Leandra Condori: Una heroína de la alimentación peruana

Cecilia Niezen, responsable de medios de la Campaña CRECE en Perú, nos cuenta quién es Leandra Condori y porqué su trabajo es clave para la alimentación de su país.

El sábado 8 de septiembre, Leandra Condori Yauri, de 40 años y madre de tres hijos, llegó muy temprano a la feria gastronómica Mistura en Lima. Viajó a la capital peruana desde el pueblo de Yanama, distrito de Ocongate, provincia de Quispicanchi, Cusco, para recibir un premio por liderar el comedor popular Los Condoritos de Yanama, que diariamente sirve comidas a más de cien personas. Vestida con el colorido traje típico de su pueblo, recibió el Rocoto de Oro frente a un auditorio que la ovacionó. Una breve conversación con Leandra basta para comprender que su mérito va mucho más allá de gestionar y asegurar la alimentación de la población más vulnerable de su pueblo. Ella es una de las tantas heroínas anónimas de nuestra alimentación dispersas por todo el Perú.

La historia se remonta al año 2009, cuando un grupo de mujeres de Yanama, preocupadas por los niveles de desnutrición de sus niños y niñas, fundaron el comedor para dar respuesta al problema. “Quejarse de la desnutrición era lo más fácil, lo más difícil era hacerle frente. Nosotras decidimos trabajar duro y levantar este comedor”, cuenta la lideresa, quien también es secretaria de organización de la Confederación Nacional de Mujeres Organizadas por la Vida y el Desarrollo Integral (CONAMOVIDI). Hoy, gracias a este esfuerzo, cien personas, entre menores, adultos y ancianos, tienen asegurado de lunes a viernes una comida caliente y nutritivo.

La existencia de un comedor popular que garantice la alimentación de las poblaciones más vulnerables en una zona que enfrenta niveles de pobreza y extrema pobreza es hoy más importante que nunca, aunque gestionarlo no es una tarea fácil. En el caso de Yanama, en los últimos años, los impactos del cambio climático han afectado la capacidad productiva de la zona. Tradicionalmente, los productos agrícolas locales (tales como maíz, habas, tarwi, arverjas, quinua y papas), han servido de insumos básicos en la preparación de alimentos, pero el desorden del clima, la irrupción impredecible de “heladas” (caídas bruscas en la temperatura) y granizadas, el cambio en el patrón de lluvias, entre otros factores, han menguado su capacidad para autosostenerse. Y en cuanto a los alimentos o insumos que no producen y deben conseguir en el mercado (tales como leña y verduras), hoy les resulta más difícil proveerse de ellos, debido al alza en los precios de algunos productos de consumo básico.

El rol de las mujeres ha sido y es fundamental. De forma paralela al trabajo que realizan para sacar adelante el comedor, ellas deben lidiar con la jornada diaria en la chacra, la crianza de animales y el pastoreo, así como con el cuidado de sus familias –una realidad de millones de mujeres en el Perú, que cumplen largas jornadas no reconocidas. Por ley, explica Leandra, el gobierno debería aportar el 65% de los alimentos de la canasta básica que se requieren en los comedores populares. Pero la realidad es otra y contribuye aproximadamente con el 15%. Por tanto, el 85% de los alimentos necesarios es cubierto con el esfuerzo de las mujeres.

Ellas, de manera creativa, han encontrado posibilidades en la adversidad. Granos andinos como la quinua son las estrellas del comedor, empleándose para suplir los nutrientes y proteínas de la carne, que se consume poco en la zona por los altos precios. “Conocemos los valores nutricionales de la quinua y tratamos de presentarla en diferentes platos, buscando combinarla con otros productos. Hacemos sopa de quinua, torrejas de quinua, ensalada de la hoja de la quinua. Hay que usar de la mejor manera lo que la tierra nos da”, dice Leandra, feliz no solo de dar de comer a su pueblo sino de revalorar la dieta ancestral andina.

Más información

Feria Gastronómica Mistura

Blog: Mistura: soñar, crear y agradecer a la Pachamama

Campaña CRECE de Oxfam

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