Dentro de un campo de refugiados en Burkina Faso (1): “La única cosa que importa es estar un lugar seguro”

El conflicto en el norte de Malí ha empujado a miles de personas a refugiarse en los países vecinos. Desde 21 al 23 de agosto Yaye Fatou Marone, responsable de la información y la comunicación para Oxfam en África Occidental, visitó varios campamentos de refugiados de Malí en Burkina Faso, para entender mejor su situación y para representar mejor sus intereses. Ella relata sus encuentros con mujeres, niños, niñas y hombres obligados a dejarlo todo  - casa, trabajo, escuela - en busca de un mínimo de seguridad. Primera parte de una serie de tres artículos. 

El conflicto armado en el norte de Mali ha provocado desplazamientos masivos de la población civil, estimados en más de 400 mil personas. Las personas se han ubicado en Mali o en países vecinos como Burkina Faso, donde el número de refugiados se estima en más de 77 mil personas.

En Burkina Faso, Oxfam apoya aproximadamente a 50.000 personas refugiadas en Mentao, Damba, Fererio y Goudebou con el apoyo financiero de ECHO, Canadá y Suecia. La asistencia se centra en la entrega de agua y el saneamiento, y la prevención de la higiene. Las personas llegan a Burkina en el contexto de la crisis alimentaria que afecta a Malí, Mauritania, Níger, Senegal y Chad.

He llegado a Ougadougou, capital de Burkina Faso, ayer por la tarde, después de haber celebrado la fiesta de Ramadán con mi familia ese mismo día. Esta mañana, con mis compañeros de Oxfam en Burkina Faso, debemos visitar los campos que acogen a personas refugiadas de Malí en Damba, al norte del país, para realizar una encuesta que nos permitirá  recolectar información que nos ayudará a mejorar nuestros mensajes de difusión de la situación. Estos refugiados y refugiadas que han huido del conflicto del norte de Mali están ubicados en cinco campos en Burkina.

Hoy nuestro plan es viajar a Damba, lo que nos tomará toda la jornada, pero nuestro compañero Noel nos informa que vamos a pasar al campo de Mentao para conversar con las personas que se han refugiado ahí.  

Numerosas preguntas

He participado en varias misiones de visita a los  programas de Oxfam, pero esta es la primera vez que visito un campo de refugiados. A lo largo del camino, no he dejado de hacermd preguntas: ¿Cómo se logra atender sus necesidades? ¿Cómo viven? ¿Qué es lo que han tenido que dejar atrás? ¿Cómo se sienten?

Estamos en el mes de agosto, el pico de la estación de lluvias. En esta región, así como en la mayor parte de los países del Sahel, llueve de tres a cuatro meses al año. Está lleno de vegetación por todo el camino, los campesinos y campesinas están trabajando sus campos y las plantaciones de maíz y mijo han llegado a una buena altura. Una visión esperanzadora que contrasta con la de la crisis alimentaria que afecta parte del Sahel y a 18 millones de personas. Este periodo coincide igualmente con la llamada "temporada de escasez", muy difícil para las comunidades porque hasta que no puedan cosechar los actuales cultivos, no tienen lo suficiente para comer.

Tras tres horas de ruta, llegamos al campo de refugiados de Mentao Norte donde somos recibidos por sus responsables. Aquí viven más de 660 familias me dice Sam, responsable de agua, higiene y saneamiento de Oxfam. Oxfam está presente en Mentao junto a otras cinco organizaciones que prestan ayuda a las personas refugiadas. En este campo, Oxfam es responsable del agua y saneamiento a través de la construcción de letrinas, puntos de agua y de actividades de sensibilización en materia de higiene.

 Familias separadas

Matata Walet Ali, presidenta de las mujeres del campo de Mentao Norte

Nos encontramos con un grupo de mujeres del lugar. Nos reciben en una tienda  bajo una lluvia torrencial. Ellas son todas Tuaregs. Y tienen una historia bastante similar. Tuvieron que abandonar todo aquello que poseían, sus bienes, casas y animales por la inseguridad que se ha generado por el conflicto en Mali. Muchas de ellas han tenido que separarse de parte de sus familias o simplemente no supieron más de varios de sus familiares... huir y estar en un lugar seguro y tranquilo ahora es lo único que importa.

Matata Walet Ali,  32 años, es la presidenta de las mujeres del campo de Mentao Norte. Ella llegó en febrero del 2012, pero se ha encontrado con mujeres que han llegado antes. Vive en el campo con su marido y sus hijos. 

La vida en el campo de refugiados es muy diferente de la que llevaban antes, cuando tenían todos los medios para satisfacer sus necesidades básicas. Las mujeres hablan acerca de esto últimamente con mucho anhelo y pesar. Por el momento, el mejor consuelo que tienen es que pueden dormir y despertar en paz en este lugar, donde han celebrado en la víspera la festividad de Eid… la celebración ha sido muy diferente de cómo solían celebrarla...

Lejos de la tienda donde están sus madres, los niños y niñas olvidan por unos momentos las condiciones de vida que tienen ahora y continúan la celebración de la fiesta, bailando al ritmo de la música. 

Un deseo común: recuperar la paz

“Todas nosotras queremos volver a nuestros hogares con la condición de que la paz se reestablezca”, dice Matata bajo la mirada aprobadora de las otras mujeres.

¿Cuándo podrán retornar?, esa es la pregunta que me hago tras reunirme con las mujeres de Mentao. Ya tengo algunas respuestas a las preguntas que me había hecho antes de llegar. Voy a intentar saber más luego de conversar con los grupos de hombres con los que me encontraré mañana en Damba. 

Más información

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