Civiles en medio de la guerra

Estoy en Gaza por segunda vez desde el alto el fuego. Me voy a reunir con seis personas que acaban de sobrevivir a una guerra. Escucho noticias sobre el pánico del patio escolar. Los primeros misiles impactaron en la ciudad de Gaza cuando las escuelas se estaban vaciando. Los escolares, maestros y padres no sabían si quedarse en el patio o salir a la calle. Me informan de que hubo una decisión equivocada en un centro escolar que costó la vida a 10 jóvenes. Un misil israelí impactó en la carretera cuando los niños huían corriendo.

También hablo con padres avergonzados por haber llorado de miedo delante de sus hijos.

“Mi marido me dijo que tenía que ser fuerte por ellos, pero pensaba que íbamos a morir. Éramos la última familia en abandonar el edificio de apartamentos. Los tanques se acercaban desde el final de la carretera. Todos nos apelotonamos en el complejo de la ONU y vimos cómo los proyectiles de los tanques hacían blanco en los apartamentos de donde acabábamos de salir.”

Les pregunto qué se les dice a los niños en un momento así. “Les dije que estábamos en guerra.” ¿Quién lucha contra quién? Pregunto.

La respuesta no dice nada de Hamas; se trata de los civiles. “Nos atacan a nosotros, los civiles. Están furiosos con nosotros y quieren castigarnos.” No puedo replicar, pues no estaba allí.

Les puedo contar sobre mi viaje a la ciudad israelí de Sderot durante la guerra. Les cuento cómo escuché el aviso de que se acercaba un cohete y las explosiones cuando aún corría al refugio. Parecen sorprendidos. Son noticias de otro mundo, a sólo diez kilómetros de ahí. Otro mundo que no pueden visitar porque el gobierno israelí no les permite abandonar Gaza.

Les explico lo que he escuchado en Sderot. Los israelíes de izquierdas me confesaron que no les gustaba lo que estaba pasando con los civiles en Gaza. Decían que podían escuchar las explosiones y sentir cómo se movía el suelo. Pero querían que se parara el ataque sobre los civiles en Sderot con los cohetes de Gaza. De nuevo, no se habló de Hamas. “A nuestros niños se les dice que los árabes son quienes disparan los cohetes; los árabes son malos.”

Gaza es pequeño. Tres semanas de bombardeo israelí y batalla con Hamas y otros grupos armados palestinos sobre el terreno han dejado su huella por todas partes. De camino al Sur desde el paso de Erez hasta Gaza, atravieso Ezbet Abed Rabou. Aquí, todas las casas se han reducido a un montón de escombros de hormigón. Toallas de colores, mantas, alfombras y colchones aplastados entre toneladas de bloques grises. La pintura brillante de las paredes del dormitorio expuesta a la mirada de cualquiera.

Un viejo calienta té en una hoguera fuera de su montón particular de escombros. Comenta: “Sí, Hamas me dio dinero; Oxfam me facilitó agua y la ONU comida. No quiero nada de eso; lo que quiero es recuperar mi casa.”

Al avanzar por la ciudad de Gaza, paso por talleres de reparación de vehículos cuyos techos han volado por los aires. Fábricas marcadas por los impactos de los obuses, llenas de metal retorcido. Una fábrica de cemento con 13 hormigoneras y tractores industriales de color amarillo volcados de lado, como si fueran juguetes. El propietario no da crédito: su empresa privada, la maquinaria cara, destruidas por los tanques y los bulldozers israelíes. “Sin trabajo durante 19 meses por el bloqueo, y ahora esto. ¿Por qué?”

Viajo a las zonas agrarias de Zaitoun. En medio de las ruinas, el lodo y los árboles derribados, una inmensa maraña de cables y plumas blancas. He estado aquí antes. Oxfam traía 15.000 huevos a la semana aquí para distribuir entre las familias más pobres de la ciudad de Gaza. Las 65.000 gallinas de Samiha sucumbieron cuando los bulldozers israelíes destruyeron su granja. Samiha no es el único; a su alrededor sólo hay granjas en ruinas, invernaderos destrozados y campos devastados.

Quedo en el Barcelona Park, un espacio público en Talet El Hawa, en el sur de la ciudad de Gaza, para entrevistarme con Al Jazeera TV. Me preguntan sobre la ayuda humanitaria. ¿Es adecuado el paso de Kerem Shalom, al sur del territorio de Gaza? “No, está en mal lugar, es demasiado pequeño y es una pérdida de dinero, con más de 1.000 $ por cada camión; 3 millones de $ gastados en un mes”, respondo. El telón de fondo de la entrevista es un gran cráter. Un misil israelí en el centro del parque sepultó dos canchas de baloncesto. Los tanques israelíes destrozaron la superficie de juego del campo de fútbol. Los postes de iluminación de 15 metros están aplastados. Alrededor del parque devastado, los impactos de proyectiles marcan las fachadas de los edificios de apartamentos residenciales. Los obuses han hecho volar por los aires balcones, ventanas y paredes. La privacidad de los hogares queda aquí también expuesta a la mirada pública.

Aún intento explicarme la devastación que he visto. Los civiles palestinos con los que hablo en Gaza sienten que han sido el objetivo de la ofensiva militar israelí. Los civiles israelíes de Sderot creen que son el blanco de los cohetes lanzados desde Gaza.

Los civiles de ambos lados sienten que son objetivo de ataques, con independencia de lo que digan los políticos. Esto es lo que más me asusta hoy en Gaza: la vulnerabilidad de todos estos civiles inocentes.

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