Los desastres golpean Asia y el Pacífico

“Necesitamos agua potable urgentemente”, exclama Inel Rosnelli mientras se pone a la cola para recibir agua potable de la fuente comunitaria en la ciudad de Padang, afectada por el terremoto que sacudió la isla de Sumatra. “Si no, la única alternativa es coger el agua de las tuberías rotas. El sismo ha destruido las casas y la gente necesita tiendas de campaña y lonas, ya que no tienen cobijo”.

Además de cuidar de su familia, Inel también ha estado ayudando a muchos otros. Pocas horas después del terremoto, ella ya estaba distribuyendo ayuda, ya que Oxfam la había almacenado en la ciudad para situaciones de emergencia. Estos artículos ya se han acabado y tanto ella como la organización de ayuda local están desesperadas por conseguir más.

La ayuda está comenzando a llegar. Oxfam está llevando tres plantas de purificación de agua que brindarán suficiente agua potable a más de 40 mil personas y comenzará a transportar agua hoy mismo (domingo). Un equipo de evaluación llegó ayer para analizar dónde pueden ayudar más y ya están más equipos en camino.

Pero son necesarias más cosas además de agua. En algunas zonas la comida escasea y la poca comida disponible ha subido de precio, al igual que el combustible necesario para cocinarla. Las gasolineras, que venden parafina, ven formarse largas colas de botes de plástico para comprar el combustible que la gente necesita desesperadamente para cocinar. El arroz (el alimento base) se debe cocinar.

Conducir por Padang de noche es una aventura incierta. La mayor parte de la ciudad está sumida en las penumbras, ya que no hay electricidad en algunas zonas. Pero en algunas zonas hay iluminación con luces de claridad. Y precisamente allí es donde los equipos de búsqueda y rescate están trabajando a destajo para encontrar a los supervivientes atrapados en las montañas de escombros. Se les acaba el tiempo a los atrapados. Están llegando más equipos de búsqueda y rescate, al igual que equipos de trabajadores humanitarios, que complementan el trabajo inicial que Inel y sus compañeros llevaron a cabo en las primeras horas.

A medida que se obtiene nueva información sobre el alcance de los daños en las áreas exteriores, el desafío del esfuerzo humanitario pasa a ser la pesadilla logística que suponen los caminos afectados por los derrumbes.

La ayuda humanitaria está empezando a funcionar, pero el sistema de ayuda se enfrenta a una de sus peores semanas mientras que millones de personas sufren cuatro días consecutivos de desastres.

El lunes, las cámaras captaban la devastación de Manila, la capital de Filipinas, inundada tras ser arrasada por un tifón. El siguiente día Oxfam hacía un llamamiento de ayuda para 23 millones de personas en el este africano que sufren severas sequías agravadas por conflictos. El miércoles, el tsunami golpeó las islas de Samoa, en el Pacífico, y arrasó con todo lo que encontró a su paso. El jueves, el tifón que había devastado Manila impactó sobre Vietnam y avanzó luego hacia Laos y Cambodia. El mismo día, un gigantesco terremoto sacudió la ciudad indonesa de Padang, enterrando a miles de personas bajo toneladas de escombros y afectando seriamente a cientos de miles más.

En todos los años que llevo en ayuda humanitaria, empezando por Indonesia en 1978, nunca había visto una sucesión de crisis tan rápida e implacable. Han habido peores tormentas, temblores más grandes, muchos más muertos, pero nunca todo a la vez.

Los afectados por los desastres de esta semana necesitan nuestra ayuda. Las personas como Inel, que ayudaron desde el principio, también la necesitan.

Donativos

Los siguientes Oxfam hacen llamamientos directos para luchar contra el desastre:

 Si deseas hacer un donativo general para emergencias, puedes contactar con tu Oxfam más cercano.

Ayuda a detener un cambio climático catastrófico: Añade tu nombre y exige un acuerdo global que evite un cambio climático catastrófico para nuestro planeta.

Cómo trabajamos en caso de emergencia humanitaria

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