Cultiva un futuro mejor para las mujeres rurales (parte tres)

Los equipos Oxfam de diversos países de Latinoamérica hemos organizado, en el marco de la campaña CRECE, el primer concurso de ensayos y reportajes sobre la realidad de las mujeres rurales en nuestro continente, que hemos llamado “Cultiva un futuro mejor para las mujeres rurales”.

Nos interesa darles voz a todas las personas interesadas en explicar y retratar la situación de las mujeres que viven y trabajan en el campo: ellas son las principales responsables de mantener la seguridad alimentaria de sus familias y comunidades, sin embargo, siguen enfrentándose a una serie de barreras.

Queremos presentarles a la ganadora de este primer concurso: Massiel Bravo, de El Salvador, con su ensayo “Un paso por las mujeres rurales es un paso por Latinoamérica”. Esta es la tercera y última entrega de su interesante trabajo:

Propuestas para atacar la desigualdad de las mujeres rurales latinoamericanas

Con todo este panorama, es posible arribar a las propuestas de acciones gubernamentales: ya sean proyectos, políticas o programas dirigidos a mejorar las condiciones de vida de las mujeres rurales en América Latina, los cuales tienen que ver con el aprovechamiento de la relación existente entre las mujeres rurales, la tierra, la comunidad y la familia.

En primer lugar, a nivel económico se necesita de un apoyo real de los Gobiernos a la mujer como productora agrícola. Esto incluye acceso a un financiamiento en condiciones beneficiosas para las mujeres, así como que estas sean incluidas en la entrega de insumos agrícolas, que casi por regla general son facilitados a los hombres. Es imperante entonces un apoyo económico integral con enfoque de género para mejorar el bienestar de las familias rurales y al mismo tiempo, la producción nacional.

En este orden de ideas, es preciso adecuar un ordenamiento jurídico favorable para las mujeres y en especial a las de la zona rural, de forma tal que puedan acceder a la propiedad de la tierra y no sean excluidas por las instituciones crediticias debido a factores económicos, culturales o sociológicos; pues las condiciones en que propiedad y crédito se han obtenido históricamente han sido pensadas de manera antropocéntrica. De igual forma, es primordial que se potencie la participación de las mujeres rurales en las actividades relacionadas con la distribución, comercialización u otras generadoras de ingresos, tal y como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura lo recomienda.

En segunda instancia, la educación se vuelve un factor clave en las estrategias relacionadas a la seguridad alimentaria. En ese sentido, se requiere que los Gobiernos se preocupen por armonizar sus planes de estudio a la realidad rural. Esto con el objetivo de generar empatía e interés. De no ser así, los esfuerzos se diluyen debido a la enorme distancia entre los conceptos o ideas transmitidas en el proceso educativo y la realidad de los niños, niñas, hombres y mujeres en el ámbito rural.

Asimismo, el pilar fundamental de esta armonización educativa debe ser el empoderamiento de las mujeres rurales. Para ello, pueden crearse grupos educativos que se acerquen a zonas estratégicas en las comunidades rurales. Es muy importante que previo a estas acciones se realicen diagnósticos de las comunidades y se hagan intervenciones de forma adecuada en relación a las prácticas comunitarias. En ocasiones se ignoran factores como estos y se pone en riesgo incluso la vida de las mujeres. Debido a esto, es imprescindible tomar en cuenta el papel de la educación a nivel rural, no sólo a mujeres sino en la misma medida para los hombres, pues el factor cultural es clave para que haya un cambio de conducta hacia la valorización del papel de la mujer en el sostenimiento del hogar, la comunidad y los Estados.

Por lo tanto, se requiere de la realización de estudios situacionales previos y la creación y capacitación de grupos educativos. Para ambos, los Gobiernos pueden recurrir al enorme potencial de la fuerza laboral joven que poseen. En muchos casos, hay jóvenes estudiantes a nivel universitario o de bachillerato con toda la intención de realizar trabajo social pero que no poseen recursos económicos suficientes para cubrir el gasto que implica el desplazamiento, alimentación, etc. en este tipo de actividades; e inclusive, jóvenes profesionales que no han podido acceder a un empleo por falta de oportunidades. En todos los casos mencionados, la inversión gubernamental en ello sería recuperada con creces sin duda alguna, pues se involucraría a la sociedad misma en la solución del problema, generando además empleo para jóvenes.

Las mujeres, fuentes de conocimiento para una agricultura sostenible

Por último, es necesario que haya una conjunción de los factores económico y educativo para poder lograr cambios trascendentales y sostenibles. En dependencia de ello, se encuentra el factor medioambiental. En este orden de ideas, con un mayor apoyo económico a las mujeres rurales no sólo con financiamiento, propiedad e insumos, sino también con fortalecimiento de capacidades agrícolas sostenibles, será posible lograr cultivos mucho más amigables con el medio ambiente. De esta forma, las mujeres rurales son además fuente de conocimiento local y tradicional para buscar las mejores alternativas de cultivo ambientalmente sostenibles. Para esto se requiere de inversión gubernamental en investigación y desarrollo.

En relación a lo anterior, es imperante el apoyo de los Gobiernos a organizaciones de mujeres rurales para tener bancos de productos agrícolas para prepararse para la escasez o situaciones de riesgo generadas por fenómenos climáticos extremos. Así, se estaría contribuyendo a la seguridad alimentaria de las comunidades rurales y sobre todo de las mujeres, que en dichas situaciones son las más afectadas puesto que están en mayor riesgo de sufrir deficiencias nutricionales. Además, es muy importante tomar en cuenta el papel de la mujer ante el cambio climático, generando políticas y estrategias de prevención de riesgos con enfoque de género, para así atacar la desigualdad que las mujeres rurales viven al tener una mayor vulnerabilidad climática.

Así pues, tenemos que estas son tan sólo algunas de las iniciativas primordiales en la búsqueda de acabar con la exclusión y desigualdad que enfrentan las mujeres rurales en América Latina y así contribuir con la seguridad alimentaria –pues no pretende este ser una propuesta exhaustiva o completa-. Dichas proposiciones se centran en los siguientes pilares básicos: apoyo económico integral con enfoque de género, lo cual incluye acceso a la propiedad de la tierra, financiamiento, insumos de producción y mayor participación en actividades generadores de ingresos; armonización educativa, lo cual comprende realización de diagnósticos situacionales previos y formación de grupos educativos para incentivar y propiciar el empoderamiento de las mujeres rurales; incentivar formas de cultivo ambientalmente sostenibles; creación de bancos de productos agrícolas para afrontar efectos de fenómenos climáticos extremos y estrategias de prevención de riesgos con enfoque de género.

Con todo lo antes expuesto, pretendo contribuir de manera concreta y sucinta al debate sobre la seguridad alimentaria. Pero sobre todo, al debate sobre los Derechos de las mujeres, que está tan vigente como hace cien años y que es base para la solución de la mayoría de problemas sociales contemporáneos. Y pese a considerarnos “en pleno Siglo XXI” –utilizada esta frase en muchas ocasiones como sinónimo de civilización o avance en las ideas- aún persiste en la sociedad un entorno machista de exclusión hacia las mujeres. En adición, vivimos en un sistema económico que prima el consumo y la vida en las grandes ciudades, propiciando la urbanización, hacinamiento y otros males que al final, generan aún más desigualdades para aquellos que habitan en las zonas rurales. Es por eso, que las mujeres rurales poseen un perfil de exclusión social que requiere ser tratado lo antes posible de forma real y con acciones concretas. No más compromisos políticos…acciones.

Es un llamado entonces para que los Gobiernos latinoamericanos actúen. Pues estamos viéndonos ahogados por el sistema económico de crisis en crisis, por nuestros propios políticos, por los efectos del cambio climático, por la violencia, por nuestra misma cultura machista, por nuestra apatía…

Por eso es un llamado además para la sociedad latinoamericana, pues está en nuestras manos el contribuir dentro de nuestras capacidades. Todos y todas: hombres y mujeres tenemos que hacer algo. Pero de manera muy especial aquellos hombres y mujeres que han tenido la posibilidad de acceder a una educación completa. Con esto me refiero a que nuestras sociedades latinoamericanas están avanzando, si… pero también están aumentando las desigualdades en todo sentido, es por ello que aquellos que han tenido los medios para darse cuenta de esta realidad y han sido sensibilizados por la misma, deben ser tomados en cuenta por nuestros Gobiernos como potenciales colaboradores en este proceso pero no sólo eso, tienen –tenemos- que transmitir el mensaje y no quedarnos de brazos cruzados. Nosotros, nosotras… demos ese paso…

Más información Campaña CRECE   Blog: Cultiva un futuro mejor para las mujeres rurales (parte uno)  Blog: Cultiva un futuro mejor para las mujeres rurales (parte dos) 
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