Cultiva un futuro mejor para las mujeres rurales (parte dos)

Los equipos Oxfam de diversos países de Latinoamérica hemos organizado, en el marco de la campaña CRECE, el primer concurso de ensayos y reportajes sobre la realidad de las mujeres rurales en nuestro continente, que hemos llamado “Cultiva un futuro mejor para las mujeres rurales”.

Nos interesa darles voz a todas las personas interesadas en explicar y retratar la situación de las mujeres que viven y trabajan en el campo: ellas son las principales responsables de mantener la seguridad alimentaria de sus familias y comunidades, sin embargo, siguen enfrentándose a una serie de barreras.

Queremos presentarles a la ganadora de este primer concurso: Massiel Bravo, de El Salvador, con su ensayo “Un paso por las mujeres rurales es un paso por Latinoamérica”. Esta es la segunda entrega de su interesante trabajo:

El papel de la mujer rural latinoamericana en la seguridad alimentaria

Señalado el entorno de desigualdad de las mujeres rurales, es necesario definir el papel de la mujer rural latinoamericana en la seguridad alimentaria. Sin entrar a datos específicos, la relación es bastante evidente. En nuestra cultura latinoamericana, en su mayoría son las mujeres las encargadas de administrar los recursos del hogar en función de alimentar a todas y todos sus miembros, estando además involucradas en el proceso de producción, recolección y distribución de alimentos básicos en la zona rural, los cuales variarán de acuerdo al país y región de Latinoamérica en la que se encuentre. Esto, nos lleva a asumir tres situaciones: la primera, que de acuerdo a la educación e información que ellas posean sobre métodos y técnicas de cosecha, así podrán optimizar los productos obtenidos en cantidad y calidad; la segunda, que en función de su acceso a los recursos tierra y capital, así podrá mejorar su producción; y tercero, que si todas esas oportunidades se abren para ellas, será posible atacar las desigualdades en las zonas rurales, contribuyendo así al logro de la seguridad alimentaria en la región, teniendo todo esto efectos positivos tanto a nivel macroeconómico como microeconómico y social.

El papel de las mujeres en el bienestar de las comunidades rurales es sin duda alguna, preponderante. Ellas, trabajan la tierra pero además trabajan en sus hogares… cuidan de sus hijas e hijos, llegando al punto de saltarse tiempos de comida, comer menos, etc. con el objetivo de darle de comer a su familia. Señalo esto, no en miras de victimizar a la mujer, más bien de recalcar que su participación es clave en la búsqueda de la seguridad alimentaria –y otra gran cantidad de desafíos sociales- debido a su gran compromiso con la familia y la comunidad.

Este fuerte vínculo de las mujeres con su familia y comunidad, está demostrado en el diario vivir de la mujer rural, y además en situaciones muy específicas. En este sentido, es inevitable referirse a las consecuencias que el cambio climático tiene sobre las mujeres, en especial en la zona rural. Una mujer tiene muchas más probabilidades de morir durante un fenómeno climático extremo esto debido entre otras cosas, a la ubicación física en lugares no adecuados, menor acceso a recursos para la producción y a servicios educativos en todos sus niveles, el limitado o nulo acceso a tecnologías de la información y comunicación y deficiencias nutricionales. Sobre esto último traigo a colación una situación que observé el año pasado durante la tormenta tropical 12-E que azotó a la región centroamericana:

En El Salvador, los medios de comunicación se encargaron de difundir el modo de vida adoptado en los albergues donde se encontraban las víctimas de la tormenta. Llamaba la atención la distribución de roles que existía en ellos, pues mientras la mayoría de hombres se quedó en sus casas recuperando algunos de sus bienes o cuidando las pertenencias familiares, las mujeres fueron las encargadas de cuidar de los hijos e hijas y administrar las donaciones de víveres que llegaban a cada uno de ellos de forma que la comida alcanzara para todos. Sin embargo, cuando los alimentos eran insuficientes, las mujeres eran las últimas en comer. Comentaba para un noticiero salvadoreño una laboriosa mujer mientras cocinaba en un albergue: “lo primero es darle de comer a niños(as) y ancianos(as)”.

Todo lo expresado en los párrafos anteriores, confirma entonces que acabar con la desigualdad y exclusión de las mujeres en la zona rural debe ser un pilar fundamental de las acciones de los Gobiernos latinoamericanos en función de lograr la seguridad alimentaria. Tal y como el representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Alan Bojanic manifestó: Si las productoras agrícolas tuvieran las mismas condiciones que los hombres, sería posible alimentar en el mundo a 150 millones de personas más. (FAO, 2012).

Más información

Campaña CRECE

Blog: Cultiva un futuro mejor para las mujeres rurales (parte uno) 

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