El Tratado para prohibir el uso de las bombas de racimo se convierte en realidad

Los tratados tardan mucho tiempo en ser elaborados y negociados. Se preparan bajo la dirección de las Naciones Unidas y pueden tardar una década en concluirse. A menudo se trata de un proceso donde se hacen dos pasos adelante y un paso hacia atrás, cosa bastante frustrante.

La semana pasada se completó la primera fase de negociaciones formales sobre un Tratado sobre Comercio de Armas en la ONU, en Nueva York. Los diplomáticos de todos los continentes se reunieron para comenzar a negociar los detalles de un Tratado que controlará la venta internacional y la transferencia de armas convencionales. Todo tipo de armas se verán afectadas por este futuro acuerdo, desde aviones y tanques pasando por armas pequeñas y acabando por la munición.

Para una organización como Oxfam, que trabaja sobre el terreno en muchas zonas del mundo donde hay conflictos, el impacto del comercio no regulado de armas es algo que vemos todos los días. No se trata sólo de la pérdida inmediata vidas - hasta 2.000 personas mueren cada día por la violencia armada en todo el mundo – sino también de la destrucción del entorno: familias destrozadas, mercados, escuelas, hospitales destruidos o inaccesibles, y las economías limitadas, por lo que es más difícil que la población civil encuentre la manera de salir de la pobreza.  

Por eso, muchas otras ONG hacen campaña a favor de un Tratado sobre el comercio de armas, ya que hay que anteponer las personas a los conflictos, y disponer de criterios fuertes para evitar que las armas caigan en manos de señores de la guerra y violadores de derechos humanos.

El pasado domingo 1 de agosto se aprobó otro Tratado importante para la campaña: el tratado de la Convención sobre Municiones en Racimo (CMC, por sus siglas en inglés), que prohíbe este tipo de armamento que ha herido o asesinado a más de 100.000 personas en tiempos de paz.

El proceso de negociación de la prohibición de las bombas de racimo ha durado 18 meses, aunque los defensores del futuro tratado, activistas y gobiernos hacía muchos años que estaban trabajando  para prohibir estas armas indiscriminadas. No sólo matan en tiempos de guerra al ser utilizadas sobre el enemigo, sino que, años después del conflicto, siguen arrebatando vidas y provocando amputaciones de miembros entre la sociedad civil. Los niños son las víctimas más vulnerables, ya que las confunden con juguetes por su aspecto pequeño y brillante.  

Ahora más de 107 países han prohibido la producción, uso, almacenamiento y transferencia de bombas de racimo, y el arma ha sido tan estigmatizada que su uso en un futuro conflicto se ha vuelto bastante poco probable, incluso entre los no países no signatarios.

Hace unos años, estos dos tratados eran vistos como completamente descabellados, objetivos idealistas de los activistas. Pero ahora el comercio de bombas de racimo está prohibido por una ley internacional, y las negociaciones del Tratado sobre el Comercio de Armas están en plena marcha en la ONU.

El proceso puede ser sumamente lento; sabemos que todo el camino para llegar a un acuerdo no es un reto fácil. Pero la voluntad política y el activismo pueden hacer y hacen que las cosas sucedan, y el pasado domingo 1 de agosto fue un gran momento de celebración.

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