Oxfam International Blogs - mujeres http://l.blogs.oxfam/en/tags/mujeres en El arte, una herramienta para transformar a las comunidades http://l.blogs.oxfam/en/node/81923 <div class="field field-name-body"><p><em>Texto escrito por Tamara Roselló, para Oxfam en Cuba. Foto: Oxfam en Cuba.</em></p><p>El arte es un camino para mover sensibilidades, para tomar el espacio público y hacer que las personas se detengan, escuchen, miren, piensen, sientan, por eso las calles, los barrios, las plazas públicas, se pueden transformar en escenarios culturales cuando se trata de deconstruir imaginarios y normas sociales que frenan la justicia de género.<span>&nbsp;</span></p><p>“<strong>El arte como medio y no como fin, es una herramienta para llegar a la población</strong> con incidencia directa en las escuelas y comunidades desde el trabajo sociocultural comunitario”. Así describe su trabajo Yoamaris Neptuno Domínguez, una joven cubana, instructora de arte que cree en el potencial de cambio de las manifestaciones artísticas como forma de expresión creativa.<span>&nbsp;</span></p><p>Se puede contribuir a mejorar la vida de los seres humanos porque “el arte estimula la sensibilidad y emotividad, el disfrute del tiempo libre” y también la “capacidad de integrarse y de participar en los procesos”, comenta.</p><p>“No comparto la idea de que <i>la mujer es de la casa y el hombre de la calle</i>, o que <i>la mujer es frágil, delicada, el sexo débil</i> o que <i>calladita te ves más bonita.</i> El hecho de <strong>que la mujer conozca sus derechos como ser humano y luche por ellos es, a mi juicio, un paso de avance</strong>”.</p><h3>Una mujer emancipada&nbsp;</h3><p>La joven habanera es activista por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias y con su accionar desde el arte, contribuye a sensibilizar y formar a otras personas para que la justicia social y la igualdad de género en la isla sean palabras sagradas, orgullo de la nación.<span>&nbsp;</span></p><p>“Siento que el silencio de algunas mujeres lacera su integridad y las hace -o nos hace- ser partícipes de los actos de machismo que desgraciadamente llegan a la violencia psicológica. No son pocas las mujeres que soportan esto porque sus parejas mantienen la economía de la casa”. Ellas se encargan de las tareas domésticas y el cuidado de sus hijos, hijas y otros familiares, labores que no suelen ser valoradas en su justa medida si se toma en cuenta el peso que tienen para la reproducción de la vida o sus impactos en la economía familiar y social.</p><p>Precisamente,<strong> Yoamaris se considera “una mujer emancipada”</strong>, no solo por lo que ha logrado en el ámbito público, en su trabajo en el Ministerio de Cultura o como activista social. Se siente una mujer emancipada también en su casa, un espacio donde todavía muchas cubanas llevan sobre sí el peso mayor de las tareas del cuidado, como ella misma cuenta.</p><p>Siente orgullo de la relación de confianza y complementariedad que ha construido con su pareja. “Hace un año y medio vivo con <i>mi novio</i> y nos entendemos bastante bien. Conversamos sobre nuestros trabajos, aspiraciones, tenemos metas juntos, compartimos las tareas del hogar”.</p><p><strong>Ella integra la Articulación Juvenil, un espacio de encuentro y crecimiento a favor de la equidad y la participación social</strong>, que impulsa el Centro Óscar Arnulfo Romero (OAR) en Cuba. Desde aquí se ha involucrado en la campaña cubana por la no violencia hacia las mujeres, <a href="https://www.facebook.com/EvolucionaporlaNoViolencia/?__tn__=%2Cd%2CP-R&amp;eid=ARDR2SnvvLAIKmn6ZqANpnDWETdtlQlT-jeklMoKprsM9WauF0MRhc1OcnBsyz78WRxh1TmXonlUTcCj" rel="nofollow">Evoluciona</a>. Esta iniciativa con alcance nacional se conecta con la campaña global <em>¡Basta!</em> de Oxfam y le habla a las juventudes entre 18 y 24 años. En su objetivo está promover el cambio de imaginarios sociales en torno al control que ejercen los hombres sobre el cuerpo y las relaciones de las mujeres.<span>&nbsp;</span></p><p>“En la campaña me siento útil”, dice Yoamaris, “y creo que puedo contribuir con mi trabajo como instructora de arte para intervenir en estos procesos en contra del machismo en la sociedad cubana actual, para reevaluar y resaltar el importante rol que desempeña la mujer”.<i><span>&nbsp;</span></i></p></div><div class="field field-name-title"><h2>El arte, una herramienta para transformar a las comunidades </h2></div> Thu, 04 Apr 2019 20:58:40 +0000 Gabriela Andraca 81923 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/en/node/81923#comments Madres que trabajan: ¡merecen mucho más que rosas! http://l.blogs.oxfam/en/node/81560 <div class="field field-name-body"><p><em>Entrada escrita por Sandrine Muir-Bouchard, asesora en comunicaciones y campañas de Oxfam en Bolivia.</em></p><p>Una amiga acaba de dar a luz y no puedo dejar de pensar en cuanto valor tiene. Por ella y por todas las madres trabajadoras, ¡levanto mi sombrero!</p><p>Cuando me comentó que estaba esperando gemelos, mi reacción fue de alegría total. El anuncio de una nueva vida siempre es una bendición, ¡y ahora era doble! Pasada la sorpresa, no pude dejar de pensar: “¡Vaya! ¡Qué valor tiene!”</p><p>Esto lo pensé porque ser mamá y trabajar al mismo tiempo implica un sacrificio y una carga enormes, aun en 2018. Especialmente en un país como Bolivia, donde las políticas públicas en materia de corresponsabilidad del cuidado son prácticamente inexistentes, y una gran mayoría de hombres sigue jugando al avestruz, metiendo la cabeza en la tierra.</p><p><strong><span>Mujeres aún llevan mayor carga de las tareas del hogar</span></strong></p><p><span>Bolivia ha reducido considerablemente sus niveles de pobreza, pero la brecha de género ha quedado prácticamente intacta. Es el país de América Latina con mayor participación laboral femenina (66.6%), pero a las mujeres aún se les paga menos que a los hombres por hacer el mismo trabajo (50% menos, según </span><strong><a href="http://www.eldiario.net/noticias/2017/2017_04/nt170408/sociedad.php?n=71&amp;-mujeres-ganan-50-menos-que-hombres" target="_blank" rel="nofollow">ONU Mujeres</a></strong><span>). Además, las mujeres de entre 20 y 39 años de edad se insertan mucho menos en el mercado laboral que los hombres de la misma edad, y la feminización de la pobreza se intensifica durante esta etapa de la vida (</span><strong><a href="https://www.ine.gob.bo/index.php/banco/base-de-datos-sociales" target="_blank" rel="nofollow"><em>Encuesta de Hogares</em></a></strong><span>, 2015).</span></p><p>¿Las mujeres se quedan en casa para formar una familia porque no hay servicios universales de cuidado de calidad? ¿Los empleadores no las contratan para evitar lidiar con bajas de maternidad? Aún no lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que las mujeres son las que mayoritariamente se dedican a las tareas del trabajo doméstico y de cuidado, como cuidar a los niños y las niñas, adultos mayores y personas enfermas.</p><p>De acuerdo con la <strong><a href="https://www.cedla.org/sites/default/files/LA%20SITUACION%20DE%20LAS%20MUJERES%20EN%20BOLIVIA%281%29.pdf" target="_blank" rel="nofollow"><em>Encuesta Nacional de Discriminación y Exclusión Social</em> </a></strong>publicada por la Coordinadora de la Mujer, tan solo el 15% de las madres entrevistadas (de todos los niveles socioeconómicos y de todas las edades) señala que tanto la mujer como el hombre se involucran en el cuidado de los hijos e hijas. En 46% de los casos, esta responsabilidad recae única y exclusivamente en la mujer (y en menos del 1% de los casos, el hombre asume la responsabilidad de las tareas de cuidado). Respecto al trabajo doméstico, la realidad es muy similar: el 50% de las mujeres entrevistadas se dedica exclusivamente a estas labores, en 5% de los casos lo hacen ambos y en menos del 1% las realiza solo el hombre.</p><p><strong><span>La economía invisible de las mujeres&nbsp;</span></strong></p><p><span>El trabajo doméstico y de cuidado constituye lo que llamamos la “economía del cuidado”; se trata de trabajos y tareas invisibilizadas que ni siquiera son consideradas en las encuestas del Instituto Nacional de Estadística de Bolivia. Sin embargo, podemos tener una primera aproximación a esta realidad a través de la </span><em>Encuesta Mundial de Valores</em><span> (2017), que pinta una sociedad mucho más conservadora de lo que quisiera aparentar.</span></p><p>Más del 65% de las personas encuestadas señaló estar de acuerdo con las siguientes afirmaciones: “cuando una madre trabaja, sus hijos sufren” y “ser ama de casa es tan gratificante como trabajar afuera”. En comparación con otros países sudamericanos, <strong>Bolivia tiene los valores más conservadores respecto al supuesto efecto negativo del trabajo de las mujeres sobre sus hijos e hijas</strong>. La encuesta concluye, a justo título, que “esto parece confirmar que la sociedad boliviana hace muy poco para distribuir las responsabilidades de cuidado entre hombres y mujeres […] lo que, en definitiva, favorece a que se perpetúen los roles de género tradicionales.”</p><p>Estas cifras contrastan fuertemente con la aceptación general de que las mujeres pueden ocupar cargos públicos o un empleo remunerado. En otras palabras, quiere decir que las mujeres pueden trabajar, pero a condición de no descuidar las tareas del hogar. Y las primeras en sentirse culpables, son las propias mujeres.</p><p><strong><span>¡Merecen mucho más que unas rosas!</span></strong></p><p><span>Mi amiga tiene suerte. Tiene un esposo comprehensivo y un empleador flexible. También tiene un buen sueldo comparado con la media nacional, y con el ingreso de los dos pueden contratar los servicios de una trabajadora del hogar a tiempo parcial para que ella se encargue de algunas de las labores de la casa. Y aun así, hay días en que siente que el mundo se le viene encima.</span></p><p>Yo la comprendo. Aunque quisiera con su esposo encarnar este “nuevo modelo” de padres modernos, la sociedad boliviana vigila cada una de sus acciones, felicitando a su esposo por “ayudar tanto” y juzgándola a ella por no hacer más. ¿No será tiempo de darle vuelta al pasado y construir juntos una sociedad inclusiva, en la que se comparten las tareas de reproducción entre hombres y mujeres, entre la familia y el Estado?</p><p>Mientras tanto, en este Día de las Madres, a mi amiga y a las madres trabajadoras les digo: ¡Merecen mucho más que unas rosas! ¿Nos unimos para crear entre todos y todas una sociedad más justa?</p><p><strong>Más información</strong></p><p><strong><a href="https://www.oxfam.org/es/paises/bolivia" target="_blank" rel="nofollow">Oxfam en Bolivia</a></strong></p><p><strong><a href="https://www.oxfam.org/es/multimedia/video/2017-los-celos-no-son-excusa-para-violencia-contra-las-mujeres-y-las-ninas" target="_blank" rel="nofollow">Únete a nosotros para decir que #LosCelosNoSonExcusa</a></strong></p><p>Lee y comparte la historia de Danna de Bolivia y <strong><a href="http://www.sayenoughtoviolence.org/es/" target="_blank" rel="nofollow">#digamosbasta: acabemos con las violencias contra las mujeres y las niñas</a></strong>.</p></div><div class="field field-name-title"><h2>Madres que trabajan: ¡merecen mucho más que rosas!</h2></div> Sat, 26 May 2018 17:04:47 +0000 Sandrine Muir-Bouchard 81560 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/en/node/81560#comments #NavidadEsCambiar: Que Papá Noel llegue cargado de cambios y esperanza para Latinoamérica http://l.blogs.oxfam/en/node/81332 <div class="field field-name-body"><p><span>Usualmente pensamos en la navidad como un espacio de disfrute e intercambio, pero imagínate que Papá Noel traiga regalos sólo para uno de los cuatro niños de un hogar. ¿Harías algo al respecto?</span></p><p>Según la encuesta&nbsp;<a href="http://www.latinobarometro.org/latNewsShow.jsp" rel="nofollow">Latinobarómetro 2017</a>, 75% de latinoamericanos opina que los gobernantes sólo favorecen a las élites o a los más poderosos. La mayoría de la gente en nuestra región piensa que los gobiernos no trabajan para quienes los hemos elegido. También, 76% de latinoamericanos considera que las tensiones entre ricos y pobres es la principal en la región.</p><p>Es una realidad que Latinoamérica es la región con la desigualdad más extrema del mundo en el reparto de sus ingresos, pero esto no es inevitable.&nbsp;<a href="https://twitter.com/search?f=tweets&amp;q=%23navidadescambiar&amp;src=typd" rel="nofollow">#NavidadEsCambiar</a>&nbsp;es un llamado a los gobernantes y a la ciudadanía para construir una sociedad inclusiva y justa para todos. Proponemos ejercer acciones desde nuestra vida cotidiana, y también, llamamos a los gobiernos a preservar y crear políticas públicas que nos beneficien a todos y a todas.&nbsp;<span>#NavidadEsCambiar y exigir a los gobiernos a que acaben con la desigualdad extrema y pongan primero los derechos de las mayorías, invirtiendo en servicios de calidad para todos y garantizando que las personas más ricas y las empresas paguen los impuestos que les corresponden, eliminando beneficios tributarios desmedidos.</span><span>&nbsp;</span></p><p>¿Te has puesto a pensar cómo es la distribución de tareas en tu hogar para celebrar la navidad y el año nuevo? ¿Quiénes preparan o coordinan los alimentos de nuestra cena? ¿Quiénes decoran la casa? ¿Quién limpia después?&nbsp; En la mayoría de los casos, son las mujeres quienes dedican su tiempo y esmero en organizar la fiesta familiar que disfrutamos. De la misma manera en el día a día, las mujeres asumen una serie de roles que no están contabilizados formalmente como un trabajo y que no son remunerados ni reconocidos.</p><p>#NavidadEsCambiar y distribuir de forma equitativa las tareas domésticas en tiempo de fiestas y&nbsp; todos los días del año.</p><p>66% de latinoamericanos considera que las tensiones entre hombres y mujeres por la demanda de igualdad, es uno de los problemas más importantes de la región. Latinoamérica también es uno de los lugares más peligrosos para las mujeres. Tenemos 14 de los 25 países donde más se comenten feminicidios, en el mundo. #NavidadEsCambiar y garantizar igualdad y una vida sin violencias para niñas y mujeres.</p><p>Imagina que Papá Noel da más o menos regalos a los niños, dependiendo de su raza. El Latinobarómetro también muestra que 59% de latinoamericanos piensa que hay una tensión por raza en la región. Si todos los días te discriminan por tu color de piel o ascendencia étnica ¿podrías tener una feliz navidad? #NavidadEsCambiar y tratar a todas las personas con respeto.</p><p>Queremos que esta navidad traiga cambios permanentes, no sólo por un día o una semana. Así como somos la región más desigual del mundo, también somos una de las regiones con población más joven, usemos nuestra energía para crear, una sociedad más inclusiva, donde las autoridades gobiernen para las mayorías, y donde la ciudadanía también lidere los cambios. Súmate y dale tu mejor regalo a Latinoamérica: sé parte del cambio.&nbsp;</p><p><b><img title="#NavidadEsCambiar y compartir las tareas del hogar" height="680" width="680" class="media-element file-default" data-delta="1" typeof="foaf:Image" src="http://l.blogs.oxfam/sites/default/files/navidadescambiar_-_tareas_esp_1_0.jpg" alt="" /></b></p><p><b>&nbsp;</b></p></div><div class="field field-name-title"><h2>#NavidadEsCambiar: Que Papá Noel llegue cargado de cambios y esperanza para Latinoamérica</h2></div> Mon, 18 Dec 2017 17:25:18 +0000 Kyra Hamann 81332 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/en/node/81332#comments No es “mala suerte", se llama violencia machista http://l.blogs.oxfam/en/node/71075 <div class="field field-name-body"><p>“Qué mala suerte tuve con este hombre”, eso me dijo una amiga de la adolescencia hace 25 años y todavía hoy sigo escuchando esta frase con la misma frustración.</p> <p><strong>Mi amiga tuvo “la mala suerte” de encontrarse con un novio de los más violentos que he conocido.</strong> Controlaba todo en su vida: a quién le hablaba y sonreía, qué ropa ponerse, a qué fiestas ir -aún cuando siempre iba con él-. Le gritaba, varias veces la golpeó. Por supuesto, sólo podíamos juntarnos con ella cuando él estaba de viaje o cuando él terminaba de hacerle la visita.</p> <p>Además, nos enterábamos que en los bares él hacía alarde de lo muy hombre que era y cómo podía hacer todo lo que quisiera. Insistimos mucho para que ella lo dejara.</p> <p>Esto que menciono sólo <strong>es un ejemplo de lo que muchísimas mujeres viven a diario y de lo que muchísimos hombres hacen uso para afirmar su poder.</strong> Finalmente mi amiga se casó con él y muy pronto salió embarazada, no es difícil imaginar lo que sigue en esta historia porque no es un caso aislado.</p> <p>En aquel momento, por supuesto sin ninguna reflexión, lo único que creíamos posible era que ella pusiera un alto a esa relación. Varias veces me pregunté ¿por qué no lo deja?, muy pronto tuve las respuestas.</p> <h3>No es algo normal</h3> <p><strong>Vivimos en una sociedad que asume que las violencias contra las mujeres son normales </strong>y que las acciones de mayoría de los hombres “para darse a respetar”, son para mantener un orden en el que ellos sigan dominando lo que creen es de su propiedad.</p> <p>Cuando constato que la mayoría de hombres jóvenes, sin importar su nivel académico, raza, clase, etnia disfrutan de los privilegios que les otorga el machismo, siento una mezcla de tristeza e indignación. Si bien es algo que empieza a normalizarse desde muy temprana edad, donde <strong>las niñas “deben” y los hombres “pueden”</strong>, todas las personas sabemos que cada hombre tiene la capacidad de renunciar a sus privilegios, porque todos son abusos de poder.</p> <h3>Empecemos por cuestionar y cuestionarnos</h3> <p>¿Cuántos hombres se atreven a cuestionar a sus amigos, familiares, vecinos y compañeros de trabajo? Una vez un joven me dijo que había intentado cuestionar a su papá y tíos, pero que siempre le criticaban mucho y que entonces había preferido renunciar y hacer en casa lo que él creía que estaba bien. Esto ya es algo, pero no es suficiente.</p> <p>La violencia no se da únicamente en las relaciones de pareja. El reflejo de una sociedad que avala el machismo como forma de vida es que una de cada cinco adolescentes en América Latina y de los países en desarrollo están o hayan estado embarazadas, que <strong>cada día mueran de forma violenta 12 mujeres en nuestra región</strong>, que mujeres centroamericanas paguen hasta 30 años de cárcel por haber abortado, que sean totalmente desconocidos los derechos de las lesbianas y trans, que los hombres sigan teniendo más ingreso que las mujeres aún cuando realizan el mismo trabajo.</p> <h3>Por una vida sin violencias</h3> <p>Ya he perdido la cuenta de cuántas vidas he visto esfumarse, pero no perderé la fuerza que me han dado aquellas mujeres que han logrado transformar sus vidas, y que junto al movimiento feminista y otras organizaciones comprometidas con la igualdad, han aprovechando cada oportunidad para defender nuestro derecho a vivir sin violencias.</p> <p>Por el derecho a caminar a cualquier hora por las calles, de vestirnos a como queramos, de romper una relación cuando sospechemos que nos hace daño, a no guardar silencio “porque calladitas nos vemos mejor”, a sentarnos como nos plazca, a que nadie nos imponga las medidas del “cuerpo perfecto” y claro, dejar de pensar que  nuestra vida se completa con un matrimonio e hijos. Todo esto quiero para mi hija y por supuesto para todas las mujeres. </p> <p><iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="385" src="https://www.youtube.com/embed/1u-WtqVqW5E" width="690"></iframe></p> <p>Como mujer, feminista y parte del equipo de Oxfam, quiero seguir creyendo que es posible que más hombres y mujeres, instituciones, organizaciones, periodistas, estudiantes y artistas junten su voz y sus acciones para decir <strong>iBasta! acabemos con las violencias contra las mujeres. </strong></p> <h3><em>Únete a la campaña de Oxfam <a href="http://www.sayenoughtoviolence.org/es/"><strong>¡Basta!: Acabemos con las violencias contra mujeres y niñas.  </strong></a></em></h3> <address> </address> </div><div class="field field-name-title"><h2>No es “mala suerte&quot;, se llama violencia machista</h2></div><ul class="links inline"><li class="translation_en first last"><a href="http://l.blogs.oxfam/en/violence-against-women-is-not-bad-luck" title="This is not “bad luck&quot;, it is sexist violence" class="translation-link" xml:lang="en">English</a></li> </ul> Thu, 24 Nov 2016 01:33:38 +0000 Damaris Ruiz 71075 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/en/node/71075#comments América Latina y el Caribe, un territorio más moral y menos justo http://l.blogs.oxfam/en/node/68323 <div class="field field-name-body"><p>En el Foro Feminista y en la<a href="http://conferenciamujer.cepal.org/13/es" rel="nofollow"> XIII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, de la CEPAL</a>, donde estuvieron reunidas unas mil personas, el conservadurismo como una clara manifestación de los fundamentalismos religiosos, políticos y económicos, ha ocupado un lugar central en los debates.</p> <p>Es evidente que en nuestra región <strong>los grupos más conservadores están conquistando el poder formal, son parte de nuestros Estados</strong>, están legislando, están decidiendo sobre presupuestos públicos y están implementando políticas públicas. A su estrategia de cabildeo político tras bastidores han sumado su presencia mucho más visible en el poder formal y como actores de sociedad civil con gran poder de influencia.</p> <p>Al conjunto de la sociedad nos debería convocar a la acción individual y colectiva que grupos conservadores estén teniendo tanto poder en los Estados, en espacios regionales y globales de derechos humanos, atropellando así las libertades de pensamientos, de elecciones, de democracia plena, en fin, atropellando el ejercicio de ciudadanía activa.</p> <p>Estos grupos fundamentalistas religiosos, políticos y económicos a la autonomía de las mujeres, donde <strong>el derecho a decidir es fundamental</strong>, le llaman pecado, en lugar exigir justicia nos dicen que hay que perdonar, la prohibición está por encima de la protección, en lugar de hablar nos piden callar y por supuesto, a mayor sufrimiento más garantías de ganar el “paraíso”. Todo esto nos debe alarmar porque nos esclaviza, nos hace personas sumisas, sin criterio propios, sin libertad de pensar y actuar. </p> <h3>Cifras que denotan la desigualdad</h3> <p>Veamos algunos datos que me parece son consecuencias de modelos donde se gobierna desde el moralismo y no desde la visión de derechos.</p> <p>Según la CEPAL el 13% de adolescentes entre 15 y 19 años han sido madres; el 25% de adolescentes entre 15 y 19 años no tiene acceso a la anticoncepción de forma gratuita; <strong>12 mujeres mueren cada día sólo por ser mujeres</strong>; sólo en el 2014 en México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Colombia y República Dominicana se registraron 3,553 femicidios/feminicidios; el aborto está penalizado totalmente en casi todos los países de la región y en algunos las mujeres cumplen penas de hasta 30 años de cárcel; <strong>las mujeres tienen salarios que representan el 83.9% de lo que reciben los hombres </strong>aún con los mismos años de estudio; las mujeres son las principales responsables de los trabajos de cuidados; y por supuesto la educación sexual y reproductiva está prohibida y en lugar de eso se disciplina a las mujeres y se reafirman los roles tradicionales de hombres y mujeres.</p> <p>Todos los datos anteriores están cruzados por unas creencias donde las mujeres son inferiores, son territorios de alguien o de algo y deben ser disciplinadas porque desafían, desobedecen el modelo machista que gobiernos, el gran capital e iglesias refuerzan cada vez más con el mensaje que el derecho a decidir sobre nuestras vidas es potestad de ellos y no de las mujeres ¡Basta!</p></div><div class="field field-name-title"><h2>América Latina y el Caribe, un territorio más moral y menos justo</h2></div> Tue, 01 Nov 2016 18:35:30 +0000 Damaris Ruiz 68323 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/en/node/68323#comments ¿Más de la mitad de las mujeres en AL somos "inactivas"? http://l.blogs.oxfam/en/node/67797 <div class="field field-name-body"><p>Intenta por un momento recordar una mujer adulta inactiva, imagínala pasando los días sentada, <em>whatsappeando</em>, viendo tele o dándose aire con un abanico... ¿Te fue fácil?</p> <p>Debería serlo porque, <a href="http://www.ilo.org/americas/publicaciones/panorama-laboral/WCMS_448047/lang--es/index.htm" rel="nofollow">según los datos la OIT el 51% de las mujeres en América Latina y el Caribe en edad de trabajar son “inactivas”</a>, frente a un 25% de hombres inactivos. <strong>Yo intento visualizar alguna mujer inactiva que conozca y no consigo encontrar ninguna</strong>… ¿Cómo puede ser que no encuentre ninguna si son más de la mitad de las mujeres adultas de la región?</p> <p><a href="http://www.eustat.eus/documentos/elem_1516/definicion.html" rel="nofollow">Busco qué significa “inactiva”  y dice que es aquella población que no es población activa</a>, incluye los siguientes colectivos: personas que realizan tareas del hogar, las que cursan estudios, las jubiladas, las pensionistas, las rentistas y las incapacitadas. Ahora entiendo porque no encontraba en mi imaginario a esa casi mitad de las mujeres latinoamericanas inactivas.</p> <p><strong>Según la CEPAL el 47% de las mujeres “inactivas” declara que se dedica a labores de cuidado y quehaceres domésticos frente al 1.5% de los hombres “inactivos”. </strong>Esas mujeres inactivas son las que crían siete muchachos (los dan de comer, lavan su ropa, los cuidan cuando están enfermos, les quitan los piojos y además les dan amor), y muchas de ellas cuidarán también a sus nietos.</p> <p>Además, del 49% de las mujeres que las encuestas consideran que sí están buscando trabajo; claro, trabajo remunerado, solo el 46% lo encuentra, es decir, está ocupada (como si las otras no lo estuvieran).</p> <p>Las políticas de empleo se centran en impulsar la ocupación y en darle buenas capacidades y condiciones a las personas empleadas y por tanto se centran en las personas desocupadas u ocupadas. Es decir solo están pensadas para el 49% las mujeres en edad de trabajar y para el 75% de los hombres en edad de trabajar.</p> <p><strong>Es increíble que las encuestas sobre el trabajo llamen inactivas a estas mujeres,</strong> consideren que estas mujeres no trabajan… Nuestras sociedades desvalorizan de tal manera el trabajo reproductivo o de cuidado que lo denominan INACTIVIDAD. La verdad que es el colmo.</p> <p>Esto da para llamar a una huelga general de labores de cuidado aunque sólo sea para ver si la vida, o si la economía, ésa que las ignora, puede seguir adelante sin esas mujeres inactivas y sin esas mujeres que realizan triples jornadas ya que tienen la suerte de tener trabajos remunerados además de su trabajo de cuidado.</p> <p>Al trabajo de cuidado muy a menudo lo llaman amor pero quieren decir…  ¿inactividad?</p> <p> </p></div><div class="field field-name-title"><h2>¿Más de la mitad de las mujeres en AL somos &quot;inactivas&quot;?</h2></div> Fri, 28 Oct 2016 17:03:12 +0000 Rosa Cañete 67797 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/en/node/67797#comments Cuba: revolución en tiempos de “Desiguales” (1a parte) http://l.blogs.oxfam/en/node/34816 <div class="field field-name-body"><p><strong>Son las historias de vida, y no las estadísticas, las que comienzan a desviar la atención del campo académico y la opinión pública nacional desde las políticas macroeconómicas hacia sus impactos sobre las brechas de equidad y el consenso sociopolítico en <a href="https://www.oxfam.org/es/paises/cuba" target="_blank" rel="nofollow">Cuba</a>. Un desafío para Oxfam, luego de más de 20 años de presencia en el país. </strong></p> <p>- “Únete a mi revolución. Somos todo lo que buscas…“, repite Roberto (18)</p> <p>Cantan Damián y “El Príncipe”, uno de los más famosos pares de música urbana en Cuba —entiéndase, “reguetón”, un derivado del reggae que ha conseguido desplazar la salsa de la preferencia de gran parte de la población bailadora en la Isla; sobre todo, adolescentes y jóvenes—. Ellos, “Los desiguales”, hacen circular sus producciones en un circuito underground altamente competitivo, en el que la distancia entre unos y otros artistas se condiciona por sus niveles de acceso a estudios de grabación privados o a videoclips de calidad. Ante los límites de la industria estatal, dominante por más de medio siglo en el país, las reglas del mercado “informal” de la música en Cuba determinan quién se hace escuchar, y bajo estas condiciones se levanta toda aquella propuesta que diga no parecerse a otra. </p> <p>Es casi el mismo concepto detrás de otros “Desiguales”: esta vez, una marca de zapatos pensada, facturada y comercializada por artesanos no estatales en el municipio de Camajuaní, al centro de la Isla; el cuarto del país con más porciento de trabajadores “por cuenta propia” fuera del sector agropecuario. Partiendo de una tradición local, sus fabricantes vieron en la nueva apertura a formas de propiedad y gestión, una oportunidad, también, para posicionar la singularidad de sus producciones. </p> <p>En “la Cuba del cambio”, lo “desigual” se coloca como un valor. Un margen comercial. </p> <p>Quienes se ocupan de registrarlo desde empeños académicos individuales —quizás el espacio en el que la desigualdad recibe en el país una mayor atención sistémica—, difícilmente consiguen acceder a data pública de calidad. Pero sí, a historias de vida, y desde ellas lo cuentan.  </p> <h3>Latinoamérica-Cuba: un puente de doble vía</h3> <p>Diciembre 8 de 2015. <strong><a href="https://www.facebook.com/oxfamcuba/posts/871839889597564" target="_blank" rel="nofollow">Reunidos en un salón de El Vedado habanero</a></strong>, quienes de alguna manera trabajan temas de desigualdad y pobreza en Cuba atienden a Rosa María (Ati) Cañete, coordinadora de la <strong><a href="https://www.oxfam.org/es/campanas/iguales" target="_blank" rel="nofollow">campaña Iguales de Oxfam</a></strong> en Latinoamérica, durante su primera presentación en la Isla. </p> <p>Aunque poco y por vías no formales, el<strong><a href="https://www.oxfam.org/es/informes/privilegios-que-niegan-derechos" target="_blank" rel="nofollow"> informe</a></strong> que sostiene esa campaña había estado circulando en el país desde octubre pasado, y un repaso de sus dos o tres referencias al país podía anticipar lo que sería una lectura en La Habana con “la gente que sabe”: investigadoras e investigadores que han hurgado durante décadas en las escasas estadísticas públicas en busca de pistas o que han tocado miles de puertas para pulsar los relatos más íntimos. Quienes conocen de Cuba sus Macondos.    </p> <p>Diciembre 8 sería, entonces, un cruce de puentes: el de la Isla, referente latinoamericano en materia de equidad, con el continente más desigual del mundo; y el de Latinoamérica, que tanto ha visto y tiene para contar, con una Cuba al horno. </p> <h3>El precio de la “excepción” </h3> <p>En sus más de 400 páginas, el informe “<a href="https://www.oxfam.org/es/informes/privilegios-que-niegan-derechos" target="_blank" rel="nofollow"><strong>Privilegios que niegan derechos. Desigualdad extrema y secuestro de la democracia en América Latina y el Caribe</strong></a>” tiene apenas tres menciones a Cuba: 1) un gráfico muestra cuánto representa el gasto de bolsillo erogado por los hogares en salud en relación con el gasto total a nivel de países, y apunta que “a excepción de Cuba” y Uruguay, el primero suele superar el 20% del segundo; 2) “paradójicamente”, Cuba, con el menor gasto de bolsillo, muestra algunos de los mejores indicadores de salud de todo el continente; y 3) la tasa de desempleo de América Latina y el Caribe muestra niveles de desocupación que varían entre dos “extremos”: Colombia y Cuba. Solo una referencia a la Isla entre las notas del estudio y la única “ficha país” del continente con cuadrículas prácticamente vacías.   Pero hay una foto. </p> <p><img alt="Miradas, capturada por el fotógrafo Randy González, en el Concurso #NOFILTER - Mama. Foto: Randy González " title="Miradas, capturada por el fotógrafo Randy González, en el Concurso #NOFILTER - Mama. Foto: Randy González " height="456" width="680" class="media-element file-default" typeof="foaf:Image" src="http://l.blogs.oxfam/sites/default/files/concurso1-mama_web.jpg" /> Son miradas como esta, capturada por el fotógrafo Randy González, y no las estadísticas, las que comienzan a desviar la atención del campo académico y la opinión pública nacional desde las políticas macroeconómicas (las de hoy y las que vienen marcando la cotidianidad de la gente en este país desde los años 90) hacia sus impactos sobre las brechas de equidad y el consenso sociopolítico en Cuba. </p> <p>Para Juan Valdés Paz, quizás el más polémico de los economistas e intelectuales cubanos que haya obtenido un Premio Nacional de Ciencias Sociales en la Isla, el propio diseño de los destinos económicos, políticos y sociales del país para los próximos años (“Lineamientos del Partido y la Revolución”, 2011) atiende la recuperación de las consecuencias de la crisis de los años 90, y sobre todo, la constitución del sector no estatal de la economía cubana; pero ha desatendido sus efectos sistémicos, los cambios que produciría en la estructura social cubana y la instauración de un mayor patrón de desigualdad. </p> <p>“Pero al más grave efecto al que nos enfrentamos [es] al incremento en el término inferior de esa desigualdad: la pobreza y la marginalidad social”, escribe Valdés Paz en su prólogo a la revista Miradas, del Centro de Estudios de la Economía Cubana (2015). </p> <p>“Este es un país que no ha podido hacer su despegue económico desde que triunfó la Revolución —sostenía otro respetado politólogo cubano y sociólogo de la religión, Aurelio Alonso, en vísperas de la visita del Papa Francisco a Cuba—. Vive en un fracaso económico permanente, ocasionado por una mezcla entre el bloqueo y la incapacidad para generar un modelo bajo esa situación, que vaya más allá de la supervivencia. Ha ido condenando o sumiendo a la población en unas condiciones en las que se logra vencer el desamparo, pero no la pobreza”. </p> <p>Pero en la Isla, apunta la economista feminista Teresa Lara, tanto “pobreza” como “desigualdad” han sido términos proscritos del lenguaje oficial, e incluso, durante décadas, de la mera sospecha del ciudadano común. Y “como resultado, se ha establecido un cierto mito de la singularidad y la excepcionalidad de Cuba”, dice Mayra Espina, decana de los estudios sobre desigualdad y pobreza en el país y una de las fundadoras del <strong><a href="http://www.cubaposible.com/" target="_blank" rel="nofollow">proyecto editorial Cuba Posible</a></strong>. </p> <p>De modo que mientras el informe de Oxfam remarca de la “excepcionalidad de Cuba” en el panorama regional de desigualdad, de este lado, se reclama la necesidad de estar. Las singularidades del problema en el país, no obstante, afloran. </p> <p>En entrevista con Oxfam, días antes del encuentro en torno a "Iguales", la propia Mayra Espina conseguía resumirlas en poco más de cinco minutos: </p> <p>“En ningún otro lugar de Latinoamérica ha habido un proyecto político en el poder que haya colocado tan centralmente el tema de la superación de la pobreza y de las desventajas, y ese ha sido, hasta hoy, una de las bases del consenso político logrado en el país y que ha hecho posible la superación de grandes crisis; la importancia económica de los gastos sociales y su estabilidad en el tiempo son políticas de Estado, no de gobierno; y la desventaja y la pobreza en Cuba no significan exclusión total”. </p> <p>Para ella, que se ha conducido de la investigación social al terreno de la cooperación internacional, buscando siempre otras puertas de entrada a la realidad que la convoca, son singularidades que deberían verse como un escenario de oportunidad para pensar políticas más efectivas. Pero no para creerse inmunes. </p> <h3>Brechas de equidad: “el territorio no es inocente”</h3> <p>Durante al menos tres décadas, varios de los investigadores convocados a discutir sobre pobreza y desigualdad en la mañana del 8 de diciembre en La Habana, han sido parte de grupos de investigación, de levantamiento o procesamiento de datos, o al menos, han intentado mirar con lentes críticos los impactos prolongados de la crisis económica iniciada en los 90.</p> <p>Muy pocos han conseguido acceder a data pública fiable, y la mayoría admite que toda declaración sobre el tema corre el riesgo de estar fundamentada en casos. Pero aun así, no les tiembla la voz al decir que al menos tres grandes brechas están “lo suficientemente documentadas” como para conducir políticas públicas efectivas: <strong>la brecha de género, la brecha territorial, la brecha racial. </strong></p> <p><strong><img alt="Niña. Cuba. Desigualdad. Futuro: Foto: Mujeres. Cuba. Foto: Yens Cordero y Marianela González / Oxfam" title="Niña. Cuba. Desigualdad. Futuro: Foto: Mujeres. Cuba. Foto: Yens Cordero y Marianela González / Oxfam" height="455" width="680" class="media-element file-default" typeof="foaf:Image" src="http://l.blogs.oxfam/sites/default/files/nina-cuba.jpg" /></strong></p> <p>Cuando se analiza el terreno de los “cuentapropistas”, por ejemplo, <strong>las mujeres están subrepresentadas</strong> entre los dueños y sobrerrepresentadas como empleadas, y hay un fenómeno rural y urbano de mujeres con roles de ayudantes familiares no remuneradas: bajo el entendido de que el marido es el proveedor, no reciben un salario. </p> <p>“No sabemos exactamente cuántas son, pero los estudios de casos van dando cuenta de eso”, sostiene Norma Vasallo, del Centro de Estudios de la Mujer. </p> <p>En agosto de 2015, las mujeres cuentapropistas no superaban al 30%: un cálculo que toma en cuenta a las empleadas, pero no a las emprendedoras. </p> <p>A ello <strong>se suma que en condiciones rurales, se registran desventajas en términos de acceso a agua potable, estructura, electricidad</strong>, e incluso, apunta Espina, una brecha en logros educativos, bastante atenuada en Cuba. Sobre todo, en las zonas con más desventajas en términos de condiciones para producción y mercado. </p> <p>“La derivación de esto para la formulación de políticas es que si esas brechas existen y se reproducen, y que las nuevas medidas de la reforma repiten un poco ese esquema de brechas, quiere decir que es un reclamo acompañar esto de otras herramientas de políticas que logren modificar los mecanismos que las reproducen”, cierra Espina. Y en ese sentido, la apuesta por el espacio local, el territorio, como generador de <strong>políticas de reducción de desigualdades está siendo clave en la agenda de la sociedad civil cubana</strong> en vísperas de 2016: año que, desde el gobierno, apunta a nuevas transformaciones en el sistema social y político de la Isla. </p> <h3>El trabajo de Oxfam en Cuba: acompañar a organizaciones locales</h3> <p>Para el equipo de Oxfam en Cuba, el escenario obliga a acompañar el trabajo de organizaciones sociales, sectores de la investigación y gobiernos locales en la disminución de brechas de equidad. De ahí la apuesta por la articulación de estos actores en los territorios donde se apoya proceso de desarrollo local, y por hacer notar los impactos diferenciados de las políticas económicas sobre comunidades o sectores más vulnerables, sobre todo las mujeres y las personas con discapacidad. </p> <p>- “Únete a mi revolución. Somos todo lo que buscas…”- suenan “El Príncipe” y Damián.</p> <p>- “¡… Desiguales company!”- completa Roberto. Por su cumpleaños 18 y vísperas de ingreso a la Universidad, se ha hecho tatuar una frase latina que, en latín, dice algo sobre conservar la memoria de lo que se es y ha sido. </p> <p><strong><a href="https://www.oxfam.org/es/campanas/iguales" target="_blank" rel="nofollow">Campaña Iguales. Es hora de cambiar las reglas.</a></strong><a href="https://www.oxfam.org/es/campanas/iguales" target="_blank" rel="nofollow"><strong> Acabemos con la desigualdad extrema.</strong></a></p> <p> </p> <p> </p></div><div class="field field-name-title"><h2>Cuba: revolución en tiempos de “Desiguales” (1a parte)</h2></div> Wed, 13 Jan 2016 09:57:55 +0000 Marianela Gónzalez 34816 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/en/node/34816#comments 7 demandas de las mujeres latinoamericanas http://l.blogs.oxfam/en/node/25556 <div class="field field-name-body"><p>Patricia Arquette se robó el show en la reciente gala de los Oscar cuando llamó a luchar por la igualdad de género en Estados Unidos. <strong>“A todas las mujeres que han dado a luz y pagan sus impuestos, ha llegado el momento de tener el mismo salario y los mismos derechos (que los hombres)”</strong>, dijo emocionada tras recibir el premio como mejor actriz de reparto.</p> <p>A propósito del “Arquettazo”, de la próxima cumbre <em><strong><a href="http://womenstgo2015.minrel.gob.cl/onu_mujeres/site/edic/base/port/inicio.html" target="_blank" rel="nofollow">Mujeres y Poder</a></strong></em> organizada por el <strong><a href="http://www.gob.cl/" target="_blank" rel="nofollow">Gobierno de Chile</a></strong> con el apoyo de <strong><a href="http://www.unwomen.org/es" target="_blank" rel="nofollow">ONU Mujer</a></strong> y del <em><strong><a href="http://www.oxfam.org/es/nicaragua/nicaragua-derechos-economicos-de-las-mujeres-en-el-centro-del-trabajo-de-oxfam" target="_blank" rel="nofollow">debate sobre derechos económicos de las mujeres</a></strong></em> organizado en Nicaragua por la Campaña <strong><a href="http://www.oxfam.org/es/campanas/iguales" target="_blank" rel="nofollow">Iguales</a></strong>, nos preguntamos ¿qué pedimos las mujeres de Latinoamérica y el Caribe a los Estados para acabar con las desigualdades que nos afectan?</p> <p>Aquí van siete puntos (¡y contando!):</p> <h3>1. Invertir más en nosotras que en la basura</h3> <p>En la región se invierte muy poco en reducir las brechas entre hombres y mujeres. En Bolivia, <strong>el presupuesto nacional en equidad de género no supera el 1% </strong>del total de los recursos públicos. Se invierte más, por ejemplo, en el manejo de desechos. Como dice Silvia Fernández del Colectivo Cabildeo: "¡No logramos ganarle a la basura! ¿qué no hay dinero suficiente? Sí que lo hay: gravando el 3,5% de las fortunas de los milmillonarios latinos, 32 millones de personas podrían salir de la pobreza, muchas de ellas mujeres".</p> <h3>2. Reconocer que cuidar es una tarea que vale y mucho</h3> <p>Cuidamos a los hijos propios y a los ajenos, a las personas mayores, a las que tienen alguna discapacidad y a cualquiera que lo requiera. Cuando en el mundo se repartió el trabajo, a nosotras nos colgaron la etiqueta de “cuidadoras”, una de las actividades más importantes, pero la menos valorada de la historia y aún invisible en las cuentas de los Estados. Según la economista Corina Rodríguez, se estima que, sólo en México, <strong>el valor del trabajo de cuidado equivale al 20% del Producto Interno Bruto</strong>, un monto que supera a la riqueza generada por las remesas o las exportaciones de petróleo.</p> <h3>3. Garantizarnos más y mejores empleos</h3> <p>Sí, tenemos mayor presencia en el mercado laboral, pero en condiciones precarias, sobre todo en el ámbito doméstico y de los cuidados, caracterizado por la informalidad, los bajos salarios y la carencia de servicios sociales básicos. Esta sigue siendo la ocupación de mayor peso para las mujeres activas de Latinoamérica y la puerta de entrada al mercado laboral de las más pobres. <strong>¡Gobiernos, queremos trabajos, pero así no!</strong></p> <h3>4. Pagarnos igual que a los hombres</h3> <p>Ganamos menos que ellos por iguales labores y eso tiene que cambiar. En 2010 las <strong>mujeres de la región ganábamos el 78% de lo ingresado por</strong> nuestros colegas <strong>varones</strong>. De seguir así, requeriríamos 75 años más para cerrar por completo la brecha de género en los ingresos laborales. ¿Qué estamos esperando?</p> <h3>5. Hacernos traje a la medida </h3> <p>Las políticas de <strong>los gobiernos no siempre toman en cuenta nuestras realidades</strong>. Los seguros sociales, por ejemplo, se han diseñado en función de la posición de las personas en el mercado laboral, por lo que excluyen a quienes no se insertan laboralmente o a quienes lo hacen de modo precario, como las mujeres. Los Estados deben escuchar nuestras voces (¡plurales, populares y diversas!). Tenemos mucho que decir sobre muchos asuntos. Y sobre la política comercial, fiscal y económica, también.</p> <h3>6. Garantizar nuestra autonomía</h3> <p>Esto es obvio, pero insistimos. <strong>Necesitamos acceso a ingresos suficientes</strong>, obtenidos en condiciones que no reproduzcan ni profundicen la desigualdad y que sí garanticen nuestra autonomía sobre el control y uso de los recursos económicos propios. Así de simple.</p> <h3>7. Este punto es urgente y doloroso</h3> <p>Necesitamos –exigimos- que no nos maten. La tasa de feminicidios en Latinoamérica y el Caribe creció 50% más que la de los homicidios en general. En la lista de países con más asesinatos de mujeres en el mundo, 14 países de la región están entre los 25 primeros. El Salvador ocupa el deshonroso primer lugar, Guatemala el tercero y Honduras el sétimo. Es así: <strong>la desigualdad desata la violencia</strong>.</p> <p>Vamos, señores, actúen. No es mucho pedir.</p> <p> </p></div><div class="field field-name-title"><h2>7 demandas de las mujeres latinoamericanas</h2></div> Mon, 02 Mar 2015 10:15:55 +0000 Susana Arroyo 25556 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/en/node/25556#comments Sudán del Sur: la lucha de las mujeres por sobrevivir en una guerra de hombres http://l.blogs.oxfam/en/node/10683 <div class="field field-name-body"><p>Mary es dinka y Knyah es nuer, las dos etnias que hoy luchan por el poder en <a href="http://www.oxfam.org/es/emergencies/crisis-sudandelsur" rel="nofollow">Sudán del Sur</a>. A primera vista nada les une, pero tienen mucho en común. <strong>Ambas son mujeres que lidian solas por tirar adelante en una guerra liderada por hombres.</strong>Sudán del Sur, el país más joven del mundo, vive inmerso en un conflicto desde diciembre de 2013. Desde que estalló la violencia, la población civil es la que más sufre las consecuencias de los enfrentamientos armados entre las tropas que respaldan al presidente, Salva Kiir, de la etnia dinka, y los soldados leales al exvicepresidente, Riek Machar, de la etnia nuer. Ya hay más de un millón de desplazados y varios miles de muertos.</p> <p>En este conflicto, como en muchos otros, las mujeres se están llevando la peor parte. En las guerras juegan un papel primordial en el cuidado de la familia, ejerciendo un rol de protección y estabilidad. Con sus maridos muertos o en el frente, muchas de ellas, ahora, <strong>solas y con varios hijos e hijas a su cargo, se encargan de buscar y preparar la comida y el agua, de garantizar un techo para resguardarse</strong>, de cuidar de las personas mayores y de los pequeños.Pero, además, en situaciones de conflicto como la que está viviendo Sudán del Sud, las mujeres, sean de la etnia que sean, son usadas como arma de guerra, <strong>víctimas de violaciones, humillaciones y asesinatos</strong>. Así lo cuenta Edmund Yakani, de <a href="http://ceposs.org/" rel="nofollow">CEPO</a>, una organización sursudanesa defensora de los derechos civiles, que está documentando, entre otros temas, el impacto que tiene el conflicto entre las mujeres.</p> <p>Los dos bandos enfrentados son conscientes de su rol de cuidadoras y garantes de la estabilidad dentro de sus comunidades y, por eso, tal como cuenta Yakani, son atacadas sistemáticamente. Ellas, que son las principales encargadas de mantener la vida, se convierten, paradójicamente, en una de los principales víctimas de violencia y la muerte en una guerra dirigida por hombres.</p> <h3><strong>Mari Abrey: “Tuve a mi hijo bajo una lona de plástico”</strong></h3> <p>Tiene de 2 hijos y acaba de dar a luz a un bebé. Es dinka y vive refugiada en el campo de desplazados de Mingkaman.</p> <p>Mari Abrey llegó embarazada de 8 meses al campo de desplazados de Mingkaman, el más grande de Sudán del Sur donde cada día pueden llegar hasta 1.000 personas. Venía de la ciudad de Bor, donde milicias de la etnia nuer atacaron a los dinka. Los días previos a su llegada a este lugar fueron un calvario. Con su marido y sus dos hijos, escaparon de su casa una noche en la que varios hombres armados entraron en la ciudad. Ella tuvo que correr temiendo por sus vidas y por la del bebé que estaba esperando. <strong>Permanecieron escondidos en el Nilo durante tres días, hasta que consiguieron ponerse a salvo en este descampado de Mingkaman</strong>, donde los recién llegados se instalan como pueden a la orilla del río, improvisando frágiles refugios temporales con troncos encontrados en los alrededores y plásticos que les dan las ONG. Dar a luz aquí, bajo una lona, fue otro suplicio. Era un día lluvioso del mes de abril y el viento soplaba muy fuerte. Cuenta que fue tan difícil que acabó enfermando. Ahora, Mary está preocupada por el futuro: “No sé lo que va a ser lo siguiente en mi vida. A pesar de que mi marido está conmigo, no puede hacer nada para mantenernos. Dependemos de las agencias humanitarias. Lo perdimos todo cuando vinimos: las cabras, las vacas, el refugio y nuestras pertenencias”. Mirando a su hijo recién nacido, lamenta no poder tener los recursos para criarlo. “Si la guerra terminara, podría ir a la escuela y labrarse un futuro”, sueña.</p> <h3><strong>Mary Bol: “Las mujeres nos ayudamos entre nosotras”</strong></h3> <p>Viuda y con 6 hijos a su cargo. Es dinka y vive refugiada en el campo de desplazados de Mingkaman.</p> <p>Mary ya era viuda cuando estalló la violencia en diciembre de 2013. Su marido murió en 1991, durante la guerra que enfrentaba Sudán del Sur con Sudán, su vecino del norte. Ya conoce el sufrimiento que suponen las guerras pero la de ahora es una guerra civil, una guerra fratricida. “Las milicias nuer atacaron a los dinka que vivían en mi ciudad, Bor”, explica esta mujer que huyó con su familia política y sus 6 hijos. Estuvieron varios días escondidos en una isla del Nilo, durante los cuales murieron varios de sus familiares. <strong>Relata que tuvieron que comer hojas porque no había otra forma de alimentarse.</strong> En el campo de Mingkaman está segura y recibe comida de las agencias humanitarias, pero las condiciones de vida son muy precarias. Antes del conflicto, en esta localidad vivían 7.000 personas y ahora ya son más de 100.000 y cuesta atenderlos a todos. Por suerte, Mary cuenta con la solidaridad de sus vecinas, de las otras mujeres del campo. A veces, si una no tiene suficiente comida o les falta algún utensilio para cocinar, se lo pide prestado a otra y, así, crean un vínculo que les ayuda a seguir adelante. Los habitantes originarios del lugar también ayudan a los recién llegados con ropa o alimentos. A pesar de todo, cuenta imaginarse un futuro: “Antes podía mantenerme yo misma, pero aquí no puedo hacer nada. Solía limpiar oficinas en Bor. Además tenía un terreno donde podía cultivar a la orilla del río y era una fuente de ingresos para mi familia”, cuenta con resignación.</p> <h3><strong>Knyah Neulak: “El futuro de este lugar es un cementerio”</strong></h3> <p>Tiene 5 hijos. Es nuer y hace 4 meses que huyó de su casa en la capital, Juba, para refugiarse en el recinto de Naciones Unidas en la ciudad.</p> <p>Cuando Sudán del Sur consiguió la independencia, personas de todas las partes del país emigraron a la capital, Juba, guiados por las promesas de trabajo y futuro. Allí, los nuer como Knyah convivían pacíficamente con el resto de etnias, unidos por la ilusión de construir una nación próspera y en paz. “Antes vivíamos bien y no teníamos problemas con los vecinos, pero en diciembre los dinkas leales a Salva Kiir empezaron a matar a los nuers. “No importaba si eran mujeres, jóvenes, gente mayor o niños” relata en tono de denuncia. Frente estos ataques, con su marido y sus 5 hijos huyeron corriendo de su casa y se refugiaron en el recinto que tiene la ONU en la ciudad “donde nos habían dicho que estaríamos a salvo”. “Nos acogieron bien, nos dieron esterillas y mantas para dormir y plásticos para construirnos una vivienda. Pero yo no quiero vivir aquí siempre”, se lamenta mientras señala el mar de tiendas improvisadas con troncos y forradas con plástico que la rodean. Entre tienda y tienda apenas hay unos centímetros de separación y cuando llueve buena parte el campamento queda inundado. Organizaciones internacionales han denunciado en numerosas ocasiones el hacinamiento y la falta de servicios en los recintos que tiene la ONU repartidos por el país, que no estaban preparados para acoger a personas. “Aquí no hay ni un sitio para que los niños jueguen a futbol. Tampoco hay escuelas. Nuestros hijos serán una generación perdida”, concluye. Por si fuera poco, los habitantes de este campo no pueden salir porque su vida corre peligro: “Si sales a comprar algo y descubren que eres nuer, puede que te maten”, asegura esta mujer que no ha podido regresar a su casa desde que llegó hace 4 meses. <strong>“Las ONG nos dan lentejas, arroz, aceite y sal. No me quejo, es mejor esto que nada, pero necesitamos más diversidad. Además, no tenemos dinero ni una forma para obtener ingresos. El futuro de este lugar es un cementerio”</strong>, sentencia.</p> <h3><strong>Nyawer Gatwech: “No sé cómo vamos a salir adelante”</strong></h3> <p>Perdió uno de sus tres hijos durante los ataques en Juba y se refugió en el recinto de la ONU en la ciudad. Recientemente le mataron el marido.</p> <p>“Primero oímos unos disparos, luego fueron bombas. Teníamos mucho miedo. Entonces, un tanque pasó por encima de nuestra casa y mató a uno de mis hijos”, relata Nyawer con la mirada perdida desde su tienda de plástico. Ella fue una de las muchas personas de la etnia nuer que, en la ciudad de Juba, vieron cómo grupos de soldados dinka entraban en sus barrios a matarles. Aterrorizada logró escapar con dos de sus hijos y con su marido. “La gente nos decía que en el recinto de la ONU estaríamos seguros, pero tardamos días en encontrarlo, escondiéndonos donde pudimos. Cuando llegamos fue un alivio, pero ahora ya no nos sentimos seguros aquí tampoco porque nos han dicho que han atacado los edificios de la ONU en otras ciudades”, relata Nyawer que está asustada y desorientada. Hacía 20 días que habían matado a su marido, cuando salió del recinto a buscar carbón para cocinar. <strong>En una sociedad como la sursudanesa, donde los hombres son los encargados de garantizar la supervivencia familiar, esta madre de dos hijos no sabe cómo va a sobrevivir. “Estoy sola y sin salida”</strong>, resume mientras enseña el vestido medio roto que lleva puesto: “Esto es lo único que conseguí llevarme. No tengo nada más”.</p></div><div class="field field-name-title"><h2>Sudán del Sur: la lucha de las mujeres por sobrevivir en una guerra de hombres</h2></div><ul class="links inline"><li class="translation_fr first last"><a href="http://l.blogs.oxfam/fr/blogs/14-06-06-soudan-du-sud-la-lutte-des-femmes-pour-survivre-dans-une-guerre-d%E2%80%99hommes" title="Soudan du Sud : la lutte des femmes pour survivre dans une guerre d’hommes" class="translation-link" xml:lang="fr">Français</a></li> </ul> Tue, 03 Jun 2014 09:50:41 +0000 Julia Serramitjana 10683 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/en/node/10683#comments Cinco lecciones de las mujeres de Sudán del Sur http://l.blogs.oxfam/en/node/10667 <div class="field field-name-body"><p>Hace unos días volví de Sudán del Sur, un país castigado por un conflicto desde hace casi medio año y que, tras el acuerdo de alto el fuego firmado hace unos días, debería abrir una brecha de esperanza para millones de <strong><a href="http://www.oxfam.org/es/emergencies/crisis-sudandelsur" rel="nofollow">personas que lo están sufriendo</a></strong>.</p> <p>Durante la anterior guerra civil, las mujeres se unieron a través de las fronteras para abogar por la paz y tuvieron un <strong>rol esencial en tanto que agentes del cambio</strong>.</p> <p>Las mujeres que conocí allí contaban historias durísimas. Historias difíciles de escuchar.  Mi compañera Laura Hurtado ya contaba hace un tiempo<strong> <a href="http://blogs.20minutos.es/mas-de-la-mitad/2013/07/09/sudan-del-sur-ser-mujer-en-un-pais-nuevo/" rel="nofollow">las enormes dificultades</a></strong> a las que tienen que enfrentarse en este país. Y eso que todavía no había empezado la guerra.</p> <p>Admiro a esas mujeres que, en situaciones de conflicto y vulnerabilidad, logran transformar el dolor y el sufrimiento en coraje y valentía para poder seguir adelante. Con la resiliencia como bandera, me sorprende la admirable capacidad que tienen para sobreponerse a largos períodos de dolor emocional y situaciones adversas.</p> <p>Lo que vi allí me hizo tomar conciencia de esas dificultades, que son aún más apremiantes. Muchas han llegado a los campos de desplazados sin nada. Sus maridos están muertos o luchando en el frente.</p> <h3><strong>La vida en los campos de refugiados</strong></h3> <p>Con varios hijos e hijas a su cargo, se ven ahora obligadas a rehacer sus vidas en un campo de desplazados. Durante los días que estuve en uno de los campos de desplazados del país, Mingkaman, pude darme cuenta de cómo se convierten ahora en el principal motor de la supervivencia de sus familias.  <strong>Ellas son las que van a buscar la comida, la leña para el fuego, el agua, de racionar el sorgo y las lentejas.</strong> Las que se preocupan por encontrar un techo donde poder resguardar a  sus hijos e hijas de las lluvias. Observándolas, intentaba imaginarme la situación a la que hacen frente, físicamente agotadora y psicológicamente extenuante.</p> <p>El 84% de las mujeres de Sudán del Sur son analfabetas y la mayoría carece de conocimientos suficientes para incorporarse al mercado laboral, casi inexistente, lo que las hace depender de sus maridos, siendo todavía más dramática la situación de las miles de viudas que deja la guerra.  De ellas aprendí muchísimo.</p> <p>Admiré la necesidad de ser autosuficiente que manifestava Mary Bol, quizás la excepción a esa estadística, que me transmitía su frustración: “Antes podía mantenerme yo misma, pero aquí no puedo hacer nada. Solía limpiar oficinas en Bor. Además tenía un terreno donde podía cultivar a la orilla del río y era una fuente de ingresos para mi familia”, contaba con resignación.</p> <p>Siempre recordaré el atisbo de esperanza que transmitía Mary Abrey, <strong>una mujer que dio a luz a su tercer hijo bajo un techo de plástico </strong> y que, a pesar de todo, confiaba en que un día podría llegar a ofrecerle un futuro.</p> <p>Quedé impresionada por el ímpetu y la valentía de Matha, que había perdido a su marido y ahora debía ocuparse de sus 6 hijos y tenía graves problemas para poder alimentarles y se esforzaba día a día para poder tener una vida lo más normal posible.</p> <p>Y la serenidad de de Diing, que con 44 años y madre de 10 hijos, con un marido en el frente que, sola en Mingkaman, explicaba cómo, a pesar de todo, estaba segura que podría sobreponerse a todas las dificultades.</p> <p>Mujeres como Mary Bol, Mary Abrey, Matha o Diing son una parte vital del desarrollo del país.  Y lo que aprendí de todas ellas es que siempre hay que seguir luchando por un futuro mejor.   Son el ejemplo de cómo seguir adelante cuando todo es adverso.</p> <p><strong>Información relacionada:</strong></p> <p><strong><a href="http://www.oxfam.org/es/emergencies/crisis-sudandelsur" rel="nofollow">Crisis en Sudán del Sur. El trabajo de Oxfam</a></strong></p> <p><strong><a href="http://www.oxfam.org/es/emergencies/crisis-sudandelsur" rel="nofollow">Haz un donativo para la emergencia en Sudán del Sur</a></strong></p></div><div class="field field-name-title"><h2>Cinco lecciones de las mujeres de Sudán del Sur</h2></div> Wed, 14 May 2014 23:00:00 +0000 Julia Serramitjana 10667 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/en/node/10667#comments