La historia de CRECE

El Director general de Oxfam Internacional, Jeremy Hobbs, lanza la campaña mundial de Oxfam CRECE

Pronto seremos nueve mil millones de personas en el planeta, y actualmente, casi 1000 millones de nosotros se van hambrientos a la cama cada noche. Por ese motivo Oxfam lanza hoy una nueva campaña mundial dirigida a garantizar un futuro mejor en el que todas las personas tengan siempre alimentos suficientes para comer.

Y éste no es un sueño utópico, sino un plan real y con fundamento en los logros reales de los gobiernos, empresas y comunidades progresistas. Esto supone adoptar un enfoque radicalmente diferente sobre la forma en que producimos y compartimos alimentos, la manera en la que vivimos nuestras vidas, y la forma en la que cuidamos de los valiosos recursos de nuestro planeta.

Oxfam es una organización con un largo historial dando respuestas a las crisis alimentarias, y, probablemente, es por esto por lo que somos más conocidos. De hecho, Oxfam se fundó en 1942 es respuesta a una crisis alimentaria causada por la Segunda Guerra Mundial. Han pasado 70 años, y el mundo se enfrenta a una crisis alimentaria debida a una flagrante injusticia en el mundo, donde la gente pasa hambre no porque no haya suficientes alimentos para todos, sino debido a que el sistema de provisión de alimentos que va desde las tierras de cultivo al plato está profundamente manido. Y ahora, en esta era de crisis, con fenómenos meteorológicos cada vez más extremos e impredecibles y las menguantes reservas naturales, se hace más difícil procurar alimentos suficientes.

Pero, ¿cómo hemos llegado a esta situación?

Nuestros gobiernos deberían cargar con una gran parte de la culpa, ya que sus políticas y prácticas están dando apoyo a un sistema en el que se benefician un pequeño conjunto de empresas y grupos de interés con mucho poder a expensas de muchos otros.

El sistema le está fallando a cada persona que se encuentra frente a una astronómica subida del precio de los alimentos, mientras los agentes financieros hacen sus apuestas sobre los mercados de bienes.

El sistema le está fallando a cada persona que ve sus cosechas arrasadas por inundaciones mientras turbios grupos de presión del sector bloquean cualquier avance para conseguir fuentes limpias de energía renovable.

El sistema le está fallando a cada persona que se ve desposeída sus tierras después de haber sido adquiridas por grandes corporaciones a precios irrisorios.

El sistema le está fallando a cada padre y madre que no puede preocuparse ya del futuro de sus hijos, porque sus atenciones están puestas en procurar una forma de comer ese día.

El sistema mundial de provisión de alimentos está manido, pero entre todos podemos enmendarlo. Y para ello contamos con antecedentes llenos de inspiración, como cuando, entre el año 2000 y 2007, el gobierno y habitantes de Brasil trabajaron conjuntamente para reducir el hambre en una tercera parte en el país; como en el año 2009, cuando la inversión mundial en energías renovables superó por primera vez a la de los combustibles fósiles; como en Vietnam, donde una importante inversión en producción agrícola a pequeña escala ayudó al país a recortar a la mitad el número de personas hambrientas en el país y con 5 años de antelación a la programación. Para hacerlo posible, los gobiernos, sobre todo los de los poderosos países del G20, deben poner en marcha la transformación del sistema de provisión de alimentos, invirtiendo en los productores más pobres y ofreciéndoles el respaldo que necesitan para adaptarse a las consecuencias del cambio climático. También es preciso que regulen los volátiles mercados de bienes y que acaben con aquellas políticas que premian a las empresas que transforman la producción de alimentos en biocombustibles. Y finalmente, deben llegar a un acuerdo planetario con el que seguir de cerca y controlar el cambio climático.

Tú y yo podemos realizar algunos cambios en nuestras propias vidas con los que presionar a gobiernos y empresas, además de mejorar nuestro bienestar. Podemos, por ejemplo, comprar alimentos producidos de manera sostenible, reducir nuestras emisiones de carbono e involucrarnos en el diálogo internacional sobre los alimentos, un contexto en el que compartir ideas y llevarlas a la práctica.

La campaña CRECE empieza hoy mismo, pero todo empieza con la contribución de cada uno de nosotros. La envergadura de este desafío no tiene parangón, pero lo mismo podemos decir de lo que nos puede reportar: un futuro en el que todas las personas tengan suficiente para comer, y un camino de prosperidad del que disfrutaremos 9 mil millones de personas.

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