La crisis aumenta en la Región de los Grandes Lagos africana

En estos momentos hay más personas desplazadas en la República Democrática del Congo (RDC) que en los últimos tres años, y hay decenas de miles de personas que han dejado sus hogares y puesto rumbo a los países vecinos. El responsable de incidencia política de Oxfam en la República Democrática del Congo, Samuel Dixon, nos explica la crítica situación actual y qué puede hacer la comunidad internacional para mitigar el sufrimiento de las personas afectadas. 

¿Cómo de grave es la crisis en este momento? 

Casi medio millón de personas se han visto desplazadas por causa del conflicto desde comienzos de año, y en este momento hay 2,2 millones de desplazados en la República Democrática del Congo, la cifra más elevada registrada desde 2009.

Hay miles de personas que permanecen hacinadas en hogares saturados compartidos con amigos y familiares, mientras que otras han buscado abrigo en los campos de refugiados que brotan como esporas mientras las agencias de ayuda humanitaria luchan para poder ofrecerle alimentos, agua potable y cobijo a esta creciente población. 

A estos datos hay que sumar las casi 60.000 personas que han huido a los campos de refugiados de Uganda y Ruanda, motivo por el que Oxfam está ampliando su respuesta de emergencia en toda la región.  

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¿Cómo afecta la situación a la gente de a pie? 

Los civiles hacen frente al aumento de los asesinatos, personas reclutadas por la fuerza (incluidos niños), la extorsión, el pillaje y la violencia sexual a manos de grupos armados, así como del propio ejército congoleño. 

Los agricultores sufren ataques incluso cuando van a trabajar a sus campos; las mujeres son víctimas de violaciones cuando van a recoger agua; y quienes están armados se benefician económicamente de la situación de inseguridad: hay grupos armados que consiguen ingresos obligando a otras personas a realizar trabajos forzados en algunas zonas, mientras que comerciantes y agricultores se ven forzados a pagar impuestos en puestos de control ilícitos instalados por las carreteras, por lo que muchas veces surgen enfrentamientos entre bandas armadas por el control de estas lucrativas vías de comunicación; los precios de los alimentos han aumentado a causa del pillaje de las cosechas; y la crisis está llevando a muchas personas a padecer de hambruna en una de las regiones más fértiles del mundo. 

¿Por qué está empeorando actualmente la situación? 

Un gran número de grupos armados del este de la República Democrática del Congo luchan por hacerse con el control territorial y de los recursos, lo que ha intensificado las tensiones étnicas.

En el mes de abril, los antiguos combatientes del grupo rebelde CNDP (Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo), integrado por disidentes de las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC), se amotinaron y tomaron el control de las zonas próximas a la frontera con Ruanda. Como respuesta a esta acción, las FARDC desplegaron sus tropas por el este del país para acabar con la revuelta “M23” y proteger las principales ciudades de la zona.

Decenas de miles de personas han huido como resultado del conflicto entre el ejército y los rebeldes del M23, mientras que el nuevo despliegue de tropas del ejército ha dejado un enorme vacío de seguridad, permitiendo a los grupos rebeldes consolidar su control. 

La creciente inseguridad y la violencia hace la vida muy difícil para las personas.

¿Qué es lo que la gente necesita con mayor urgencia? 

La gente necesita protección y ayuda humanitaria, y si no consiguen apoyo inmediato, su sufrimiento se verá incrementado. Tanto los países donantes como las agencias de ayuda humanitaria necesitan dar un paso al frente en su respuesta ante esta situación.

Asimismo, se necesita un mayor nivel de protección por parte del gobierno del Congo y de la misión de paz de las Naciones Unidas, MONUSCO, sobre todo en aquellas zonas en las que los grupos armados han reafirmado su control.

¿Cuáles son las soluciones a largo plazo para la crisis?

Hasta la fecha, las respuestas a la situación de emergencia crónica que vive la República Democrática del Congo han sido fragmentadas y han conseguido tímidos resultados, por lo general debido a que suelen venir dictaminadas por instancias superiores y no tienen en cuenta la opinión o posibles soluciones aportadas desde el marco local. Solo es posible conseguir una paz duradera en la República Democrática del Congo si se hace frente a las causas de base del conflicto, la marginalización y la pobreza.

Ahora se impone una urgente reforma de las FARDC, un paso crucial para que las fuerzas de seguridad del estado puedan proteger a las comunidades. Además, es necesario preparar el escenario para celebrar unas elecciones provinciales y locales que sean libres y justas. Deben resolverse las tensiones subyacentes por el control de la tierra y los recursos entre las comunidades a través de acciones de base para el establecimiento de la paz que cuenten con el respaldo de las instancias locales y nacionales.

Millones de personas se encuentran a merced de las milicias en la zona oriental de la R.D. del Congo.

¿Qué puede hacer la comunidad internacional? 

El Gobierno de la República Democrática del Congo debe dar ejemplo emprendiendo una reforma política y militar, aunque para conseguir soluciones que no sean efímeras es necesario contar con respaldo externo y admitir claramente que se trata de una crisis regional. Los países donantes deberían realizar mayores contribuciones y estar mejor coordinados en sus esfuerzos para conseguir la reforma del ejército y una mayor financiación que permita a la sociedad civil congoleña exigir responsabilidades a su gobierno.

Es necesaria una mayor presión internacional con la que garantizar que los acuerdos regionales anteriores priorizan aspectos como la protección de la sociedad civil, la cooperación entre Estados y la resolución pacífica de las disputas. Estos acuerdos deben suscribirse de forma transparente y llevar a acciones concretas sobre el terrero con las que conseguir un auténtico clima de estabilidad para la población. 

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