La lluvia, esa invitada que tanto se hace de rogar en Chad

Hay un proverbio africano que dice que 'la lluvia moja las manchas del leopardo pero no se las quita'. En estos últimos días el tema de la sequía y la consiguiente crisis alimentaria que amenaza Chad está en el orden del día. Se habla en las reuniones de coordinación de las ONG, en los medios de comunicación locales e internacionales, en los campos de refugiados y en los múltiples focos sociales de la capital. Y es que el gobierno chadiano ya ha reconocido que 2 millones de personas (18% de la población) se van a ver seriamente afectadas por la hambruna si la ayuda internacional no llega rápidamente y las agencias humanitarias no se ponen manos a la obra.

Es cierto que una amplia zona de Chad se encuentra en una zona poco propicia al desarrollo conocida como el ‘cinturón de Sahel’, que abarca toda la zona subsahariana desde Níger, pasando por Nigeria, Mali, Senegal, Burkina Faso, Mali hasta Mauritania. Desde los años 70 estos países han sido vapuleados por constantes sequías y la escasez crónica de alimentos. La última crisis ocurrió en el 2005 y Oxfam Internacional ya intervino incrementando la disponibilidad de alimentos, reduciendo la mortalidad del ganado y ayudando a la recuperación del ciclo productivo. Este año pasado, la sequía ha reducido las cosechas de cereales en Chad en un 35% dejando a muchas personas en una situación crítica.

En Djaya, un pequeño pueblo a 50 Km de Bitkine (region de Guéra), se ha instaurado una actividad extrema de supervivencia. Cuando ya no queda absolutamente nada para comer y tienen por delante 8 meses hasta la próxima cosecha, no sorprende ver a más de 20 mujeres escarbando la tierra en los alrededores. Las conocen como las térmitieres, ‘especialistas’ en encontrar los hormigueros más bien nutridos de la zona. El más buscado es el hormiguero de la reina, los otros no sirven. Lo rompen, escarban y recogen esas semillas, esos granos llevados a la soberana por las obreras y que el viento ha esparcido del granero o de los campos adyacentes. A veces tienen suerte, otras no. Pueden escarbar en tres o cuatro sitios antes de encontrar el que verdaderamente tiene el grano para recoger al final del día un máximo de 2 kilos de grano.

Y una se pregunta… ¿tenemos que esperar a que salga la típica foto del niño malnutrido, las moscas y los animales muertos para empezar a actuar? Quizás ya sea demasiado tarde.Recuerdo mi primera charla con el director de país de Intermón Oxfam en Chad, Abakar Mahamat. Sólo llevaba aquí dos semanas y, cuando me explicaba el contexto del país y cómo veía el futuro de sus conciudadanos, me sorprendió gratamente su determinación: “Tenemos que cambiar la idea que tiene el pueblo chadiano de que no podemos hacer nada contra las calamidades que año tras año nos azotan. No es cuestión de destino, no podemos quedarnos de brazos cruzados esperando un nuevo golpe y aceptando la fatalidad como algo intrínseco. Podemos identificar y atajar los riesgos del desastre. Podemos trabajar para estar mejor preparados y superar con garantías lo que tenga que venir. Es simplemente una cuestión de dignidad y de esfuerzo”.

A medida que las sequías se hacen peligrosamente más habituales debido al cambio climático, las organizaciones humanitarias tenemos que ir más allá de las tradicionales respuestas ‘parche’ y la comunidad internacional, los gobiernos, los donantes, no debe esperar hasta el último momento. El trabajo en Seguridad Alimentaria que Intermón Oxfam estamos llevando a cabo en el país hace mayor hincapié para que las comunidades puedan anticiparse y protegerse ante los futuros desastres. Ese es el camino, es lo que llamamos gestión de riesgo.

Hace falta un mayor compromiso por parte de los países del norte para que ejerzan sus responsabilidades de una manera más eficiente. Los donantes podrían invertir en alternativas al envío de comida importada, desarrollando las capacidades agrícolas locales y utilizando unos métodos de cultivo más eficientes para obtener mejores rendimientos. Hasta el momento, sólo son programas que dan resultado a corto plazo, pero lo que es obvio es que Chad no puede seguir dependiendo únicamente de la ayuda alimentaria importada.

A pesar de lo desacertado de la expresión, siempre llueve sobre mojado. Y esta situación sólo acaba de empezar, lo peor aún está por llegar.

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