Cuba: revolución en tiempos de “Desiguales” (1a parte)

Son las historias de vida, y no las estadísticas, las que comienzan a desviar la atención del campo académico y la opinión pública nacional desde las políticas macroeconómicas hacia sus impactos sobre las brechas de equidad y el consenso sociopolítico en Cuba. Un desafío para Oxfam, luego de más de 20 años de presencia en el país. 

- “Únete a mi revolución. Somos todo lo que buscas…“, repite Roberto (18)

Cantan Damián y “El Príncipe”, uno de los más famosos pares de música urbana en Cuba —entiéndase, “reguetón”, un derivado del reggae que ha conseguido desplazar la salsa de la preferencia de gran parte de la población bailadora en la Isla; sobre todo, adolescentes y jóvenes—. Ellos, “Los desiguales”, hacen circular sus producciones en un circuito underground altamente competitivo, en el que la distancia entre unos y otros artistas se condiciona por sus niveles de acceso a estudios de grabación privados o a videoclips de calidad. Ante los límites de la industria estatal, dominante por más de medio siglo en el país, las reglas del mercado “informal” de la música en Cuba determinan quién se hace escuchar, y bajo estas condiciones se levanta toda aquella propuesta que diga no parecerse a otra. 

Es casi el mismo concepto detrás de otros “Desiguales”: esta vez, una marca de zapatos pensada, facturada y comercializada por artesanos no estatales en el municipio de Camajuaní, al centro de la Isla; el cuarto del país con más porciento de trabajadores “por cuenta propia” fuera del sector agropecuario. Partiendo de una tradición local, sus fabricantes vieron en la nueva apertura a formas de propiedad y gestión, una oportunidad, también, para posicionar la singularidad de sus producciones. 

En “la Cuba del cambio”, lo “desigual” se coloca como un valor. Un margen comercial. 

Quienes se ocupan de registrarlo desde empeños académicos individuales —quizás el espacio en el que la desigualdad recibe en el país una mayor atención sistémica—, difícilmente consiguen acceder a data pública de calidad. Pero sí, a historias de vida, y desde ellas lo cuentan.  

Latinoamérica-Cuba: un puente de doble vía

Diciembre 8 de 2015. Reunidos en un salón de El Vedado habanero, quienes de alguna manera trabajan temas de desigualdad y pobreza en Cuba atienden a Rosa María (Ati) Cañete, coordinadora de la campaña Iguales de Oxfam en Latinoamérica, durante su primera presentación en la Isla. 

Aunque poco y por vías no formales, el informe que sostiene esa campaña había estado circulando en el país desde octubre pasado, y un repaso de sus dos o tres referencias al país podía anticipar lo que sería una lectura en La Habana con “la gente que sabe”: investigadoras e investigadores que han hurgado durante décadas en las escasas estadísticas públicas en busca de pistas o que han tocado miles de puertas para pulsar los relatos más íntimos. Quienes conocen de Cuba sus Macondos.    

Diciembre 8 sería, entonces, un cruce de puentes: el de la Isla, referente latinoamericano en materia de equidad, con el continente más desigual del mundo; y el de Latinoamérica, que tanto ha visto y tiene para contar, con una Cuba al horno. 

El precio de la “excepción” 

En sus más de 400 páginas, el informe “Privilegios que niegan derechos. Desigualdad extrema y secuestro de la democracia en América Latina y el Caribe” tiene apenas tres menciones a Cuba: 1) un gráfico muestra cuánto representa el gasto de bolsillo erogado por los hogares en salud en relación con el gasto total a nivel de países, y apunta que “a excepción de Cuba” y Uruguay, el primero suele superar el 20% del segundo; 2) “paradójicamente”, Cuba, con el menor gasto de bolsillo, muestra algunos de los mejores indicadores de salud de todo el continente; y 3) la tasa de desempleo de América Latina y el Caribe muestra niveles de desocupación que varían entre dos “extremos”: Colombia y Cuba. Solo una referencia a la Isla entre las notas del estudio y la única “ficha país” del continente con cuadrículas prácticamente vacías.   Pero hay una foto. 

Miradas, capturada por el fotógrafo Randy González, en el Concurso #NOFILTER - Mama. Foto: Randy González  Son miradas como esta, capturada por el fotógrafo Randy González, y no las estadísticas, las que comienzan a desviar la atención del campo académico y la opinión pública nacional desde las políticas macroeconómicas (las de hoy y las que vienen marcando la cotidianidad de la gente en este país desde los años 90) hacia sus impactos sobre las brechas de equidad y el consenso sociopolítico en Cuba. 

Para Juan Valdés Paz, quizás el más polémico de los economistas e intelectuales cubanos que haya obtenido un Premio Nacional de Ciencias Sociales en la Isla, el propio diseño de los destinos económicos, políticos y sociales del país para los próximos años (“Lineamientos del Partido y la Revolución”, 2011) atiende la recuperación de las consecuencias de la crisis de los años 90, y sobre todo, la constitución del sector no estatal de la economía cubana; pero ha desatendido sus efectos sistémicos, los cambios que produciría en la estructura social cubana y la instauración de un mayor patrón de desigualdad. 

“Pero al más grave efecto al que nos enfrentamos [es] al incremento en el término inferior de esa desigualdad: la pobreza y la marginalidad social”, escribe Valdés Paz en su prólogo a la revista Miradas, del Centro de Estudios de la Economía Cubana (2015). 

“Este es un país que no ha podido hacer su despegue económico desde que triunfó la Revolución —sostenía otro respetado politólogo cubano y sociólogo de la religión, Aurelio Alonso, en vísperas de la visita del Papa Francisco a Cuba—. Vive en un fracaso económico permanente, ocasionado por una mezcla entre el bloqueo y la incapacidad para generar un modelo bajo esa situación, que vaya más allá de la supervivencia. Ha ido condenando o sumiendo a la población en unas condiciones en las que se logra vencer el desamparo, pero no la pobreza”. 

Pero en la Isla, apunta la economista feminista Teresa Lara, tanto “pobreza” como “desigualdad” han sido términos proscritos del lenguaje oficial, e incluso, durante décadas, de la mera sospecha del ciudadano común. Y “como resultado, se ha establecido un cierto mito de la singularidad y la excepcionalidad de Cuba”, dice Mayra Espina, decana de los estudios sobre desigualdad y pobreza en el país y una de las fundadoras del proyecto editorial Cuba Posible

De modo que mientras el informe de Oxfam remarca de la “excepcionalidad de Cuba” en el panorama regional de desigualdad, de este lado, se reclama la necesidad de estar. Las singularidades del problema en el país, no obstante, afloran. 

En entrevista con Oxfam, días antes del encuentro en torno a "Iguales", la propia Mayra Espina conseguía resumirlas en poco más de cinco minutos: 

“En ningún otro lugar de Latinoamérica ha habido un proyecto político en el poder que haya colocado tan centralmente el tema de la superación de la pobreza y de las desventajas, y ese ha sido, hasta hoy, una de las bases del consenso político logrado en el país y que ha hecho posible la superación de grandes crisis; la importancia económica de los gastos sociales y su estabilidad en el tiempo son políticas de Estado, no de gobierno; y la desventaja y la pobreza en Cuba no significan exclusión total”. 

Para ella, que se ha conducido de la investigación social al terreno de la cooperación internacional, buscando siempre otras puertas de entrada a la realidad que la convoca, son singularidades que deberían verse como un escenario de oportunidad para pensar políticas más efectivas. Pero no para creerse inmunes. 

Brechas de equidad: “el territorio no es inocente”

Durante al menos tres décadas, varios de los investigadores convocados a discutir sobre pobreza y desigualdad en la mañana del 8 de diciembre en La Habana, han sido parte de grupos de investigación, de levantamiento o procesamiento de datos, o al menos, han intentado mirar con lentes críticos los impactos prolongados de la crisis económica iniciada en los 90.

Muy pocos han conseguido acceder a data pública fiable, y la mayoría admite que toda declaración sobre el tema corre el riesgo de estar fundamentada en casos. Pero aun así, no les tiembla la voz al decir que al menos tres grandes brechas están “lo suficientemente documentadas” como para conducir políticas públicas efectivas: la brecha de género, la brecha territorial, la brecha racial. 

Niña. Cuba. Desigualdad. Futuro: Foto: Mujeres. Cuba. Foto: Yens Cordero y Marianela González / Oxfam

Cuando se analiza el terreno de los “cuentapropistas”, por ejemplo, las mujeres están subrepresentadas entre los dueños y sobrerrepresentadas como empleadas, y hay un fenómeno rural y urbano de mujeres con roles de ayudantes familiares no remuneradas: bajo el entendido de que el marido es el proveedor, no reciben un salario. 

“No sabemos exactamente cuántas son, pero los estudios de casos van dando cuenta de eso”, sostiene Norma Vasallo, del Centro de Estudios de la Mujer. 

En agosto de 2015, las mujeres cuentapropistas no superaban al 30%: un cálculo que toma en cuenta a las empleadas, pero no a las emprendedoras. 

A ello se suma que en condiciones rurales, se registran desventajas en términos de acceso a agua potable, estructura, electricidad, e incluso, apunta Espina, una brecha en logros educativos, bastante atenuada en Cuba. Sobre todo, en las zonas con más desventajas en términos de condiciones para producción y mercado. 

“La derivación de esto para la formulación de políticas es que si esas brechas existen y se reproducen, y que las nuevas medidas de la reforma repiten un poco ese esquema de brechas, quiere decir que es un reclamo acompañar esto de otras herramientas de políticas que logren modificar los mecanismos que las reproducen”, cierra Espina. Y en ese sentido, la apuesta por el espacio local, el territorio, como generador de políticas de reducción de desigualdades está siendo clave en la agenda de la sociedad civil cubana en vísperas de 2016: año que, desde el gobierno, apunta a nuevas transformaciones en el sistema social y político de la Isla. 

El trabajo de Oxfam en Cuba: acompañar a organizaciones locales

Para el equipo de Oxfam en Cuba, el escenario obliga a acompañar el trabajo de organizaciones sociales, sectores de la investigación y gobiernos locales en la disminución de brechas de equidad. De ahí la apuesta por la articulación de estos actores en los territorios donde se apoya proceso de desarrollo local, y por hacer notar los impactos diferenciados de las políticas económicas sobre comunidades o sectores más vulnerables, sobre todo las mujeres y las personas con discapacidad. 

- “Únete a mi revolución. Somos todo lo que buscas…”- suenan “El Príncipe” y Damián.

- “¡… Desiguales company!”- completa Roberto. Por su cumpleaños 18 y vísperas de ingreso a la Universidad, se ha hecho tatuar una frase latina que, en latín, dice algo sobre conservar la memoria de lo que se es y ha sido. 

Campaña Iguales. Es hora de cambiar las reglas. Acabemos con la desigualdad extrema.

 

 

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