Pidiendo a gritos fuentes de financiación innovadoras

Los delegados de Naciones Unidas que asistieron a la sesión sobre fuentes de financiación innovadoras celebrada el pasado 21 de septiembre en el marco de la Cumbre de Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, no olvidarán en mucho tiempo el extraño y mágico momento que vivieron.

El sistema de sonido de las Naciones Unidas se estropeó, obligando a los ponentes a presentar sus propuestas sobre fuentes de financiación innovadoras para la ayuda al desarrollo a la vieja usanza; a voz en grito, como si fuesen vendedores de mercadillo.

Este incidente, que me recordó a los cortes de electricidad que tan a menudo tienen lugar en las ciudades africanas (conocidos en francés como “délestage”), tuvo, de alguna manera, una consecuencia muy positiva. Obligó a los asistentes a mantener silencio y escuchar con atención lo que los oradores exponían. Mucho mejor así. Porque las fuentes de financiación innovadoras son verdaderamente el futuro de la cooperación al desarrollo. Oxfam aboga por la implementación de mecanismos de financiación innovadores que faciliten la recaudación de importantes cantidades de dinero de manera previsible y sostenible para el desarrollo de los países del sur y para mitigar los efectos del cambio climático. Pero – y esto es un elemento clave que no se puede cuestionar – los nuevos mecanismos financieros para luchar contra la pobreza no deben, en ningún caso, sustituir a los mecanismos tradicionales de ayuda al desarrollo, que deben seguir siendo las más importantes y decisivas fuentes de financiación, aunque no sean innovadoras…

Cómo el Impuesto a las Transacciones Financieras puede contribuir a la lucha contra la pobreza

El Impuesto a las Transacciones Financieras (o ITF) es, de entre todas las propuestas presentadas durante la cumbre de la ONU, la más ambiciosa pero también la más coherente. Y presenta muchas ventajas.La primera es que a través del ITF el sector financiero asumiría su parte de responsabilidad en la lucha contra la pobreza; lo mínimo que debería hacer dado el impacto que la crisis crediticia tiene en los países más pobres. Si las tasas se aplican correctamente, un impuesto en todas las transacciones financieras tendría, además, un positivo efecto secundario previniendo la especulación.

La segunda es que, incluso con una tasa mínima del 0.05%, el IFT recaudaría unos enormes ingresos: 400.000 millones de dólares anuales como mínimo. Parte de esta cantidad cubriría las necesidades financieras para el desarrollo de políticas públicas clave para luchar contra las enfermedades, reforzar los sistemas sanitarios, proporcionar más y mejor acceso al agua potable, favorecer el desarrollo de la agricultura, mitigar el impacto del cambio climático, y, así, una larga lista.

Y por último, y no por ello menos importante, esta reunión ha demostrado, sin duda alguna, que la creación del ITF es posible: Es posible aplicarlo de un día para otro al mercado de divisas, y es posible aplicarlo a corto plazo a la gran cantidad de operaciones financieras que se llevan a cabo, incluyendo las del mercado de valores. Durante las tres horas que duró la reunión, la palabra “posible” fue pronunciada al menos en 20 ocasiones. ¡Y cómo disfrute!

Cuándo y con quién

Ahora la cuestión ya no es por qué o cómo implementar el IFT, sino cuándo y con quién. Los expertos proponen comenzar cuanto antes aplicando el impuesto en el mercado de divisas a las cuatro monedas más importantes - yen, euro, dólar y libra esterlina - y comenzando a implantar un sistema para la recaudación de este impuesto en el resto de transacciones financieras.

Europa apoya firmemente la idea del IFT, contando ya con el respaldo del señor Zapatero (España), el señor Sarkozy (Francia) y el señor Michel (Bélgica). Otros Estados Miembro del G20 no se han posicionado aún claramente. Pero no podrán guardar silencio por mucho tiempo. Para el año 2011 se debe establecer un acuerdo mundial sobre el papel del sector financiero y su capacidad de movilizar nuevas fuentes de financiación para la ayuda al desarrollo. Por eso, Oxfam luchará porque se llegue a un acuerdo sobre esta cuestión clave en el seno de la Unión Europea y durante las próximas cumbres del G20 en Corea del Sur y Francia.

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