujeres en el hogar, diferencias de género en el acceso al mercado laboral y las condiciones laborales, nivel de educación, acceso al crédito y financiación y acceso a los anticonceptivos y a la planificación familiar, entre otros.

Existen numerosas buenas razones para buscar la sencillez en los acuerdos internacionales de inversión y comercio. La no discriminación posee esta cualidad. No obstante, fracasa a la hora de responder a la gran necesidad de normas multilaterales que reduzcan las desigualdades y protejan y promueven los derechos humanos, incluyendo los derechos de las mujeres.

Ha llegado el momento de que los negociadores de tratados comerciales comiencen a discriminar.

Lee el ensayo: Las virtudes de la discriminación

Comentarios

¡La hora de actuar!

Puede que las responsabilidades de las mujeres en cuanto al cuidado y su pobreza de tiempo no mucho se discuten en las tertulias de seguridad alimentaria, pero obviamente ganas de hacerlo no faltan. Los comentarios ayer pusieron en evidencia el interés agudo de los lectores en el tema y su complacencia de verlo reconocido como una preocupación legítima para la seguridad alimentaria.

Los participantes en la discusión de ayer apreciaron las sugerencias prácticas de Joanna Kerr referentes a cómo liberar el tiempo de las mujeres, ¡pero pidieron más! De nuevo la discusión nombró más preguntas que respuestas: ¿Cuáles palancas podrían ser útiles a fin de alterar el comportamiento y las actitudes? ¿Cuáles políticas podrían redistribuir las responsabilidades para el cuidado de manera más justa entre hombres y mujeres, y entre familias, el Estado y el sector privado?

De la discusión surgieron varias necesidades: hacen falta investigación, políticas y programas innovadores si vamos a abordar el tema con seriedad y lograr un cambio sustancial para las mujeres. ¡Ya es hora que pasemos de manera colectiva del reconocimiento del problema a la creación de propuestas audaces para el acción!

Un punto interesante que salió varias veces ayer fue el impacto de la pobreza de tiempo de las mujeres rurales sobre su capacidad de organizarse políticamente y fortalecer su liderazgo. Muchos de ustedes hicieron un llamado a las ONG como Oxfam a repensar sus programas tradicionales de desarrollo económico, que a menudo se centran en la producción y el ingreso, obviando las cuestiones centrales de quién pone el tiempo y quién controla los beneficios. Y ustedes sugirieron que para un cambio mucho más fundamental ¡hay que apoyar a los movimientos de mujeres y en especial sus esfuerzos por desafiar las normas patriarcales!

Hoy ponemos la atención a la política global con una discusión del tema del comercio internacional. ¿Qué piensan ustedes de la sugerencia de Sophia Murphy que los gobiernos deben instituir políticas de discriminación positiva para asegurar que los acuerdos comerciales y la inversión extranjera ofrezcan oportunidades significativas para las mujeres?

¡Bienvenidas serán sus recomendaciones prácticas!

Propondría cambiar el

Propondría cambiar el concepto de discriminación positiva (porque tiene un contrasentido) por el de Acciones Positivas que apunten a disminuir las brechas de género en el acceso a los beneficios de los acuerdos, inversiones e intercambios comerciales. Coincido con la autora en que el argumento más peligroso es la presunción de igualdad (en este caso entre hombres y mujeres productores de alimentos, entre productores/as grandes y pequeños, entre empresas transnacionales y productores/as locales), por la falsa neutralidad que contiene. Son principios éticos los que están detrás de este enfoque. Las acciones positivas se justifican por una cuestión de Justicia Social y no deben perpetuarse en el tiempo, sino hasta que se alcance la Igualdad.

Lo que yo quisiera es

Lo que yo quisiera es discutir el lugar de la crítica feminista frente al comercio y las mujeres del mundo rural, y lo voy a hacer a partir de una de las afirmaciones  del artículo, donde se señala que: no hay duda de que el comercio y la inversión internacionales han creado nuevas oportunidades para las mujeres. Muchas de ellas antes se encontraban atrapadas en una situación de dependencia económica característica de sus culturas tradicionales y ahora celebran la posibilidad de ganarse la vida de manera independiente.” Pareciera que el argumento detrás de esa afirmación se mueve bajo  el  supuesto de que la cultura tradicional ha tenido “paralizadas/disminuidas” (mis palabras) a las mujeres;  y pareciera que esa parálisis –asociada a su dependencia económica- puede ser transformada por las oportunidades que brinda la apertura comercial, la que abriría sus fronteras culturales y les ofrecería  oportunidades para romper esa dependencia.

Esta afirmación pareciera no tomar en cuenta que cuando “aparece” la apertura comercial y los inversores, esas mismas mujeres siguen haciendo lo que hacen:  desempeñando sus roles comunales, dando vida, produciendo y alimentando a seres humanos,  cuidando a la naturaleza, entre otra tareas.  El que, generalmente, no reciban dinero por eso, ni lo hagan en las mejores condiciones materiales, no las hace dependientes ni disminuidas.

La consecuencia del  argumento señalado en el artículo, es que el problema radica en que esa apertura comercial (no cuestionada en sí misma y casi inevitable) viene sesgada por el género y no favorece a las mujeres.  Lo que nos vuelve a poner en los planteamientos que se vienen haciendo hace años sobre cláusulas, medidas compensatorias, políticas de discriminación positiva... a las mujeres.  Creo que eso resolvería poco, y ése ha sido el planteamiento que muchas economistas y activistas (en las que me incluyo) hemos venido haciendo sin que hayamos conseguido logros significativos. 

Creo que nuestra crítica tiene que ponerse en otro lugar.  Si la seguimos colocando principalmente en los impactos del comercio hacia las mujeres,  estamos haciendo perder al discurso feminista argumentos sustantivos frente a la liberalización económica y debilitamos nuestra propuesta de sostenibilidad de la vida.  El asunto no es el acceso a libertad económica ni a oportunidades económicas (eso es parte de la fantasía economicista), sino lo que las mujeres del campo están haciendo y quieren seguir  haciendo con sus vidas.  En ese lugar pongámonos y aprendamos.

Efectivamente los goobiernos

Efectivamente los goobiernos deben promover acciones  afirmativas  a favor de las mujeres, iniciando por reconocer a las mujeres como sujetas de derechos,  valorizar el trabajo reproductivo,  visibilizar el aporte economico de las mujeres en las estadisticas oficiales, creando mecanismos que favorezcan su participacion en la formulacion de politicas para que estas respondan a las necesidades e intereses de las mujeres, desarrollando campañas sobre la responsabilidad compartida de las tareas reproductivas, creando programas educativos con modalidades adecuadas al tiempo de las mujeres, acercando y asegurando programas de salud integral y de calidad; facilitando el acceso a bienes y activos (tierra, credito y tecnologia) para  elevar su  capacidad de negociacion en los diferentes ambitos, incluyendo el ambito familiar. Muchas organizaciones reinvidican politicas publicas y programas integrales que favorezcan su  bienestar y el desarrollo  sostenible de sus comunidades, siendo una demanda relevante el derecho  a decidir sobre el uso de su  territorio  y bienes naturales, que se ven amenazados por el avance de los monocultivos controlados y promovidos  por empresas transnacionales. Sistemas de monocultivos desarrollados con tecnologias que profundizan el deterioro ambiental,  el equilibrio ecologico y la sostenibilidad de bienes naturales vitales para la vida (agua). Mujeres de dos regiones especificas de Nicaragua,  han expresado preocupaciones por diferentes situaciones que estan alterando y afectando su sistema alimentario y sus vidas,  algunas de estas situaciones son:  la perdida de su ganado menor por efecto de la contaminacion de las fuentes de agua, poca ventaja competitiva de  sus productos procesados artesanalmente,  mercados controlados por grandes empresas que bajan los  precios de vegetales,  los dias de mercados campesinos, por el incremento del costo de alquiler de tierra al aumentarse la demanda para cultivar agrocombustibles o productos no tradicionales para el mercado exterior,  por la  disminucion de la efectividad de productos alternativos usados para el manejo de sus cultivos ante la incidencia de plagas resistentes, producto del desiquilibrio ecologico causado por el excesivo uso de agroquimicos. Las acciones afirmativas o la discriminacion positiva son limitadas e insuficientes para hacer avanzar la igualdad  y los derechos de las mujeres, en un entorno donde se promueve un modelo de desarrollo que responde a los grandes intereses y en donde se afianza una cultura  basada en valores conservadores y prevalece el uso de la fuerza y la violencia.

Cuando el analisis de la economia y la politica economica no separe el trabajo reproductivo, del trabajo productivo y cuando leamos la realidad no desde una vision androcentrica  creo que estaremos en mejor condicion para lograr cambios que favorezcan los derechos de las mujeres.                              

Permalink: http://oxf.am/3GR