Día 7: Semillas y hermandad

Joanna Kerr

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Directora ejecutiva de ActionAid International
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Los gobiernos y las organizaciones de desarrollo precisan de una estrategia que libere a las mujeres pobres de la responsabilidad de alimentar al mundo y, en su lugar, las ayude a organizarse y a profundizar su conocimiento tradicional.  Además, hay que considerar  los cuidados familiares no remunerados que realizan las mujeres y la consiguiente presión sobre su tiempo como temas fundamentales para la seguridad alimentaria.

Por Joanna Kerr, Directora ejecutiva de ActionAid International

Al haber trabajado durante las dos últimas décadas en la defensa de los derechos de las mujeres y el desarrollo sostenible, he recibido con entusiasmo el aumento de la atención internacional a las necesidades y el trabajo de las mujeres agricultoras en las comunidades pobres. No obstante, aunque las organizaciones de desarrollo centren su trabajo en apoyar a las mujeres de las zonas rurales, debemos asegurarnos de que no repetimos los mismos errores que cometimos en el pasado. Para abordar el hambre y el cambio climático, y además reducir la desigualdad, las ONG, los gobiernos y los movimientos en favor de las mujeres precisan de una estrategia que libere a las mujeres pobres (para quienes el tiempo es un recurso más que escaso) de la responsabilidad de alimentar al mundo y, en su lugar, las ayude a organizarse y a cultivar el conocimiento tradicional que atesoran, anteponiendo sus derechos a otros intereses.

"Las mujeres son las primeras a librar la lucha relacionada a la manera en que se producen nuestros alimentos, sobre temas como el conocimiento, las semillas y la sostenibilidad del sistema alimentario en su conjunto."

Partiendo de lo que he observado en gran parte de los países del Sur, las mujeres son las primeras a librar la lucha relacionada a la manera en que se producen nuestros alimentos, sobre temas como el conocimiento, las semillas y la sostenibilidad del sistema alimentario en su conjunto. Deo, una agricultora brasileña de 42 años que trabaja con ActionAid, me contó la manera en la que las mujeres intentan lograr un cambio sustancial:

“Los hombres no saben esperar. Quieren plantar y acto seguido cosechar. La agroecología requiere paciencia. Se necesita tiempo para obtener resultados positivos, especialmente debido a que nuestros [antiguos] métodos de cultivo dañaron tanto nuestras tierras. Los hombres terminaron abandonando el nuevo sistema y volvieron a los métodos convencionales. Las mujeres unieron sus fuerzas para aprender y oponerse a sus maridos para lograr un cambio, poner fin a la práctica de la quema, diversificar la producción, alimentar el suelo cubriéndolo con plantas y cultivar plantas medicinales para mejorar nuestros medios de vida”.

Sin duda, las mujeres como Deo contribuyen significativamente a sistemas alimentarios localizados; millones de mujeres como ella son las principales productoras de alimentos, proveedoras y procesadoras en muchos países en desarrollo. De hecho, las pequeñas productoras y proveedoras locales de alimentos han innovado durante generaciones, cuidando nuestros suelos, semillas y el patrimonio cultural relativo a la alimentación. Las mujeres rurales en particular, ya sean agricultoras, habitantes de bosques, indígenas o tribales, han sido las depositarias del conocimiento en materia de producción de alimentos, conservación de las semillas, tratamiento y elaboración de alimentos.

Sin embargo, a lo largo de los años, este conocimiento y estos sistemas eficientes, tradicionales y resistentes han sufrido el ataque continuo de los sistemas de distribución y producción alimentaria mecanizados e industrializados. El ímpetu por lograr cosechas homogéneas en los campos y alimentos normalizados en las estanterías de los supermercados es, en gran parte, la causa subyacente de dicho declive.

Como respuesta a esta situación, ActionAid apoya un modelo agroecológico de agricultura sostenible que no se basa en soluciones tecnológicas preestablecidas, sino en las prácticas de los agricultores locales. Nuestras iniciativas agroecológicas se centran en métodos biológicos, fomentando cultivos diversos y nutritivos a la vez que se reconocen y se desarrollan las habilidades y la experiencia de las mujeres agricultoras y se les facilita el acceso al conocimiento teórico en materia de agricultura sostenible.

Pero he aquí el dilema. Como Deo nos comentaba anteriormente, se requiere tiempo para desarrollar estos métodos sostenibles y más resistentes al cambio climático. El tiempo es el recurso más limitado de las mujeres en situación de pobreza. La sociedad espera que las mujeres asuman el cuidado de los niños, la cocina, la limpieza y la recogida de agua y combustible, lo que obstaculiza tanto el desarrollo como la autonomía de las mujeres.

"Lamentablemente, los cuidados familiares no remunerados que realizan las mujeres y el tiempo que requieren no se consideran aspectos fundamentales de la seguridad alimentaria."

Lamentablemente, los cuidados familiares no remunerados que realizan las mujeres y el tiempo que requieren no se consideran aspectos fundamentales de la seguridad alimentaria. Los responsables de la elaboración de políticas y la mayoría de los programas de agricultura no reconocen a las mujeres como productoras de alimentos con funciones TANTO productivas COMO reproductivas. Los programas de desarrollo suelen abordar estos asuntos de manera independiente y no contemplan ni las conexiones ni las concesiones necesarias que surgen al considerar a las mujeres sólo como agricultoras o sólo como cocineras y cuidadoras.

En términos generales, los ministerios de agricultura y los donantes conceden prioridad a la producción de alto rendimiento mediante el uso de activos químicos y nuevas variedades de semillas. La idea de una revolución verde es omnipresente. A su vez, a pesar de que los movimientos campesinos luchan por la tierra de manera justificada, suelen poner en segundo plano los derechos de las mujeres. Incluso en mi propia organización, hay algunos compañeros que llanamente se rieron ante la perspectiva de que nos centráramos en los cuidados y en las responsabilidades derivadas de ellos, por no mencionar que los hombres compartan esas responsabilidades.

Las normas sociales en cuanto a roles de género están muy arraigadas. Además, mientras muchos grupos de mujeres intentan poner en primer plano la carga que supone el cuidado familiar, el abrumador esfuerzo requerido para abordar la violencia contra las mujeres o la falta de derechos en materia de reproducción eclipsan este problema.

Me atrevería a decir que existen algunas soluciones relativamente sencillas para abordar tanto la igualdad de género como la agricultura sostenible, incluyendo unas que van más allá de lo técnico e integre lo político.

Una opción obvia sería garantizar que las mujeres rurales dispongan de los medios y de la ocasión para organizarse. He observado en repetidas ocasiones, que, cuando las mujeres se unen, pueden reforzar su identidad como mujeres rurales, generar solidaridad entre las familias agricultoras, difundir conocimiento útil, fortalecer la confianza en sí mismas, conseguir autonomía individual y colectiva e incluso transformar las políticas públicas.

En segundo lugar, los donantes y las ONG han de reconocer que cuando las mujeres utilizan la agroecología para recuperar el control de lo que producen y cómo lo producen, ellas realmente mejoran su seguridad alimentaria, sus ingresos y su salud. A su vez, la agroecología las permite ampliar las zonas sobre las que ejercen el control, en las que pueden plantar cultivos nutritivos y diversificados, en algunos casos en su propio jardín, a la vez reducir el tiempo de trabajo dedicado al campo familiar, donde tienen poco control sobre la producción y los beneficios.

"Las mujeres utilizan la agroecología para recuperar el control de lo que producen y cómo lo producen."

En tercer lugar, los encargados de la elaboración de políticas y los responsables de programas deben cuestionar su postura ante la economía de cuidado familiar y dejar de considerarla un área reservada para el trabajo no remunerado de las mujeres. Afortunadamente, es cada vez más un tema de debate político quién, entre familias, instituciones públicas, ONG proveedores de servicios y empresas privadas, debería proporcionar el cuidado familiar.

La respuesta política a este desafío es compleja (no se trata únicamente de ofrecer remuneración por el trabajo doméstico) y requiere de una contextualización, pero, en conjunto, este debate ha de ponerse en primer plano para que la sociedad reconozca y finalmente redistribuya las tareas relativas a los cuidados.

Entretanto, a un nivel más práctico, he observado que las iniciativas que reducen el tiempo empleado por las mujeres en el trabajo, como guarderías y centros de cuidado infantil o molinos gestionados de manera cooperativa por mujeres o bancos de semillas u otras tecnologías apropiadas, fomenten el liderazgo femenino y dan lugar a mayor autonomía de las mujeres.

Estos esfuerzos pragmáticos para mejorar la eficiencia de la producción alimentaria llevado a cabo por las mujeres pueden tener también importantes beneficios a nivel estratégico: contribuyen a desechar las ideas habituales de que las mujeres son “ayudantes” y de que su trabajo tiene menos valor que el de los hombres.

En muchos casos, las prácticas agroecológicas han servido para mostrar a las mujeres y a sus familias la importancia de la autonomía económica de las mujeres, incluyendo el control y uso de sus propios ingresos. En la experiencia de ActionAid, esta labor ha motivado a un creciente número de mujeres a asumir conductas de liderazgo de manera proactiva en sindicatos de trabajadores rurales y a reunirse para debatir asuntos tales como el acceso al mercado y luchar a favor de nuevas políticas públicas para la agricultura.

"Los donantes y las ONG necesitan apoyar explícitamente la organización de las mujeres tanto como un medio como un fin en sí mismo."

Muchas de las maneras predominantes de promover la agricultura han paradójicamente incrementado el hambre, agravado la pobreza, debilitado suelos frágiles y aumentado la carga de trabajo de las mujeres. Los donantes y las ONG necesitan adoptar una visión holística que incremente el control que ejercen las mujeres sobre su propio tiempo y sus prácticas agrícolas. Esto implica apoyar explícitamente la organización de las mujeres tanto como un medio como un fin en sí mismo.

El apoyo a los grupos de mujeres agricultoras a través de la agroecología no es una visión romántica anticuada ni ninguna utopía feminista, como sugieren algunas críticas vertidas al respecto. Al contrario, más gobiernos, ONG y movimientos sociales deben asumir estas estrategias de sentido común, y a la vez incluir a las propias mujeres que luchan en primera línea por la alimentación, la sostenibilidad y los derechos humanos. La agroecología es el camino por el cual la justicia alimentaria y los derechos de las mujeres podrían avanzar juntos.

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