Desigualdad y cambio climático: Principales retos para los líderes mundiales en 2015

Este año, la labor de los líderes mundiales será puesta a prueba como nunca antes. 

Durante la última década se han realizado importantes progresos. La pobreza ha disminuido a nivel mundial; las tasas de mortalidad materno-infantil se han reducido; hoy en día, muchos más niños y niñas tienen acceso a educación; y el número de personas que padecen hambre en todo el mundo también ha disminuido. Sin embargo, estos avances han ido demasiado lentos.

La desigualdad económica extrema está fuera de control y es cada vez más grave. De Ghana a Alemania, de Sudáfrica a España... La brecha entre personas ricas y pobres aumenta rápidamente. El pasado año, durante el Foro Económico Mundial, Oxfam dio a conocer unas estadísticas que coparon los titulares de la prensa internacional. Anunciábamos que, en aquel momento, las 85 personas más ricas del mundo poseían tanta riqueza como la mitad más pobre de la población mundial, 3.500 millones de personas. Ahora, un año más tarde, esta cifra es aún más escandalosa: ya son tan solo 80 milmillonarios quienes acumulan la misma riqueza que la mitad más pobre del planeta. 

Tanto en los países ricos como en los más pobres, la desigualdad alimenta conflictos, socava la democracia y amenaza el crecimiento. No hace mucho quienes expresaban su preocupación por la desigualdad eran acusados de practicar la "política de la envidia". Sin embargo, durante este último año esta preocupación se ha generalizado y a ella se han sumado voces como la del Papa Francisco, Christine Lagarde o el presidente Obama, quienes han advertido de sus graves consecuencias. El consenso, por tanto, es cada vez mayor: si no se combate, la desigualdad económica podría suponer un retroceso en los avances conseguidos en la lucha contra la pobreza y amenazar la estabilidad global. 

Al mismo tiempo, los efectos del cambio climático están exacerbando esta creciente brecha. A medida que la temperatura del planeta aumenta, los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes y severos: destruyen cultivos y medios de vida y minan los esfuerzos de las personas con bajos ingresos para alimentar a sus familias. Y son las personas que menos han contribuido a este fenómeno las que más sufren sus consecuencias. 

Desigualdad y cambio climático. Estos son los principales desafíos a los que nos enfrentamos en 2015. Este es el año en el que debemos emprender acciones para lograr un mundo justo y sostenible. 

Pero, ¿cuáles? Para hacer frente a estos graves desafíos mundiales precisamos respuestas valientes. 

El pasado mes de octubre, Oxfam lanzó una campaña internacional para combatir la desigualdad, Iguales, en la que proponíamos un plan de siete puntos para cerrar la brecha entre ricos y pobres durante los próximos años. Estas medidas iban desde garantizar la inversión pública para lograr una educación y una sanidad gratuitas, hasta impulsar empleos y salarios dignos o la participación política de todas las personas. 

Este año, en particular, centraremos nuestras energías en la reforma del sistema fiscal internacional. Para progresar en la lucha contra la desigualdad es necesario que se dé un proceso más ambicioso, amplio e inclusivo para corregir el actual sistema fiscal internacional y, así, evitar que las grandes corporaciones evadan o eludan los impuestos que les corresponde pagar. Es vital que lo logremos para proporcionar a los Gobiernos los recursos que necesitan para combatir la pobreza y la desigualdad. Con el actual e injusto sistema fiscal internacional no será posible lograr este objetivo. 2015 ha de ser el año en el que los líderes mundiales pongan fin a las incoherentes legislaciones internacionales y los vacíos legales en materia fiscal que recompensan a quienes eluden sus obligaciones cívicas y dejan que las personas pobres paguen el precio. 

Por este motivo, desde Oxfam hacemos un llamamiento para que se celebre una Cumbre Fiscal Mundial en 2015 en la que participen todos los países, ricos y pobres, para debatir y acordar la conformación de un organismo intergubernamental que establezca, implemente y regule un sistema fiscal internacional más justo. 

Con respecto al cambio climático, 2015 debe ser el año en el que nuestros gobernantes por fin se enfrenten a este desafío. El año pasado vimos como investigaciones científicas confirmaban una vez más la magnitud de la amenaza que supone el calentamiento global. Y también vimos la respuesta de la ciudadanía: en septiembre, pude participar junto a cientos de miles de personas en una marcha en Nueva York para exigir acciones reales contra el cambio climático. Miles de personas más también se manifestaron en otras ciudades de todo el mundo. 

Este año, los Jefes de Estado tienen la oportunidad de lograr un acuerdo al amparo de Naciones Unidas que podría marcar un punto de inflexión en la lucha para reducir –si no acabar con– las emisiones de gases de efecto invernadero y garantizar el apoyo a las comunidades más vulnerables en la adaptación ante los efectos del cambio climático. Recientemente, algunas empresas privadas han dado pasos concretos y asumido compromisos positivos para luchar contra el cambio climático. 

Pero, en última instancia, deben ser los Gobiernos quienes lideren y actúen para hacer frente a los problemas que más afectan a la ciudadanía y al planeta. Solo a través del liderazgo político se conseguirá adoptar las medidas necesarias a nivel internacional que un número cada vez mayor de personas exige en todo el mundo. 

En Davos espero ser testigo de intensos y francos debates en torno a estas cuestiones que afectan gravemente tanto a las comunidades más vulnerables como a las empresas más poderosas. 

Qué puedes hacer tú

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