Vista desde Kandahar

Un cooperante afgano describe  la vida en Kandahar, una de las provincias más inseguras de Afganistán. No desvelamos su identidad para preservar su  seguridad. 

La población de Kandahar ha sufrido casi treinta años de violencia y devastación. La provincia quedó destruida durante la guerra contra la Unión Soviética, cuando las fuerzas soviéticas rodearon la ciudad de Kandahar y la bombardearon desde todos los costados. Incluso tras la retirada soviética, el conflicto entre afganos continuó hasta la llegada de los talibanes en 1994. 

Hoy, los combates siguen. A medida que crece día a día el número de víctimas, los que más sufren son los civiles, y los cooperantes, las personas que intentan aliviar el sufrimiento, se convierten en blanco de ataques. Pero no tenemos medios para enfrentarnos a aquellos que empuñan armas.   En medio de toda esta violencia, las personas se afanan únicamente por sobrevivir. Pero las sequías han acabado con gran parte de los cultivos y del ganado, que eran el sustento del grueso de la población. Muchos agricultores no pueden mantener a sus familias, y pocos disponen de otros medios para ganarse la vida. 

En el último año, la mayoría de las agencias humanitarias han salido de Kandahar por la falta de seguridad, y hoy las agencias humanitarias internacionales tan solo llegan a dos de los catorce distritos de Kandahar. Su retirada ha dejado a muchas personas sin el apoyo urgente que necesitan en agricultura o medios de vida, y sin acceso a los servicios más básicos. 

Las escuelas han sido atacadas y han cerrado; los niños se quedan en casa y los profesores no pueden trabajar. Y allá donde las escuelas permanecen abiertas, puede ser peligroso para los niños, y sobre todo para las niñas, acudir. Hace unos cuantos meses, en la ciudad de Kandahar, unas niñas que iban caminando a la escuela fueron atacadas con ácido, resultando con quemaduras graves. El Ministerio de Educación está intentando abrir de nuevo algunas de las escuelas cerradas. Pero ¿cómo van los padres a enviar a sus hijas e hijos a la escuela si temen por su seguridad? 

También han cerrado muchos hospitales y centros médicos. En tres distritos, las amenazas y los ataques han provocado el cierre de 58 clínicas, dejando a más de 200.000 personas sin acceso a servicios de salud básicos.

En agosto se celebrarán elecciones presidenciales y provinciales. En lugar de ser un tiempo de esperanza y cambio, muchos temen que este periodo electoral no traerá más que un incremento de la violencia, salvo que haya un dispositivo de seguridad capaz de proteger a los votantes. 

No es posible hacer desaparecer toda esta sangre con más sangre. La población de Kandahar quiere poder enviar a sus hijos a la escuela sin miedo, quiere que se respeten sus derechos, quiere infraestructuras y quiere empleo. Pero por encima de todo, la población de Kandahar quiere paz y seguridad.

Galería de fotos: Las voces jamás escuchadas de las mujeres y niños afganos.

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