Laos: el país más bombardeado del mundo

No todos los días subes a un avión con una princesa y varios ministros de gobierno. Pero ayer, temprano por la mañana, es justo lo que hice: embarcar en un pequeño avión en el aeropuerto de Vientiane, Laos, con la princesa Astrid de Bélgica, varios ministros de Nueva Zelanda, Luxemburgo, Noruega y Zambia, y algunos miembros de la Coalición contra las Bombas de Racimo. El avión nos llevo en tan sólo media hora a la provincia de Xieng Khuang, al norte del país, para realizar una visita de campo VIP con el objetivo de conocer la realidad sobre las bombas de racimo en el país más bombardeado del mundo.

Nos encontramos aquí para asistir a la primera reunión de los estados firmantes de la Convención contra las Bombas de Racimo; la primera reunión anual desde el acuerdo del Tratado contra las Bombas de Racimo. Laos es un lugar clave: más de dos millones de toneladas de bombas fueron lanzadas sobre el país durante la guerra “secreta” con los Estados Unidos entre 1964 y 1973. Al menos un 30% no llegaron a estallar y, décadas más tarde, aún hay más de 80 millones de explosivos sin detonar esparcidos por todo el país.

Al bajar del avión, nos encontramos en Xieng Khuang, una provincia rural donde abundan los búfalos de agua y los arrozales, y donde las colinas aparecen salpicadas de cultivos agrícolas y pequeñas casas tradicionales de madera. Este lugar, tranquilo y apacible, oculta el terrible legado de la guerra: en los campos y alrededores del 100% de los pueblos de la provincia hay artefactos explosivos sin detonar (UXO, en inglés).

Las operaciones de limpieza, muy bien organizadas, son laboriosas y lentas. Visitamos la aldea de Ban Tontai donde, el día anterior, hombres y mujeres de los equipos de limpieza UXO habían examinado los campos con detectores de metales, excavando minuciosamente cada vez que sonaba un bip, como los arqueólogos excavan en un yacimiento histórico, sólo que, en vez de encontrar restos antiguos, los equipos de limpieza arriesgan sus vidas desenterrando bombas mortales.

Caminamos por un campo literalmente lleno de pequeños agujeros y banderas marcando los lugares donde se encuentran enterradas a apenas unos centímetros bajo la superficie las peligrosas bombas. Debía de haber aproximadamente unos 50 artefactos explosivos repartidos en un campo del tamaño de una cancha de baloncesto: además de al menos 20 bombas de racimo BLU 24 (las más comunes en Laos) había morteros y proyectiles, además de otros artefactos sin detonar. Como resulta demasiado peligroso moverlos, se coloca al lado de cada artefacto un detonador.

Desde una distancia de seguridad, el equipo de limpieza realiza algunos controles previos – mediante radio comprueban con varios “centinelas” repartidos por todo el pueblo que ningún habitante se encuentre en los alrededores. La Princesa Astrid de Bélgica y los ministros de Nueva Zelanda y Luxemburgo tuvieron el dudoso honor de detonar los artefactos. Incluso a pesar de estar esperándola, cada explosión resulta sobrecogedora, como si se tratase de un enorme fuego artificial que deja tras de si una terrible columna de humo en el cielo.

En Laos, muchas personas han sido victimas de las bombas de racimo. Muchas organizaciones, incluida Oxfam, llevan a cabo talleres formativos sobre prácticas agrícolas seguras en las que se enseña, por ejemplo, cómo excavar cuidadosamente para no activar el dispositivo si se golpea accidentalmente con la pala. También se llevan a cabo talleres de sensibilización en los pueblos, especialmente centrados en concienciar a los niños sobre los peligros a los que están expuestos, de manera que entiendan que no deben coger objetos metálicos extraños del tamaño de una pelota de tenis que puedan encontrar mientras juegan. Pero harán falta muchas décadas para que Laos pueda dejar atrás el terrible legado de la guerra.

La Convención contra las Bombas de Racimo es un fantástico logro, que llena de orgullo nuestros colegas en Laos. Esta conferencia internacional supone mucho trabajo para un país sumamente empobrecido y, muchas veces, dejado de lado. Y han hecho un gran trabajo. El documento resultante propone una ambiciosa forma de implementar el Tratado, y es también  un notable logro el importante aumento del número de signatarios.

Habría que celebrarlo y, sin embargo, esta mañana se nos ha recordado la triste realidad de Laos. Ayer, en la provincia de Bolikhamxay, una niña de 10 años moría a consecuencia de las heridas provocadas por una bomba de racimo que explotó cuando intento cogerla. Su hermana de 15 años aún se encuentra hospitalizada, gravemente herida.

Por eso la Convención contra las Bombas de Racimo es tan importante. 108 países han firmado ya el Tratado, pero aún quedan muchos otros.  Visita la página web stopclustermunitions.org y descubre si tu país ha ratificado el Tratado y únete a la campaña.

Galería de fotos de la Convención contra las Bombas de Racimo

 
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