Crisis alimentaria en el Cuerno de África, un año despúes.

Ha pasado ya un año desde que el mundo comenzó  a prestar atención a lo que se ha llamado la peor crisis alimentaria del siglo XXI. Las imágenes del campamento de refugiados de Dadaab en Kenia fueron realmente impactantes y las condiciones en que vivían las personas que llegaban al campamento Dollo Ado en Etiopía, atroces. La ONU declaró partes de Somalia en estado de hambruna; un término tan poco utilizado hoy en día, que habíamos empezado a creer que ya estaba erradicada.

Desde una perspectiva histórica, no hay duda de que la humanidad ha avanzado en lo que respecta a nuestra capacidad de salvar vidas. El número de desastres va en aumento, como aumenta también el número de personas expuestas a ellos.

Sin embargo, el número de víctimas mortales que provocan los desastres ha disminuido. Este fenómeno ha sido en parte gracias a respuestas de ayuda a más largo plazo, como los programas de protección que se han puesto en marcha en Etiopía y Kenia, destinados a ofrecer soluciones a largo plazo a su población más pobre. Somalia es el único país en el que no ha mejorado la situación, aunque ello se puede atribuir directamente a dos décadas de conflicto e inestabilidad política, a deficientes políticas internacionales que han exacerbado la crisis y a un acceso restringido de la comunidad humanitaria.

No obstante, aunque el número de víctimas haya disminuido, en zonas vulnerables como el Cuerno de África ha aumentado el número de personas que viven en la pobreza y que se encuentran en riesgo de perder sus medios de vida debido a estas crisis. Tanto los gobiernos como la comunidad internacional deben hacer mucho más por abordar este problema.

Si examinamos lo sucedido en 2011 y más concretamente en 2010, debemos reconocer que no actuamos con la debida celeridad a la hora de ampliar los trabajos que estábamos llevando a cabo en la zona, como tampoco lo hizo el resto de la comunidad internacional. Pero en cuanto la crisis saltó a la luz y empezamos a recibir fondos, la rapidez y dedicación demostradas por el personal de Oxfam fueron del todo ejemplares, dando lugar a una respuesta masiva en un entorno sumamente complejo, cambiante y en ocasiones de gran inseguridad.

Cabe destacar en concreto el compromiso de nuestros socios locales en los tres países, que asumieron cargas de trabajo aún mayores; la profesionalidad de nuestros equipos de trabajo, en su mayoría integrados por personal local cuyos conocimientos del contexto y las comunidades fueron de un valor incalculable, y los conocimientos y la experiencia de nuestros especialistas que se desplazaron rápidamente a la región. En Oxfam pudimos utilizar nuestros programas y contactos existentes en la zona como plataforma a partir de la cual ampliar nuestra cobertura, sin los que nuestra respuesta habría sido menos efectiva.

Asimismo, quiero agradecer el inestimable apoyo de los colaboradores y donantes de Oxfam. Aún en la difícil situación económica que atravesamos, la generosidad demostrada por personas individuales, empresas e instituciones ha sido alentadora. Este ha sido el mayor llamamiento en la historia de Oxfam en África y uno de los que mayor éxito ha cosechado en los últimos años. Sin los fondos recibidos no habríamos sido capaces de alcanzar tan altos resultados por lo que respecta a salvar vidas, evitar la pobreza y mantener los medios de vida.

Para muchas comunidades del Cuerno de África la crisis que están padeciendo es de largo alcance y desde Oxfam nos queda mucho trabajo por hacer. No obstante, el compromiso de nuestros donantes hizo posible que ampliáramos nuestras actuaciones cuando más se necesitaba. Por ello, quiero darles las gracias.

Sin embargo, una buena labor de emergencia no es suficiente. De cara al futuro, la comunidad humanitaria debe utilizar lo aprendido durante esta crisis para generar un verdadero impulso entre gobiernos, donantes y socios, que cambie la manera de hacer las cosas. Debemos invertir en actuaciones sostenidas a medio y largo plazo para acabar con el ciclo de inseguridad alimentaria.

Debemos dejar a un lado las respuestas de emergencia aisladas y precipitadas que salvan vidas pero que apenas sirven para proteger o mejorar los medios de vida. Afortunadamente, parece que gobiernos y donantes nos están escuchando.

Otro aspecto positivo es la buena posición en que nos encontramos Oxfam y el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) para aprovechar las excelentes relaciones en torno al Plan de Acción para el Cuerno de África del Comité Permanente entre Organismos (IASC). Este plan potencia el apoyo a los procesos regionales y estatales enfocados a paliar el hambre y la desnutrición crónicas, fortalecer los medios de vida vulnerables y garantizar un aumento rápido, adecuado y efectivo de la ayuda en casos de crisis aguda.

Utilizaremos todos nuestros puntos fuertes, como son nuestra capacidad de influir y realizar incidencia política al más alto nivel ante gobiernos y organismos regionales, tales como la Unión Africana, y trabajaremos con comunidades, socios, sector privado y rganizaciones no gubernamentales (ONG), para poner en marcha toda una serie de actuaciones que ayudarán a forjar un futuro mejor para las personas vulnerables. En Oxfam nos comprometemos a trabajar en alianzas en África oriental y occidental así como en otras regiones del mundo, a fin de poder erradicar el hambre extrema.

Más información

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La respuesta de Oxfam ante la crisis alimentaria en el Cuerno de África

Blog: El hambre: La auténtica crisis económica

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